UTLAI PUNTO DOC
Nº 26 --- Julio 2005
UNA NUEVA MIRADA A LA CEGUERA
Por Pedro Zurita
Unión Mundial de Ciegos
VI Asamblea General
Ciudad del Cabo (Suráfrica), 6-10 de diciembre de 2004
UNA NUEVA MIRADA A LA CEGUERA
Pedro Zurita
(Ex Secretario General, 1986-2000)
UNA NUEVA MIRADA A LA CEGUERA
VEINTE
AÑOS DE EXISTENCIA DE LA UNIÓN MUNDIAL DE CIEGOS
Y MÁS DE DOS SIGLOS DE LUCHA DE LAS PERSONAS
CIEGAS POR LA IGUALDAD
INTRODUCCIÓN
La
celebración del XX aniversario de la fundación de la UMC en octubre de 1984 en
Riyadh (Arabia Saudí), brinda un
pretexto magnífico para examinar retrospectivamente lo realizado en ese período
y considerar igualmente los acontecimientos clave en nuestro campo que
precedieron a esa fecha. En efecto, desde hace más de dos siglos un gran caudal
de pensamiento y buena voluntad se conjugan para conseguir un cambio en lo que
implica ser ciego en la comunidad humana en que nos toque vivir. Estamos
convencidos de que los humanos tenemos el derecho inalienable a ver, pero
defendemos también con gran ahínco que cuando los conocimientos científicos
actuales no permitan que conservemos nuestra visión ni que la misma sea
restaurada, tenemos que vivir en igualdad y plenitud de acuerdo con nuestro
potencial relativo de desarrollo.
ANTECEDENTES
A
finales del siglo XVIII, Valentin Haüy en París, traductor en el Ministerio de
Asuntos Exteriores, sintió una ira grande al contemplar que se explotaba la
compasión del público presentando a varios ciegos en ridículos disfraces en una
especie de representación teatral. Se prometió entonces a sí mismo que haría
todo lo posible por educar a esas personas, y sus esfuerzos culminaron en la
fundación de la primera escuela para ciegos en el mundo, el establecimiento que
hoy es el Institut National de Jeunes Aveugles (INJA) en París. Él ideó
asimismo una fórmula para reproducir en relieve las letras del alfabeto visual.
Luis
Braille, alumno ciego en la escuela fundada por Haüy, en 1825, cuando sólo
tenía 16 años, presentó un invento revolucionario, un sistema de lectoescritura
en relieve que se basaba en puntos en lugar de en trazos lineales. Su
experiencia directa le condujo a concebir un código que se adecuaba
perfectamente a las características perceptivas del tacto. Pese a las
dificultades que su sistema puntiforme encontró en su aplicación efectiva,
podemos afirmar sin reservas que su invento constituyó un hito auténtico en la apertura
a las personas que no ven de las puertas del mundo del conocimiento y la cultura.
El código propuesto por Luis Braille dio origen a la denominada guerra de los
puntos. Aunque las características intrínsecas de sus sistema fueran ideales
para su captación táctil, los educadores con vista de los correspondientes
establecimientos educativos especiales de la época, que ya iban surgiendo aquí
y allá, preferían inequívocamente un
sistema que se basara en la reproducción en relieve de las letras del alfabeto
ordinario. Para las personas ciegas, sin embargo, las ventajas prácticas eran
tan obvias que el código de Braille terminó imponiéndose, y está fuera de toda
duda que ha llegado a convertirse verdaderamente en una realidad universal.
En
la segunda mitad del siglo XIX, las personas ciegas que trabajaban en talleres
especiales unieron sus fuerzas para defender su derecho a ocupar en el mundo un
lugar justo. Mencionamos simbólicamente la creación en 1889 de la Asociación
Sueca de Ciegos.
En
1940, un catedrático ciego de una de las universidades de California, Jacobus
TenBroek, fundó la Federación nacional de Ciegos (NFB), y estimamos que este
hecho es muy destacable, pues en esta
iniciativa desempeñaron un papel protagónico personas ciegas con distintos niveles
de educación. La NFB viene defendiendo desde sus comienzos una filosofía social
muy radical de la ceguera, la cual es más bien una característica humana que
una limitación. Si se proporcionan a las personas ciegas oportunidades,
formación y tecnología adecuadas, ellas
pueden convertirse en ciudadanos útiles de sus comunidades respectivas. La
filosofía de la NFB ha desempeñado un papel muy importante en el movimiento
internacional y ha servido de auténtica inspiración a personas de todo el mundo
para luchar por la consecución de sus derechos.
ENCUENTROS INTERNACIONALES
Las
organizaciones de ciegos y las encargadas de prestar servicios a los mismos
tuvieron muy pronto la convicción de que los problemas objetivos que la ceguera
conlleva y los obstáculos subjetivos que se interponen en la verdadera
inclusión social de las personas con discapacidad visual constituyen realidades
humanas esenciales, y que, consecuentemente, la comunicación y cooperación
internacionales han de producir ventajas inequívocas. En 1873, los educadores
de ciegos de distintas partes del mundo celebraron su primera reunión
internacional en Viena. Más adelante, tuvo lugar un encuentro que amplió su
espectro para abarcar a todos los implicados en la promoción de organismos pro
ciegos en Nueva York en 1932. Terminada la Segunda Guerra Mundial, los
británicos y los estadounidenses promovieron la celebración de una conferencia
internacional en Oxford en 1949, la cual redundó en la creación en París en 1951
del Consejo Mundial para la Promoción Social de los Ciegos (WCWB), que habría
de celebrar su primera asamblea general en la capital francesa en 1954.
Sucesivamente, su asamblea mundial se reuniría cada cinco años en un país
distinto hasta que en 1984 en el encuentro de Riyadh (Arabia Saudí), el Consejo
decidió autodisolverse para crear la Unión Mundial de Ciegos. El WCWB
constituyó en 1952 un subcomité de educación, que tras cambios sucesivos, ha llegado
a ser la organización independiente Consejo Internacional para la Educación de
las Personas con Discapacidad Visual (ICEVI).
Las
propias personas ciegas tomaron muy pronto conciencia de que podían y debían hablar por ellas mismas. Su
inquietud fue en primer lugar la de promover la creación de asociaciones
nacionales de ciegos, y en ese sentido, la asociación sueca y la NFB de EE UU
constituyen ejemplos elocuentes. En 1887, un oftalmólogo polaco, Lazar Ludovik
Zamenhof, concibió una lengua artificial, el esperanto, la cual habría de
servir como herramienta auxiliar de comunicación entre las personas cuya lengua
materna no fuera la misma. Muy a principios del siglo XX, personas ciegas
empezaron a aprender el esperanto, una lengua muy sencilla, y algunos
participaron incluso en congresos internacionales. En los años 20, fundaron la
Asociación Universal de Ciegos Esperantistas (UABE), que en 1931 transformó su
objetivo principal y su denominación para convertirse en la UABO (Asociación
Universal de Organizaciones de Ciegos). La UABO habría de celebrar tres
congresos internacionales, mas el segundo conflicto mundial dio al traste con
ella. Es oportuno afirmar en este momento que las guerras constituyen una
fuente importantísima de discapacidades en general, y de discapacidades
visuales en particular, mas hemos de manifestar también que las dos guerras
mundiales y otros conflictos grandes fueron generadores de una conciencia social
importante de la necesidad de impartir a los excombatientes que hubieran
contraído una discapacidad visual grave un entrenamiento rehabilitativo
adecuado. En Alemania, tras la primera guerra mundial, surgieron iniciativas
muy prometedoras en el campo de los servicios pro ciegos; la creación de la Unión
Italiana de Ciegos en 1920, la promovió un ciego excombatiente, auténtico precursor
de nuestro movimiento, Aurelio Nicolodi, y la Organización Nacional de Ciegos Españoles,
ONCE, se fundó en 1938 durante el conflicto que asolaba entonces a ese país, y
en su creación la Guerra Civil Española desempeñó un papel no trivial. Los servicios
de rehabilitación y las técnicas que se imparten en los mismos se concibieron
fundamentalmente para atender a los excombatientes que habían perdido la vista.
En
1964, el WCWB celebraba su asamblea mundial en Nueva York. El presidente de la
NFB, Jacobus TenBroek, persuadió fácilmente a los dirigentes de organizaciones
de ciegos de otros países a que adoptasen una postura contraria al dominio que
tenían en el Consejo las entidades prestatarias de servicios, las organizaciones
para ciegos, a que se uniesen a él en proponer al WCWB la adopción de una
resolución según la cual, al menos el cincuenta por ciento de los miembros de
una delegación nacional fuesen representantes provinientes de organizaciones de
ciegos. Esa moción fue rechazada, y esa actitud negativa por parte de los
delegados del WCWB impulsó a que los proponentes de ese cambio adoptasen el acuerdo
de formar una organización alternativa, la Federación Internacional de Ciegos
(IFB), que habría de tener su primera convención mundial en Colombo (Sri Lanka)
en 1969. En algunos países europeos, las organizaciones nacionales principales
eran las mismas en ambos movimientos, y muchos pensaban también que una minoría
como las personas ciegas no debería permitirse el lujo de tener una voz
internacional dividida. Los escandinavos desempeñaron un papel preponderante en
la superación de esta situación inconveniente. El secretario de la IFB, Leonard
de Wulf, tras fracasos en la elección de otra ciudades sede para el WCWB,
convocó en 1979 en Amberes (Bélgica) la convención mundial de la IFB y la
asamblea general del WCWB, y un grupo conjunto de ambos organismos se puso de
acuerdo sobre un documento que habría de presentarse a los dos encuentros de la
IFB y el WCWB en el que se proponía que las dos entidades se autodisolviesen y
creasen una organización nueva cuyos estatutos estableciesen inequívocamente
que las delegaciones nacionales consistiesen, al menos en un cincuenta por
ciento, de delegados designados por asociaciones nacionales de ciegos. En
Bélgica, la IFB fue la primera que mantuvo su Convención, y la mayoría de su
asamblea rechazó su autodisolución. Los promotores de la idea de que se
constituyese un organismo internacional único no cejaron en su empeño y
llevaron a cabo actuaciones minuciosas en el transcurso de los años que
mediaban hasta la celebración de los próximos encuentros mundiales. En Europa,
el WCWB contaba con un comité regional muy activo, y la IFB había formado el
comité de la zona europea en 1978. La actuación doble en esta región era un
fenómeno muy evidente. Se empezó por ponerse de acuerdo en los estatutos de un
organismo europeo único que sustituyese a las dos agrupaciones regionales. En
septiembre de 1984, se creó solemnemente en Noruega la Unión Europea de Ciegos
(EBU), un mes antes de que tuviesen lugar las asambleas de Riyadh (Arabia Saudí).En
Riyadh, la NFB de EE UU no participó, pues argüía que allí no podían acudir los
israelitas. Ambos organismos adoptaron el acuerdo de autodisolverse, y se
dedicó una jornada a examinar y aprobar los estatutos de la entidad nueva, la
Unión Mundial de Ciegos, que contenían la cláusula sagrada que, al menos, el
cincuenta por ciento de los delegados de un país miembro fuesen representantes
designados por organizaciones de ciegos reconocidas.
LOS INICIOS DE LA UMC
La
UMC que se fundó en Riyadh en octubre de 1984 no tuvo que empezar desde cero.
Heredaba las valiosísimas experiencias logradas hasta entonces por el
movimiento internacional de ciegos; contaba con el don precioso de la unidad; y
disfrutaba tanto en las mentes de sus dirigentes como en la letra de sus
estatutos de la importante consecución de que las personas ciegas hubiesen
conquistado el derecho a hablar por sí mismos. La UMC era un movimiento
internacional que incorporaba los puntos positivos del WCWB y de la IFB, pero
tenía suficiente flexibilidad para acoger en su seno a la amplia gama de
realidades nacionales de distintas partes del mundo que fundamentalmente se
ajustaban al requisito de que la mayoría de los delegados nacionales tuviesen
que provenir de movimientos reconocidos de ciegos, pero que en su configuración
y actuación estaban condicionados por realidades culturales nacionales. Es un
fenómeno cuya importantcia acredita que lo destaquemos que cuando nació la UMC,
sólo había unos sesenta países miembros, y que ahora su membreSía ya haya
alcanzado la cifra de 156, muy próxima al número total de países miembros de la
ONU. A menudo, algunas personas cuestionan la validez de un movimiento como la
UMC, pero los ciegos organizados tienen la sensación de que de veras vale la
pena contar con un mecanismo para luchar e intercambiar opiniones en común. “Me
gusta participar en encuentros regionales y mundiales de la UMC, porque en
ellos encuentro a muchas personas modelo, dignas de imitación”, dijo en una
ocasión un delegado ciego de Singapur.
EL PAPEL DE LA UMC COMO AUTÉNTICO
PORTAVOZ MUNDIAL DE LAS PERSONAS CON DISCAPACIDAD
La
UMC se convirtió muy pronto en un valor contagioso, pues no tardó en incorporar
plenamente en su gestión el empleo de tres lenguas de ámbito internacional: el
inglés, el francés y el español; reforzó la presencia tangible de sus uniones
regionales; se convirtió en un
interlocutor auténtico para la ONU y las agencias intergubernamentales
especializadas y para otros grupos de personas con discapacidad y para los
organismos implicados en el desarrollo social internacional.
Sería
de veras deseable que tuviese éxito la loable idea de que se plasmase en
realidad la idea valiosa de dotar a la UMC de independencia económica para
poder conseguir una verdadera democracia en su seno y tener la posibilidad de
emprender programas piloto que dependan enteramente de ella. La UMC ha de ser
un punto de referencia válido para los ciegos organizados de cualquier parte
del mundo, tanto de los países en desarrollo como de los industrializados. Es
indudable que la UMC posee un valor precioso como foro de debate de opiniones y
experiencias y como organismo determinador de niveles de excelencia en la
prestación de todo tipo de servicios.
LAS UNIONES REGIONALES
Antes
de 1984, exceptuando Europa, los comités regionales tenían un valor meramente
simbólico. A lo largo de los últimos 20 años, hemos contemplado un crecimiento
rápido de las uniones regionales y su conversión en factores de promoción
dentro de sus respectivas zonas geográficas. Los dirigentes regionales han
sabido aprovechar positivamente la cooperación tangible de organismos
simpatizantes fuera de su región.
España,
primero a través de su Fondo de Cooperación Iberoamericana, y luego mediante la
FOAL (la Fundación de la ONCE para la Cooperación con América Latina), viene
prestando una colaboración muy
significativa a la Unión Latinoamericana de Ciegos (ULAC) desde su creación en
Argentina en 1985 para que se convierta en un organismo que no se limite a la
formulación de posicionamientos políticos sino que aplique auténticos proyectos
de desarrollo. Ahora, es realmente un organismo cuya actuación es visible en
muchos aspectos. En los encuentros latinoamericanos que tuvieron lugar tras la
creación de la ULAC, el de 1988 en Brasil; el de 1992, en Chile; el de 1996 en
Cuba, el de 2000 en Panamá y el de 2004 en Ecuador, fue posible realizar un
debate evaluativo de lo realizado y se examinaron y aprobaron planes de
actuación en los que se conjugaban objetivos realistas y utopías idealistas. Cuando
se fundó la UMC en Riyadh sólo había cuatro países latinoamericanos, y en la
segunda asamblea de Madrid en 1988, ya estuvieron representados los 19 países
de la región.
África
es una realidad muy compleja, pero la existencia y actuación de la AFUB (la Unión
Africana de Ciegos) ha aportado cambios significativos.La AFUB celebró su
asamblea fundacional en Túnez en 1987, gracias al apoyo generoso del entonces
presidente de la UMC, el jeque Abdullah Al-Ghanim, de Arabia Saudí, y se reunió
en su próxima asamblea general en Cairo (Egipto) en 1992. A propósito, digamos
que Egipto no tenía entonces una clara consciencia de pertenecer a la AFUB. En
1996, la AFUB celebró su asamblea en Nairobi (Kenia) y en 2000, en Addis Abeba
(Etiopía), y hace pocos días, en Suráfrica. La Asociación Noruega de Ciegos
junto a otros países escandinavos, la Unión Europea de Ciegos y otros países
europeos del Este y el Oeste vienen proporcionando un apoyo permanente a la AFUB,
y esa unión regional se ha convertido en
una realidad muy prometedora.
La
Unión Asiática de Ciegos (ABU), tras la reforma regional aprobada en Melbourne
en 2000, ha perdido algunos países de su parte oriental que han pasado a la
región de Asia Oriental y el Pacífico y ha incorporado a todos los países de Oriente
Medio, al desaparecer en la UMC una región autónoma para esa zona geográfica.
También en este caso, la cooperación
tangible de la asociación noruega, de Dinamarca y de otros países escandinavos,
dotó a la ABU de recursos para emprender actuaciones importantes. La
colaboración entusiasta y efectiva de Ghada Hasan, de Jordania, contribuyó de
manera importante a tender un puente entre los países de lengua árabe de la
región y los demás países de la zona. La asamblea y conferencia que tuvieron
lugar a primeros de octubre de este año en Siria mostraron de forma elocuente
que en la zona se están produciendo cambios muy prometedores.
La
región de Asia Oriental y el Pacífico posee una interesante combinación de
países con economías muy florecientes y auténticos países en desarrollo,
algunos en fase totalmente emergente. Las conferencias y asambleas que tuvieron
lugar en Japón, Fiji, Corea del Sur y Singapur han servido para plantear de
forma inequívoca las necesidades y aspiraciones de la región y el enorme
potencial que alberga esa zona del mundo.
En
Norteamérica y el Caribe, gracias al mecanismo que brinda la UMC, se ha
promovido la cooperación y comunicación entre organizaciones de ciegos y
prestatarias de servicios a los ciegos en EE UU y Canadá. La región ha
promovido la cooperación al desarrollo con los países de habla inglesa del
Caribe, gracias a la actuación del organismo impulsado desde el Reino Unido, el
Caribbean Council for the Blind. Los EE UU y Canadá han promovido también
acciones cooperativas.
Europa
desempeñó un papel clave en el desarrollo del trabajo pro ciegos durante todo
el siglo XX, en la mayoría de los casos con la intervención decisiva de las
asociaciones de ciegos. Ha procurado incansablemente que se crease una
organización internacional única en el campo de la ceguera: la EBU. En el
transcurso de los últimos 20 años, su actuación ha sido muy notoria en todos
los aspectos y su oficina permanente en París lleva a cabo una labor muy
efectiva. Tras la creación de la Unión Europea de Ciegos (EBU) en Noruega en
septiembre de 1984, la EBU celebró asambleas generales en Bulgaria en 1987, en
Portugal en 1990, en Polonia en 1993, en Italia en 1996, en la República Checa
en 1999 y en 2003 en Grecia. La EBU tiene como uno de sus objetivos
fundamentales el fomento de la cooperación con las personas con discapacidad
visual en los países en desarrollo.
LA UMC Y LOS TEMAS FUNDAMENTALES EN
NUESTRO CAMPO
Desde
su creación en 1984, la UMC intenta seriamente establecer un sistema efectivo
de comités permanentes y grupos de trabajo, pero es evidente que con recursos
limitados es una tarea ardua mantener comités internacionales que operen con
eficacia. En cualquier caso, a lo largo de estos 20 años, se han efectuado
progresos importantes. Alan Johns, que durante varios años fue el presidente
del comité de la UMC de ayuda al desarrollo, legó el IDP (proyecto de
Desarrollo internacional), que gracias al apoyo generoso de Sights Savers
Internacional, el Instituto Nacional Canadiense para Ciegos (CNIB) y el Fondo
Hilton/Perkins, despliega en nombre de la UMC una labor muy importante de
desarrollo principalmente en determinados países de África. Se han dado pasos
de gigante en la promoción de la igualdad de géneros a todos los niveles de la
UMC; nuestro organismo organizó los foros de rehabilitación (Tailandia, 1994),
Alfabetización (Montevideo, 1996) y Derechos Humanos (Montevideo, 1998).
Durante el último mandato, la UMC ha aprobado algunos documentos de posicionamiento
político, como, por ejempo, sobre la baja visión, las votaciones nacionales,
etc. Se viene llevando a cabo una interacción permanente con la ONU y sus
agencias especializadas, y ahora la UMC está muy implicada en el proceso de
redacción del Convenio de la ONU sobre los derechos de las personas con
discapacidad. La participación efectiva de los representantes de la UMC en la
redacción de la declaración de la Cumbre Mundial de la Sociedad de la
Información, para que incluyese las aspiraciones e inquietudes de las personas
con discapacidad, fue muy halagüeña.
CONCLUSIÓN
La
Unión Mundial de Ciegos, con sus 156 países miembros repartidos en seis uniones
regionales activas se ha convertido en un interlocutor inevitable a nivel
internacional en cualquier tema que directa o indirectamente implique a las
personas con discapacidad visual. A través de nuestras estructuras, muy en
particular a través de nuestras uniones regionales, nuestra presencia llega a
todas partes. Desde nuestra asamblea fundacional En Riyadh (Arabia Saudí), en 1984,
asambleas generales tuvieron lugar en España, Egipto, Canadá, Australia y Suráfrica; nuestro Ejecutivo se
reunió en Nueva York, en Varsovia, en Melbourne, en Tirrenia (Italia), en
Casablanca (marruecos), en Estocolmo, en Mumbai (India) y en Sofía (Bulgaria);
y nuestra Junta Directiva se reunió en Jordania, Alemania, Reino Unido, Canadá,
Mali, Uruguay, Hong kong, EE UU, Kenia, Venezuela, Sri Lanka, España,
Suráfrica, China, Tailandia, Cuba, Nueva Zelanda, Camerún y Noruega. La UMC es
un medio para la consecución del fin de la igualdad y la participación plena en
la sociedad. Debemos promover el respeto total al derecho inalienable que todos
los seres humanos tienen al logro de su máximo desarrollo relativo en conformidad
con la capacidad de cada uno; el reconocimiento de los derechos de las personas sordociegas; de las que además de
la discapacidad visual tienen otras; el que cumple a las personas con baja
visión a utilizar con la máxima efectividad su visión residual. Hemos de cobrar
plena conciencia de los cambios demográficos que se están produciendo en todas
las sociedades, según los cuales hay un número creciente de personas mayores
que tienen discapacidades visuales como una secuela natural del proceso de
envejecimiento.
Hoy
nos encontramos con la tendencia omnipresente, tanto a nivel nacional como
internacional, a hablar sólo de personas con discapacidad. Hemos de estar
dispuestos a desplegar nuestra solidaridad con las personas que tengan otras
discapacidades, pero hemos de empeñarnos con ahínco a que se aporte el reconocimiento
debido a nuestras características específicas y a que nunca se nos desvíe de la
consecución de nuestra meta más querida: una inclusión social plena.
Si has llegado a este artículo a partir de un mensaje de
correo electrónico, pulsa alt+f4 para cerrar esta ventana y volver a él.
Si lo estás leyendo a través de la red, desde aquí puedes:
Volver al nº 26 de la
revista