1.-  Cuáles son las causas de esta guerra.

 

Frente al análisis excesivamente simplificado de los militaristas, basado en la idea de superioridad de nuestra cultura frente a otra terrible, inculta y violenta, y en la satanización del otro como enemigo, apostamos por un análisis más completo (y por ello más difícil de realizar y difundir, pero más atinado).  Difundir este mensaje poco a poco y pedagógicamente es lo que nos dará una base sólida sobre la que construir futuras acciones contra la guerra.

 

            El análisis más completo que proponemos constaría de cuatro grandes líneas argumentales:

a)      No es una guerra de buenos contra malos.

b)      La guerra tiene múltiples causas (directas, estructurales, culturales y sinérgicas) .

c)      Esta guerra responde a una evolución histórica reciente del militarismo.

d)      Existen diversas responsabilidades en esta guerra.

 

 

1.a.-  No es una guerra de buenos contra malos.

 

Es incorrecto y sumamente peligroso presentar esta guerra como “nosotros los buenos que hemos sido agredidos salvajemente” contra “ellos los malos que son unos agresores violentos”, a pesar de que sea (o precisamente por ser) el argumento más utilizado por George W. Bush, Aznar,Rodríguez Zapatero, el Rey y su hijo, etc.

 

            Argumentos:

 

-     La agresión ha sido mutua:

·        si tenemos en cuenta un análisis más amplio y real de la situación (USA y Occidente ejercen de continuo una violencia estructural y cultural sobre el Tercer Mundo en general y sobre el Islam y  Afganistán en particular),

·        USA ha bombardeado (violencia directa) a Irak, apoya a Israel contra Palestina, se inmiscuyó en las guerras de Afganistán dando armas y dinero, ...

·        USA tiene una política imperialista que busca la hegemonía absoluta, por cauces políticos, económicos, culturales y militares, y determina en gran medida, desde sus intereses geopolíticos, la política y la vida de múltiples pueblos, incidiendo de forma muy especial en la situación de dominación “norte/sur” y en la situación de malestar mundial.

 

-       Tampoco el resto del bloque occidental está exento de responsabilidad en este conflicto:

·        Por su papel histórico en el proceso de colonización y descolonización.

·        Por su papel subsidiario en el intento hegemónico de las políticas estadounidenses y su papel y posición en el reparto de la tarta mundial.

·        Porque forma parte del bloque militar de occidente y su política de injerencia.

·        Por el trato al que se somete al mundo árabe dentro de nuestras fronteras.

 

-      La política militarista e imperialista que Occidente ejerce sobre quienes son distintos también tiene consecuencias internas:

 

El mismo proceso de militarización hacia el exterior se debe ejercer, congruentemente para que la política tenga éxito, hacia el interior de Occidente con mecanismos de control social en auge, con medidas de precariedad laboral, con políticas de militarización de la escuela, fomento de la delegación política en expertos y/o élites, etc.

 

            Para much@s es, por tanto, difícil sentirnos alineados con la política nacional e internacional que realizan “nuestros” gobiernos y nos vemos obligados a una sensación ambivalente y esquizofrénica de ser “actores” de la opresión sobre el Tercer Mundo y “víctimas” de la misma por nuestro desacuerdo.

 

            - Por tanto no existe un bando que sea bueno ni otro que sea enteramente malo.

 

1.b.-  La guerra tiene múltiples causas (directas, estructurales, culturales y sinérgicas).

 

           

Un análisis simplista considera, de manera interesada, que la causa de la guerra es que el terrorismo islámico ha agredido a la cultura occidental mediante el uso de pilotos suicidas contra el Pentágono y las Torres Gemelas.  El propio George W. Bush ha ampliado un poco su parco discurso desde este hecho concreto a otro algo más general que es el terrorismo internacional.  Aún así, el mensaje sigue siendo simplista e interesado porque existen más causas que las que se esgrimen desde los oligarcas de Occidente.

 

            Existen causas:

 

-          Directas, que no son las que aflora Occidente y que tienen que ver con lo que reivindica el Islám:  una agresión continuada de la política estadounidense y europea en sus intereses políticos en Palestina, Irak, etc.;  la injerencia política continuada de Occidente en la época de la colonización y en la posterior época de la descolonización quitando y poniendo líderes (sha de Irán, caso del apoyo a los talibanes contra la U.R.S.S., bases militares en terreno musulmán, etc;  una agresión económica continuada en lo que se refiere a la depredación de los recursos económicos de los países musulmanes (petróleo, ...);  una minusvaloración cultural continuada

 

            En consecuencia, no existe una causa directa única ni tan simple como la esgrimida hasta el momento (ya sea el ataque del 11 de Septiembre, como el más amplio peligro terrorista internacional).  Además las causas del actual conflicto son bidireccionales y hunden sus raíces en la historia.

           

-          Estructurales.  La violencia estructural sería un tipo de violencia indirecta, es decir, que no está diseñada y realizada directamente con un fin violento sino que son derivaciones indirectas de la política económica capitalista y del injusto reparto de la riqueza.  Esto provocaría que las causas que producen la violencia estructural no sean visibles con evidencia en algunos casos o en un análisis poco profundo.

 

            Se han descrito dos tipos de violencia estructural:

 

·        Violencia estructural vertical:  es la represión política, la explotación económica o la alineación cultural, que violan las necesidades de libertad, bienestar e identidad, respectivamente.

·        Violencia estructural horizontal:  separa a la gente que quiere vivir junta, o junta a la gente que quiere vivir separada.  Viola la necesidad de identidad.

 

            Esta violencia estructural tiene un amplio influjo en el actual conflicto y es innegable su relevancia.  A partir de aquí cabe preguntarse:  ¿quién es o quienes son los culpables de esta violencia estructural?  Parece evidente que Occidente tiene una buena parte de responsabilidad y si quiere acabar con las causas que generan este conflicto de manera responsable y sincera, debe atajar la parte del problema que le corresponde modificando nuestras propias políticas internacionales, económicas, sociales, etc.

 

-                     Culturales.  La violencia cultural se define como aquel tipo de violencia que se expresa también desde infinidad de medios (simbolismos, religión, ideología, lenguaje, arte, ciencia, leyes, medios de comunicación, educación, etc.), y que cumple la función de legitimar la violencia directa y estructural, así como de inhibir o reprimir la respuesta de quienes la sufren, y ofrece justificaciones  para que los seres humanos, a diferencia del resto de especies, se destruyan mutuamente y sean recompensados incluso por hacerlo (ejércitos).

 

¿Se puede negar desde cualquier análisis profundo y serio que Occidente también es generador de violencia cultural?  ¿Se puede negar que parte de la violencia cultural que genera Occidente tiene que ver directamente con las causas del conflicto actual?  Nuevamente, si Occidente quiere ir a las verdaderas y profundas causas del conflicto debe promover políticas internas que tengan que ver nuestros propios errores al generar violencias culturales que nos hacen agredir a culturas diferentes.

 

-  Sinérgicas.  En nuestra opinión, existe una interconexión entre los tres tipos de violencia anteriormente citados que producen una violencia entitativamente distinta, de características emergentes (el resultado es más que la suma de las partes).  Estas interconexiones sinérgicas (multiplicadoras) provocan un barullo del copón que nos pone la cabeza a “tó revuelo” fundiéndonos los pistones cerebrales.  Dicho de otra manera, el análisis es ciertamente complicado.  Además, en lo que se refiere a la práctica, una situación tan enrevesada nos suele inhabilitar porque cualquier acción que pretenda paliar o luchar contra un tipo de violencia se verá frenada o tornada ineficaz por no haber previsto la lucha contra los demás tipos de violencia, que se refuerzan.  La lección es sencilla:  hay que abordar todo el conjunto de violencias de manera interrelacionada para poder hacer un trabajo pacifista efectivo.

 

            CONCLUSIÓN:

 

            Esta guerra, como cualquier otra, no ha empezado con los ataques de EEUU a Afganistán, ni incluso antes con el ataque terrorista a las torres de NY. Las raíces de esta guerra ya se venían preparando desde hace mucho por medio de políticas estructurales y culturales como la producción y el comercio de armas, el aumento de los gastos militares, la militarización de la economía y de la política cultural, la militarización de la política internacional.

 

            Por mucho que nos pese, hacer una campaña que exclusivamente tenga como objetivo denunciar la agresión de Estados Unidos y la “coalición internacional antiterrorista” a Afganistán está abocada al fracaso político a medio y largo plazo.  Además, estaríamos pecando de ingenuos en nuestro análisis y planificación pues el conflicto no es solamente el atentado del 11 de Septiembre ni la agresión bélica a Afganistán, sino toda la preparación de la guerra que durante la historia reciente se ha ido produciendo en los planos estructural y cultural.  Por ello, el pacifismo, antimilitarismo y el movimiento noviolento nos vemos abocados a un trabajo más a largo plazo, más pedagógico y de base contra las causas profundas de la guerra.

 

 

1.c.-  Esta guerra responde a una evolución histórica reciente del militarismo.

 

Otra simplificación interesada para el militarismo internacional es la que intenta descontextualizar el actual conflicto de su evolución histórica reciente.  ¿Cuál puede ser el interés?  Con ello se consigue que este conflicto sea único, que no haya referentes históricos, ni culturales, que no se pueda analizar por comparación, que no se pueda prevenir porque no tiene ninguna trayectoria pasada que indique hacia dónde se dirige.

 

            Por el contrario, si consiguiésemos desvelar  que este conflicto, como cualquier otro, está encuadrado en una determinada lógica histórica, dispondríamos de multitud de herramientas de análisis para la coyuntura y de previsión para el futuro.

 

            En nuestra opinión, el presente conflicto está encuadrado perfectamente en la evolución histórica del militarismo a nivel internacional.  Para ello habría que hacer un análisis complejo del cual ofrecemos las ideas más importantes:

 

            a)  Continuidad militarista desde la Guerra Fría:

 

Hemos pasado de una “lógica” guerrera en la que el enfrentamiento se resolvía entre dos Estados nacionales o dos grandes bloques de Estados (O.T.A.N. y Pacto de Varsovia) desde el año 1.945 al año 1.990, a otra “lógica” que es deudora de aquella y que, aunque presenta ciertamente características novedosas, también mantiene una clara continuidad con la política de la época de la Guerra Fría. Esto es así porque muchas de las características definitorias de la política militarista de la Guerra Fría se siguen manteniendo y continúan jugando un papel relevante en la actualidad. Por ejemplo, el elevado gasto militar;  la producción de armamento de nuevos y viejos tipos;  el comercio de armamento internacional;  la progresiva militarización de la investigación y el desarrollo;  la persistente, si no expansiva, nuclearización militar;  la utilización de la violencia como principal – si no única – manera de intentar resolver los conflictos;  el uso de los ejércitos como instrumento, casi exclusivo, de política internacional;  la militarización social y cultural generalizada;  etc., siguen siendo, como antaño, las tónicas preponderantes en el devenir actual.

 

Durante la década de los 90 ha habido una serie de cambios, aún no completados, en las cuestiones de defensa:

 

·        Continuidad.  Justo tras la caída del Muro de Berlín y la disolución del Pacto de Varsovia, se produjo un momento de indefinición internacional en el cuál muchas voces abogaron porque los conflictos internacionales se resolviesen gracias a la promoción del papel mediador de la O.N.U.  Esta opción acabó en agua de borrajas porque EE.UU terminó asumiendo el papel de única potencia mundial, boicoteando cualquier propuesta de protagonismo de la O.N.U.  Es de destacar que, como ejemplo de los “aires y deseos de paz” que surcaron el fin de la Guerra Fría, el P.N.U.D. desarrolló en los primeros años de la década de los 90 una iniciativa que denominó “Dividendos por la Paz” en la que proponía que dado que había acabado la Guerra Fría, el excedente de industria militar y de gastos militares se dedicase a promocionar la paz en sentido estructural y cultural mediante campañas internacionales promovidas por la O.N.U.  De esta propuesta nunca más se supo y actualmente nos encontramos en un nuevo impulso del gasto militar.

·        Hegemonía U.S.A.  Se ha pasado de un mundo bipolar a otro unipolar.  Estados Unidos, sobre todo con motivo de la Guerra del Golfo se autoimpone como la única potencia militar con capacidad de acción operativa en todo el mundo.  La Unión Europea, le secunda con una política dócil y sumisa, con el único interés particular de disponer de una Fuerza de Reacción Rápida propia que palíe su “enclenque proyección internacional”.

·        El papel de la O.T.A.N.  Este se ha modificado recientemente con una apertura de su radio de acción hacia el exterior de la que marcaba su carta fundacional.  Ahora el radio de acción de la O.T.A.N. es cualquier lugar del mundo que ponga en riesgo los intereses vitales de Occidente.  Laxa definición  que oculta aviesa intención de “proyección” (léase intervención y/o invasión).

·        Conflictos latentes.  La Guerra Fría tapaba las guerras y conflictos que ahora se han destapado. Parecía, en Europa, que no existía más que un único conflicto:  Este-Oeste.  Pero al desaparecer los dos bloques también desapareció el apoyo que ambos hacían a diversos regímenes clientelares o a las guerrillas respectivas.  Esto ha destapado, unido a la mayor y más inmediata cobertura informativa actual, una mayor intervención en los conflictos armados de grupos no estatales:  guerrillas de todo tipo, fuerzas paramilitares diversas, ejércitos “personales” de los señores de la guerra, etc.

·        Globalización comunicativa.  La guerra ha sufrido un proceso de globalización comunicativa caracterizado por la inmediatez y la sobreabundancia de información en la cuál las imágenes nos invaden en tiempo real y la información se acumula en demasía sin que la podamos digerir.  Hace un par de décadas también el mundo estaba plagado de guerras (Angola, Mozambique, Nicaragua, Líbano, Irán-Irak, Guatemala y un largo etcétera) cuyas imágenes no nos llegaban y cuya cobertura informativa no era tan exhaustiva.  Querámoslo o no estamos insertos en un nuevo proceso comunicativo cuyas consecuencias aún no somos capaces de valorar íntegramente.

·        Nuevas armas.  Aún es poco conocido pero se está promoviendo una nueva generación de armamento moderno (“armas inteligentes”) para uso en crisis humanitarias con el objetivo de no desacreditar el uso de la violencia militar.  Dichas armas consisten en armas con sensores que miden la distancia al enemigo y controlan la fuerza del proyectil;  otras inmovilizan al enemigo (tipo red de spiderman – con o sin calambre incluido - o moco “chup-sup” que te convierte en buñuelo - pero el relleno eres tú - y tiene que venir una especie de cocinero con una espátula a sacarte del suelo y despegarte).  En otro orden de cosas, hay que añadir la Iniciativa de Defensa Estratégica que George W. ha rescatado del olvido tras el impulso que le dio Reagan a la Guerra de las Galaxias con la que fanfarroneó haber ganado la Guerra Fría.

 

 

 

b)      Evolución ideologica de las doctrinas de defensa:

 

A pesar de la continuidad general de la que hemos hablado antes, durante la década de los años 90 del siglo XX ha habido una cierta evolución de algunas ideas del militarismo:

 

·        Cambio de paradigma.  Se ha buscado cambiar el paradigma de “defensa” por otro más moderno:  el de “seguridad”.  Además, complementándolo, se abandona el término “enemigo” y se sustituye por el de “riesgo”.  Con este conjunto de cambios ideológicos se promueve una importante indefinición del papel específico del militarismo porque a los términos “seguridad” y “riesgo” se les dota de un significado amplísimo y abierto que provoca que los ejércitos pretendan ser “buenos” para la lucha contra el narcotráfico, contra los desastres naturales, contra el terrorismo, contra los flujos migratorios, estados de crisis nacionales, catástrofes humanitarias, etc.

·        Actualización del concepto de Guerra de Baja Intensidad.  A primera vista lo anterior parece una novedad  absoluta, pero un examen más riguroso nos hace aparecer estos conceptos como una continuación de otro anterior que se denominó Guerra de Baja Intensidad (G.B.I.).  Éste consistía en la utilización de otros medios distintos a los militares (económicos, culturales, diplomáticos, legales, religiosos, ...) para intervenir, de manera solapada, en un conflicto.  Todos ellos se usaban para ocultar relativamente y complementar  la intervención militar, mucho más alarmante desde todos los puntos de vista.  No hay que olvidar que la dirección de la G.B.I. era militar y respondía a fines militaristas.  La G.B.I. se usó en muchos conflictos como en Guatemala, Nicaragua, El Salvador, Colombia, etc.  En la actualidad la G.B.I. se ha prolongado en lo que llaman “nuevas guerras” con la utilización del aparato diplomático para aislar al país que va a recibir la agresión, el aparato económico para estrangular la posible resistencia y para promover subversiones internas, el aparato mediático y de propaganda para distorsionar la visión del conflicto y los intereses en juego, promoviendo una alternativa de gobierno “títere” a los intereses del agresor.

·        Expansión del militarismo a campos sociales. Las nuevas justificaciones del militarismo y las nuevas funciones de los ejércitos suponen una expansión de éstos a campos y actividades tradicionalmente civiles, con el consiguiente arrinconamiento y militarización de la sociedad civil y el tratamiento desde la óptica militarista de diversas problemáticas (por ejemplo, militarización de la ayuda humanitaria, militarización en desastres naturales, militarización de la ayuda al desarrollo con los fondos FAD y otras menudencias, subordinación de la intervención de las ONG´s a las órdenes militares, etc)

·        Militarización social. De hecho, el militarismo se expande ocupando tales campos de trabajo a la vez que se reorganiza para reforzar los mecanismos de control social mediante instrumentos que ahora ya no son militares (aparato represivo del estado, leyes que disciplinan el mercado laboral y lo precarizan, seguridad privada, leyes de extranjería, inspiración militarista del sistema educativo, etc.).

·        Desorden mundial. Se nos explica que hemos pasado de un mundo “ordenado” a otro desintegrado y fragmentado. Pero esto no es verdad: desorden había antes y lo hay ahora. De todas maneras, el desorden mundial no puede ser una justificación del militarismo, sino, en todo caso, un acicate para intentar deshacerse del mismo. Además hemos pasado de un “orden” basado en el terror de la guerra fría a un “desorden” basado en el terror de las nuevas guerras. ¿Cuál es el cambio, cuál el avance?

 

 

CONCLUSIÓN:

 

No hay alternativa de defensa. Como consecuencia y colofón de todo lo anterior el militarismo divulga a los cuatro vientos que no hay más alternativa que la intervención violenta para resolver los conflictos humanos. Sin embargo no se ha resuelto el problema iraquí tras la invasión americana, ni el problema israelo-palestino tras las múltiples intervenciones occidentales, ni el problema somalí, ni el de Ruanda y Burundi, ni las causas que generaron los conflictos en los Balcanes.  ¿Por qué entonces se empeñan en hacernos comulgar con ruedas de molino?

 

 

Por qué esta es una “nueva-vieja” guerra.  Desde el militarismo y desde los medios de comunicación de masas se nos presenta ésta como una nueva guerra, de características especiales, nunca vista, imposible de predecir, imposible de analizar a priori.  Esto nos provoca un estado anímico de expectación, es decir, de esperar a ver qué pasa para luego posicionarnos.

 

            En nuestra opinión, esto es lo que buscan:  convencernos de que no podemos actuar porque no sabemos qué es lo que se nos viene encima.

  Sin embargo, esta nueva guerra (que en parte lo es) puede ser explicada ya en buena medida, puede ser predicha en muchas de sus consecuencias directas, estructurales y culturales.  Muchas cosas son antiguas:  la violencia, el imperialismo, el sexismo, etc. Ante ellas, el antimilitarismo, pacifismo y noviolencia tiene ya múltiples análisis y respuestas que puede aportar a la sociedad, actualizándolos y contextualizándolos en el presente: muchas de las cosas que en el pasado se han hecho en contra de las guerras (posicionamientos públicos, análisis, denuncias, objeción fiscal, apoyo a desertores, etc) siguen teniendo hoy valor y posibilidades para luchar contra la preparación de la guerra y sus causas.

 

c)  Conflicto de civilizaciones / conflicto de mentalidades.

 

            Algunos autores y/o políticos y/o comentaristas y/o cenutrios, abogan porque la actual es una guerra entre civilizaciones: la islámica y la occidental. Otros advierten del peligro de divulgar esta idea porque podríamos generar que realmente se convirtiera en una guerra de civilizaciones, con un enfrentamiento continuado entre el mundo islámico y el cristiano.

 

            Por el lado práctico, George W. Bush necesita aliados de la región árabe para ganar la guerra contra Afganistán y el llamado terrorismo internacional. La manipulación de la idea de “conflicto de civilizaciones” requiere aquí que W diga que no existe tal conflicto, pues de lo contrario los países potencialmente aliados en la zona podrían dejar de prestar su apoyo.           

 

            En nuestra opinión, siguiendo a Eduardo Galeano, esto rasca, rasca mucho, rasca bien, pero rasca donde no pica. Lejos de darse un conflicto entre pueblos enfrentados por civilizaciones, lo que actualmente estamos viviendo es un conflicto entre élites gobernantes y militaristas que forman parte de una única mentalidad.  Con ello queremos decir que realmente existe un conflicto pero no de civilizaciones, sino de mentalidades: en un bando están los que apuestan por el uso de la violencia y del militarismo como forma de imposición política, económica, etc. (aquí encontramos a  W. Bush con Ben Laden, a Aznar con Sadam Husein, a Sharón con Arafat y, en definitiva a Caín contra Abel y a Goliat contra David, a Gargamel contra los Pitufos, etc.). En el otro bando estarían los que sufren las violencias y son conscientes de que no obtienen ningún beneficio   de ellas.  En este enfrentamiento de las élites militaristas y violentas gobernantes,  la sociedad es tomada como rehén de su violencia, como carne de cañón, como moneda de cambio, como escudo y como excusa para promover su violencia.

 

            Una de las labores del pacifismo, en ésta como en otras guerras, es aflorar esta idea como una de las que realmente originan y refuerzan los conflictos actuales. Una de nuestras principales labores sería, más concretamente, buscar los métodos pedagógicos que permitan a la sociedad ser consciente de ésta dinámica oculta pero operativa.

 

 

1.d.-   De este análisis derivaría quiénes son los culpables de esta guerra:

 

Un primer enfoque a la hora de buscar responsabilidades en este conflicto sería ceñirnos a los responsables directos de los hechos.  En este apartado serían responsables directos de la violencia y de la guerra George, la O.T.A.N. y sus ejércitos, los grupos guerrilleros y las élites que les sustentan.

 

     Por otro lado, también hay responsables de la violencia estructural:  los complejos militares-industriales;  el comercio de armas;  la economía mundial injusta, insolidaria, generadora de dependencia;  el “orden internacional” injusto de las relaciones internacionales;  el desvío de recursos para la investigación militarista;  el desvío de recursos para promover el orden militarista interno en los Estados; 

 

Por último, entre los responsables culturales de la guerra actual estarían:  los medios de comunicación de masas con su visión sesgada, filomilitarista, filooccidental;  las ideologías políticas y religiosas imperantes en todas partes del mundo con características comunes violentas y militaristas;  los sistemas de educación que promueven la competición, el sexismo, la resolución violenta de los conflictos, etc;  las leyes nacionales e internacionales que orden los valores vigentes antes comentados; 

 

En definitiva, nuestro “estilo de vida occidental” no es neutro sino que tiene consecuencias muy claras como propiciador y mantenedor de las condiciones que instigan la guerra.  Según este análisis la guerra es una prolongación de nuestro estilo de vida por otros medios.

 

            ¿Y nosotros, los/as españoles/as de calle, somos responsables?

 

            En parte.  Tenemos responsabilidades en la violencia estructural y cultural porque somos parte del mundo occidental prepotente, violento y militarizado.  Nuestro comportamiento social, político, cultural, etc., es responsable del de nuestro gobierno y éste es copartícipe de las políticas militaristas internacionales.  Además, tenemos que ser conscientes que estas actuaciones no son neutras y de ellas se extraen beneficios, parte de los cuales nos tocan a la sociedad española.

 

            Nos suele servir de excusa el pensar que somos incapaces de influir en las políticas internacionales o, incluso, en las nacionales.  Sobre todo en cuestiones de defensa.  Sin embargo, en el apartado 3º intentaremos demostrar que esta idea es bastante desacertada y que existen múltiples actuaciones que se pueden realizar para mostrar nuestra opinión contra la guerra, bloquear políticas militaristas y construir un mundo más pacífico.

 

            Además, el hecho de que tengamos responsabilidades estructurales y culturales nos obliga a ser coherente y a asumir nuestras responsabilidades.  La primera labor del pacifismo debe ser conseguir, mediante una labor pedagógica a largo plazo, que la gente sea consciente de la realidad y que tenga las herramientas de actuación política necesarias para oponerse a su colaboración con el militarismo.

 

 

2.-  Cuáles son las implicaciones de esta guerra para el Estado Español.

 

                Por lo escrito hasta ahora parece evidente que el actual conflicto bélico está inserto en un marco de cambios abiertos e indeterminados en las políticas de defensa a nivel mundial.  Por ello es fácil razonar que también va a afectar a la política del Estado Español en las siguientes líneas:

 

 

Política internacional:

 

a)      El Estado Español se encuentra inserto en la política de cambios mundiales en materias de defensa y de exteriores y asume como propios los cambios que se van produciendo en ellas.

 

Por ello, se pueden prever los cambios que habrá en la militarización social, política y econóica del Estado Español analizando los que previamente se han producido en los países que marcan las líneas de evolución (EEUU y Gran Bretaña, sobre todo)

.

b)      El Estado Español (tanto con las políticas del P.S.O.E. como con las del P.P.) ha configurado una política de exteriores muy basada en a la política de defensa y subordinada a ésta.

 

Nuestra política de exteriores está basada principalmente en el brazo militar y por ello tiene un enfoque militarista e intervensionista que crea conflictos internacionales (con la venta de armas, etc.) y, luego, interviene militarmente para solucionar el conflicto, aunque en realidad lo que ocurre es que se buscan nuevos beneficios económicos a través de la cooperación internacional con la reconstrucción de los países asolados por la guerra. Por tanto, estamos fomentando en otros países que nos acaben considerando como sus enemigos. Esto no interesa a la sociedad y, sin embargo, sí sirve al militarismo para autojustificar su existencia, con lo cual se cierra el círculo vicioso militarista.

 

c)      La política de defensa del Estado Español no es independiente y asume acríticamente lo que se decide en el exterior, concretamente las políticas que diseña Estados Unidos.

 

Esto nos hace un apéndice de decisiones no soberanas y nos puede involucrar en todo tipo de crisis y de estrategias hegemónicas de los Estados Unidos. Tal política no sirve a los intereses sociales, sino a los intereses de los grandes complejos financiero-económico-ideológicos y a las élites

 

d)      El Estado Español ha asumido un excesivo protagonismo en la proyección internacional de nuestras Fuerzas Armadas con el objetivo de mejorar nuestra capacidad operativa y homologarnos con los ejércitos más tecnologizados y desarrollados. 

 

Las implicaciones de esta política se han ocultado a la sociedad y es probable que próximamente nos pasen factura: inversiones militares en detrimento de las necesidades sociales, reforzamiento de los ejércitos, ampliación de su “misión” a problemas de todo tipo (medioambientales, comerciales, diplomáticas, de intervención en catástrofes, de control de flujos migratorios, de comunicación social, etc).

 

e)      En el contexto actual, la exportación de material militar y de conflictos nos puede convertir en un agresivo vendedor y mercado de este tipo de instrumentos y en un país desestabilizador de regiones del mundo. Estamos fomentando en la política internacional ser considerados como enemigos de muchos países.

 

 

f)        Es posible y muy probable que una derivación del actual conflicto sea un aumento de las tensiones con el Magreb, lo cual puede ocasionar que España se convierta en frontera a defender y se agudicen las tensiones en Ceuta y Melilla.

 

Política de defensa:

 

g)      Es posible que se redefinan (refuercen) los riesgos a los que está expuesta España en la Directiva de Defensa Nacional.  También es posible que se recupere el término de enemigo, identificándolo con los países del Magreb. Ello nos convierte, objetivamente, en un tremendo exportador de conflictos internacionales. Sin embargo, de cara a la sociedad española, las élites gobernantes y los militares siempre nos venden la idea de que los agredidos somos nosotros. Es importante desvelar este doble juego y asumir el papel de España como promotor de conflictos internacionales para, desde el trabajo social, impulsar cambios políticos en las cuestiones de defensa e internacionales.

 

h)      Las próximas Directivas de Defensa Nacional van a intentar incluir el riesgo del terrorismo internacional como uno de los problemas que afectan a España.   

    Esto nos puede llevar a un debate sobre el papel del Ejército en la lucha contra el terrorismo interno, con la consiguiente asunción de competencias policiales de los militares, lo que redundaría en una progresiva militarización del conflicto entorno al nacionalismo, aspecto éste que agravaría las posibles salidas negociadas y pacíficas.  

Según noticias de El País de 24-10-01 “el ejército sólo intervendrá en la lucha contra el terrorismo en apoyo de la policía, como declaró el secretario general de Política de Defensa, Javier Jiménez Ugarte”.

El Secretario de Política de Defensa también vaticinó que las fuerzas armadas asumirán nuevas tareaas de cara al exterior y también que probablemente algún día puedan tener alguna tarea de cara al interior, pero siempre en un papel secundario

Por otro lado se ha adelantado la elaboración de la Revisión Estratégica de la Defensa, que debe fijar los riesgos y amenazas para la seguridad de España, las misiones de las Fuerzas Armadas y los medios materiales y humano necesarios para cumplirlas en un horizonte de 15 años. Inicialmente la revisión debía concluirse antes del final del año 2002, pero por indicación expresa de Aznar se ha adelantado al primer semestre de dicho año.

En esta revisión se pondrá de nuevo en primer plano la tradicional función militar de defensa del propio territorio.

Además la Revisión Estratégica culminará con una nueva ley de Criterios Básicos de la Defensa Nacional, que deberá regular, más allá de la dispersa y escasa legislación actual, las condiciones de participación de las fuerzas armadas.

i)        Los líderes políticos y militares van a usar esta guerra como excusa para potenciar el gasto militar, la investigación militar y la militarización social.

 

j)        Se va a fomentar muchísimo más la “cultura de defensa” como forma de conseguir el apoyo social necesario para militarizar la sociedad, con la tremenda factura en los valores de la sociedad.  Es de destacar que los valores que son pilares ideológicos del militarismo (patriotismo, machismo, obediencia ciega, jerarquía, violencia,...) tienen amplias repercusiones en la vida cotidiana de las sociedades y su potenciación impone un retroceso en las libertades y conquistas sociales. Esto significa que no va a ser necesario estar sometidos a la ley de los talibanes afganos, sino que muchos de los valores que en ellos condenamos los vamos a sufrir en nuestras carnes en tanto en cuanto permitamos que los ideales del militarismo se expansionen por la sociedad.

 

Política nacional:

 

k)      Todo lo anterior indica que se va a producir una mayor represión social como manera de intentar controlar la inmigración en España y para controlar las disidencias sociales, económicas, cuilturales, etc. internas.

l)        Se va a producir una mayor militarización de la economía.

m)    Se va a producir un progresivo aumento en la militarización de la cultura (medios de comunicación de masas, política educativa, etc.). 

      Un aspecto que queremos desarrollar más profundamente es el de la posible militarización de la lucha contra el terrorismo etarra. En este sentido se ha manifestado tanto el Jefe de la cúpula militar, Antonio Moreno Barberá, como el Secretario General de Política de Defensa, Javier Jiménez-Ugarte. No ha trascendido más a los medios de comunicación y, una vez más, una decisión tan importante se escapa al control parlamentario, al no estarse informando de la revisión estratégica que se está estudiando para los próximos quince años.

   

¿Qué puede significar la militarización de la lucha contra el terrorismo etarra?  La respuesta es compleja, pero la primera imagen que se nos viene a la cabeza es la de una vuelta al pasado franquista, en el que se supeditaban las libertades a los intereses de la politica militarista del momento.

 

Aunque los responsables de la política de defensa nos avisan de que el ejército será el complemento de la policía de la lucha contra el terrorismo etarra, es previsible que ocurra, precisamente, lo contrario: la policía quedará supeditada y servirá como complemento del ejército y de la dirección militar de la lucha antiterrorista. ¿Nos puede extrañar esto, si tenemos en cuenta que la política de exteriores también está supeditada, en gran parte, a lo militar; o que la política de investigación civil también lo está

Dotar a las fuerzas armadas de competencias de orden público  implica remilitarizar la policía y el orden público. Esta remilitarización supondría que la toma de decisiones acerca de la lucha contra el terrorismo (seguramente también en las decisiones políticas sobre el conflicto vasco) se volvería más opaca y alejada de cualquier control político, como efectivamente ocurre con cualquier otro tema militar.

Además se pondrían demasiadas cortapisas al control judicial y garantista de las actividades que se hiciesen para luchar contra el terrorismo etarra, lo que puede derivar en un recorte de las libertades generales

Las consecuencias profundas de este tipo de políticas, en lo que concierne a la posible solución del conflicto vasco serían seguramente muy graves, porque potenciarían aspectos muy negativos para la resolución del conflicto:

·      Acentuación de los prejuicios sobre el “otro”, entendido como enemigo, imposibilitando cualquier propuesta de diálogo y/o negociación.

·      Polarización de los extremismos de cada parte.

·      Se promovería, posiblemente, la espiral de violencia y las políticas de acción reacción.

·      En definitiva, se agravarían los aspectos negativos del conflicto (uso de la violencia, incomunicación, tendencia a la imposición de las propias ideas, etc) y se taparían, aún más, los aspectos positivos que pueden potenciar una salida positiva (diálogo, negociación, uso de vías políticas y sociales, tolerancia, etc.).

Por otro lado, para tomar una decisión política que implique un cambio, es necesario argumentarla con datos y hechos que demuestren su acierto. En cambio, ¿qué es lo que ha cambiado objetivamente en la situación del llamado conflicto vasco desde septiembre hasta la actualidad para justificar que ahora cambien lo actores de la política represiva del estado?

En conclusión, el uso de la violencia y/o de la vía militar no permite una solución de un conflicto, ya sea internacional o “interno”, sino que, a la larga, lo agudiza y agrava. Aquí nos referimos al uso de la violencia tanto por actores terroristas como a la violencia ejercida por el Estado. Ambas tienen orígenes y características distintas pero ocasionan algunas consecuenicas idénticas: la imposibilidad de dialogar y solventar los conflictos de manera política y eficaz.

 

3.-  Conclusiones para el pacifismo-antimilitarismo-noviolencia.

 

            En el pacifismo del Estado español, en los últimos años, venimos argumentando que es necesario pasar del campo del enfrentamiento directo y personal con el militarismo a un campo de enfrentamiento más cultural y global. Este análisis deviene de la crisis en la que entró el antimilitarismo tras la victoria conseguida con la lucha de la insumisión. Hemos sido conscientes de que había que abrir los ámbitos de trabajo y buscar nuevas formas de lucha contra lo militar, que ahora se sitúa en un escenario que tiene que ver más con la cultura, al propaganda, en la expansión de lo militar a campos civiles, en el control social por otros medios, y el encubrimiento de lo militar en deberes blandos y difuminados.

 

            Las consecuencias de este conflicto refuerzan el sentido de un trabajo antimilitarista diversificado y coordinado, pues el nuevo proceso de remilitarización tiene unas dimensiones de hondo calado social y está desarrollándose de una manera “sutil” y con la manipulación de la sociedad para que lo legitime pasivamente. Ayudar a la sociedad a descubrir estas consecuencias nefastas del militarismo e invertir la tendencia a la pasividad generando dinámicas eficaces para oponerse a todo esto son hoy dos urgencias que podemos abordar.

 

            En la actualidad podemos destacar que no han conseguido, aún, el consenso social que pretenden, y que las consecuencias materiales (mayor gasto, mayor control, etc) pueden servirnos para intentar despertar la conciencia de la gente. 

 

            La presente guerra, como decimos, es una más de las nuevas-viejas guerras y una prolongación de una política militarista más amplia y transversal a los procesos que se han dado en llamar de “mundialización” o globalización.

 

            El pacifismo debe saber encarnar y proponer prácticas creativas de confrontación en ese deliberado choque de mentalidades entre quienes apuestan por mantener un mundo radicalmente teñido de injusticia estructural y opresión cultural, usando de la mentalidad y herramientas militaristas para ello y quienes optamos por hacer las cosas de otra manera.

 

En un cuadro intentamos esquematizar las opciones que, en nuestro criterio, podemos desarrollar:

 

 

Interlocutores  

Objetivos

Contenidos  

Metodología  

Entre los grupos pacifistas  

 

-  Analizar el contexto en común

-  Auto-formación

Proponer modos de trabajo político dirigido a los demás interlocutores 

 

-  Descripción de la guerra, sus causas, sus responsables sus implicaciones

-  Describir el nuevo militarismo y cómo afecta a la sociedad

Proponer dinámicas movilizadoras

 

- Trabajo de auto-formación en común

-  Trabajo de debate y análisis común

-  Trabajo de coordinación interna

-  Trabajo de coordinación con otros grupos

Diseño de acciones comunes y, si nos vemos con fuerzas, diseño y participación en campañas  

 

La sociedad 

-                  Sensibilizar y despertar la conciencia de la sociedad

-                  Promover un cambio activo para que trabaje contra el militarismo  

 

-                Dar a conocer el análisis realizado sobre la guerra y sus consecuencias

-                Dar a conocer el análisis sobre el militarismo

-                Proponer alternativas

Proponer medios de lucha social para conseguir cambios  

 

-                  Trabajo de sensibilización social desde criterios de base, pedagógicos, adecuados a la mentalidad de la gente y no manipuladores

-                  Elaboración de materiales diversos (charlas, talleres, actividades lúdicas, camisetas, carteles, trabajo en radios y medios alternativos, etc).

Difundir campañas de lucha (Objeción fiscal, contra el gasto militar, contra la investigación militar, etc).  

 

Grupos sociales  

Debatir con ellos, aportando nuestra perspectiva

Realizar un análisis de coyuntura común

Coordinarnos en sus luchas

Desarrollar una línea de trabajo antimilitarista

Proponer campañas específicas antimilitaristas y abrirlas a su participación  

 

-               Aportar los contenidos antimilitaristas vistos anteriormente

 

-                   Participación de forma coordinada en la plataforma contra la guerra

-  Realizar encuentros y contactos bilaterales o multilaterales con grupos

-  Ofertar talleres, encuentros, charlas, debates, etc.

Coordinarnos en campañas desde nuestro planteamiento de trabajo de base y alternativo  

 

Gobierno y élites

 

Enfrentamiento a sus políticas

Lucha social  

 

Denuncia, crítica y desenmascaramiento

Campañas específicas de protesta

Campañas clásicas antimilitaristas (objeción fiscal, etc)

Campañas

 transversales y a largo plazo (1.- apoderamiento social de la defensa y 2.- construcción de un nuevo concepto de defensa)  

 

Participación en movilización contra la guerra

Campañas coordinadas de acción.

Campañas de sensibilización social y movilización

Acción directa noviolenta  

 

 

3.1 Interlocutores:

 

            En nuestro criterio, el trabajo pacifista que se exige en este momento nos permite hablar de tres grandes interlocutores a quienes dirigirnos:

 

a)      La sociedad en general

b)      Los grupos sociales articulados, pacifistas o no

c)      El poder y las élites gobernantes y militares.

 

Junto a ellos hemos incluido, como interlocutor, a los propios grupos pacifistas, entendiendo, como esencial, que es necesario entablar una buena comunicación y coordinación entre los grupos pacifistas.

 

Respecto a los interlocutores, creemos que:

 

            - La sociedad, interlocutora prioritaria de nuestros planteamientos, se encuentra en la actualidad adormecida y manipulada. Nuestro trabajo principal debe ser despertar la conciencia social ofreciendo análisis, críticas y prácticas alternativas, desde un planteamiento pedagógico y gradual que permita ir asumiendo poco a poco estas cosas, y potenciar una inversión de esta dinámica pasiva por otra de implicación en la lucha social antimilitarista.

 

            - Los movimientos sociales articulados podemos confluir y complementarnos en las aspiraciones y luchas, por lo que interesa hacer un trabajo de diálogo y debate con éstos, aportando nuestros contenidos antimilitaristas y campañas específicas y, a su vez, incorporándonos a las que éstos desarrollan

 

            - Las élites y los aparatos militaristas, con su despliegue de políticas, aparecen como interlocutor ante el que debemos confrontarnos de forma radical y mediante la presión política y la lucha, a fin de buscar paliar y, en lo posible, impedir, las estrategias militaristas y de apoyo bélico que están utilizando.

 

Objetivos.-     En nuestro criterio no debemos precipitarnos a realizar un trabajo inmaduro y superficial, sino que debemos buscar una línea paciente de trabajo a largo medio y largo plazo de concienciación social. Ello implica priorizar los aspectos educacionales, formativos, sensibilizadores y pedagógicos sobre los de la movilización inmediata pero de menor eficacia.

 

            Tal vez esta apuesta por un proceso lento, gradual, centrado en los grupos de base y pedagógico, puede ser el signo distintivo del antimilitarismo respecto a la amalgama de grupos que, desde diversas sensibilidades y a veces con intereses muy otros, tienen tanta urgencia en movilizarse contra la guerra.

 

            * Así, aparecen en nuestro criterio, de cara a la sociedad, tres grandes objetivos a conseguir desde el antimilitarismo, pacifismo, noviolencia:

 

a)   Conseguir que la sociedad tenga opinión propia y tome conciencia de que tiene posibilidades de actuar para luchar contra la guerra y contra su perpetuación, presionando y luchando contra las políticas militaristas de nuestro gobierno.

b)        Que la sociedad se apropie del concepto de defensa alternativo (no queremos guerra, sabemos que hay otra manera de hacer las cosas, queremos defender otra cosa, de otra manera).

c)        Que la sociedad se apodere de la toma de decisiones en materia de defensa.

 

* Para movilizar de este modo a la sociedad, es por lo que creemos importante la coordinación con otros movimientos y grupos, con los que deberíamos, gradualmente:

 

a)      Conseguir entablar una interlocución fluida

b)      Conseguir compartir análisis

c)      Conseguir una coimplicación en las luchas de cada cual

d)      Conseguir que promuevan también activamente un trabajo de signo antimilitarista en nuestras campañas y en los dos grandes objetivos de apropiarnos de la defensa y crear un concepto alternativo de defensa.

 

* Respecto a las élites, nuestro análisis es que la única opción es la confrontación, pues sus intereses son antagónicos a los nuestros.

 

 

3.2 Líneas de trabajo y contenidos:

 

 Un trabajo a largo plazo en estos aspectos exigiría, desde nuestro punto de vista:

 

A)                  Una línea de trabajo de auto-formación, analisis y debate  de los grupos pacifistas. Análisis y debate que se puede ir rellenando progresivamente con las aportaciones y prácticas de los grupos y que exige planear el modo y el ritmo para ir realizando este debate, decidiendo, entre tod@s: quién, cómo, cuándo vamos realizando este debate.

 

Este trabajo, en nuestro criterio, es un necesario punto de partida para poder aproximarnos y compartir nuestra visión con otros colectivos sociales y para conseguir coordinar con ellos propuestas de acción que vayan más allá de la mera retórica de una acción puntual.

 

B)                 Una línea de trabajo de sensibilización social Partiendo del debate estaremos capacitados para intentar salir a la sociedad a dar otra visión y una alternativa.

 

En nuestro criterio, la sensibilización social tendría que ir dirigida, principalmente, a la sociedad (grupos barriales, institutos, centros culturales, debates en la calle, etc) y exigirían dar pasos graduales:

 

a)      de Auto-formación

b)      de diseño de los grandes pasos para sensibilizar (objetivos, contenidos, metodologías, recursos, calendarios, etc)

c)      de diseño de materiales de trabajo (talleres, charlas, actividades lúdicas, dossieres, vídeos, carteles, etc)

d)      de toma de contacto con otros grupos susceptibles de incorporarse o asumir un trabajo de sensibilización

e)      de trabajo de base (difusión, formación, acción directa, etc).

 

 

C)      Una línea de lucha contra el militarismo y contra las políticas de las élites, promoviendo actuaciones políticas antigubernamentales contra este conflicto  y contra lo que supone de prolongación de los conflictos militaristas:

 

Si tenemos la capacidad de hacer consciente a la sociedad de las implicaciones del militarismo y de las nuevas guerras para nosotr@s, y de la responsabilidad que en esta situación tenemos las sociedades y los estados occidentales, podremos abordar un trabajo antimilitarista amplio:

 

1.-Respecto a los conflictos internacionales: desde claves internas (se puede luchar aquí contra ellos), antigubernamentales (contra las políticas de nuestros gobiernos) y estructurales y culturales (abordando una lucha por superar las causas estructurales y culturales de los conflictos).

 

1.a) Lucha interna contra las políticas de nuestros gobiernos:  abordando los problemas de cooperación al desarrollo y colaborando con grupos de base que trabajan contra las “políticas de cooperación”  del gobierno y que fomentan otra idea de los “otros”, luchando contra la OTAN, contra el gasto militar, contra el Comercio de Armas, apoyando la objeción fiscal y laboral, apoyando la acción política de protesta e incorporado nuestras prácticas específicos (adn) o apoyando otras y otros modos de protesta, etc.

 

1.b) Lucha estructural y cultural: coparticipando de las luchas sociales de otros movimientos sociales que buscan el desarrollo de otra cultura alternativa, de políticas solidarias, incorporando nuestra reflexión a la coordinación que comienza a haber contra la globalización, luchando y proponiendo actuaciones contra el reforzamiento de la cultura militarista, trabajando la educación para la paz, llevando a cabo campañas de sensibilización social e invitando a gente normal a incorporarse a diversas luchas, proponiendo campañas globales por la construcción de un concepto y modelo alternativo de defensa, etc.

 

2.- Respecto a las implicaciones que la política militarista tiene en nuestra sociedad (gasto militar, economía militarizada, cuestiones culturales y de género, percepción de riesgos y enemigos, política antirepresiva, modelo de defensa, secretismo militar, etc).Cabe desarrollar diversos trabajos conjuntos o, si somos más ambiciosos, proponer campañas más amplias y transversales, dirigidas a la sociedad y a los movimientos sociales. Se podría hablar de, o bien fomentar los trabajos antimilitaristas y darles un mayor apoyo de parte de los grupos antimilitaristas o de, complementando esto, realizar campañas globales:

 

a) Fomento y enriqueciendo de las campañas existentes en la actualidad:

o    Contra la OTAN

o    Contra las bases

o    Contra el modelo militar de defensa

o    De educación para la paz

o    Contra el Gasto militar y la economía militarizada

o    Contra los complejos militares, campos de tiro, e tc

o    De objeción fiscal

o    De género

o    De insumisión

o    Contra la investigación militar

o    Contra el comercio de armas

o    Etc.

 

 

 

 

b) Dos campañas posibles:

 

Se podría, si somos más ambiciosos y nos vemos con fuerzas para trazar este trabajo a largo plazo:

 

1) Desarrollar  una campaña social para la apropiación de las decisiones en materia de defensa:,

           2) Desarrollar una campaña para la construcción de un nuevo concepto de defensa.

 

 1) Campaña social:  construcción de un nuevo concepto de defensa.

 

 

 

                   Algunas de las características de esta campaña serían las siguientes:

OBJETIVO

CONTENIDOS
Analizar críticamente el actual concepto de defensa militar (pros, contras, implicaciones en política exterior, interior, economía, ecología, educación, ...).  

Ø      Investigar las características del modelo de defensa en todos sus aspectos.

Ø      Difundir la investigación anterior mediante materiales y dinámicas apropiadas.

Ø      Proponer criterios de valoración del modelo militar.  

 

Difundir los diferentes modelos y alternativas de defensa (teóricos y prácticos)  

Ø      Investigar qué modelos teóricos y prácticas sobre defensa existen en la actualidad.  Describir sus peculiaridades.

Ø      Difusión de lo anterior.

Ø      Proponer criterios de valoración.  

 

Debatir  y construir socialmente un modelo que defienda los intereses sociales.

 

Ø      Idear y promover la utilización de las metodologías participativas apropiadas.  
Documentar el proceso de construcción del nuevo modelo de defensa, así como documentar las propuestas aportadas por la sociedad.   Ø      Recoger documentalmente las diversas aportaciones sociales sobre la elaboración de un nuevo concepto de defensa.  
Relacionar la propuesta teórica de un nuevo concepto de defensa con la manera de llevarlo a la práctica.  

Ø      Idear las metodologías de debate social participativo para que se pueda decidir como aplicar el nuevo concepto de defensa.

Ø      Promover prácticas concretas que sirvan de ensayo para evaluar el nuevo concepto de defensa y sus posibilidades de aplicación.  

 

 

 

2) CAMPAÑA CON LOS MOVIMIENTOS SOCIALES: APODERAMIENTO SOCIAL DE LA DEFENSA.

 

            En lo concerniente a esta campaña, las principales características que proponemos para su debate serían las siguientes:

 

OBJETIVOS CONTENIDOS
Difundir una crítica razonada del actual sistema de toma de decisiones en política de defensa.

(a)    Describir y documentar el actual sistema de toma de decisiones en política de defensa.

(b)   Contextualizar histórica y políticamente el sistema de toma de decisiones.

(c)    Análisis crítico del sistema de toma de decisiones en política de defensa, mediante la elaboración de criterios y metodologías apropiados.

(d)   Confeccionar materiales divulgativos.

(e)    Investigar cómo se toman las decisiones en otros países.  

Idear alternativas realizables para democratizar la toma de decisiones en política de defensa.

(f)     Definir en qué estamentos se toman las decisiones y cómo se deberían tomar

(g)    Definir las metodologías apropiadas para la toma de decisiones en temas de defensa.  

 

Promover un cambio de conciencia social en este tema que obligue a cambios legales

(h)    Campaña general de información: trípticos, panfletos, dossieres, carteles, ...

(i)      Campañas específicas de información para colectivos diversos: charlas, jornadas,  materiales para profesores, ...

(j)     Campañas de formación:  talleres.

(k)   Campaña de adhesiones:  firmas de manifiesto, etc.  

 

Contactar con diversos agentes sociales, políticos y culturales para divulgar la campaña.  

(l)      Identificar los contactos más factibles.  Priorizar.

(m)  Planificar una estrategia y un calendario.

(n)    Constituir un lobby para realizar este trabajo aunque supeditado a la toma de decisiones general de la campaña, para evitar elitismos.  

Promover el apoderamiento social en la toma de decisiones en política de defensa.

(o)   Promover campañas para que la gente debata y defina qué es lo que quiere defender y quién o qué es el enemigo

(p)   Promover campañas para que la gente obligue a los partidos a ser más claros y concretos en sus programas en materia de defensa

(q)   Promover campañas para exigir el fin del secretismo y del elitismo en la toma de decisiones en materia de defensa

(r)     Campañas de apoyo a la objeción fiscal, a la negativa de ayuntamientos y administraciones a cumplir funciones militares, de conversión de la industria militar y de los puestos de trabajo, a que se pueda decidir desde abajo en temas de política internacional.

Promover cambios legales  

(s)    Que se acabe con el secretismo en la toma de decisiones en materia de defensa.

(t)     En cuanto a la función de debate, discusión y papel de control del parlamento en la política de defensa y de exteriores

(u)    Establecer mecanismos de participación ciudadana

(v)    Seguimiento del ciclo de planeamiento militar y progresiva democratización.  

 

Tal vez se os ocurran otros medios de trabajo conjunto. En todo caso, el análisis conjunto, el debate, la sensibilización social y la posibilidad de otros trabajos conjuntos deben ser, en nuestro criterio, aspectos a poner en común y discutir en las próximas reuniones de grupos antimilitaristas, pacifistas y noviolentos.

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