CUANDO TENÍAMOS LAS RESPUESTAS

NOS CAMBIARON LAS PREGUNTAS

 

1.- LOS CAMBIOS EN EL CONTEXTO MILITAR

 2 ALGUNAS NOTAS SOBRE LA CRISIS ACTUAL DEL MOVIMIENTO PACIFISTA

3.- CONSTRUIR DESDE LA CRISIS

4.- UN DEBATE POR FABRICAR

 


 

 

1.- LOS CAMBIOS EN EL CONTEXTO MILITAR 

1.1.- La política militar lampedusiana.

En líneas generales, las sucesivas políticas de defensa diseñadas en el Estado Español han sido continuistas al menos desde finales de la dictadura franquista. Con múltiples retoques se ha pretendido dar una impresión de cambio para mantener inalterable la esencia de lo militar.

Dichas políticas se basan en el consenso -tácito unas veces y explícito otras- de las élites políticas en torno a las ideas básicas sobre la defensa.

Tal consenso, en sus líneas más estructurales, viene definido por la opción incuestionable por un modelo expansivo de defensa militar territorial de fronteras, no nuclear, con presupuestos crecientes, cuyo principal instrumento es un ejército permanente sobredimensionado, con pretensiones de progresar en su capacidad tecnológica; ejército que, a su vez, se encarga secretamente y de manera elitista de la organización y planificación de dicha defensa y que forma parte de un complejo defensivo más amplio, integrado en la llamada "defensa occidental" (OTAN, UEO, etc.).

Si bien, como venimos diciendo, este ideario general no ha sido modificado, sí se ha venido asistiendo a una progresiva reorganización del propio modelo, con vistas a su perfeccionamiento y refuerzo. Ello en varias direcciones:

a) Reforma de personal al servicio de la defensa y profesionalización de la función militar

b) Reforma de la distribución espacial y reorganización de fuerzas

c) Reforma (modernización) del material

d) Reforma del planeamiento, la doctrina y de la estructura jerárquica

e) Búsqueda de una legitimación no problemática del ejército en la sociedad.

Significativamente, este continuismo es reconocido por el propio Ministerio de Defensa, quien en su "página Web" así lo refiere, constatando un "hilo conductor" de toda la reforma desde 1978 hasta 1996.. El PP está ahondando en el diseño de un ejército que consolida las líneas anteriores y cuyos pilares básicos son:

  1. La plena profesionalización de las FAS (aboliendo la conscripción pero conservando un ejército sobredimensionado de más de 110.000 efectivos, además de 50.000 mandos y 70.000 guardias civiles),
  2. Ejército de "doble uso": por un lado nos "serviría" para defendernos de los "enemigos externos" (los cuales no existen, según el Ministerio de Defensa) y también para realizar "misiones humanitarias" en el exterior,
  3. Dotado de recursos y de instrumentos sofisticados de guerra (modernización de material, tecnología y estructuras de la defensa), con una apuesta tecnológica que le permita reducirse en número de personal porque sus armas serán mucho más mortíferas y precisas.
  4. El incremento espectacular del gasto militar (duplicación, como mínimo), hasta llegar al 4 % del P.I.B.
  5. La potenciación de la capacidad de proyección (eufemismo de capacidad de invasión y de intervencionismo) que condiciona la acción en política internacional,
  6. Inserto en la O.T.A.N. y U.E.O, instrumentos de un rompecabezas mundial que intenta mantener la opresión del Norte sobre el Sur.
  7. y la expansión del concepto de defensa militar y de las misiones militares a campos tradicionalmente civiles.

 

1.2.- Las implicaciones de la reforma militar: un salto cualitativo y un cambio de escenario.

Lo relevante de la reforma militar en curso es que, además, es cualitativamente diferente a todas las anteriores, pues supone un intento de profunda remilitarización de la sociedad, aspecto que otras reformas no supieron abordar. Los intentos de aumentar el gasto, de mejorar en tecnología, de potenciar nuestro papel militar en la política internacional son más de lo mismo; sin embargo, los intentos de que la sociedad asuma como normales la apropiación militar de tareas ecológicas, de solidaridad internacional, de educación escolar desde valores militaristas, etcétera, suponen un salto cualitativo en la estrategia militar, que desplaza el escenario desde la tradicional confrontación ejército versus sociedad, hacia otro en el que el militarismo se infiltra difusa y transversalmente en todos los planos sociales (valores, actuaciones políticas, modelo de sociedad, etc.).

Serra II prefiere abandonar el terreno del enfrentamiento directo (insumisión, etc.) con el pacifismo antimilitarista (donde el militarismo se encontraba a la defensiva y con el único recurso de continuas modificaciones del código penal contra los desobedientes) para pasar a la ofensiva mediante una reforma que en lo superficial se vende como una supresión de la mili obligatoria (mensaje de victoria para el pacifismo) pero que en lo profundo oculta una apuesta de remilitarización de la sociedad desde la cultura y la asunción de muchos aspectos civiles por parte de lo militar (lucha contra los desastres naturales, ayuda humanitaria en el extranjero, etc.).

Es decir, el escenario que se está definiendo ahora es el de la creación de un ejército de "tercera ola" con los mismos principios militaristas reforzados pero potenciado en lo tecnológico y en la justificación de su necesidad ante la sociedad.

Asimismo, la actual reforma militar se aprovecha del encuentro con una sociedad "dormida" en la que, además, el pacifismo (en un sentido muy extenso del término) no ha valorado aún todas las implicaciones estratégicas de la actual reforma y no es capaz, por tanto, de denunciar plenamente que el enfrentamiento ya no se centra en los antiguos perfiles "duros" o directos (insumisión, servicio militar, cuarteles en las ciudades, campos de tiro indeseables, eventual envío de soldados de reemplazo a guerras periféricas, etc.) y sí en otros más blandos o indirectos que atañen a la confrontación de modelos sociales distintos.

Bajo estas características del nuevo diseño militarista no podemos conformarnos con los logros, ya incuestionables para cualquiera, de las campañas antimilitaristas al uso, ni plantear que todo sigue igual en el nuevo escenario de la defensa.

En nuestra opinión, nos encontramos en un momento de transición entre:

a )un escenario dominado por la insumisión como eje de las propuestas antimilitaristas y, por extensión como el elemento más identificativo y popular de los trabajos "pacifistas" en el Estado (escenario abocado a desaparecer inmediatamente), y,

b) un nuevo escenario por construir que exigirá al "pacifismo" la creación de un nuevo modelo de trabajo.

 

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2 ALGUNAS NOTAS SOBRE LA CRISIS ACTUAL DEL MOVIMIENTO PACIFISTA

 

2.1. Apuntes sobre el estado del movimiento pacifista.

Somos conscientes de la pluralidad, complejidad y riqueza del pacifismo, y de la dificultad conceptual a la hora de hablar de un movimiento pacifista uniforme. Esta dificultad impone que no sea posible definir, menos de manera canónica, un único "movimiento pacifista" y en pocas palabras. Dentro de un mismo saco es difícil conciliar propuestas netamente radicales y antimilitaristas junto a otras de signo instrumental y hasta conservador, noviolentos junto a guerrilleros, gandhianos frente a recelosos de lo ganhiano, enfoques de base frente a enfoques de expertos, etcétera. Con todo, opinamos que sí es útil caracterizar alguno de los rasgos más sobresalientes y comunes a todo ese difuso cuerpo para poder generar, con vistas al futuro, un debate que parta de nuestra realidad y que, por lo tanto, pueda ser constructivo.

A nuestro entender, se percibe una sensación más o menos generalizable (y que se puede seguir en artículos, ponencias y conversaciones de militantes) de "despiste" y "desmoralización". A muchos constantemente nos afloran sentimientos de añoranza por formas de militancia y acciones que antes mostraron su eficacia (manifestaciones masivas, lanzamiento de temas nuevos, etc.) y que incomprensiblemente se muestran ahora menos útiles. En definitiva, un sentimiento (nótese que estamos diciendo sentimiento y no hechos objetivos) de crisis.

Además, habría que añadir otros rasgos más objetibables:

1.- Ausencia de memoria. El "movimiento pacifista" se caracteriza por no guardar memoria de sus metodologías, pedagogías, debates, modelos de organización, etc. Los motivos pueden ser dos: a) el excesivo activismo a que obligó la dureza de las campañas llevadas adelante, que impidió una reflexión más documentada y calmada y b) la salida "a cierta edad" de muchos miembros que no han realizado un proceso de transmisión de experiencias con los jóvenes. Esta situación no es coyuntural pero se hace más patente en el presente momento de crisis.

2.- Desvinculación progresiva de muchos militantes tras un período de mucha entrega personal.

3.- Fragmentación. Sin olvidar el referente de algunos grupos históricos que siguen ahí, últimamente hemos proliferado como pequeños grupos especializados en trabajos concretos y en general desconectados entre sí.

4.- Descoordinación. Aún cuando de forma meritoria se mantengan algunas coordinadoras puntuales o se creen otras nuevas, existe una general descoordinación, basada en escasa comunicación o en comunicaciones cargadas, más o menos, de recelos, prejuicios o desconfianzas.

5.- Con una priorización muy acusada en un tema, la insumisión, y en una metodología, la acción-reacción.

6.- Los purismos de parte del movimiento han imposibilitado debates más plurales, contrastados y abiertos, al exigirse unos "mínimos de calidad en la radicalidad" versus "pragmatismo posibilista" que recela de lo utópico.

7.- Pérdida global de capacidad pedagógica, de difusión y de argumentación con la sociedad.

8.- Fallos organizativos (por ejemplo, no hemos sabido ser autogestionarios en lo económico, no hemos sabido funcionar sin liderazgos, distribuirnos equitativamente trabajos y responsabilidades, nos hemos creado dependencias de personas concretas, etc.) y de planificación (aún no hemos sabido conectar las distintas campañas entre sí para hacer un trabajo pacifista global y rientado a un objetivo transformador).

9.- En general, no hemos sabido hacer alianzas ni relaciones fructíferas con otros movimientos sociales y/o políticos.

10.- Divergencia entre gente que ha abandonado la práctica y sólo hace propuestas teóricas, muchas veces teñidas de pragmatismo viciado de concesiones, y activistas puros que solo ven eficaz la acción directa como metodología política. Esta divergencia puede explicar las tendencias actuales de un sector del movimiento que pretende constituirse como expertos, renunciando explícitamente al trabajo de base y que solo tienen como interlocutores al poder y a las élites (el ejemplo más escandaloso podría ser el CIP).

 

2.2. Posibles posturas ante la crisis.

Todo el elenco de circunstancias mencionadas anteriormente nos obliga a asumir que vivimos un momento de crisis sin precedentes, no por su irremediabilidad, sino porque estamos en el punto medio entre dos pretensiones de militarización y, quizás también, entre dos generaciones de pacifismo.

El actual momento de crisis puede ser vivido de manera constructiva y optimista, pues la coyuntura presente nos permite, en condiciones mejores que en otras ocasiones y de forma más esclarecida, profundizar en nuestros modelos de organización y modelos de trabajo y nos impulsa a elegir conscientemente cuál va a ser el futuro por el que queremos ir llevando adelante las estrategias de trabajo.

Como en toda crisis, asistimos a un momento de confrontación con una realidad que ya no es la que era. De forma abstracta, podemos considerar que existen tres "tendencias" hipotéticas de abordar un momento crítico cualquiera:

a) Nostálgica, reforzando las maneras de pensar y actuar del pasado, evitando un análisis crítico y actualizador, reforzando los mecanismos de seguridad que -porque nos valieron una vez- hemos aplicado automáticamente para otros casos, anquilosando anacrónicamente los fundamentalismos, etcétera; todo lo cual no deja de resultar asombroso y turbador en un movimiento crítico como el nuestro.

b) Estática, eligiendo, quizás inconscientemente, la inactividad, ya sea por autocomplacencia, por la creencia de que hemos llegado al tope de las posibilidades, por no saber qué hacer o por desubicación.

c) Superadora, arriesgándose a asumir la crisis en su criticidad y optando por provocar cambios. Dentro de esta tendencia caben dos submodelos de salida: a) uno impulsivo, que se tira en el vacío, sin cálculo, de forma no analítica; y b) otro reflexivo, basado en el análisis del pasado y del presente, en el diseño de estrategias y debates que posibiliten la participación constructiva en las propuestas de un futuro distinto.

Nosotros creemos más adecuado afrontar el momento presente desde esa tendencia superadora y reflexiva. Por ello, el objetivo principal de este artículo es servir de acicate para el debate. Es nuestra máxima preocupación identificar y divulgar cuáles son las líneas de argumentación y los polos de tensión que, anuestro juicio, las definen para poder ser más eficaces en la reflexión.

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3.- CONSTRUIR DESDE LA CRISIS

 

3.1. Escenarios de la crisis: dos generaciones de pacifismo.

Si aplicamos el esquema visto anteriormente a la situación actual del "movimiento pacifista", podemos hacer una interpretación de la coyuntura del siguiente modo:

La situación de partida del movimiento pacifista en los años 70 se caracterizó por presentar una gran variedad de líneas de trabajo. Con el transcurso del tiempo se superpusieron varios hechos de cierta importancia:

- Debacle del referéndum de la OTAN

- El hundimiento (por desfase o por desánimo) de las propuestas de pacifismo institucional,

- la priorización del trabajo en la campaña contra la conscripción y coyunturalmente otros temas (guerra del Golfo, bases militares, guerra de la ex-Yugoslavia, etc.).

Todo esto produjo una especie de cuello de botella en el desarrollo del trabajo "pacifista", que ha desembocado en que, en el fondo, tengamos todo apostado a una carta. Se ha priorizado y focalizado de forma más intensa el trabajo en la campaña de insumisión (llevados por la necesidad y urgencia de dicha campaña), detrayendo recursos, energías, ideas, debates, personal, y un largo etcétera, de otros muchos trabajos que incluso fueron más antiguos en su concepción por el movimiento pacifista, antimilitarista o no.

Debe señalarse igualmente que, precisamente como consecuencia de la desvertebración de las coordinadoras pacifistas de antaño, los movimientos pacifistas se fueron "divorciando" en líneas de trabajo separadas y, poco a poco, irreversiblemente irreconciliables:

Ante esta situación de "cuello de botella" caben a nuestro entender para el "pacifismo de base" (que es el que nos interesa aquí) tres posibles opciones:

1.- Hemos llegado al punto final. Hemos vencido, hemos acabado con la mili, no tenemos ahora más cosas relevantes que hacer como movimiento de base (pero, tal vez, sí como expertos): ¡Compremos el corcho para cerrar la botella!

2.- A banderín muerto, banderín puesto. O también, a campaña estelar muerta, campaña estelar puesta. Ya que la insumisión fue un buen banderín de enganche, al desaparecer la conscripción, no hay sino buscar otro banderín que reemplace el anterior para seguir alargando el cuello de botella. Desde nuestro punto de vista, tal hipótesis sólo puede contribuir a mantener y agravar los problemas de fondo que actualmente tiene el movimiento pacifista.

3.- Inversión de la botella. La lucha pacifista continúa, renunciamos a los banderines de enganche y a campañas estelares que monopolicen todo el trabajo. Optamos por expandir el cuello de botella desarrollando las líneas de trabajo que quedaron relegadas, abriendo otras nuevas e intentando coordinar todos estos esfuerzos.

 

La realidad antedicha, que define una coyuntura de crisis, y la propia evolución del movimiento pacifista hacia una mayor madurez en sus postulados y métodos de acción, nos llevan a considerar que en la actualidad estamos acabando una etapa, que llamaremos pacifismo de primera generación.

Este pacifismo de primera generación, visto en perspectiva de 20 años hacia atrás, principalmente en su componente mas de base, puede ser caracterizado por:

* su creatividad y dinamismo: inventando múltiples campañas que han diversificado la labor pacifista, proponiendo métodos de participación social novedosos (autoinculpaciones, insumisión, creación de grupos de apoyo, etc.)

* su expansión en la sociedad: se partió, desde los últimos años de la dictadura franquista, de unas pocas decenas de militantes y grupos, y se ha llegado a difundir la objeción de conciencia y a crear un caldo de cultivo aceptable para la cultura de paz.

* su estructuración como movimiento social complejo, con características novedosas, no catalogables en ninguno de los estudios teóricos al uso (democracia de base, fomento de la participación igualitaria, etc.).

* La ruptura entre una tendencia más radicalizada, que auspició las propuestas antimilitaristas, y otra más centrada en abordar las líneas de trabajo de moda en Europa, de observación internacional de conflictos, de desarme, antinucleares, etc.

* El predominio, en su presencia pública, de una dinámica de trabajo basada en la "acción-reacción", que acabó degenerando, en parte, en martiriologías y discursos "anti-represivos", en luchas demasiado elitistas y que no son asumibles de forma fácil por el conjunto de la sociedad, etcétera. Todo ello, el Ministerio de Defensa lo ha intentado manejar, con los medios de publicidad a su alcance, propiciando una imagen del antimilitarismo histriónica, irrelevante y de aislamiento social.

* Una planificación ingenua, que de forma soterrada considera que nuestras acciones, aisladamente y por sí solas, conllevarán automáticamente la consecución de los objetivos finales (por poner un ejemplo, la idea ingenua de que la insumisión llevaría necesariamente a la abolición de los ejércitos por la sola eficacia de la acción desobediente).

 

3.2.Propuestas para un pacifismo de "segunda generación".

Desde nuestra perspectiva, el momento actual es inmejorable para lanzarnos a construir un pacifismo de segunda generación, que supere inercias anteriores y sepa actualizar sus éxitos (ver cuadro adjunto).

El escenario actual es el que definíamos en el título de este artículo: cuando teníamos las respuestas, nos cambiaron las preguntas". No es el momento de continuar con los mismos métodos, sino que hay que ser, de nuevo, creativos para definir un pacifismo que, basándose en nuestra experiencia, llegue a ofrecer a la sociedad una alternativa global al militarismo.

Para ello sugerimos al movimiento pacifista las siguientes líneas de debate: qué trabajar, cómo trabajar, cómo organizarnos. Obviamente, en este escrito no pretendemos dar respuesta a estas líneas, sino que solamente sugerimos que hay que entablar el debate sobre todos y cada uno de sus puntos.

3.2.1 ¿Qué trabajar?

Creemos que debemos analizar en este apartado dos aspectos distintos:

a) los campos de acción que hemos iniciado o pensado iniciar en algún momento, junto con lo que se ha conseguido en cada uno de esos campos, las orientaciones políticas y criterios desde donde se debe trabajar en ellos y, lo que es más importante,

b) la coordinación que debe existir entre unos y otros campos para que formen parte de una alternativa global.

 

A título de recuerdo de los trabajos realizados en los últimos 20 años, podemos señalar cómo estos se han dividido en dos grandes bloques de acción (o de intención):

1) específicamente antimilitaristas

2) inespecíficos o que trascienden el antimilitarismo y lo relacionan con otros campos y luchas sociales (transversales).

Podemos citar, dentro de unos y otros, los siguientes campos:

- Contra la conscripción.

- Mujer y antimilitarismo.

- La economía del militarismo:

-Conocimiento del gasto militar y alternativas a éste

- Objeción fiscal.

- Objeción laboral

- Conversión de industrias militares.

- Investigación para la paz y resolución de conflictos.

- La política internacional y el militarismo

 

- campañas contra la O.T.A.N.,

- campaña contra la militarización de la ayuda exterior,

- campañas contra las guerras en el extranjero (Bosnia, Irak,...),

- campañas contra el comercio de armas,

- campañas por el desarme

- introducción del juego y de la enseñanza de valores y la metodología socioafectiva en la educación para la paz,

- educación para la cooperación internacional,

- educación intercultural...

- Recuperación de memoria histórica del pacifismo.

- Lucha contra los campos de tiro y pro reconversión de equipamientos militares en civil (cuarteles, infraestructuras, fincas militares, hospitales militares, cría equina, satélites militares, clubes sociales militares, viviendas militares, etc.

- Ecología y antimilitarismo.

- Modelos y alternativas de defensa.

- defensas no ofensivas

- defensa civil

- defensa popular noviolenta

- nuevo concepto de seguridad humana

- otras

El resultado de tantas iniciativas, en general, es altamente satisfactorio, pues hemos podido demostrar que somos muy creativos a la hora de plantear trabajos, aunque no hemos conseguido llevarlos todos a cabo o clarificar la orientación de cada uno de ellos.

El reto ahora es analizar también en qué medida hemos avanzado en cada uno de estos trabajos. Para ello proponemos seis niveles generales de reflexión:

1- Número de gente y de grupos que trabajan cada tema.

2- Grado de elaboración del trabajo y de propuestas concretas (si son instrumentales, transformadoras, etc.).

3- Nivel de coordinación con las demás propuestas pacifistas.

4- Nivel de coordinación con propuestas de otros movimientos sociales.

5- Nivel de conocimiento del trabajo por parte de la sociedad.

6- Nivel de apoyo de la sociedad.

Este análisis nos puede ser útil para reconocer los obstáculos presentes y para profundizar en los contenidos y las orientaciones de estos trabajos de cara al futuro.

Es necesario acabar de dar el paso desde campañas concretas que se proyectan por separado en lo organizativo, en la difusión, etc., y que se coordinan de manera escasa, a campañas globales y multitemáticas, con un hilo conductor común en todos los temas que abordamos. Todo ello urgidos, en parte, por la nueva situación que se plantea desde el Ministerio de Defensa, el cual está definiendo y empezando a implantar una reforma en profundidad que nos obliga a dar respuestas más globales.

Si nos preguntamos qué posibilidades de trabajo en común existen, podemos suponer que, al menos, caben dos líneas de trabajo:

C Una sería elegir un tema que por su amplitud pudiera servir de nexo entre todos los trabajos y que aglutinase y coordinase las propuestas. Supongamos que el hilo conductor que eligiésemos es dar una alternativa noviolenta (puede ser otro) a la defensa militar. La idea es que desde cada práctica concreta se tenga la preocupación y la ocupación de relacionarla con lo demás a través de este hilo conductor.

Se trata de que cada lucha concreta se conjunte en una visión plural para dar un sentido único a la lucha pacifista.

Siguiendo nuestro ejemplo: Si el hilo conductor del pacifismo durante los próximos años fuera lograr una alternativa de defensa noviolenta aplicable y entendible por la sociedad, buscaríamos, para lograr esta alternativa al militarismo, coordinar las propuestas pacifistas en política internacional, educativa, económica y social. Conseguir articular una alternativa no sólo es saber contra qué queremos luchar sino ser capaces de proponer un proceso gradual de cambio (un transarme) y un modelo de sociedad alternativo.

El inconveniente de esta línea de trabajo se encuentra en que fácilmente nos podríamos enzarzar unos y otros grupos en un debate valorativo sobre los pros y contras de cada una de las tareas (educación para la paz, gasto militar, desobediencia, alternativas de defensa, conflictos internacionalesetc.) en las que, respectivamente, nos hemos especializado (a las cuales, por razones obvias, cada grupo entenderá que es la perpectiva más globalizante de todas). A todos o a muchos se nos ocurrirían potentes argumentos para mantener nuestra opción y, sin quererlo, entraríamos en una espiral de suspicacias y de improductividad por llevarnos el gato al agua del tema "hilo conductor".

C Otra posibilidad sería encontrar la manera de interrelacionar los trabajos para, por ejemplo, que la oposición a un campo de tiro se entendiese y desarrollase como una alternativa noviolenta de defensa, para que la lucha contra el gasto militar tuviese un contenido explícito de educación para la paz, para que la mujer pudiese entender y practicar como suyas la objeción y la insumisión, etc.

Coordinar los trabajos no sería sólo saber qué hace el otro o dar nuestro apoyo testimonial, sino debatir y colaborar para tener perspectivas comunes, para aportar en el trabajo de los demás, para descubrir y potenciar interfases.

Nuestro punto de vista es que esta segunda posibilidad es más oportuna para conseguir aunar fuerzas y evitar suspicacias y recelos. Además, la coordinación de trabajos es indispensable si el pacifismo "de segunda generación" se quiere presentar como una alternativa global. Es de destacar que esta forma de descentralización es coherente con las prácticas propias del movimiento pacifista e instrumental para conseguir un modelo organizativo de base, sin líderes, con responsabilidades compartidas, en el que se piense globalmente y se actúe localmente.

Es necesario que aprendamos a planificar las campañas desde un punto de vista pluritemático, incorporando perspectivas y propuestas de diversos temas específicos o inespecíficos.

 

3.2.2. Cómo trabajar

Hay que tener en cuenta que la metodología de trabajo del movimiento pacifista debe ser coherente con los fines que perseguimos: dar una alternativa global a la presente sociedad militarizada, jerarquizada, insolidaria, autoritaria. El cambio metodológico no es una labor que se deba comenzar "una vez conseguida la victoria final", ni puede relegarse a un último plano. Antes bien, o realizamos nuestros trabajos desde una práctica (ya y ahora) no jerárquica, solidaria, no machista, etc., o nos será imposible lograr una verdadera alternativa.

Por ello, son varias las líneas de debate que proponemos abordar:

a) Internas

 

b) Hacia la sociedad y otros movimientos.

En la dicotomía élites gobernantes-sociedad, la propuesta pacifista tiene más posibilidades de triunfar si elige el segundo término. No sólo nuestro mensaje es demasiado diferente para que pueda ser aceptado de forma no problemática por el poder, sino que éste último tiende a banalizar y compatibilizar nuestras ideas con sus intereses, haciéndole perder toda capacidad de transformación real.

Por otro lado, desmilitarizar sólo es posible si elegimos como interlocutores a la sociedad y nuestros mensajes intentan que ésta pueda ejercitar en su práctica cotidiana y política modelos alternativos a lo militar, autoorganizarse y presionar desde sus intereses para lograr arrancar al poder avances.

La pedagogía de nuestras campañas se ha mostrado como un arma que no tiene parangón entre lo militar. Efectivamente, las propuestas militares pueden maquillar sus contenidos de desastres nucleare, destrucción, imposición, autoritarismo, machismo, etc., pero no son deseables para la mayoría de la gente, que sólo las puede asumir, en última instancia resignadamente y como un "mal necesario".

- Los contenidos se complementan y contribuyen a dibujar una sociedad distinta y alternativa.

- Las metodología de acción y de organización son compatibles (fomento del trabajo de base, no sexismo, no autoritarismo, utilización de la acción noviolenta, ...).

El reto para el futuro es sabernos comunicar con otros movimientos, sabernos enriquecer mutuamente y cohesionar nuestras luchas para lograr avances comunes.

 

3.2.3. ¿Cómo organizarnos?

Además de qué y cómo trabajar, es necesario que avancemos en la manera de organizarnos. Del modelo de organización que tengamos se deriva lo transformadoras que pueden ser nuestras propuestas. No se pueden aplazar los cambios de comportamiento personales, organizativos, etc., para el día después de conquistado el poder, sino que es imprescindible practicarlos para poder, desde dicha práctica, transformar las relaciones de poder. Por ello, pensamos que es imprescindible debatir sobre dos grandes temas que conciernen a la organización del movimiento pacifista.

a) El trabajo de base. En dicho término incluímos una amplia gradación de características propias del trabajo en los movimientos sociales que nos diferencian nítidamente de las organizaciones tradicionales: no jerarquización, toma de decisiones compartida, no delegación, rotación de funciones, no control de la información, respeto a las minorías, no al elitismo, no a los líderes, autofinanciación, no profesionalización, ...

En fin, "renunciar, a las "obras y a las pompas" de la política al uso para, desde una participación igualitaria, crear una alternativa en el modelo de organización que nos permita idear y proponer una alternativa global a la sociedad.

b) Estructura. La complejidad y diversidad que implica este "pacifismo de segunda generación" impone hablar de coordinación. Nos referimos a coordinación de campañas, pero también a coordinación de personas diversas y de movimientos. Un esfuerzo coordinador tan amplio requiere buscar algún tipo de estructura que lo facilite.

A pesar del recelo que todos/as podemos tener a la excesiva organización, es imprescindible encontrar un modelo estructural que acepte la diversidad de ritmos de trabajo, las diferentes propuestas, la diversidad de grupos locales, de perspectivas de acción, de ideologías de partida, etcétera, y el trabajo de base que definíamos antes.

Desde nuestra perspectiva caben dos posibles alternativas para encaminarnos hacia tales propósitos:

a) La creación de una estructura que aglutine al movimiento desde una perspectiva conreta, que podría ser, por ejemplo, la noviolenta. ¿ Es ahora el momento oportuno de crear o recrear un movimiento político noviolento?.

b) La creación de una cordinadora que sea foro de reunión, debate y acción común, en la que cada grupo pacifista intervenga desde su propia identidad.

El momento actual de fragmentación impone, precisamente, éste como uno de los retos más acuciantes, por lo que merece la pena debatir al respecto, aportando pros y contras que puedan servir a la clarificación.

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4.- UN DEBATE POR FABRICAR

Ojalá estas páginas provoquen la reflexión y el debate sobre la propia identidad y futuro del movimiento pacifista. Ha sido nuestra intención lanzar ideas, reflexiones y valoraciones que consideramos de utilidad para superar la actual situación de crisis.

Nos gustaría encontrar en sucesivos números de esta revista más ideas y opiniones al respecto, ahondando el debate. Nosotros, por descontado, estamos dispuestos a la réplica y a contribuir en este debate, no solo en el papel, sino también, si llega el caso, en las reuniones y encuentros que surjan.

 

COLECTIVO UTOPÍA CONTAGIOSA

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