Cultura, imitación e identidad

Presentado por YON


Cómo fallaron todos los intentos históricos para solucionar problemas sin provocar otros nuevos.

Imagina que la generación de nuestros padres se ha vuelto loca.Imagina que el modo de ver la vida y sus intereses particulares están afectados por esa locura.

Los intereses particulares son aquellos que van más allá de vivir como el cuerpo necesita (los intereses propios del ser humano son las necesidades del cuerpo). El cuerpo no necesita el odio, la tristeza, y el miedo sicológicos, ni sustancias dañinas que entren en él, ni situaciones que no puede tolerar, como exceso de comida, bebida, luz, calor, frío, humedad, sequedad, incomodidad, peso, ruido, estimulantes, sedantes, cansancio, etc.

Algunos ejemplos de lo que el cuerpo no necesita y padece: borracheras, indigestiones, insolaciones, agotamiento, sobrecargas, malas posiciones, cosméticos, ruido de obras, conducir durante horas, calzado y ropa incómodos y sintéticos, azúcar, leche, comida frita, comida basura, pasteles, comida artificial.

Imagina que casi todo lo que nos han enseñado crea todos los problemas que sufre nuestra generación, los seres humanos y la vida del planeta.

Casi todo lo que nos han enseñado (miles de costumbres, prácticas, actividades, técnicas y creencias) carece de relación con los intereses propios del ser humano.

1) Nos han enseñado a querer comida con sabor a cadáver cocinado (un cadáver es cualquier cuerpo sin vida). Esa comida no es saludable, es muy poco nutritiva y resulta innecesaria, ya que la comida nutritiva proporciona todos los nutrientes que el ser humano necesita. Sólo la preferimos por el sabor (más que la buena comida). Esa sensación es aprendida y es innecesaria. Para que millones de personas dispongan de comida con sabor a cadáver es necesario el funcionamiento de grandes empresas que son corresponsables de:

- la compra o alquiler de terrenos para el cultivo de vegetales con los que alimentar a millones de animales que van a ser sacrificados por el sabor de su cadáver cocinado.

- expulsión o matanza de sus habitantes naturales

- destrucción de sus propiedades inmuebles

- expulsión o matanza de los animales del ecosistema

- desforestación

- destrucción del ecosistema 10 veces superior a la provocada para cultivos destinados al consumo humano, en lugar de animales

- erosión del terreno

- pérdida de la capa de tierra superficial y fértil

- contaminación con sustancias tóxicas para el cultivo

- monocultivo

- pérdida de superficie forestal, necesaria para oxigenar el planeta, regular el clima, evitar la desertización y descontaminar el aire

- contaminación provocada por la industria del transporte de mercancías

- encarcelamiento, tortura y matanza de animales desde su nacimiento y vida en condiciones que le provoca enfermedades mortales físicas, enfermedades psicosomáticas, enfermedades de la conducta, intentos de sucicidio y conductas violentas y hasta mortales de unos hacia otros.

2) Nos han enseñado a vivir masificados en viviendas de cemento

 

3) Nos han enseñado a realizar trabajos rutinarios y compras para mantener el aseo (que resulta insano en el modo en que se practica), para eliminar el riesgo de infecciones (el riesgo de infecciones procede de un pésimo estilo de vida que dejamos de practicar hace muchas décadas, ahora el riesgo es de intoxicación), para adornarnos (pelo, ojos, labios, uñas, mejillas, orejas), para construir nuestra imagen personal (diseño de ropa contaminante que se usa un poco y se deshecha casi nueva), etc

 

4) Nos han enseñado a usar productos industriales para entretenernos

 

5) Nos han enseñado a maltratar la propiedad ajena e incluso la propia (por eso, en parte, no se quiere compartir los objetos que posee), a sentirnos molestos porque alguien se beneficie de lo que es nuestro, a rechazar la propiedad compartida y querer que lo nuestro siga siéndolo aunque no lo usemos, no lo necesitemos, lo usemos poco, lo usemos sólo de vez en cuando o sólo en ocasiones previstas. Entonces, cada uno quiere su vivienda, su coche, su embarcación, su material deportivo, sus herramientas, etc

Imagina que todas las explicaciones que se nos dan para convencernos de que este modo de vivir es el bueno, correcto, acertado, eficaz, próspero, etc, son racionales, pero insensatas e insostenibles.

Nos dicen que hay que vivir así. Y para eso, los seres humanos tienen que hacer ciertas cosas. Esas cosas le provocan, por unos u otros efectos, las siguientes pérdidas: salud física y mental, energía vital, alegría, ganas de vivir, valor, amor, sociabilidad, originalidad, capacidad de adaptación, generosidad, bondad, etc. Entonces, la comparación resumida es inevitable: queremos participar en la parte de la cultura que hemos asimilado durante nuestro desarrollo y crecimiento, con todo el sufrimiento que conlleva, o, como alternativa a eso, tener sólo la parte de la cultura que nos permite obtener lo necesario y sostenible, y ser tan felices como sea posible.

Entonces, si uno quisiera conocer la “verdad” del ser humano, su forma “natural”, “sana” y “satisfactoria” de vivir, ¿Cómo podría hacerlo? Si siempre hemos visto nuestra vida desde este enfoque miope, ¿cómo ver que el ojo está miope usando ese mismo ojo?
¿Cómo comprobar que algo es incorrecto sin poder compararlo con lo correcto? Esto es un problema serio.

¿Cómo saber cuál es la parte de la cultura que es necesaria y sostenible? Partiendo de diferentes estados, capacidades y situaciones que afectan de modo diferente a cada persona, podemos observar lo siguiente: alimentación (comida y bebida), abrigo (ropa y calzado), vivienda y relaciones con otras personas. Para esta cuarta necesidad básica no se necesita más que la propia actividad humana, sin herramientas, o con aquellas que, como asunto prescindible, no hayan de ser obtenidas mediante el sacrificio de lo imprescindible, como el medioambiente y la vida que depende de él. Un ejemplo sería el teléfono: mientras haya personas para relacionarse en vivo, no hay necesidad de telecomunicaciones, que son muy dañinas para la vida.
Si tus padres, profesores, jefes laborales y el propio estado (a través de los funcionarios y las leyes) nos han hecho lo que nos dicen que nosotros no hagamos, ¿qué podemos pensar de su salud mental? Ellos nos han enseñado a pensar y nos han mostrado lo que se puede hacer con el pensamiento: todo tipo de maldades.

 

La mayoría de los padres gritan, amenazan, insultan, castigan, sobornan, chantajean, reprimen emociones, crean identidad de género (niño o niña), de creencia (ideología y/o religión) y de nacionalidad (gallego, español, occidental, “civilizado”, etc). Impiden a sus hijos la asociación con niños de la edad de los suyos (a través de la estructura familiar, que aísla a los niños de otros niños por las rutinas de vivienda, trabajo y escuela), por no facilitar el tiempo y el lugar para que los niños convivan, en lugar de estár aislados con sus juguetes y la televisión. Cuando los niños aprenden todas estas conductas y las repiten con sus padres, hermanos, compañeros, etc, los padres y otros adultos los reprimen. Primero les enseñan estas conductas, consciente o inconscientemente, pero lo hacen. Los niños las aprenden por imitación, porque se dan cuenta de que los argumentos de los padres se convierten en una especie de leyes que pueden ser conocidas y usadas para beneficio de cualquiera que sepa cómo hacerlo. Entonces los niños comienzan los ensayos y prácticas a través de sus propios modos de gritar, amenazar, insultar, catigar, etc, para conseguir el grado de poder y autonomía que observan en sus padres, pero con la intención de usarlos en sus propios asuntos. Cuando dos adultos discuten, puede darse el caso de que los dos, ninguno, o sólo uno de ellos tenga razón en lo que dice, pero en el momento de la discusión, cada uno cree estar en posesión de la verdad frente al error o la injusticia de la posición del otro. Si ni siquiera ellos son capaces de consenso y apariencia de objetividad, ¿qué va a captar y asimilar un niño, carente de desarrollo, experiencia y sabiduría? Sin embargo, aunque el adulto se enfrenta a la opinión del otro adulto con el que discute, acepta la posición del otro hasta cierto punto (aunque sea porque no dispone del poder suficiente para negar sus aspiraciones y las consecuencias materiales de éstas). En caso de tratarse de un niño, no se acepta dicha posición, aunque su argumentación tenga tanto peso o más que el de un adulto, y se emplea cualquier medio (la violencia incluso) para impedir que el niño se salga con la suya. Esta es la actitud de un matón o un gánster, aunque se consideran padres que aman a sus hijos. Si esta misma actitud la tiene otro niño u otro adulto con su hijo, reaccionarán oponiéndose, pero no por apoyar al niño, sino por considerar que el extraño está tratando de ejercer poder en un ámbito en el que sólo al progenitor le corresponde ejercer el suyo (desde su punto de vista).

Esta violación de los derechos del niño, al que se le priva de comportarse con la misma justicia o injusticia que sus padres (de los que aprende a hacerlo), convierte a éstos en violadores, no en el sentido sexual de la palabra, que es específico, sino en el sentido de usar la violencia (de acción o de amenaza) para doblegar la voluntad, las emociones y el pensamiento del niño. Los niños, incapaces de entender esto, pero igualmente incapaces de independizarse de los adultos de modo material, emocional, económico, o legal, sufren traumas psíquicos que nunca serán solucionados (en la mayor parte de los casos), ya que el niño no los siente como un estado enfermizo que determinará tristemente su vida, sino que los incorporará como una experiencia más en el conjunto de experiencias. Pero las consecuencias se pueden observar en la sociedad en todas sus manifestaciones de injusticia, sufrimiento propio, insensibilidad al sufrimiento ajeno y otros males que ya se han comentado. El adulto no entiende que sus propia falta de coherencia con lo que dice ser “lo correcto, bueno y deseable” se ha desarrollado en sí mismo a partir de las injusticias que ha sufrido a lo largo de la vida, especialmente en la infancia y por parte de las personas que se supone que más deberían protegerle y proporcionarle cariño, apoyo y un modelo ejemplar de conducta. Profesores, jefes laborales y el propio estado (a través de los funcionarios y las leyes) tomarán el relevo de los padres y asumirán funciones nuevas en la socialización del niño y después el adolescente, continuando toda esta estructura de falsedad en la que se asume que uno debe beneficiarse a uno mismo mientras habla del bien común y coparticipa en una estructura de relaciones en la que los demás salen perjudicados mientras se espera que estén conformes y agradecidos, y se comporten como a uno le conviene aunque su vida se convierta en una miseria


A lo largo de la vida, nos han convertido en adictos: a la mala comida, a las chucherías tóxicas, al alcohol, al tabaco, al café, a los somníferos, tranquilizantes, antidepresivos, ansiolíticos, estimulantes, y al consumo indiscriminado de todo lo que han querido vendernos. Nos han educado para depender de cosas que no nos benefician, sólo nos alivian temporalmente de la angustia que sentimos cada vez que recordamos que todavía no tenemos lo que deseamos. Y si lo conseguimos, eso se convierte en una necesidad más, pero no nos da más que una minúscula parte de la satisfacción que esperábamos, y sí muchos sufrimientos.

Ninguna especie de seres vivos necesita, para estar satisfecha, más que lo imprescindible. Si nosotros necesitamos más, es debido al lavado de cerebro, desde pequeños, para conseguir que no estemos a gusto si no vamos a más. Pero ir a más toda la vida nos mantiene en un esfuerzo constante y agotador que no consiente en concedernos más que un poco de tiempo semanal para aliviarnos. Eso no es vida, ni salud ni esperanza.

Los animales más inteligentes del planeta (simios, delfines, perros, etc) se ocupan de satisfacer sus necesidades el tiempo necesario. El resto del tiempo juegan, pasean, reposan, aprenden, copulan, se acarician, se masajean y se dan diversas muestras de afecto. Nosotros vivimos muchísimo peor que ellos porque somos muy hábiles y calculadores, como las máquinas y ordenadores que hemos inventado y se parecen mucho a nosostros, pero, en general, no somos inteligentes. Los pocos humanos inteligentes del planeta se caracterizan por ser felices cuando pueden satisfacer sus necesidades elementales. La mayoría, en cambio, son eficaces profesionales e infelices crónicos.

Todos nuestros deseos y lo necesario para satisfacerlos, sumados, es el mundo en que vivimos. Todos nuestros deseos son aceptados consciente o inconscientemente a partir de deseos que otras personas han inventado o creado por motivos que no son los nuestros. Son deseos imitados. Se da la necesidad de crear el asociacionismo como meta, no como medio, ya que el consenso del grupo es lo que crea deseos, gustos y propósitos. Si primero surge el propósito de la asociación y no la asociación, el resultado será una continuación de la civilización que ya existe (en forma de opuestos y variantes), no un modo nuevo de vivir.

 

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