UTLAI PUNTO DOC
Nº 28 --- Enero 2006
MÁS QUE UN AMIGO
POR MARISA GARCÍA
(Publicado en el portal JOVEMANIA: http://www.jovenmania.com).
Santander- 21.10.05
- Te los puedes encontrar en el bus, tren, cafeterías, tiendas de ropa, etc.. Cada vez se ven con más frecuencia, como si fueran una
persona más. No son personas, por su condición de animal irracional, pero se comportan como auténticas personitas por su forma de ser tan sociable, amistoso,
afable y tranquilo con todo el mundo: estamos hablando de los perros-guía.
Cuando vemos a un perro siempre tenemos el concepto de que es un animal de compañía. Pero algunos tienen otras cualidades especiales para hacer más fácil
la vida al hombre en diferentes aspectos. Por eso existen perros-policía, perros de asistencia y perros-guía, entre otros.
Un perro-guía tiene la función de ayudar a las personas ciegas o deficientes visuales en sus desplazamientos diarios. Pero antes de convertirse en guía,
el perro tiene que pasar por diferentes etapas. Así, a las seis semanas de vida, el cachorro es adoptado por una familia, la cual lo acoge en su casa aproximadamente
hasta su primer año de vida, donde el animal se habitúa a las situaciones, sonidos y objetos del hogar. Aprende a ser
limpio en la casa, a no ser destructivo, se le introduce en los transportes públicos, cafeterías, etc.., en definitiva, la familia tiene derecho como futuro
perro-guía que es, a llevarlo con ellos a todos los sitios como un miembro más.
Una vez pasada esta etapa de adaptación, al año o año y medio de vida, deja el ambiente familiar para pasar a la escuela de adiestramiento. En ella permanecerá
de cuatro a cinco meses. En esta fase el can adquiere un adiestramiento mas específico acorde con el trabajo que va desempeñar en el futuro: aprende a
ir en línea recta, detectar bordillos, bordear obstáculos, etc.. Conforme va pasando este proceso se le expone a situaciones más complicadas que ha de
resolver y al final, el adiestrador trabaja con un antifaz para comprobar la capacidad del perro y ver si realmente está preparado para asumir la responsabilidad
de guía.
Una vez superada esta etapa, el perro ya puede pasar a disposición de la persona ciega que es quien va a requerir realmente de sus servicios. En primer
lugar, el adiestrador tiene que ver qué perro se adecua más a la persona demandante del mismo. Para ello, la persona ciega seleccionada (tras pasar unos
rigurosos controles médicos, psicológicos y de movilidad por las calles) debe permanecer durante 3 semanas en el Centro de adiestramiento, donde aprende
a cuidar y manejar al perro guía. Esta es sin duda, una de las fases más complejas, ya que de ella depende en mayor medida el éxito del proceso de adiestramiento
del perro, y tiene sus primeras tomas de contacto con quien será su ya definitivo amo con el que compartirá el resto de su vida.
Los perros al igual que las personas, no tienen todos el mismo carácter ni el mismo comportamiento a la hora de caminar, obedecer, etc. Por ello, no todos
los perros pueden trabajar con todas las personas, y es muy importante la labor del adiestrador en este sentido, ya que tiene que ver qué perro se adecua
más a las cualidades de cada individuo.
Las razas de perros que más se utilizan para desempeñar esta labor son el Labrador Retriever, el Golden Retriever y el Pastor Alemán, debido a que por lo
regular son muy tranquilos, sociables e inteligentes.
Cómo trabaja un perro-guía
El perro-guía trabaja sorteando básicamente cuantos obstáculos encuentra a su paso y protege el espacio de la persona ciega de forma que ésta no se golpee.
En este sentido, evita los obstáculos de altura (toldos, ramaje...) y los laterales (señales de tráfico, manillares de motocicletas...). Está enseñado
para buscar lugares concretos: cruces de calles, huecos entre coches, escaleras, puertas, autobuses, etc..
Además, está cualificado para pararse en los bordillos, marcándolos al colocar las dos patas delanteras sobre los mismos; controla el tráfico rodado en
cercanía; mantiene un comportamiento sociable y permanece echado junto al usuario en lugares en los que así se le requiera.
No obstante, no debe pensarse que el perro-guía tiene autonomía en la toma de decisiones. La realización correcta de las capacidades anteriormente expresadas
dependerá en gran medida de la formación de la unidad persona/perro-guía a través del trabajo diario riguroso y constante que se establece entre las dos
partes. Por ello, el invidente debe saber en todo momento dónde está y hacia dónde quiere ir con el fin de dar al perro la orden de "derecha", "izquierda",
"recto", "busca puerta", "busca cruce", etc., de una forma correcta para que puedan llegar al lugar deseado. En definitiva, el perro nunca debe marcar
la ruta, sólo tiene que seguir las órdenes que se le indican y "guiar" a la persona para que pueda llegar a su destino sin problemas.
Cómo comportarnos ante la presencia de un perro-guía
Si eres una persona a la que le encantan los perros seguro que al ver a un perrito tan tranquilo y tan bueno te van a entrar ganas de acariciarlo. Pero
tienes que tener en cuenta, que cuando el animal está trabajando no lo puedes acariciar ni distraer, ya que se despistaría y podría provocar un accidente
a su dueño. Por ello, siempre que veas un perro-guía con el arnés puesto (utensilio que se le mete por la cabeza y se coloca sobre el lomo quedando un
asa por donde lo agarra el usuario a la hora de guiar), pregunta antes a la persona ciega si lo puedes acariciar y él te dirá. El arnés es el instrumento
que le sirve al perro para identificar cuándo está trabajando atento a cualquier orden que le pueda dar su dueño, si lo lleva puesto, o si se puede comportar
como cualquier otro perro (puede correr, jugar, etc..), si no lo lleva. Nunca debes coger el arnés del perro, eso sólo lo tiene que hacer la persona ciega,
ya que el perro entiende que cuando lo tienes agarrado con el arnés está trabajando y si eres tú quien lo tiene, el animal podría hacerse un lío y no guiar
adecuadamente.
También debes saber que a un perro-guía nunca debes ofrecerle comida por mucho que éste te mire con carita de pena, ya que él está enseñado a comer sólo
su pienso específico cuando se lo da su dueño. Si lo haces podrías confundir al perro y entendería que siempre podría comer, y esto dificultaría a la persona
ciega el poder hacer que el perro se comportase correctamente en bares o restaurantes.
Otro aspecto a tener en cuenta, es que si tienes perro y te encuentras con un perro-guía que está trabajando, no debes soltar al tuyo, ya que se distraería
y podría provocar un accidente.
Por último, si ves a un perro-guía en cualquier medio de transporte, cafeterías, museos, restaurantes, hospitales, salas de cines, etc.., no debes impedirles
el acceso, ya que ellos sólo están desempeñando su trabajo y además, tienen derecho por ley a permanecer en los mismos.
Mi experiencia personal
No podía terminar este artículo sin dejar de contaros mi propia experiencia, con mi perrito-guía, ahora que ya conocéis algo más sobre la historia de estos
animalitos. Soy una joven que desde hace tan sólo seis meses comparto mi vida con Thunder. Es un labrador dorado, de dos años de edad, muy tranquilo, inteligente
y cariñoso, sobre todo con la gente que conoce.
Os confieso que las primeras semanas en el curso de adiestramiento fueron algo duras, ya que por un lado, para Thunder era una extraña que le daba órdenes
y él no estaba acostumbrado a mí y por otro, yo nunca había sido guiada por un perro (Thunder es el primero que tengo) y me costaba fiarme de él. Pero
los dos nos fuimos ganando nuestra confianza al estar las 24 horas del día juntos y por suerte también me gané su cariño más pronto de lo que esperaba.
A pesar de estar todavía en el proceso de adaptación (suele durar un año aproximadamente) ya siento que Thunder es una prolongación de mi persona: me ayuda
a desplazarme en mis itinerarios diarios, vamos juntos en tren, autobús, localiza sin problema cruces, puertas, escaleras, etc. Y todo esto lo hace a cambio
de cariño sin pedirme nada a cambio. Antes de que apareciera Thunder en mi vida me costaba más salir a la calle sola ya que no tenía la misma seguridad
que tengo ahora con él. Por ello, yo sí que puedo decir que Thunder me "ha cambiado la vida".
Foto: Marisa García, periodista habitual de Jovenmania y autora de este reportaje junto con su perro guía Thunder.
Nota de la autora:
Si deseas conocer más a cerca de este tema o me quieres hacer algún tipo de pregunta relacionada con el mismo, manda un e-mail a la siguiente dirección:
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¡estaré encantada de atenderte y aclararte tus dudas!
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