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LA TORTURA NO ES ARTE NI CULTURA La tauromaquia no es más que un obsceno negocio que trafica con la tortura y la crueldad. Las corridas de toros constituyen un crimen, un asesinato a sueldo, donde se martiriza a seres vivos por diversión. A tal salvajada algunos energúmenos la califican pomposamente de tradición otorgando a la palabra un carácter sacrosanto. Pero el circo romano y la quema de herejes también fueron tradiciones centenarias hasta que, por suerte, la sociedad superó semejantes barbaries. Igualmente, hay quienes
pretenden enmascarar esta orgía de sangre como "manifestación
cultural". Por la misma regla de tres podríamos entonces,
admitir el canibalismo, presentándolo como una peculiar cultura
gastronómica de ciertos pueblos. Pero, no nos engañemos:
cultura es aquello que contribuye a volver al hombre más sensible,
más inteligente y más evolucionado. La violencia, la
sangre y la crueldad, todo lo que humilla a la vida, jamás
podrá disfrazarse de arte o cultura. Desde que los toros
son secuestrados del rebaño, empieza el calvario de unos animales
capaces de experimentar angustia y desamparo infinitos. Presos en
un asfixiante cajón, con la cabeza ladeada, se los transporta
lejos, muy lejos de sus pastos y encinares. Confinados en la cárcel
del chiquero, antes de su linchamiento, padecerán continuos
tormentos al objeto de debilitar sus fuerzas: palizas con sacos de
arena hasta quedar desriñonados, purgas fortísimas que
les abrasan los intestinos y extenúan, al punto de apenas sostenerse
en pie; se les ciega con vaselina, se les inyecta fármacos
hipnóticos, se introducen bolas de algodón en lo profundo
de sus fosas nasales para dificultar la respiración...Así,
disminuido, enfermo, desorientado, llega el toro al picador, quien
le barrena el lomo cortando nervios y tendones hasta abrir una herida
`por donde cabe un brazo; y en esa dolorosísima llaga se clavan
los arpones de las banderillas, rascuñando en hueso a cada
movimiento...Tras varios intentos fallidos la espada perfora la pleura
y el animal agoniza entre vómitos, los pulmones encharcados
de sangre... Aún con esas, este negocio carroñero tiene su fin anunciado, pues la conciencia de las nuevas generaciones camina hacia una relación armoniosa del ser humano con el resto de las criaturas del planeta. "Llegará un día- escribió Leonardo da Vinci- en que los hombres juzgarán la matanza de los animales como juzgan hoy el asesinato de una persona". Mientras llega ese mañana, podemos elegir entre la crueldad y la compasión, entre encogernos de hombros o ser la voz de quienes no la tienen. En nuestras manos está la respuesta. PACMA |
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