NUESTRA PEQUEÑA BABEL
Por Carmen Alquegui
Correo electrónico: ladyligeia20@hotmail.com
Estamos dispuestos a repetir la experiencia...
Porque lo que aconteció en el pueblo italiano de Udine entre los días 5 y 15 de septiembre fue una experiencia repetible. La diversión, el contacto con otras culturas y ,sobre todo, el aprendizaje que vivimos todos durante esos días no se puede acabar con un punto final. La magnífica idea de reunir a jóvenes minusválidos de Europa y darles la oportunidad de conocer otras dificultades, otros mundos, debe tomar con “Udine2003” su punto de partida y a partir de ahí... abrámonos al mundo y que el mundo se nos abra.
No sabía muy bien de qué se trataba. Yo tenía la información oficial: Una convivencia de jóvenes de seis países de Europa con deficiencias visuales. A partir de aquí todo era desconocimiento. El día 4 de septiembre salimos rumbo a Madrid, para descansar allí la noche antes de volar hacia Italia. El aprendizaje comenzaba ya en Madrid. Gente de diferentes comunidades autónomas: Valladolid, Valencia, Zaragoza y Cantabria, de diferentes edades y con miles de cosas que decir. Olga, Román, Arron, Lara, Isabel nuestra “lider” y yo, Carmen.
Con Isabel al frente nos enrolamos en nuestra aventura de diez días con mucha ilusión y un programa intenso de trabajo por delante. Al llegar al aeropuerto de Venecia nos estaban esperando Giamba (el coordinador de la actividad) y Mariano ( uno de los creadores de la idea). Y aunque parezca increíble tenían 25 y 20 años respectivamente, lo que da una idea de que las inquietudes de los jóvenes minusválidos de Europa encuentran salida y modos de expresión si se las trata como es debido.
Más tarde llegó el grupo lituano y a lo largo del día conocimos a la gente venida de Eslovaquia, Portugal y a los italianos que nos esperaban en nuestro refugio de las afueras de Udine. Un día después llegó el grupo húngaro. Y comenzó el verdadero viaje, aunque nosotros habíamos empezado el nuestro particular en Madrid. A estas alturas nada podría separarnos.
Nuestro primer día de convivencia fue de conocimiento, queríamos saber de dónde venía cada uno, cuales eran nuestros nombres, nuestras dificultades y establecimos desde el principio (casi sin querer) cuales serían nuestras preferencias a la hora de entablar una amistad futura internacional. No tuvimos problemas para relacionarnos con todo el mundo a pesar de que para algunos nuestras dificultades con el inglés eran un serio problema. Pero un problema que conseguimos solventar sin problemas con esfuerzo y unas ganas increíbles de avanzar como personas y de expresarnos.
Los días posteriores se sucedieron actos de presentación de la experiencia promovidos por la Asociación de minusválidos italiana ANFAMIV, con reuniones con concejales, partidos de fútbol benéficos y muestra de stands con información de nuestros países. Esta última experiencia, aunque no consiguió llegar demasiado a la gente del lugar, a mí sí me sirvió para acercarme lo mínimo que te permite una pequeña mesa y lo que ella pueda contener, a la cultura de otros lugares.
Pero el verdadero trabajo se llevó a cabo con los “workshops”. Durante tres sesiones enteras (que nos ocupaban toda una tarde o una mañana completa), nos reuníamos en grupos de 6 personas, con un coordinador al frente, para discutir y conversar sobre diferentes temas que nos preocupan a los jóvenes europeos con deficiencias visuales. Tratamos temas como “nuestra labor en la sociedad”, “obstáculos que se nos plantean” e “ideas para una futura cooperación”. Ese era el verdadero momento en el que te dabas cuenta de que no estábamos solos en el mundo, que en otros países se viven las mismas dificultades y en muchas ocasiones peores. Después se procedía a la puesta en común y cada grupo tenía millones de cosas que aportar, porque cada uno de nosotros era una experiencia, un mundo diferente.
Pero no todo fue trabajo. Tuvimos nuestras pequeñas vacaciones, representadas en un día de excursión. Visita a Villa Manin (un precioso palacio, con exposición de cuadros y lunch incluido), a las ruinas de la Antigua ciudad de Aquileia y a una preciosa playa del Adriático en las que disfrutamos el ratito que nos dejaron”sueltos”.
Y nuestras pequeñas fiestas nocturnas. Cada noche un país se convertía en el protagonista absoluto. Preparaba una cena típica, con productos del propio país y después de degustar los manjares se bailaba al son de músicas tradicionales o se hacían exposiciones sobre las maravillas del lugar. Aún recuerdo como si fuera ayer nuestra caótica fiesta española. Mejor dicho, lo mal que lo pasamos antes de servir una cena exquisita y conseguir que todo el mundo bailase y riese con Paquito el Chocolatero.
No quiero que esto sean palabras mías. Alguien me dijo: “aquello parecía una pequeña Babel, mil caras, mil lenguas...”, pero una Babel positiva con comprensión, diversión, aprendizaje y millones de cosas que aún quedan por decir sabiendo que el idioma ya no es para nadie un problema. Sobre todo para nosotros que, sin quererlo, conseguimos que todo el mundo saludase diciendo “Hola” o amaneciese con las marcas de la almohada acompañadas de un efusivo “¡Buenos días!”.
Estamos dispuestos a repetir la experiencia...
(este artículo ha sido publicado en Así Somos, revista editada por la ONCE).