UTLAI PUNTO DOC

Nº 23 --- Octubre 2004

EDITORIAL

 

La tecnología: un instrumento para la discapacidad.

 

 

El libre acceso a la información, que la asociación UTLAI promueve desde su propia esencia, es una finalidad que muy pocas organizaciones pretenden. Es más, los espacios  en que ejercen sus objetivos, parecen determinar su acción en sentido contrario: si la información se puede retener, contener y poseer frente  a otros, entonces, y sólo entonces, será un recurso y un excelente negocio.

 

Internet, ya sea por la etapa primera en la que se halla, según algunos, de trueque,o por su intención originaria, es uno de los pocos espacios donde nuestra idea tiene referentes incontestables, a pesar de todos los esfuerzos contrarios que, aunque quieran disimularse bajo el aserto de que la información cuesta dinero, no pueden ocultarnos su irracional terror al libre examen y la posibilidad de que en este mundo, pudiera ser, que haya bienes y servicios para cubrir las necesidades mínimas de todos.

 

Sin embargo, es también irrebatible que la desigualdad existe y se sostiene mucho más allá de la denominada igualdad de oportunidades, que en muchos supuestos, sirve únicamente para legitimar la ausencia de equidad entre unos individuos y otros.

 

Los ciegos y personas de baja visión, dicho en términos groseros de mercado neoliberal imperante, son subcompetidores necesarios para los que es preciso acotar espacios protegidos, es decir, intervenidos. Son, como se expresa siempre vulgarmente la desigualdad, como cualquier persona, vamos, que hacen las mismas cosas que usted y que yo, sólo que es preciso ayudarles (desgraciadamente ya se dice pocas veces tutelarlos y sí insertarlos...).

 

Sabido todo ello, y por supuesto que “el ensayo sobre la ceguera” está vigente con mucha anterioridad a ser escrito, entusiastas como somos, nos pusimos a la tarea de buscar instrumentos que, por su relevancia y novedad, no hubiesen sido usados todavía como útiles para la exclusión.

Y en buena medida los hallamos y compartimos, dentro de las posibilidades que una pequeña asociación cultural y autonómica, por su ámbito geográfico, permite.

 

Nos dedicamos a la acción, sabedores de que el continente sin explorar de la Red comprendía y sostiene toda la información que podíamos imaginar y  la que no también. Atravesamos momentos donde la tecnología era tan cercana como es distante a veces  de nuestras capacidades y, sobre todo, que ello dependía y es consecuencia, en buena medida, de nuestro esfuerzo y organización.

 

En definitiva, y dejando a otros la ingrata tarea de consolidación, mantenemos que caminos como internet, por ejemplo,  están dispuestos, entre otras posibilidades, para que el libre acceso a la información sea posible, que la tecnología nos sea favorable y reduzca las diferencias, siempre y cuando seamos capaces de mantener flexibles avanzadillas que de súbito tengan un peso suficiente como para influir en la ordenación del tráfico informativo, cuya raíz, paradógicamente, y según hemos expresado, es un fin y un principio al tiempo.

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