UTLAI PUNTO
DOC
Nº 24 --- Enero 2005
Significación histórica y actual de Luis Braille
Carlo Monti.
Conferencia inaugural, pronunciada por el Dr. Carlo Monti (Italia), del coloquio “El braille como instrumento y valor universal en la educación, la cultura y la integración de todos los no videntes”, celebrado en Catania (Italia), los días 2 y 3 de diciembre de 2002.
La versión original, en italiano, de este texto ha sido publicada en la sección Storia della Tiflologia de la revista “Tiflologia per l’integrazione”, Anno 14, numero 2 (Abril-junio 2004), páginas 133-142.
Significación histórica y actual de Luis Braille
Hay momentos en la historia de la humanidad, en la de los pueblos, las clases y los grupos sociales que marcan hitos radicales y decisivos, pues abren perspectivas nuevas capaces de suscitar convicciones firmes y señalar itinerarios nunca recorridos, promover cambios profundos en el tejido de las relaciones sociales y en el proceso de civilización. En ocasiones, se trata de fenómenos complejos que son fruto de movimientos culturales, concepciones políticas e ideológicas, convulsiones sociales, enfrentamientos militares etc. A veces, son sencillamente la consecuencia de un descubrimiento, de una invención o del desarrollo tecnológico que produce resultados que se reflejan en la mentalidad, en las costumbres, en los comportamientos y en los aspectos definitorios de la vida individual y social.
Los acontecimientos que determinan las transformaciones más significativas se desarrollan unas veces a través de la sucesión de hechos relacionados que se imponen a la atención de los contemporáneos y, en consecuencia, a las generaciones futuras por los fenómenos de su acontecer y por la fuerza contagiosa de sus consecuencias inmediatas. En otras ocasiones, por el contrario, no tienen, o así parece, desarrollo, pues ocurren en la sombra y en
silencio ignoradas por la mayoría, y en el transcurso del tiempo, irradian toda su capacidad potencial y todos sus efectos transformadores. A veces, son expresión de una movilización intensa que implica a amplios estratos sociales. o son fruto de la intuición genial de determinados individuos. En cualquier caso, son siempre resultado de un remolino que viene de lejos y se sitúa siempre en un ambiente histórico y cultural preciso, del que no es posible prescindir aun cuando no se dé un vínculo causal definido que incida directamente a través de canales identificables concretamente.
Las ideas, las teorías, las intuiciones, en mi opinión no nacen ni por generación espontánea ni por casualidad. Son, en realidad, siempre fruto del terreno en que maduraron y en el que irradian todas sus energías vitales subterráneas y que lo han convertido en auténticamente fecundo. Su eficacia y su productividad no es identificable con su resonancia inmediata, ni con su visibilidad social ni con los resultados que, a medio y largo plazo, esas cosas tendrán. Según escribió F. Braudel (Las ambiciones de la Historia. Barcelona : Crítica, 2002), sólo la Historia es medida de todas las cosas y únicamente la Historia, puede, por tanto, definir, allende cualquier proclama propagandística inmediata el éxito de una idea, de una teoría, y de una intuicióny acreditar su carácter auténticamente revolucionario.
Si este criterio es aplicable a la comprensión de los macroprocesos a través de los cuales se desarrolla la historia de la civilización , es aplicable también a la historia menor de la que son protagonistas los “hijos de un Dios menor", los marginados y los excluídos que aspiran a entrar con pleno título en el ámbito de la civilización, y, concretamente, en el consorcio de los hombres. Precisamente por eso, a la luz de los resultados producidos, por su consagración en el transcurso sucesivo del tiempo, la invención del alfabeto táctil para ciegos, llevada a cabo por Luis Braille en el tercer decenio del siglo XIX, constituye un acontecimiento revolucionario, un verdadero hecho diferenciador, en la senda de los discapacitados visuales hacia la afirmación de su dignidad de hombres. En realidad, cerró la época de la exclusión y abrió la vía del penoso avance hacia la inclusión social.
Antes de que el nuevo método de lectoescritura se afianzase y difundiese, es justo afirmar que la perspectiva de la emancipación cultural y social de los ciegos se convierte en una de esas excepciones que confirman radicalmente la regla de la marginación. Enzo Tioli, en su brillante presentación del libro "el alfabeto Braille como fundamento de la emancipación cultural y social de los ciegos" (Roma, 2002), señala con razón que a lo largo de cinco siglos se han producido únicamente cuatro testimonios de una excepcionalidad semejante. Posteriormente, aun con los consabidos esfuerzos y dificultades, los discapacitados visuales deambularon hacia su rescate social alumbrados por una estrella nueva.
Este caminar se inicia en Coupvray, pequeña localidad no lejos de París, donde nace Luis Braille el 4 de enero de 1809, y donde comienzan las vicisitudes de su existencia, humilde y genial, marcada por la trágica pérdida de la vista, causada por un accidente mientras jugaba en el taller de su padre cuando sólo tenía tres años. Su familia, a pesar de su modestia cultural y social, no se arredra ante este hecho, y una vez que es claro que no existen posibilidades de que el niño recobre la vista, deciden, en el momento que el niño tiene ya la edad requerida, meterlo en una escuela regular, y allí el pequeño Luis, obligado a un aprendizaje puramente oral, brilla por su capacidad intelectual y logra resultados sorprendentes. Sin embargo, su inteligencia y su curiosidad están insatisfechas, pues no dispone de los apoyos esenciales para la transmisión del saber, o sea, un libro para leer y un instrumento para escribir, y así poder objetivar y comprobar las cosas asimiladas. Entretanto, su familia se entera de la existencia en parís del Instituto Real para la Educación de los Jóvenes Ciegos, fundado por Valentin Haüy en 1784. Esa entidad era una innovación mundial absoluta, y era una oportunidad con la que se contaba tan sólo desde hacía unos años. El pequeño Luis, a la edad de diez años, ingresa en ese instituto con auténtico entusiasmo, animado por que allí podría encontrar satisfacción su ansia de saber.
Aun cuando la didáctica utilizada en el instituto se basaba preferentemente en el aprendizaje oral, por primera vez, Luis podía allí acercarse directamente a un libro, explorarlo táctilmente con sus manos y experimentar la alegría de la lectura, reevocando en el plano personal la experiencia que la humanidad había vivido ya hacía tantos siglos al pasar de la oralidad a la escritura, transición que hasta ahora había permanecido vedada para los discapacitados visuales.
El acceso a la lectura había sido posibilitado por el empleo de algunos textos escritos con el método ideado por el propio Valentin Haüy, que se concretava en la reproducción en relieve de las letras normales del alfabeto usado por las personas que ven. Sin embargo, la lectura era lenta y cansada. Las acciones perceptivo-motrices que la mano efectuaba para seguir las líneas continuas de cada una de las letras eran demasiado numerosas y constituían un obstáculo casi insuperable para la comprensión de la palabra y la frase. Los libros eran muy voluminosos, costosos y escasos, aunque en la biblioteca del centro ya se dispusiese entonces de catorce volúmenes.
En lo esencial, el método Haüy, pese a su valor positivo desde el punto de vista filantrópico, no había producido efectos más eficaces que los qque se habían obtenido con otros intentos, y que tenían todos ellos la limitación de considerar la percepción táctil como algo idéntico a la percepción visual, y se ignorase la especificidad y peculiaridad de cada una de ellas. Aun en su adolescencia, Luis Braille intuye que existe esa limitación, no basándose precisamente en presupuestos científicos, que más tarde se expondrán con claridad, pero guiándose por su propia experiencia, a la que estimulaba su inteligencia lúcida. Se empeña, pues, en la búsqueda de una herramienta que permita al tacto desplegar toda su capacidad potencial y posibilite que los que no ven, no sólo lean, aprovechando plenamente sus capacidades sensoriales residuales sino accedan también a la escritura, que hasta entonces les estaba totalmente vedada.
En esta búsqueda, es muy probable que fuese decisivo su encuentro con Charles Barbier de la Serre, capitán del ejército francés que había ideado un sistema táctil a fin de permitir a los soldados escribir y leer mensajes en la obscuridad de la noche sin recurrir a iluminación y de esa forma seguir estando ocultos para el enemigo. El sistema se basaba en un código táctil que reproducía las palabras por su fonética en lugar de por su ortografía y utilizaba una celdilla de doce puntos. Era, pues, todavía un sistema demasiado artificioso y que no había sido aún sometido a la pertinente comprobación de la percepción táctil real. No obstante, para el joven Luis, se convirtió en un estímulo fecundo que pronto habría de traducirse en frutos. En efecto, apenas Luis fue a pasar las vacaciones a la casa paterna el verano de 1825, tras una intensa reflexión y valiéndose de un punzón, , acaso con el mismo que hacía unos años se había herido gravemente, ultimó la preparación el código de lectoescritura que luego, los ciegos en el mundo habrían de conocer como el alfabeto Braille. El joven Luis, que tenía sólo dieciséis años, cumplimentaba de esta forma definitivamente su transición personal de la oralidad a la escritura, que había realizado algunos años antes sólo parcialmente a través de sus primeras lecturas dificultosas en el Instituto Real de Jóvenes Ciegos de París.
Por una especie de paradoja, no exenta de significado profundo desde el punto de vista psicoanalítico, el instrumento que le había quitado la luz de los ojos, desde aquel momento, abría para sí y para todos los discapacitados visuales un horizonte nuevo, iluminado por la luz de la educación y la cultura.
Walter J. Ong dijo "que la escritura como tecnoloogía de la palabra se convirtió en uno de los hechos más importantes en la historia de las invenciones tecnológicas del hombre, pues ha transformado el pensamiento y el discurso." (Ong, Walter J. Oralidad y escritura. México: Fondo de Cultura Económica, 1987.). Mediante el alfabeto, ha aportado un sistema de signos, a través de cuya lectura y replanteamiento, el hombre toma conciencia de sí mismo en la medida en que, al dar cuerpo a la palabra, vehículo indispensable del pensamiento, hace visible el pensamiento propiamente dicho, y lo objetiva y lo sumerge al mismo tiempo en los canales de la comunicación interpersonal. A lo largo de los siglos, y, sobre todo, con la invención de la imprenta, la escritura llegó a ser el instrumento más potente de civilización, del que es imposible prescindir si uno no quiere quedar al margen de la vida civil activa, particularmente a la luz de los imperativos impuestos por el progreso científico y técnico, que reclama urgentemente la multiplicación de conocimientos, el perfeccionamiento de las especializaciones y el recurso a estudios cada vez más largos y rigurosos.
Así pues, la escritura, como expresión de la visibilidad de la palabra y del pensamiento iría privilegiando cada vez más el carácter visiocrático de la organización social y de la transmisión de la cultura, agrandando el foso que separa a los que saben usarla de los que no saben o no pueden servirse de ella.
Desde este punto de vista, Luis Braille, con la invención que fue perfeccionando entre 1825 y 1829, de un código específico para ciegos que les ha permitido integrarse en el ámbito de la civilización, colocó los fundamentos para la solución de un problema social de amplio alcance, y consecuentemente, llevó a cabo una operación auténticamente revolucionaria.
La tensión intelectual, la tenacidad de su voluntad y la dedicación de una vida entera, que se desarrolló casi siempre en el Instituto de París, donde Luis había asumido el papel, muy valorado por cierto, de maestro de música, produjeron unos resultados que iban a transformar las perspectivas vitales de una minoría social, que hasta ese momento había permanecido confinada en el mundo de los excluidos. Lo que define el sistema Braille es un presupuesto que podríamos denominar "tiflocéntrico", es decir, la renuncia a reproducir en relieve un sistema de signos concebidos para las personas que ven y una opción alternativa que se ajustaba muy bien a las peculiaridades de la percepción táctil. En efecto, el sistema ideado por Luis Braille se basa en una casilla de seis puntos, con dos columnas verticales, que mediante combinaciones diferentes genera hasta sesenta y cuatro signos, y respondía perfectamente a esas peculiaridades. los estudios de fisiología y psicología de la percepción han mostrado inequívocamente que el tacto es el sentido de la extensión breve, de la sucesión y la discontinuidad. El tacto no puede captar el todo, que es la palabra o la frase. Por el contrario, en el sistema Braille la letra se revela a la yema del dedo índice en un acto perceptivo único, que luego permite una síntesis rápida en la lectura de la palabra. Se trataba, pues, de un vuelco radical de los términos de una investigación llevada a cabo anteriormente sin notorios resultados , pues se centraba en un problema insoluble. Se pretendía hacer accesible a los ciegos un alfabeto visual, en lugar de partir de una valoración justa de las capacidades perceptivas de los discapacitados visuales e intentar encontrar un código funcional correspondiente a su especificidad. Nos enfrentamos, pues, con la solución genial de un problema, o en términos piagetianos, una adaptación inteligente, un equilibrio perfecto entre asimilación y acomodación, rico en resultados fecundos.
Esos resultados son ante todo la expresión de la intuición genial de un hombre que vivió en soledad, con modestia y humildad, sostenido por una profunda fe religiosa e implicado con plena consciencia en bregar la batalla contra los límites de su discapacidad y contra el sufrimiento que ella le produce. Él ignora sin duda los presupuestos científicos que, a posteriori justificaron la fecundidad de su invención, que, en el terreno de los hechos, traduce criterios teóricos definidos después. A título de ejemplo, citaré la perspectiva gestáltica según la cual la forma se percibe primero a través de sus componentes . En el sistema Braille, la percepción de la letra precede a la de los puntos que la forman. pensemos en el concepto de umbral perceptivo, formalizado por las leyes de Weber y Fechner. la distancia entre los puntos de una letra no puede ser inferior a 2,5 mm.
Al igual que otras grandes figuras de la historia, Luis Braille, aun careciendo de los instrumentos teóricos y cognoscitivos pertinentes, propone con anticipación formulaciones conceptuales totalmente ajenas a su preparación intelectual y a su bagaje cognoscitivo. Silvestro Banchetti ha señalado certeramente esta observación en su trabajo "la figura de Luis Braille y la originalidad de su sistema de lectoescritura táctil, incluido en el libro ya citado, "El alfabeto Braille como fundamento de la emancipación cultural y social de los ciegos", Roma 2002. él piensa que "Luis Braille pertenece al mundo de la genialidad."Sin embargo, podrían hacerse consideraciones semejantes a propósito de otras intuiciones significativas precursoras, que se han adelantado a descubrimientos científicos. Pensemos, por ejemplo, en la concepción atómica delineada en la antigüedad, con sus indudables límites históricos y teóricos que legaron para la posteridad pensadores que nada sabían acerca de la estructura de la materia, o en la visión del universo que fue definiéndose en la última parte del Renacimiento por parte de quienes no poseían los instrumentos epistemológicos y experimentales que luego brindó la revolución científica. En efecto, todo eso lo dejó claro sólo en el siglo XX la Física relativista. A menudo, según algunos autores lo han puesto de manifiesto, la intuición precede a la ciencia. la intuición es fruto de la genialidad creativa, y la ciencia profundiza por su parte en las raíces existentes en un contexto determinado. No puede deberse el fenómeno a un simple acaecer fortuito o casual.
La vida de Luis Braille, según el relato de sus biógrafos, no es rica en acontecimientos extraordinarios, y por el contrario, puede parecernos una vida sin historia por la carencia de vicisitudes externas. No obstante, si seguimos a Alfred Braudel y a las tendencias más fecundas de la historiografía contemporánea, y dejamos de lado un enfoque meramente basado en acontecimientos visibles, si indagamos allende las apariencias, la genialidad creativa de Luis Braille, que es una característica suya indiscutible, nos aparecerá menos casual , menos milagrosa y más arraigada en el contexto al que pertenece.
La corta vida de Luis Braille (4 de enero de 1809-6 de enero de 1852) se desarrolla a caballo entre el primero y el segundo imperio, y dentro de ella se producen la restauración borbónica, la revolución liberal de 1830 y el terremoto político-social de 1848. Coincide, pues, con etapas fundamentales de la historia de Francia, que en los decenios precedentes vivió la aventura del siglo de las luces y la experiencia revolucionaria de 1789. Luis Braille no conoce los debates entre los filósofos de la ilustración ni la inspiración radicalmente crítica en que ellos dicen beber. Acaso desconozca también los hechos tumultuosos de la revolución e ignore la Carta de los Derechos Humanos y del Ciudadano promulgada por la asamblea nacional constituyente, pero es seguro que respira la atmósfera que envuelve a su país y con la que le vinculan algunos hechos decisivos de su mismo itinerario humano y educativo.
No olvidemos que Luis Braille fue encaminado a tiempo por su familia a la escuela y que su formación se desarrolla en el primer instituto del mundo concebido expresamente para la educación de los ciegos, y tengamos también presente que ese establecimiento había sido fundado en 1784 por Valentín Haüy, testigo inequívoco del espíritu filantrópico y humanitario que era uno de los muchos frutos de la cultura de la ilustración. Esa cultura había reservado un espacio muy amplio a la educación y se había enfrentado a los temas de la diversidad... El mito del buen salvaje, las turbas desenfrenadas del "muchacho del Aveiron", la atención, el estudio y el amplio compromiso del médico-filósofo itard en un intento de lograr su recuperación, son sólo algunos aspectos de este estrecho parangón. no hay que ocultar la atención que suscitó respecto al mundo de los ciegos Denis Diderot con su célebre "Carta", en la que se ponen claramente de manifiesto algunas llamadas a la diversidad entre la percepción visual y la percepción táctil, preocupación que había estado en el centro de las reflexiones de Condillac. Entonces, quizá si los padres de Luis Braille sienten la necesidad de escolarizar al hijo, aunque no viese; si Valentín Haüy experimenta la necesidad de delinear un método para la educación de los ciegos; si el propio Luis Braille siente la urgencia de aprovechar los recursos, que por primera vez en el mundo habían sido concebidos para la educación de los discapacitados visuales; si todo eso sucede en París no nos enfrentamos a una casualidad ni a algo inexplicable. No es tampoco un hecho fortuito que un militar del ejército francés, agrupación armada que actuó dramáticamente durante varios decenios en todos los frentes europeos y que tenía intención de dotar a los soldados de una técnica original de defensa, sea el que aporte el estímulo decisivo para la invención revolucionaria que iba a cambiar el destino de los ciegos de Europa y del mundo.
En otras palabras, la invención de Luis Braille tiene una trastienda bien precisa, que él sabe interpretar con originalidad extraordinaria, valiéndose de la genialidad de su intuición, la cual prescinde realmente de principios científicos específicos, pero se nutre de los estímulos provenientes del ambiente social y cultural en que está encuadrado.
Pienso que ésta constituye el valor histórico de Luis Braille, cuya actualidad reside en haber entendido, el primero entre las grandes figuras de no videntes, que las perspectivas de emancipación de los ciegos dependen ante todo de los propios ciegos. Él les ha dado, mediante su código de lectoescritura, un instrumento liberador indispensable, y hasta ahora insustituible. Luis Braille aparece, en efecto, a quienes contemplen con atención el largo y penoso deambular de los discapacitados visuales hacia el horizonte de la igualdad de oportunidades, como una especie de nuevo Prometeo que los ciegos han recibido a través de la chispa que enciende la llama de la educación y la cultura, medio esencial para su integración social.
Es bien sabido que el alfabeto Braille no se impuso fácilmente. Por el contrario, hubo de superar no pocas resistencias y no pocas críticas que mostraban y muestran su descontento porque dicen que es segregadory no favorece la comunicación con el mundo de las personas que ven, las cuales lo ven como críptico e ininteligible. Sin embargo, la historia, y actualmente también la tecnología han puesto de manifiesto la futilidad de estas críticas y el código Braille se utiliza hoy en todas las lenguas y países del mundo.
Muy probablemente, el Braille no sería imaginable sin tener en cuenta los presupuestos históricos que precedieron a su surgimiento, mas, paradójicamente, los resultados conseguidos por los no videntes en las esferas de la educación, el empleo, la autonomía e integración social sólo son asimismo pensables como distanciamientos notorios de aquellos presupuestos, y esos progresos han sido posible merced a la invención del Braille.
El proceso de agrupación entre los discapacitados visuales en Italia, que alcanza un verdadero hito con la fundación en octubre de 1920 por Aurelio Nicolodi de la Unión Italiana de Ciegos es la feliz consecuencia de las ideas y debates difundidos por "il Corriere dei Ciechi" (el correo de los ciegos), impreso en Braille desde un año antes en Florencia por el propio fundador de la organización, que habría de llevar en Italia a los discapacitados visuales de las esquinas de las calles y de las puertas de las iglesias a las cátedras universitarias, expresión que usa con frecuencia el actual presidente de la UIC, Tommaso Daniele.
A partir de esa iniciativa, siguieron otras: la imprenta nacional Braille de Florencia, la Federación Italiana de las Instituciones pro Ciegos, la biblioteca italiana para Ciegos Regina Margherita de Monza, entidades todas ellas que han aportado algo fundamental a la educación, la producción y circulación del libro, a la transmisión de la cultura y a la difusión del saber en un mundo, que primero estuvo en los márgenes de la civilización. El liberarse por parte de los no videntes de la tutela de los tiflófilos y de su despiadada compasión, en Italia, es históricamente obra de la Unión Italiana de Ciegos, que paulatinamente supo sintonizar con el espíritu del momento y responder a sus necesidades en los campos de la asistencia social, la educación, el trabajo y la autonomía, y expresar planes de futuro adecuados para promover las medidas más aptas a la consecución de esos objetivos. En cualquier caso, esas realizaciones hubieran sido imposibles objetivamente si los ciegos hubieran permanecido esclavos del analfabetismo en el que vivían antes de la invención de Luis Braille.
Los conocimientos científicos que fueron consolidándose a lo largo de la primera mitad del siglo XX a través de los estudios tiflológicos de Augusto Romagnoli y los desarrollos tecnológicos recientes fueron permitiendo progresivamente definir de forma cada vez más clara y sistemática las estrategias, las fórmulas didácticas y los métodos más eficaces de educación, y formación de los discapacitados visuales. Todas las investigaciones tiflológicas y todas las innovaciones que la tecnología ha ido introduciendo hubiesen continuado siendo un esfuerzo vano sin un código de lectoescritura acorde con las capacidades sensoriales de los discapacitados visuales. Es frecuente que los resultados que arrojan las investigaciones tiflológicas y sus aplicaciones técnicas, incluso las que la informática ha brindado últimamente, constituyan un desarrollo y una comprobación en el plano científico, de acuerdo con lo que ya intenté señalar anteriormente, de la intuición precursora de Luis Braille, que de esa forma ha encontrado sostenes en implicaciones no explícitas e inconscientes, pero dotadas de una enorme fecundidad y que han encontrado sucesivamente confirmación en estudios de neurofisiología y psicología de la percepción. A diferencia de otras personalidades no videntes de envergadura, las cuales en distintas partes han logrado a lo largo de la historia destacarse por su lucidez intelectual y por su preparación, Luis Braille reclama la atención del historiador por el alcance social de su genial invención que ha posibilitado a la mano de la persona ciega sustituir en la lectura y en la escritura a sus ojos , privados de la capacidad de ver.
El hombre se diferencia de los demás animales por las características biofisiológicas de su cerebro y por su mente, que le permite pensar, pero también por su mano, con la cual hace, manipula, construye, transforma y humaniza el mundo físico-natural y lo adecua a las finalidades de su pensamiento. El hombre es sujeto cultural y histórico, pues tiene la capacidad de aprender, conservar y transmitir lo asimilado, y también porque puede producir y crear las condiciones materiales de su propia existencia. para los fisiólogos antiguos, la mano era vista como una prolongación del cerebro y la dimensión de la racionalidad.
Indudablemente, como sabemos, la sociedad se desarrolló en sentido visiocrático, y la hegemonía cultural de la visión determinó la marginación de los no videntes, algo así como si ellos fuesen ajenos al mundo de la cultura y la civilización, y, consecuentemente, casi no fuesen hombres completos. Este sello de exclusión ha pesado durante siglos. Es indudable que, como dijo Jean Paul Sartre, la ceguera es la experiencia de la mediación. Esa afirmación continúa siendo fundamentalmente cierta, pues casi el 80% de las informaciones llegan al cerebro a través de la vista, mas después de Luis Braille el destino de los ciegos en el mundo ha cambiado radicalmente. la carrera hacia la consecución de niveles de comunicación, participación e integración que impone la visiocracia no ha terminado, porque los horizontes que hay que alcanzar van alejándose continuamente a ritmos tan acelerados que es mayor cada día la distancia que hay que colmar. No obstante, ahora, contrariamente a lo que sucedía hace ciento cincuenta años, aun cuando sea con todos los límites que conlleva la discapacidad y las dificultades objetivas que impone, también los ciegos pueden acceder a la cultura y contribuir activamente a su desarrollo.
Luis Braille, no consciente de su excepcionalidad, hijo genial de una época histórica, que colocó en un lugar preeminente la dignidad del hombre y la inviolabilidad de sus derechos, puso los fundamentos del advenimiento de un nuevo iluminismo, capaz de alumbrar el caminar de una minoría de excluídos de la historia. por esos motivos, los no videntes de todo el mundo se acordarán de él como su Prometeo, como un auténtico maestro de conocimientos, vida y esperanza.
(traducido por Pedro Zurita en septiembre de
2004)
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