Cumplidas ya dos semanas desde la redada policial
contra Batasuna, en base a un auto judicial que no dejaba lugar a
dudas sobre su intencionalidad política, Joseba Permach y los
otros 22 representantes independentistas que se encuentran en prisión
-en el caso de Arnaldo Otegi desde el mes de julio- hacen público
un escrito en el que contextualizan la situación presente en
la estrategia de la izquierda abertzale a la búsqueda de un
acuerdo democrático para Euskal Herria.
Cuando en 1997, ya hace diez años, el Estado español
decidió encarcelar a la Mesa Nacional, muchos nos enfadamos,
nos preocupamos e incluso lloramos. El Gobierno español, en
aquel entonces del PP, no podía asumir que aquella Mesa Nacional
hubiera dado la vuelta a la situación post Argel.
Aquel gobierno no quería, sobre todo, permitir que dicha Mesa
Nacional, con la Alternativa Democrática en la mano, pusiera
en marcha un proceso de socialización de una propuesta que
llevara a la mayoría de nuestro pueblo a reivindicar la palabra
y la decisión de Euskal Herria. Una reivindicación derivada
del agotamiento del marco jurídico-político que había
surgido precisamente para secuestrar esa palabra y esa decisión,
evitando así el reconocimiento de los derechos democráticos
y nacionales de Euskal Herria. Una reivindicación, la del derecho
a decidir, clave para abrir la puerta a todos los proyectos políticos,
y herramienta necesaria para la solución en parámetros
democráticos del conflicto vasco. Por ello, la Mesa Nacional
fue encarcelada, pero la Alternativa Democrática estaba ya
en manos de miles de mujeres y hombres que se pusieron manos a la
obra en su socialización y siguieron trabajando con esa herramienta
en la construcción social y nacional de Euskal Herria.
Fue por aquel entonces cuando sectores que habían defendido
el Estatuto de Gernika mostraron públicamente sus críticas
al mismo y en ese mismo contexto tuvo lugar el acto de ELA en Gernika,
en el que este sindicato declaró que el Estatuto estaba muerto.
Aquellos fueron, como estos, tiempos difíciles, pero el trabajo,
la lucha y el compromiso personal y colectivo dio sus frutos, y un
año después la mayoría política, social
y sindical de nuestro país hacía suya la reivindicación
de «Euskal herriak du hitza eta erabakia» en la Declaración
de Lizarra-Garazi. Lo ocurrido en ese proceso evidenció el
carácter político de la confrontación entre Euskal
Herria y los estados español y francés; nació
Udalbiltza y poco a poco Euskal herria reivindicaba, dibujaba y llenaba
de contenido con más claridad que nunca el gran mapa de nuestro
pequeño pueblo.
No obstante, los resultados electorales de la izquierda abertzale
en las elecciones de 1999 encendieron todas las luces rojas en Sabin
Etxea, y una vez más los intereses económicos mezquinos
del PNV truncaron un proceso que tanta ilusión había
despertado en nuestro pueblo. Volvieron los tiempos difíciles
y, apoyado en la actitud sumisa y entreguista de los que recientemente
habían reivindicado la decisión para nuestro pueblo,
el PP puso en marcha el proceso de ilegalizaciones para intentar agravar
así la difícil situación de la izquierda abertzale
e intentar abortar cualquier probabilidad de abrir un proceso de cambio
político en Euskal Herria.
Por encima de todas las dificultades, los independentistas de este
país dijeron que no se iban a casa, que no abandonaban la difícil
pero preciosa lucha, y decenas y decenas de miles de personas con
su papeleta en la mano dijeron, en los diferentes retos electorales,
que había fuerza y compromiso, que éramos y somos muchos
y, sobre todo, mostraron su firme voluntad de construir un escenario
en nuestro país, un nuevo escenario basado en el reconocimiento
de Euskal Herria y el derecho de autodeterminación.
Basándonos en esa fortaleza, en la crisis en la que había
entrado el marco actual y en que la mayoría social del país
reivindicaba la decisión para Euskal Herria, apostamos por
profundizar en las condiciones políticas y sociales del momento
y nos lanzamos a por un proceso que posibilitase la superación
definitiva del conflicto político-armado mediante la constitución
de un marco democrático que permitiera a este país determinar
libremente su futuro. En los últimos tres años, la izquierda
abertzale se ha dejado sangre, sudor y lágrimas en que la posibilidad
abierta llegase a buen puerto. La izquierda abertzale deseaba y desea
una solución política para el conflicto y, sobre todo,
queríamos y queremos superar el actual marco autonómico
de la negación y la partición para instalar a este pueblo
en un escenario donde todos los proyectos políticos sean viables
y puedan materializase, y así poder desarrollar el nuestro,
el de la independencia y el socialista.
El PSOE ha intentado utilizar el proceso de negociación para
ahogar al independentismo vasco en la maraña de reformas estatutarias
abiertas en el conjunto del Estado español. No lo ha conseguido
y ahora está haciendo pagar a la izquierda abertzale la factura
por su actitud en el proceso. El PSOE, entre otras cosas, se comprometió
a respetar la palabra de los hombres y mujeres de los cuatro territorios
de Hego Euskal Herria. Sin embargo, luego dijo no a la propuesta de
transición democrática presentada por la izquierda abertzale:
un estatuto de autonomía con derecho a decidir para cuatro
territorios.
El PSOE quiso llevar a la izquierda abertzale a una simple reforma
del Estatuto y del Amejoramiento, sin ir más allá de
un órgano permanente común entre ambas comunidades.
Y en su momento, nosotros valoramos, con responsabilidad, que entrar
en esa jugada nos llevaba a una trampa irreversible. El proceso negociador
se rompió simple y llanamente porque el PSOE no estaba dispuesto
a abrir un escenario democrático de reconocimiento de los más
elementales derechos democráticos -el derecho a decidir en
el conjunto del país- que posibilitara la materialización
por vías democráticas del proyecto independentista.
Para ello, ha contado con un aliado como el PNV, antes y ahora con
Urkullu, que una vez más le ha visto las orejas al lobo, ha
visto peligrar poltronas y grandes negocios como el TAV. Ahora, tanto
el PSOE como el PNV -ayudados por el brazo ortopédico de este
último en Nafarroa, NaBai- se proponen llevar a cabo el mismo
proceso de reformas estatutarias para perpetuar la partición
y el actual marco constitucional español. A poder ser, con
la izquierda abertzale reprimida y fuera de la mesa de negociación.
Pero hay que disimular, y por ello se pone en marcha un nuevo plan
Ibarretxe que haga la operación más abertzale y dé
más réditos electorales.
La izquierda abertzale puso encima de la mesa una propuesta profundamente
democrática y que partía de la realidad institucional
actual. Y nos mantuvimos firmes en esa posición y en la defensa
de los derechos nacionales de Euskal Herria. Ahora ha llegado la venganza
y el intento de limpiar el camino para consumar un nuevo fraude. Primero
fue Arnaldo, luego el PNV puso en bandeja a Juan Mari, Oihana y Joseba,
a continuación llegamos nosotros... Todo ello mientras se anuncian
nuevos encarcelamientos y se mutiplican las detenciones.
Son tiempos difíciles y duros, pero no tengáis la menor
duda de que como pasaron los anteriores estos también pasarán.
Hay que movilizarse contra todas las agresiones, pero sobre todo hay
que entender que, como ya ocurrió hace diez años, nosotros
estamos encarcelados, pero la propuesta para un marco democrático
presentada en el Anaitasuna no lo está. Esa propuesta está
en vuestras manos, para que la extendáis por todos los rincones
de Euskal Herria. Necesitamos una gran mayoría social en favor
de un marco democrático que dé una solución política
al conflicto y abra las puertas a la independencia. Por ello, os queremos
animar a trabajar codo con codo en favor de Euskal Herria. Os animamos
a no agachar la cabeza, a llevarla bien alta, orgullosos de ser parte
del pueblo más viejo de Europa, de un pueblo que más
pronto que tarde tendrá voz propia junto a las naciones y estados
libres de Europa.
Etorkizuna gure eskuetan dagoelako, lanera, borrokara!