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SETENTA Y CINCO ABRILES Abril es mes de despertares, es el pórtico natural de todos nuestros años, un fogonazo sobre las almas que realza ilusiones de temporada. Las edades empiezan en abril,
aunque luego se midan desde septiembre para casi todos los asuntos
terrenales, o desde enero para los historiadores occidentales
y Hacienda. Y da lo mismo que, en otras latitudes, los abriles
lleven el nombre de otro mes. En todos los amaneceres anuales hay una luz que sugiere que se puede comenzar algo que los ocasos otoñales se encargan de deslucir o frenar. De las luces de aquel abril republicano español, son pocas las que ha recuperado la monarquía travestida que ocupa hoy el mismo sitial. Puede que sólo quede la ideología de camisa negra que estuvo allí a su pesar y conspirando. El capital mejor eran los pensadores
libres, que han quedado cesantes por falta de riego en las zonas
francas de sus cabezas. Y aquellos ensueños de independencia
para Euskal Herria y Catalunya ahogados pronto por la carnicería,
siguen hoy en el área de cuarentena que Franco decidió. Hoy, año de festejos y conmemoraciones, se están presentando los enterradores, los que están utilizando el reconocimiento de aquella fugaz república para cerrar capítulo, para camuflar su renuncia a defender una forma moral de Estado para hoy. La feria está invadida
por republicanos de farándula, retóricos provisionales
y no practicantes, que son como nada porque no existen confesiones
si no se ejercen. A los vascos que queremos resolver nuestros asuntos entre nosotros, y poner en liza nuestros diferentes proyectos de sociedad y gobierno, no nos es indiferente que los acontecimientos que se dan en nuestro sur sean producto de la inercia o de la voluntad. Es beneficio para nosotros, para la armonía y para la posible amistad, que los españoles hayan recuperado las ganas de decidir, empezando por lo primero, la forma de su Estado. De todo lo no vivido, aquella
república, algo vecina y algo propia, es lo que más
añoro. Pero sé que no es así entre los más
interesados. Nosotros, que hace
siete años Xabier Rekalde |
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