RAÍCES HISTÓRICAS Y GEOPOLÍTICAS DEL CONFLICTO DE AFGANISTÁN

(Angel Carrasco)


 

1.       El mosaico de Asia Central y la secular intervención de potencias externas: algunas notas históricas y geopolíticas.

2.       Las causas económicas del conflicto.

3.       Valoración de la responsabilidad de Occidente: la intervención occidental el mundo árabe-musulmán desde la época de la colonización.

3.1.  La colonización:

3.2. La descolonización y después

3.3. La Guerra del Golfo y su impacto en el mundo musulmán:

3.4. El fracaso de la modernización.

3.5. Conclusiones: responsabilidad occidental y responsabilidades internas

3.6. Causas del rechazo a Occidente en el mundo musulmán actual y emergencia de los movimientos islamistas.

3.7. La autocrítica de los intelectuales progresistas del mundo islámico.


 

1.       El mosaico de Asia Central y la secular intervención de potencias externas: algunas notas históricas y geopolíticas.

 

Afganistán emergió de pronto en la década de 1980 debido a que se convirtió en lo que un analista ha denominado "el laboratorio del enfrentamiento Este-Oeste". Desde entonces lo cierto es que no ha dejado de salir en los medios de comunicación y en los análisis geopolíticos. La palabra "talibán" había comenzado a ser de lenguaje casi corriente aun antes de estallar la guerra actual. Habría que preguntarse entonces cómo es que un país pobre y miserable, de apenas 20 millones de habitantes, montañoso y casi desértico, está en el centro de la atención mundial. La respuesta no es por el país en sí, sino por su ubicación en una de las zonas geopolíticas claves del planeta, una zona que, pese a lo que se acaba de decir, no es muy conocida y no se suele mencionar en los medios de comunicación de masas.

Los libros de historia también suelen pasar superficialmente por este área. De Asia central sólo nos llega vagamente el sonido de las hordas de los antiguos nómadas que tuvieron su origen en sus extensas estepas. También nos llega el nombre de alguna ciudad legendaria, como Samarkanda. Genjis Kahn  es el único personaje ilustre que suele merecer la atención de los libros de divulgación histórica (porque Tamerlán es menos conocido). Desde que las armas de fuego doblegaron la fuerza militar de los jinetes nòmadas, Asia Central parece que ha salido de la Historia. Más recientemetne, la desintegración de la URSS ha sacado a la luz unas nuevas repúblicas de nombre casi impronunciable. En cuanto al propio Afganistán, ni siquiera se recuerda que fue sede, en la Edad Antigua, de una próspera región con una floreciente cultura urbana: la Bactriana, conquistada por Alejandro hacia el 330 a.C.

Lo cierto es que la importancia geoestratégica de esta zona del mundo ha sido vital en los últimos siglos y que las grandes potencias han intervenido sistemáticamente en esa zona.

Asia Central, por su complejidad interna y por sus problemas latentes puede ser comparada con otras dos zonas de endémica conflictividad en el pasado siglo XX como los Balcanes y el Caúcaso. Con las dos camparte el ser un mosaico étnico y político en ebulliciòn permanetne (problemas internos en las exrepúblicas soviéticas, endémica guerra civil en Afganistán, cuestión del Tibet…). Con el Caúcaso tiene, además, otra característica en común: el ser zona productora de petróleo y gas natural. Debido a esta riqueza energética, desde principios del siglo XX Asia Central ha sido presa codiciada de las grandes potencias. Pero ya antes, en el XIX, fue objeto del "Gran Juego" de las poderes coloniales en expansión por esa zona (el Imperio Británico y Rusia).

El control de Afganistán, concretamente, estuvo a punto de desencadenar una guerra entre Gran Bretaña y Rusia a finales del siglo XIX. Finalmente quedó como "estado-tapón" bajo control británico. Este dominio fue en realidad muy limitado y Afganistán consiguió finalmente la independencia formal en 1919. Quedó, en cualquier caso, dentro del área de influencia de las potencias europeas occidentales tras la Primera Guerra Mundial (Francia y Gran Bretaña en ese momento). Estos países se repartieron el denominado Oriente Medio y Próximo tras la desintegración del Imperio Otomano. Rusia, convertida entonces en la URSS, mantuvo su control sobre las actuales repúblicas exsoviéticas de Asia Central (Kazajastán, Uzbekistán, Tayikistán y Turkmenistán), también ricas en recursos de oro negro, y consolidó, e incluso extendió, su dominio sobre el Caúcaso (en donde hoy se ubican los estados independientes de Armenia, Azerbayán y Georgia, y en donde además se ubica la conflictiva región de Chechenia).

Afganistán se halla, además, en una posición céntrica entre otras dos áreas geopolíticas: Asia meridional (con los gigantes demográficos India y Pakistán, pobres pero con armas nucleares) y el llamado Oriente Medio (con Irán, Iraq y los países petroleros de la península arábiga). Sin olvidar que al norte está Rusia y un poco más al este China.

Volviendo a la Historia, la influencia francobritánica en Oriente Medio y Afganistán fue sustituida por la norteamericana después de la Segunda Guerra Mundial. Estados Unidos estrechó su alianza con las monarquías feudales del Golfo Pérsico y con Estados más "modernos" pero despóticos y represivos como el del Sha del Irán y, más tarde, con el Iraq de Sadam Hussein. Con ello se garantizó el control de una de las mayores áreas productoras de petróleo del mundo (aproximadamente el 60%). Esta influencia tuvo algunos altibajos. El triunfo del partido Baas en Iraq a finales de los años 50 fue el primero (aunque más tarde volvería por el buen camino). Más importante fue el triunfo de la revolución iraní en 1979, que instauró el primer régimen islamista en el mundo y creó un nuevo factor geopolítico en la zona. Otro altibajo se produjo en el propio Afganistán, que fue deslizándose, en medio de conflictos internos, hacia la órbita soviética en los años 70. En este contexto EE.UU. inició su política de intervención en Afganistán con el objetivo de ir recuperando su influencia en la zona (y detener el expansionismo soviético también). En 1979, casi coincidiendo con la revolución iraní, la URSS invadió Afganistán para apoyar a la facción gubernamental que le era proclive. Estados Unidos redobló entonces el apoyo directo a los grupos islámicos que luchaban contra la ocupación rusa.

            La retirada soviética y la posterior caída de la URSS no supuso el fin de la intervención de EE.UU en territorio afgano. El país se hundió en una interminable guerra de facciones. Estados Unidos comenzó entonces a dar su apoyo a los talibán (o talibanes). Tenía que seguir manteniendo su control en Afganistán por dos motivos: uno fundamentalmente económico, para asegurar un gobierno aliado en un área de importancia económica vital (que se explicará en el siguiente apartado); otro principalmente político, para evitar que Afganistán cayera en la órbita de Irán. Los talibanes eran quienes se prestaban mejor a los intereses norteamericanos. Irán, por su parte, apoyó mientras tanto al ejército de Masud (lider de la actual Alianza del Norte que fue asesinado pocos meses antes del inicio de la guerra).

            En el momento actual, de hecho, se está produciendo una situación paradójica (una más entre las muchas a los que nos tienen acostrumbrados los poderes occidentales en sus incursiones políticas y militares de la última década): EE.UU. lucha contra los que ha tenido como aliados recientemente y tiene que dar su apoyo a los que han sido sus enemigos (o amigos de su enemigo, Irán). Por ello me parece que no termina de concretarse un apoyo total a la Alianza del Norte y de ahí las maniobras que el gobierno americano está haciendo para controlar al futuro, y eventual, gobierno que saliera después de la hipotética derrota de los talibanes (ha pensado incluso en incluir, entre las varias soluciones barajadas, a los "talibanes moderados", en expresión de los medios de comunicación).

            En torno a Afganistán se enfrentan asímismo varios poderes regionales, que luchan por extender su influencia en este territorio:

§         Pakistán, aliado de Arabia Saudí en la defensa de la ortodoxia conservadora islámica. Ambos, amigos de Estados Unidos, han apoyado a los talibanes.

§         Irán, que representa el islamismo chíita, enemigo de los ortodoxos y representante de un movimiento político islamista con fuertes connotaciones de transformación social (al menos en su programa ideológico). Han estado apoyando, como decíamos, a la Alianza del Norte.

§         Rusia y las exrepúblicas soviéticas de Asia Central, que temen el peligro del contagio fundamentalista (que podría, además, alterar el delicado equilibrio interno de algunas de esas nuevas repúblicas). Rusia, además, con viejos intereses imperialistas en la zona (mantiene aún tropas y destacamentos en territorio de las antiguas provincias soviéticas).

 

2.       Las causas económicas del conflicto.

            Dos de las tres grandes intervenciones USA-OTAN posteriores al fin de la Guerra Fría tienen el mismo denominador comun: se producen en áreas vitales para el funcionamiento de la economía mundial. La llamada Guerra del Golfo afectaba a una de las mayores zonas productoras de petróleo. La actual guerra de Afganistán se ubica en lo que se está viniendo a denominar, desde diversos estudios geopolíticos, como el área del mar Caspio, caracterizada por la producción de gas natural y, también aquí, petróleo. Como es sabido, la economía capitalista, la economía mundial, descansa en estas fuentes de energía. En torno a ellas se mueve una tupida red de poderosos oligopolios. El control de estas dos zonas se ha vuelto prioritario para EE.UU y la OTAN.  

            Se sabe que Afganistán puede producir notables cantidades de gas natural. Pero, de momento, parece que no es ese su principal atractivo. Ni siquiera sus famosos cultivos de opio (en grandes explotaciones bien ordenadas que contrastan con el desastroso y miserable aspecto de sus ciudades), principal producto, y único, de exportación, y la principal fuente de financiación del Estado (talibán o no). El interés más inmediato de Afganistán para EE.UU y sus aliados occidentales, y para otras potencias regionales, estriba en su situación en la rutas de los oleoductos y gaseoductos del Mar Caspio y Asia Central.

            EE.UU. quiere evitar que dichos conductos pasen por el territorio de Irán y, sobre todo,  de Rusia. Para ello concibió a mediados de los años 90 dos eventuales itinerarios. Uno iría directamente hacia Occidente pasando por Turquía (y, por cierto, una vez en Europa, una de sus etapas de tránsito sería… Kosovo). El otro se dirigiría hacia el sur, hacia los puertos de la India. Este último pasaría por Afganistán y Pakistán. Conclusión: EE.UU (y con él sus aliados europeos) quieren integrar el mayor número de países posibles de Asia Central en su zona de influencia (aislando y relegando, si es posible, a Rusia e Irán) para defender un bien económico vital, lo que implica intervenir diplomática, política y militarmente en la zona. Esto supone, en primer lugar, gobiernos aliados o dóciles con los intereses occidentales. Y, en segundo lugar, posibilidad de intervención militar directa en caso de desacuerdo con alguno de estos gobiernos. Esto es lo que ha ocurrido recientemente con el gobierno Talibán.

            La intervención militar de EE.UU y la OTAN en Asia Central ha comenzado antes del conflicto actual. Parece que llevan tiempo estableciendo acuerdos con países de la zona (especialmente alguanas repúblicas exsoviéticas) para realizar ejercicios militares de "paz" y "seguridad".

 

3.       La intervención de Occidente en Asia Central y Oriente Medio y Próximo desde la época de la colonización.

 

En el texto del colectivo Utopía Contagiosa se menciona acertadamente la responsabilidad de Occidente en el actual conflicto en relación a la violencia estructural que ha ejercido y ejerce sobre los pueblos del Tercer Mundo, y sobre el mundo árabe en particular. Una gran parte de esa violencia estructural deriva del pasado colonial y de la ingerencia económica y política que ha seguido manteniendo tras la descolonización. Me gustaría hacer sobre este punto algunas precisiones históricas, algunas de las cuales ya las he esbozado en los apartados anteriores.

 

3.1.  La colonización

§         La colonización fue, en efecto, un factor traumático en la historia de los países colonizados. En primer lugar, la dominación colonial interrumpió y frustró el proceso de configuración y cosolidación de una forma de Estado endógena, a partir de las estructuras y tradiciones locales, e introdujo una estructura política extraña y superpuesta a las instituciones tradicionales autóctonas. Esta forma de Estado, que es percibido como exterior a la sociedad, se mantuvo después de la descolonización.

§         En segundo lugar, la colonización introdujo a los países colonizados en el circuito de la economía mundial como países dependientes, fundamentalmente como proveedores de materias primas. Esto desencadenó cambios económicos y sociales importantes en los países colonizados. El efecto más importante fue el comienzo de la desarticulación de la sociedad tradicional y la aparición de los problemas derivados de ella: desaparición de unas formas y de unos referentes sociales y culturales tradicionales que no han sido sutituidos, empero, por una integración en una economía y sociedad industrial avanzada sino en una estructura socieconómica de país atrasado y dependiente (lo que denominamos, a grandes rasgos, subdesarrollo económico). Este proceso, de todos modos, se acentuó y consolidó después de la independencia.

§         La dominación colonial directa en Afganistán y en los países de Oriente Medio y Próximo fue, en realidad limitada en tiempo y en grado de penetración política y económica. Nada comparable a la dominación, por ejemplo, de Argelia por Francia, o de la India por Gran Bretaña. En el caso de Afganistán el dominio nunca pudo consolidarse, si bien eso le costó sufrir varias agresiones militares británicas. La mayor parte del Oriente Medio y Próximo estuvo  bajo dominio otomano hasta la Primera Guerra Mundial. La época propiamente colonial se desarrolló en el período de Entreguerras, cuando la zona fue entregada por la Sociedad de Naciones (un organismo internacional precursor de la ONU actual) a Gran Bretaña y Francia en calidad de "Mandatos". Durante este tiempo, la política de Francia y Gran Bretaña se orientó a establecer alianzas con las élites locales y a facilitar una independencia controlada que diera lugar a la creación de Estados dóciles a sus intereses políticos y económocos. La mirada estaba puesta, más que en el control territorial directo, en el control de los pozos petrolíferos y los recursos de la zona.

3.2. La descolonización y después

§         Tras la Segunda Guerra Mundial, EE.UU. sustituye a las decadentes potencias europeas como principal agente político externo en el área de la que hablamos. Comienza así la segunda parte de la intervención occidental en el mundo árabe-musulmán. Se apoya más o menos directamente a todo tipo de gobiernos represivos que permiten la intervención económica de las grandes compañías. Esto lleva a la consolidación de Estados que, al decir de un historiador, «representan los deseos de las respectivas oligarquías árabes nalcionales, vinculadas con los interes económicos occidentales, y que se combinan en la expresión de una nacionalismo conservador aliado con Occidente». A partir de la década de 1950 este orden sufre varias tensiones: emergen movimientos populares nacionalistas y antioccidentales, con cierto talante socialista, que derrocan a los regímenes establecidos tras la descolonización en algunos países. Los ejemplos más singnificativos son la revolución nasserista en Egipto (1953-54) y el movimiento de liberación en Argelia (1954-1962). El movimiento se extiende también a Iraq (1958), Siria (1957) Yemen del Norte (1962) y Libia (1969). A Afganistán llega tardíamente, a partir de 1973. Arabia Saudí e Irán permanecieron como los aliados más importantes de Occidente en el mundo árabe-musulmán.

§         Los regímenes popular-nacionalistas y filosocialistas que se establecen en algunos países del mundo árabe a partir de 1953 entran en declive en la década de 1970. Las causas son el carácter autoritario y corrupto de los Estados y los fracasos económico-sociales de los proyectos de desarrollo emprendidos. Ningún país gobernado por partido nacional-popular prosocialista sale de la dependencia (tampoco los que siguen gobernados por los regímenes establecidos tras la colonización). La modernización puesta en marcha crea, además, una enorme masa de excluídos y de pobres, al tiempo que se agranda el abismo entre la élite dirigente, de cultura y pautas de comportamiento occidentales, y el resto de la población. Por otro lado, la política represiva de los gobiernos (tanto en los países de regímenes nacional-populistas como en los conservadores prooccidentales) destruye a los movimientos contestatarios de tipo izquierdista y aplasta al emergente sindicalismo. Es en este contexto cuando el islamismo (o fundamentalismo islámico) comienza a aparecer como alternativa política y social.

§         Con el declive de los regímenes socialistas o nacional-populistas árabes se recupera el poder norteamericano en el área. Egipto, Iraq y Argelia van volviendo su mirada, otra vez, hacia EE.UU. La ingerencia se hace más fuerte a partir de la revolución iraní de 1979. La alianza con las monarquías feudales de la península arábiga se estrecha, al igual que con el Iraq de Sadam. La culminación es la intervención en Iraq en 1991, a lo que sigue el establecimiento de bases militares permanentes en Arabia Saudí.

 

3.3. La Guerra del Golfo y su impacto en el mundo musulmán

Esta intensificada intervención y la Guerra del Golfo renuevan el recelo del mundo musulmán contra EE.UU., y contra Occidente en general. El impacto psicológico de dicha guerra en la mentalidad y opinión públicas de ese área ha sido comparado al que produjo la derrota árabe frente a Israel en la Guerra de los Seis Días (1967). El problema palestino está, siempre, de fondo. Joan Lacomba, especialista en el mundo árabe actual, explica muy bien dicho impacto. En esa guerra, la de Iraq, Occidente sacó a la luz toda su doble moral y todas sus hipócritas contradicciones: su derecho slectivo (se fuerza a Iraq a abandonar un territorio ocupado, pero no se hace lo mismo con Israel), su lenguaje incomprensible (se sataniza a un Sadam Husein que ha sido su principal cliente y aliado), su moral es discutible (dice denfender la libertad y la democracia, pero lo cierra los ojos ante muchos regímenes oscurantistas que son sus aliados en la región). 

3.4. El fracaso de la modernización

El mundo musulmán prosiguió, desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, el proceso de modernización económica y social en el marco de la estructura económica dependiente iniciada en la época colonial. Con ello llega el éxodo rural masivo y los problemas sociales que vive la mayor parte del mundo musulmán y que es causa del malestar social evidente y en aumento, que a su vez se traduce en malestar hacia el modelo occidental.

La modernización emprendida en el mundo musulmán después de la descolonización (industrialización incompleta, urbanización, potenciación de la exportación energética, etc.) ha llevado a procesos sociales de desarraigo y exclusión social que afectan a una gran parte de la población, especialmente la que se concentra en las periferias de las superpobladas ciudades. Pero, al mismo tiempo, ha introducido pautas culturales y hábitos de consumo propios del modelo de sociedad capitalista occidental. Frente a esa amplia mayoría de pobres, jóvenes en paro de las periferias urbanas, estudiantes diplomados sin espectativas, trabajadores de una extendídisma economía informal y campesinos expulsados de sus aldeas (el "campesino descampesinado"), se erige en muchos países una minoría dirigente muy occidentalizada. Los primeros, especialmente la juventud de las periferios urbanas y los estudiantes, constituyen la base social del movimiento político islamista (más conocido en los medios de comunicación occidentales como fundamentalismo islámico) en varios países.

La mayoría de los países del sur, y los del mundo árabe-musulmán en particular, se han convertido en la actualidad, además de dependientes de la exportación de productos básicos, en importadores no sólo de productos industriales sino también de alimentos procedentes de los países ricos. A ello se añade, desde los años 80, el problema de la deuda externa y la sumisión de la política económica nacional a los dictados de los organismos financieros internacionales (FMI y Banco Mundial). Países otrora paradigma de la independencia árabe sobre base socialista, como Argelia, siguen en la actualidad obedientemente los dictados de dichas instituciones.

 

3.5. Conclusiones: responsabilidad occidental y responsabilidades internas

Resumiendo, Occidente, primero a través de las potencias europeas, irrumpió violentamente en la mayor parte del mundo árabe-musulmán entre mediados del siglo XIX y mediados del XX imponiendo un dominio colonial directo (con distintos grados de intensidad según áreas y países). Alteró las instituciones tradicionales de los países colonizados y estableció una estructura económica dirigida a la explotación de los sus principales recursos naturales. Las potencias coloniales apoyaron, por regla general, a una minoría de la población colonizada, normalmente procedente de la clase dominante tradicional, para crear una oligarquía local vinculada a los intereses económicos occidentales. Esta oligarquía tomó el control del Estado en la mayoría de los países tras la descolonización.

Occidente ha seguido manteniendo, ya con el liderazgo de Estados Unidos, una fuerte y creciente ingerencia en la zona después de la época colonial. Ha dado su apoyo político, militar y diplomático a regímenes autoritarios que han reprimido a sindicatos y movimientos de izquierda entre los años 50 y 70, todo ello para mantener un status quo en la zona que le garantice el control de los recursos energéticos. Ese apoyo político ha implicado seguir manteniendo en esos países modelos de desarrollo económico dependiente, generadores de pobreza y exclusión social. 

Los regímenes que tras el triunfo de movimientos políticos nacionalistas y populistas pretendieron romper con la dependencia política y económica no han logrado ni lo uno ni lo otro. Pocas son las diferencias entre los pobres y desiguales logros sociales y económicos del Egipto nasserista (antioccidental y filosocialista) y el Irán de la familia Palevi (prooccidental). Lo que sí tienen en común es que en uno y otro caso se impuso una ideología desarrollista de inspiración occidental y que en ambos casos, como en la mayoría de los países del mundo árabe, se intentó trasponer una modernidad alógena e incompleta.

 

3.6. Causas del rechazo a Occidente en el mundo musulmán actual y emergencia de los movimientos islamistas:

La percepción de Occidente por el mundo árabe-musulmán se ha vuelto cada vez más negativa debido a la conjunción de varios factores:

a)       La intervención política y económica que hemos mencionado más arriba.

b)       El deterioro de las condiciones de vida de la mayor parte de la población, que se identifica con la adopción de un modelo de desarrollo promovido por Occidente y que sólo beneficia a sus intereses y a los de una pequeña minoría en cada país.

c)       El apoyo secular de Estados Unidos a Israel.

d)       La Guerra del Golfo, con las connotaciones que se han apuntado antes.

En este contexto se produce el surgimiento y desarrollo del movimiento político islamista (o fundamentalismo islámico), que a su vez está alimentado por el fracaso de la alternativa del nacionalismo populista y socialista árabe. En los últimos años este movimiento se ha ido orientando hacia posiciones más conservadoras y totalitarias. Poco tienen que ver el movimiento que impulsó la revolución iraní de 1979 (que tenía objetivos de transformación social) con el que ahora representan los talibanes y Bin Laden (más próximos al modelo autoritario, tradicionalista y conservador de Arabia Saudí). Como señalan varios especialistas, en el primer caso estamos ante un movimiento que no rechaza la modernidad (entendida ésta como progreso económico, tecnológico y social) sino que pretende "islamizar la modernidad"; mientras que con el segundo caso estamos ante una postura ideológica que pretende "islamizar la sociedad al margen de la modernidad".

 

3.7. La autocrítica de los intelectuales progresistas del mundo islámico:

Para terminar, quisiera decir que los analistas e intelectuales progresistas del mundo árabe-musulmán se plantean actualmente cuáles son las causas del fracaso del proyecto modernizador en las pasadas décadas (porque sus efectos son evidentes). Mencionan la responsabilidad histórica y actual de Occidente, pero también reconocen su propio fracaso y los factores internos que han llevado tanto a la frustración de tantos proyectos de liberación como a la emergencia de movimientos políticos totalitarios de inspiración religiosa (léase, por ejemplo, el último número, el de octubre, de Le Monde diplomatique, edición española, en donde aparecen artículos de algunos de estos intelectuales árabes).

 

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