Ubicado dentro del Centro Bibliográfico y
Cultural que tiene la O.N.C.E. en el número 18 de la calle La Coruña
de
Madrid, ocupa 1.500 metros cuadrados distribuidos en dos plantas, y
tanto la accesibilidad como la movilidad por su interior se encuentra acondicionada
para personas con problemas visuales y para usuarios de sillas de ruedas.
Así, además de disponer de la amplitud adecuada en puertas
y pasillos para facilitar el movimiento, cuenta con ascensor parlante con
los botones
señalados en Braille, planos en relieve de cada planta, contraste
del colorido de paredes, iluminación diferenciada y resaltado del
suelo en pasillos, escaleras y zonas de exposición.
Se divide en tres salas, que enmarcan los tres enfoques
paralelos contemplados por el museo: la sala de material
tiflológico propiamente dicho; la sala de obras realizadas por
artistas ciegos y deficientes visuales; y la sala de
reproducciones de monumentos españoles y extranjeros.
La sala de material tiflológico representa
todo lo relacionado con el mundo de la educación o la cultura a
partir
de mediados del siglo diecinueve en lo que se refiere al aprendizaje
de la lecto-escritura, el dibujo, las matemáticas y
la música. Destacan especialmente los procedimientos de escritura
alternativos a la signografía Braille, como son el sistema
Llorens, el sistema Sor y el sistema Moon, que intentaban encontrar
una fórmula de escritura válida para ciegos y videntes
simultáneamente. También hay libros escritos en sistema
Abreu, ya desusado, que estuvo vigente hasta la década de 1970-1980,
muy adecuado para la escritura de música para ciegos.
En lo que se refiere al uso del Braille, el museo
tiene entre sus fondos algunos libros escritos en francés fechados
en
1858 y 1860 en París, y lo que muy bien pudieron representar
los primeros volúmenes escritos en castellano, impresos en la
imprenta del Colegio Nacional de Ciegos en 1870 y 1873.
No faltan en absoluto los instrumentos utilizados
en los diferentes tipos de escritura en los más variados formatos,
desde
regletas perfectamente manejables hasta pautas de gran formato y peso
importante. Son, así mismo, muy variados los
procedimientos para el cálculo, que reflejan el esfuerzo realizado
por los ciegos para progresar en el dominio de esta
disciplina.
En cuanto a las primeras muestras de maquinaria tiflotecnológica
de cierta complijidad, se remontan al principio
de siglo. son máquinas de escribir en Braille de carro fijo
o móvil fabricadas a partir de 1901 en distintos países europeos.
Al margen de éstas, sobresalen especialmente por su naturaleza
una máquina para escribir en taquigrafía Braille fechada
en torno a la década de los treinta, y varias calculadoras adaptadas
para ciegos en Madrid y Barcelona, la más antigua de las cuales
fue fabricada en 1929.
Finalmente, merece resaltarse de forma extraordinaria
for su singularidad la labor desempeñada por Francisco Just i
Valentí, 1842-1926, que nos ha legado un libro de poemas titulado
Ecos de un Ciego y una colección de cuadros artísticos en
relieve para facilitar a los ciegos el estudio del dibujo, los elementos
arquitectónicos y el concepto de la estética de la época.
Profesor del colegio de Alicante,
su obra maestra fue la confección de un mapa en relieve de la península
Ibérica, que
utilizó para enseñar geografía a sus alumnos.
Se trata de un mural de grandes dimensiones elaborado a partir de un mapa
topográfico sobre el que se asientan directamente piezas de
distintos materiales, tales como cuero, papel, cartulina, ante,
telas de distintas texturas, etcétera, que diferencian unas
provincias de otras, y se utilizan cordoncillos, chinchetas y otros recursos
de relieve para señalizar fronteras, carreteras, ríos, montañas
y restantes accidentes geográficos. Está fechado
en 1879, y constituye una pieza única de indudable valor histórico.
La sala de artistas ciegos y deficientes visuales
es un mosaico de las experiencias creadoras y los descubrimientos
hechos por los autores en busca de recursos expresivos aseguibles al
tacto dentro del mundo d los sentimientos y de las ideas.
Sensaciones como el calor y el
frío, la dureza y la suavidad, la aspereza y la lisura, el volumen,
la combinación de
todas las posibilidades geométricas bidimensionales y tridimensionales
dan como resultado unos niveles de creatividad
realmente sorprendentes, que hacen que el visitante abandone su posición
de espectador y no permanezca pasivo en su relación con la obra.
Fibras textiles, madera, terracota, bronce, fibra de vidrio, son algunos de los materiales utilizados para extraerles las más singulares sensaciones táctiles y de color en la elaboración de murales y esculturas realizadas por personas ciegas y deficientes visuales en su deseo de comunicar algo y transmitir sus vivencias y su visión del mundo a los demás. Destaca "Bruma", de Sagrario Ibáñez, extraordinario trabajo en el manejo de materias textiles de origen animal y vegetal; "Amor sensorial", de Antonio Graña, confeccionado en madera, que consigue un efecto armonioso casi de pálpito humano; y "La Pareja", del mejicano Miguel Detrell, hecho en bronce, que sabe hablarnos del universo artístico del autor.
Por lo que corresponde a los fondos pictóricos
del museo, éstos son un exponente de los intentos de sus autores
para
conseguir una técnica capaz de comunicar a través del
tacto la impresión de trazo y de color como soportes del mensaje
plasmado en la obra. Destaca "mujer en fiesta", de Simeón Peña,
ejecutado con ceras, barnices, papel, y telas sobre tabla; "Arenas",
de Antonio Mesa, combina materiales que imitan la arena con otros más
suaves; y "La ermita y el progreso", de Rosa Garriga, hecho en pintura
plástica, utiliza la cerámica y el plomo para conseguir un
efecto bidimensional figurativo.
Con independencia de la oferta permanente, el museo
organiza exposiciones temporales de artistas ciegos y deficientes
visuales y de otros autores que ejecutan su obra en función
de las posibilidades de percepción y disfrute de personas ciegas.
Tal vez sea ésta una de las características más
interesantes, por lo que supone de medio para dar a conocer las obras y
la amplitud de conocer las últimas tendencias y los últimos
hallazgos alcanzados por parte de quienes están trabajando en este
campo concreto del arte.
La sala de reproducciones de monumentos, con más
de treinta obras expuestas, ocupa la primera de las dos plantas del
museo, y tal vez guarda en sí misma una finalidad de imagen
pública en mayor medida que las restantes partes. Se inspira en
una intención educativa hacia el colectivo al que se dirige,
asumiendo las dificultades objetivas de las personas ciegas y
deficientes visuales para acceder al conocimiento de monumentos y esculturas
que, debido a su naturaleza, forman parte del
patrimonio cultural de la humanidad.
En su fabricación se han utilizado resinas
de poliéster, distintos tipos de madera, piedra y otros materiales,
según las
características del original y las diferentes posibilidades
de reproducir sus detalles específicos. Las maquetas están
rotuladas
en sistema Braille y macrotipos, y cuentan con información sonora
individualizada, que se activa mediante un procedimiento
informático con la pulsación de la tecla correspondiente
a criterio del visitante.
Entre las maquetas de monumentos internacionales
expuestas, podemos destacar El Partenón, de resina de poliéster
y madera; La ciudad de Jerusalem, realizada en nogal y olivo, salvo
el Muro de las Lamentaciones, que está hecho con piedra
procedente de la propia Jerusalem; y La Puerta del Sol de Tiahuanaco
en Bolivia, elaborada en un bloque de piedra arenisca.
Entre las maquetas que reproducen monumentos o conjuntos
de interés histórico españoles, destaca La Alhambra
de Granada, elaborada en madera de haya, corcho y arpillera de algodón;
las ciudades de Avila y Toledo, hechas de madera la primera y resina de
poliéster la segunda, representan el conjunto monumental histórico
de las mismas; la catedral de Santiago de Compostela, reproducida totalmente
en cinc, bronce y estaño; el monasterio de El Escorial, que está
elaborada con piezas de diferentes maderas ensambladas; y El Acueducto
de Segovia, que está realizado en resina de poliéster y permite
apreciar al tacto los principales rasgos de su arquitectura.
Por último, queremos hacer algunas consideraciones de carácter general respecto al planteamiento del museo. Así, incluso asumiendo la restricción geográfica y la limitación temporal aludidas más arriba, se echa en falta, entre otros aspectos, la existencia de elementos relacionados con la actividad laboral de los ciegos salvo lo relacionado con la evolución histórica del Cupón Pro-Ciegos, y la aportación que en mayor o menor medida éstos han efectuado a la sociedad a lo largo de la historia de la humanidad, que en algunos casos ha sido importante.
Del mismo modo, se observa un cierto inmovilismo
desde la fecha de su inauguración en diciembre de 1994, tal vez
por la
ausencia de iniciativas encaminadas al descubrimiento de nuevos elementos
museísticos o nuevas líneas de investigación.
Finalmente, puesto que la O.N.C.E. tiene delegadas
todas las funciones específicas de atención a las necesidades
de los
ciegos españoles, el Museo Tiflológico debiera promover
de forma activa la accesibilidad de todos los museos y monumentos
culturales con el fin de que salga de la pasividad injustificada en
que se encuentra. Sólo así conseguiremos que algún
día sean
accesibles los principales museos de nuestras ciudades.