La palabra museo no es de las más usadas en
términos cotidianos. De hecho, yo la aprendí pasados los
seis o siete añosde edad, la primera vez que, siendo ciego, hicimos
una visita cultural a uno de ellos dentro de las actividades extraescolares
del colegio. Un museo era un edificio antiguo donde no se podía
hablar en alto ni hacer comentarios, había que moverse con
muchísimo cuidado y no podía tocarse nada. Los que veían
algo lo pasaban peor, intentando acercarse a las cosas o enfocar mejor
los objetos para verlos a pesar de que lo tenían terminantemente
prohibido. La persona que nos lo enseñaba nos hacía ir de
pasillo en pasillo, y nos obligaba a detenernos delante de vitrinas, expositores
o peanas, donde nos dirigía con voz engolada un pequeño monólogo
relacionado con los materiales que se exhibían. Recuerdo que al
salir, respirábamos relajados como si llevásemos mucho tiempo
reteniendo el aire, y empezábamos a temer que el profesor quisiera
comprobar lo que habíamos aprendido allí dentro. No nos habíamos
enterado de nada.
Muy diferente fue cuando visitamos unos meses más tarde un museo arqueológico, y tuvimos la oportunidad de tocar muchas de las piezas que guardaba. Todavía conservo en la memoria el tacto de una Maternidad esculpida en piedra toscamente trabajada, un menir de considerables dimensiones, o la estatua de un guerrero yacente sobre un túmulo con su cabeza separada del cuerpo y una espada en la mano. La diferencia consistía en que en esa ocasión se trataba de una visita concertada previamente, y que los guías habían recibido orientaciones precisas para facilitarles su labor con nosotros.
En la cultura griega el museo era un templo consagrado
a las musas, que se dedicaba a actividades intelectuales. Con el
tiempo se le dio este nombre a los edificios destinados al estudio
de las ciencias, letras humanas y artes liberales.
Modernamente se adjudica a los lugares en que se guardan colecciones
de objetos artísticos, científicos o de otro tipo,
en general de valor cultural, convenientemente colocados para que sean
examinados.
Otra definición de la palabra museo, conforme
a lo que refleja el diccionario, es la institución sin fines de
lucro,
abierta al público, cuya finalidad consiste en la adquisición,
conservación, estudio y exposición de los objetos que mejor
ilustren las actividades del hombre, o culturalmente importantes para
el desarrollo de los conocimientos humanos.
Relacionado con este último concepto más
amplio del término, durante este siglo los museos han ido convirtiéndose
en
un servicio público a disposición de los intereses culturales,
educativos y recreativos de la sociedad, lo que nos permite
atribuirles el derecho y la obligación de contar con el acondicionamiento
más idóneo para que todos los miembros de la
sociedad puedan acceder a los conocimientos que encierran.
Sin embargo, son muy pocos los que han tenido en
cuenta esta perspectiva en el momento de su creación, y tampoco
demasiado numerosos los que han modificado sus proyectos originales
para ampliar el número potencial de sus visitantes,
poniendo los medios para su aprovechamiento por las personas que no
reúnen rigurosamente todas las características de lo que
se considera el tipo de ciudadano medio.
Y ello a pesar de que cada vez está más
asumido por los poderes públicos el derecho de las personas con
necesidades
especiales a recibir igualdad de atención que el resto de ciudadanos.
Por otra parte, hay que tener en cuenta que el grupo
de personas a los que beneficiaría esta medida es más numeroso
de
lo que en un principio podría suponerse, puesto que comprende
también a los niños, las personas mayores de edad y los
temporalmente disminuidos por circunstancias transitorias.
Se trata fundamentalmente de un problema de mentalización, como se demuestra en algunas de las experiencias llevadas a cabo en algunos Museos y Exposiciones que tratan de concienciar al visitante común con los problemas de otros conciudadanos suyos. Así el museo de niños de Boston en Estados Unidos realiza una importante tarea de concienciación haciendo que los visitantes puedan conocer por sí mismos los problemas de movilidad, accesibilidad y comunicación de personas con minusvalías físicas, psíquicas y sensoriales, dando la oportunidad de utilizar sillas de ruedas, distintos lenguajes de comunicación y modernos aparatos específicos para el acceso a la información y la cultura.
En otros casos, en que se han abierto exposiciones
temporales accesibles o se han adaptado para ciegos algunas
partes de un museo, son numerosos las personas sin necesidades especiales
que reclaman su derecho a tocar los objetos, escuchar las explicaciones
pregrabadas y examinar los fondos expuestos valiéndose de accesorios
ópticos adicionales. Podría decirse que la observación
visual crea una idea insuficiente de las cosas, y que las personas necesitan
completar su primera impresión utilizando el resto de los sentidos:
tocándola para confirmar su textura, su volumen y su forma; golpeándola
suavemente para percibir los mil matices de su sonido; tal vez, incluso
oliéndola o gustándola, según la materia de que se
trate, para disfrutar también de las gratísimas sensaciones
de estos dos últimos sentidos, que por alguien podrían considerarse
como menores.
La importancia de un museo no depende de la cantidad de personas que recibe diariamente, ni tampoco del número de tesoros que custodia o los metros cuadrados de sus instalaciones. Lo más valioso de un museo es el procedimiento utilizado para comunicar con la sociedad y la posibilidad real de contribuir positivamente en la experiencia vital del visitante.
Los sistemas de adaptación empleados en estos
centros de cultura enriquecen al museo y facilitan la comprensión
y la
sensibilización social. En ocasiones, puede tratarse de la rotulación
especial de textos o indicadores de obras, o bien de
diferentes sistemas de apoyo audiovisual o informático. Otras
veces, conviene recurrir a la elaboración de materiales en
relieve, confección de maquetas, o realización a escala
de esculturas. Muy importante, en todos los casos, es eliminar las
barreras arquitectónicas y ambientales, y contar con guías
formados adecuadamente para comunicar y relacionarse con personas que presentan
diferente tipo de necesidades. En todo caso, de ningún modo van
en perjuicio de los fines fundamentales del museo sino todo lo contrario,
y este mismo argumento permite exigir su adaptación inmediata puesto
que, aun cuando el número de visitantes con necesidades especiales
fuese muy bajo, se beneficiarían directamente todas las personas
que recorriesen las instalaciones. De hecho, tal y como prueban las experiencias
desarrolladas en este sentido, disponer de maquetas a escala de monumentos
o esculturas inaccesibles en su totalidad por su tamaño o el lugar
de ubicación, permite captar tanto a personas ciegas como a videntes
una imagen global del valor artístico imposible de alcanzar por
otro procedimiento, lo que demuestra las enormes ventajas que aporta la
accesibilidad de los museos a todas las personas y a todos los sentidos.
Por lo que se refiere específicamente a museos
accesibles para personas ciegas o deficientes visuales, son muy pocos los
que presentan esta condición con carácter global. Es
más común la adaptación de alguna sala o parte de
las instalaciones para
que pueda ser visitada por personas ciegas o deficientes visuales o,
más bien, los que organizan exposiciones temporales
expresamente diseñadas para esta finalidad.
En España, al margen del Museo Tiflológico
de Madrid, que merece un tratamiento independiente por sus peculiaridades
singulares, se han desarrollado diversas iniciativas para que los ciegos
puedan aprovechar mejor sus visitas tanto a museos
propiamente dichos como a otros centros monumentales, si bien está
muy lejos de alcanzar un nivel mínimamente aceptable, muy lejos
todavía del que presentan algunos países europeos.
Conviene destacar el Museo Provincial de Arqueología
de Huelva, que dispone de folletos y rótulos en sistema Braille,
y
los guías han sido formados para atender a las necesidades especiales
de personas ciegas y deficientes visuales.
En Guernica existe un museo sobre el bombardeo que
sufrió esta población en 1937, que cuenta igualmente con
folletos
impresos en sistema Braille lo que, unido a las explicaciones de los
guías expertos, se considera suficiente adaptación para un
buen aprovechamiento de la visita para los ciegos.
En la comunidad autónoma de Cataluña
existen varios monumentos que han sido adaptados para ser visitados por
personas
ciegas o en sillas de ruedas, por lo que están dotados de rampas
o elevadores accesibles y folletos o indicadores impresos en
macrotipos y en sistema Braille. Algunos de ellos disponen de maquetas
a escala del monumento o de alguna parte del mismo. Se encuentran adaptados
entre otros el Monasterio de Sant Cugat del Vallés, el Monasterio
de Santes Creus y la Catedral de Lleida.
Las ciudades de ávila y Toledo cuentan con
interesantes colecciones de láminas en relieve de su patrimonio
artístico, que
complementan perfectamente nuestro recorrido turístico por estas
ciudades.
El museo de arte romano de Mérida organizó
en 1994 una interesante exposición bajo el lema de "Se ruega tocar",
en la
que se desarrollaron las más diversas técnicas de accesibilidad.
Aunque se tratara de una actuación temporal, introdujo nuevas
sinergias en las funciones de los guías del museo, que han hecho
posible que, hoy en día, permanezca vigente la posibilidad
de
tocar para las personas que lo necesiten.
.
Finalmente, conviene dejar claras dos cosas que
son, al mismo tiempo, la expresión de dos deseos insatisfechos:
La
primera de ellas es la situación bajo mínimos en que
se encuentra la accesibilidad de museos y centros de interés cultural
para que puedan ser utilizados por personas que no disfrutan en plenitud
de todas sus facultades físicas, psíquicas y sensoriales;
La
segunda, que no se dispone de un canal estable para conocer los lugares
con accesibilidad para que, los pocos que existen, puedan ser conocidos
y visitados con mayor frecuencia por todos los que lo deseen. El día
que hayamos superado estas dos contingencias, habremos logrado una sociedad
más madura y más justa. Habremos logrado crear una nueva
conciencia capaz de abrir los Museos a todos los sentidos y supeditar el
resto de intereses a la igualdad de todas las sensibilidades de los ciudadanos
del mundo.