REHABILITACIÓN DE PERSONAS DISCAPACITADAS VISUALES.

UN SERVICIO BÁSICO.

MANUEL CEJUDO.
Exdirector del C.E.R.B.V.O.

 Para escribir al autor

    REHABILITACIÓN DE PERSONAS DISCAPACITADAS VISUALES, UN SERVICIO BÁSICO.

INTRODUCCIÓN.
 

El presente artículo está especialmente dirigido a usuarios y potenciales usuarios de este tipo de servicios. Para los primeros, porque supone una reflexión que intenta reforzar el interés por la continuidad en el uso de las técnicas de autonomía aprendidas, y una advertencia acerca de los riesgos de abandono que pueden sobrevenir con el paso del tiempo. Para los segundos, con la intención de despertar en ellos el afán por mejorar su desenvolvimiento personal en la cotidiana interacción con un mundo, que puede ser más amplio que el que manejan sin la rehabilitación.

Adicionalmente, mi aportación pretende ser una llamada a los profesionales que trabajan con esta población (no siempre suficientemente mentalizados acerca del interés que tiene este área de intervención) para que colaboren en la extensión de la información y recomienden el servicio a los beneficiarios con la necesaria convicción.

La oportunidad de un escrito de esta naturaleza puede estar en el hecho, ampliamente constatado, de que, a pesar de ser bien conocida la existencia de servicios de rehabilitación (tanto para personas ciegas como con baja visión) no se hace un uso de ellos proporcional al potencial que tienen para mejorar la calidad de vida.
 

RESUMEN.
 

En la primera parte de este artículo se exponen los objetivos generales y específicos que se persiguen en un proceso rehabilitativo. En la segunda, se ofrece la estructura que siguen los programas iniciales, a fin de orientar la reflexión del lector sobre la tercera parte, en la que se pretende demostrar que todos los afectados de discapacidad visual, incluidos los que se consideren más experimentados en el manejo de las técnicas de autonomía personal, pueden beneficiarse de alguno de los tres programas que aquí se presentan (inicial, de reciclaje, y el de ampliación de objetivos) para alcanzar mayores cotas de independencia en su desenvolvimiento.

En la cuarta parte, se analizan varias de las causas por las que algunos potenciales usuarios rechazan la idea de participar en un programa rehabilitador y aquellas por las que ciertos usuarios abandonan las prácticas aprendidas en el transcurso de su propia rehabilitación. Para finalizar, un epílogo; una apuesta por la libertad, un apunte de reflexión en el que se valoran actitudes potenciadoras de un crecimiento personal sostenido.

- I -

OBJETIVOS DEL PROCESO REHABILITATIVO.
 

1.- OBJETIVOS GENERALES.

Es fácil imaginar que el objetivo global del proceso rehabilitador es el de conseguir que el usuario recupere la máxima autonomía personal posible, realizando, con eficacia, todas las actividades que le relacionan consigo mismo y con su entorno.

En un intento de desglosar este gran objetivo se considerarán como objetivos generales:

a) la aceptación de la pérdida visual, ya sea total o parcial;

b) la adaptación a las condiciones de desenvolvimiento impuestas por la nueva situación; y

c) el aprendizaje y dominio de estrategias de funcionamiento adecuadas a sus posibilidades actuales que hagan viable la realización de las actividades con las que el usuario esté comprometido en el ámbito personal, educativo, laboral, de tiempo libre y en el de sus relaciones con los demás.

2.- OBJETIVOS ESPECÍFICOS.

2.1. DE LA ACEPTACIÓN.

Para las personas que acceden a la ceguera o baja visión en edad adulta la aceptación de la nueva situación no es tarea fácil y puede conllevar un período de tiempo dilatado. Hasta tal punto esto es así que, un nada despreciable número de personas adultas portadoras de la discapacidad visual desde el nacimiento o la infancia muestran tener carencias en la aceptación de su problemática lo que, sin duda, dificulta su adaptación y posterior desarrollo de las capacidades determinantes de un óptimo desenvolvimiento. OBJETIVOS:

a) Remontar la fase de duelo por la pérdida visual;
b) Encontrar la paz interior;
c) Recuperar la autoestima...

2.2. DE LA ADAPTACIÓN.

La adaptación del usuario al desenvolvimiento de una vida en condiciones de ceguera o baja visión implica, en primer lugar, un acto de voluntad por el que el sujeto decide incorporarse a las pautas de funcionamiento que conectan las capacidades personales con las exigencias impuestas por una forma de vivir en la que se sustituye, total o parcialmente, la percepción visual por la utilización experta de los demás sistemas perceptivos, lo que implica ciertos cambios en la conducta. OBJETIVOS:

a) Desarrollar, por separado, el pensamiento a través de las distintas claves sensoriales: visual, (cuando exista remanente) para cumplimentar todas aquellas actividades que puedan realizarse con el concurso de la visión de manera fiable; táctil, para conocer el mundo más inmediato de forma analítica; auditiva, para evaluar la información del entorno a media distancia; y olfativa, que proporciona acceso a valiosas referencias de tipo ambiental.

Hay que señalar que en la práctica se procederá integrando todas estas claves informativas, pero es necesario dominarlas por separado y ser conscientes de su utilización específica, según la necesidad lo demande.

b) Aceptar, con dignidad, ciertos niveles de dependencia de los demás. Esta aceptación no debe sobrepasar el límite de lo razonable, es decir, se solicitará ayuda siempre que no se pueda resolver la demanda del momento con eficacia y seguridad.

2.3. DEL APRENDIZAJE DE ESTRATEGIAS DE FUNCIONAMIENTO.

Dada la carencia visual se impone la necesidad de sustituir las estrategias de funcionamiento basadas en referencias visuales por otras en las que intervienen uno o varios de los restantes sentidos (todo aquello que no pueda hacerse con el concurso de la visión debe realizarse con la participación de los demás sistemas perceptivos, aunque ello suponga un nuevo aprendizaje). Cada uno de los aprendizajes y su dominio constituye en sí mismo un objetivo. OBJETIVOS:

a) Orientación y movilidad: utilización, en su caso, de los medios auxiliares que se precisen (bastón, telescopio, perro guía, instrumentos electrónicos, etc.).
b) Habilidades de la vida diaria: aseo personal, manejo en la mesa, atención a las tareas del hogar y de las personas a su cargo, etc.
c) Acceso a la información: lecto-escritura en braille, Libro hablado o en caracteres visuales, según el caso.
d) Trabajo: uso de las adaptaciones instrumentales y metodológicas adecuadas.
e) Ocio: mediante las adaptaciones metodológicas y ambientales que se precisen.

Las personas con baja visión pueden aprender a utilizar, con otros medios materiales y otras estrategias, su visión remanente, optimizando así su uso y recuperando habilidades visuales perdidas, tales como: lecto-escritura, ver televisión, trabajar con ordenadores, realizar actividades manuales, acceder a la información escrita existente en la vía pública, interiores de edificios, ámbitos comerciales, etc., participar visualmente en espectáculos, contemplar paisajes etc. etc.
 

- II -

ESTRUCTURA DEL PROGRAMA INICIAL DE INTERVENCIÓN REHABILITATIVA.
 

Consideraremos aquí el programa inicial, en síntesis, para facilitar una información global que permita formar una idea de lo que puede conseguir un usuario, en condiciones normales.

1.- EVALUACIÓN DE LA SITUACIÓN INICIAL Y FORMULACIÓN DE OBJETIVOS ESPECÍFICOS.

Los objetivos de un programa inicial de rehabilitación se establecen de manera personalizada y en función de las capacidades, necesidades y deseos del usuario; por ello el proceso comienza con una evaluación de la situación en el punto de partida.

El equipo rehabilitador considerará las circunstancias personales, familiares y del entorno que concurren en el usuario. Después evaluará las condiciones de funcionamiento actual y hará una proyección de las actividades que puede llegar a realizar mediante la rehabilitación, permitiéndole recuperar la normalidad en una vida activa acorde con sus circunstancias.

Los usuarios con baja visión tendrán, además, una evaluación clínica y funcional de su visión remanente y la prescripción de las ayudas visuales necesarias para iniciar el tratamiento.

A continuación, y como resultado de una completa evaluación, se diseña un programa de intervención compatible con las capacidades del usuario y comprensivo de todas las necesidades actualmente sentidas por él. No olvidemos que cada edad y cada situación particular plantean necesidades concretas.

2.- PROGRAMA DE INSTRUCCIÓN.

A.- AREA DE PSICOLOGÍA.

Establecidos los objetivos a alcanzar puede determinarse que el usuario necesita ayuda en su proceso de aceptación de la discapacidad y su adaptación a la nueva forma de vida impuesta por la misma. En este caso intervendría el Psicólogo, realizando una terapia que puede ser: individual, con la participación de familiares, y en grupo, según lo demande el caso.

Es de señalar la importancia que, para conseguir estos objetivos, tiene la convivencia del sujeto con otras personas que se encuentran en la misma situación de discapacidad; dado que cada cual tiene su manera particular de enfrentar la situación, desarrollando recursos de manejo propios, la interacción en esta etapa resulta estimulante para todos.

B.- AREAS DE ORIENTACIÓN - MOVILIDAD Y DE HABILIDADES PARA LA VIDA DIARIA.

Aquellas personas que necesitan instrucción en el área de Orientación y movilidad y en la de Habilidades para la vida diaria seguirán un programa cuyos enunciados más comunes son los siguientes.

Orientación y movilidad:

-- Desplazamiento por espacios interiores conocidos.
-- Idem, por interiores desconocidos.
-- Desplazamiento por espacios exteriores conocidos.
-- Idem, por exteriores desconocidos.
-- Desplazamiento por espacios de especial complejidad (estaciones de ferrocarril, aeropuertos, grandes superficies comerciales, etc.).

Habilidades para la vida diaria:

-- Aseo personal y cuidado de su ropa.
-- Tareas domésticas: mantenimiento de la ropa, limpieza y ordenado de la casa, tareas de cocina, atención a niños y enfermos, etc.
-- Gestión del hogar: compras, control de la economía...
-- Cualquier otra actividad que el usuario desee realizar para hacer frente a sus responsabilidades en el día a día.

Las personas con baja visión aprenderán a resolver todos estos problemas incluyendo el uso de las ayudas especiales de prescripción que resulten más adecuadas para cada una de las tareas descritas a lo largo de este apartado B.-.

C.- AREA DE COMUNICACIÓN.

Es fundamental el adiestramiento de los usuarios en un código de lecto-escritura para que puedan tener acceso a la información escrita; de ahí la instrucción en el código braille, el manejo de los textos grabados en cinta (Libro Hablado) y la conservación de la escritura convencional hecha a mano. Para los que mantengan suficiente remanente visual, la instrucción incluye el acceso a la lectoescritura convencional mediante el uso de las ayudas especiales de prescripción con los aumentos necesarios para cada tamaño de letra.

D.- TERAPIA OCUPACIONAL.

El advenimiento de la pérdida visual conlleva, en mayor o menor medida, una problemática de tensiones que se manifiesta en la motricidad, tanto gruesa como fina. Cuando estos problemas afloran, de manera relevante, influyen en el desarrollo del sentido de la orientación y en la destreza para el manejo del propio cuerpo. La intervención del Terapeuta tenderá entre otras cosas a:

-- Relajar toda la actuación del "instrumento cuerpo",
-- Recuperar la coordinación psicomotriz ,
-- Desarrollar la destreza manual, tan necesaria para progresar en la utilización del tacto como medio de acceso a la información, en general, y al uso del sistema de lecto-escritura braille, en particular.

E.- TIFLOTECNOLOGÍA E INSTRUMENTOS AUXILIARES.

Existe una serie de instrumentos especialmente diseñados o adaptados para ser utilizados por los discapacitados visuales que favorecen su desenvolvimiento en actividades diversas.

Algunos responden al desarrollo de una avanzada tecnología (lupatelevisión, acceso a productos informáticos mediante salidas en braille, lenguaje sintético o ampliación de imágenes) en cambio otros son muy sencillos (relojes, medidores diversos, útiles para el hogar, adaptaciones de electrodomésticos, etc.). El objetivo de esta parte de la rehabilitación será el de despertar el interés del usuario por el manejo de tantas ayudas como le sean de utilidad, teniendo en cuenta sus necesidades y posibilidades.

F.- ENTRENAMIENTO EN EL USO DE AYUDAS VISUALES.

En los apartados B.- y C.- se ha hecho referencia expresa al uso de ayudas especiales para personas con baja visión. En este apartado F.- se pone el énfasis en la idea de que éstos usuarios requieren instrucción especializada en el conocimiento de su remanente visual, con sus ventajas y limitaciones; y que también necesitan entrenamiento para alcanzar el manejo experto de las ayudas especiales de prescripción recomendadas para cumplimentar las distintas tareas que pueden ser realizadas con el concurso de su visión.

3.- DESPUÉS DEL PROGRAMA INICIAL.

La reacción mayoritaria de las personas que concluyen con éxito un programa inicial de rehabilitación es de entusiasmo y gran reconocimiento por los logros alcanzados. No es para menos. Una persona que no podía salir sola a la calle o que era incapaz de leer un periódico, se siente ahora realmente feliz al comprobar que ha recuperado éstas u otras de las habilidades que a ella le permiten sentirse más independiente.

El usuario se encuentra en este momento seducido por el descubrimiento de logros para él inesperados, y no suele asumir que la tarea es mucho más larga, que hace falta bastante tiempo de práctica para dominar las técnicas aprendidas, automatizarlas, e integrarlas en la realización de las actividades cotidianas.

Por ello, conviene advertir a los usuarios que el proceso rehabilitador, tal como se ofrece en cualquier programa especializado, no puede pretender otra cosa que:

-- mostrar al usuario que existe un camino hacia la autonomía.
-- enseñarle cómo se transita y,
-- demostrarle que él puede recorrerlo por sus propios medios, con la ayuda de las técnicas instruídas y los instrumentos prescritos.

El éxito dependerá, fundamentalmente, de su motivación; de la continuidad en el esfuerzo que conlleva la práctica diaria; del interés por la detección de nuevos objetivos específicos que adiestrar; y, de la colaboración que encuentre en sus familiares o personas significativas del entorno.

En definitiva, el compromiso de un programa inicial de rehabilitación no puede ser otro que el de situar al usuario en un proceso de crecimiento personal; eso sí, debidamente instrumentado para abordarlo mediante técnicas y estrategias profesionalmente diseñadas e instruídas. En ese proceso de crecimiento, el usuario debe explorar sus capacidades y encontrar respuestas a sus necesidades a través de los aprendizajes incorporados y en los que incorporará en posteriores intervenciones de reciclaje o de ampliación de objetivos.
 

- III -

TODOS PUEDEN BENEFICIARSE.
 

En la etapa escolar, el tratamiento educativo de los discapacitados visuales persigue la habilitación de todas aquellas capacidades que quedan ralentizadas o impedidas por la incidencia de la discapacidad. Mediante las técnicas y criterios de la rehabilitación se establecen estrategias para el desarrollo de habilidades en el desplazamiento, aseo personal, ocio, relaciones sociales... Una intervención profesional periódica de seguimiento es necesaria para ir adaptando las técnicas instruidas a las nuevas demandas que acompañan al desarrollo del escolar.

Los adultos en edad laboral pueden responsabilizarse de un empleo, con normalidad, si logran la movilidad independiente necesaria para llegar a su centro de trabajo y desenvolverse en sus instalaciones; y si cuentan con la formación profesional requerida y con las adaptaciones que se precisen para el uso de materiales e instrumentos específicos del puesto de trabajo. La intervención posterior de los profesionales rehabilitadores servirá para actualizar su capacidad de manejo en instalaciones e instrumentos (cuando se produzcan cambios) y para reforzar habilidades aprendidas y no suficientemente afianzadas.

Se puede mejorar la calidad de vida en la tercera edad si, mediante el programa adecuado, se logra recuperar, en alguna medida, la habilidad suficiente para realizar aquellas actividades que le son propias en función del estado de conservación de las restantes capacidades. Con esta población se hace necesaria la intervención posterior de los profesionales rehabilitadores en programas de reciclaje, dada las dificultades asociadas a la edad en materia de asimilación de nuevos aprendizajes .

- IV -

CAUSAS DE RECHAZO Y ABANDONO MÁS FRECUENTES.
 

CASO ESPECIAL: Falta de información.

Hay que pensar en una realidad cotidiana y común a todos los países y ámbitos que no puede considerarse como causa de rechazo ni de abandono, simplemente de no participación. Nos referimos al desconocimiento de la existencia de servicios especializados para ciegos y deficientes visuales.

Las personas que llegan a una de esas dos situaciones en edad adulta no suelen conocer el fenómeno que ahora experimentan en carne propia; probablemente, ni siquiera han conocido a alguien que se encontrase en similares circunstancias y, desde luego, no están informadas de la existencia de programas de rehabilitación para atender su caso. Por esta razón, una vez recorrido el inevitable sendero médico-oftalmológíco, finalmente sin éxito, se quedan en casa sumidas en un estado lamentable de desorientación y desesperanza.

CAUSAS DE RECHAZO.

Nos referiremos ahora a personas conocedoras de la existencia de estos servicios. ¿Cómo se entiende que haya potenciales beneficiarios que rechacen la participación en un programa rehabilitativo? Sin ánimo de agotarlas expondremos aquí algunas de las principales razones.

A) NO ACEPTACIÓN DE LA DEFICIENCIA VISUAL.

La persona que permanece anclada en esta etapa del proceso (ya mencionada en -Objetivos Generales... apartado a-) por más tiempo del que podría considerarse como normal, no se hace cargo de las consecuencias que conlleva su situación ni de cuales son sus posibilidades para el abordaje de estrategias que puedan dar soluciones al problema planteado. En este tiempo el afectado rechaza cualquier ayuda refugiándose, muchas veces, en la autocompasión "esto me pasa a mí por que no veo o por que veo mal"...

La no aceptación más radical es la negación del problema. En estos casos se produce en la persona un bloqueo que le impide hacer todo aquello que le identifique como ciego o deficiente visual, como: utilizar, en público, bastón o ayudas ópticas especiales para baja visión...

B) FALTA DE ADAPTACIÓN.

El individuo puede haber aceptado su deficiencia pero no estar adaptado a ella ya sea: por insuficiente conocimiento del manejo de la nueva situación, o por falta de afirmación en sus capacidades personales para sobreponerse a ella.

Hay diversas razones que justifican el retraso en la superación de esta etapa, entre otras:
-- la esperanza de curación (que retarda el posicionamiento en la nueva realidad);
-- una situación depresiva, reforzada por factores personales anteriores al advenimiento de la deficiencia, que bloquea al individuo impidiéndole adoptar actitudes de entrega a nuevas experiencias.
-- razones ambientales, la más frecuente es la superprotección, que incide negativamente en todo el proceso psicológico desencadenado con el advenimiento de la deficiencia;
-- y otras.

C) DESCONFIANZA EN LOS SERVICIOS.

La desconfianza en las virtualidades que se predicen de la aplicación de los programas rehabilitativos se debe a deficiencias informativas, o al ejemplo que dan en su entorno aquellas personas que no han tenido éxito al finalizar su programa.

D) RAZONES DE ESTÉTICA.

Hay personas que, aún estando en general bastante adaptadas a la situación de deficiencia, se niegan a portar un bastón o un telescopio montado sobre gafas (lo que les facilitaría una deambulación independiente y segura o el acceso a la información visual a distancia) sólo porque se verían raros desde el punto de vista estético. Cuando alguien explica que la rehabilitación puede incluir el uso de este tipo de ayudas se niegan, pensando que todo el mundo se quedará mirándolos, situación que consideran inaceptable.

E) CONFORMISMO.

Es frecuente ver personas que se conforman con un alto nivel de dependencia de los demás, aceptando que eso es así como consecuencia lógica de la pérdida visual. No tienen mayor ambición y no quieren seguir luchando, ¿para qué?.

F) COMODIDAD.

Las personas afectadas que se encuentran inmersas en un ambiente de cierta protección tienden a perder la perspectiva de las ventajas que conllevaría el vivir con un alto grado de independencia (mayor libertad de movimientos, protección de la intimidad personal...) Resulta tan cómodo que alguien les acompañe siempre y a todas partes que pueden sentirse identificados con esa forma de vida, aunque ello suponga la reducción voluntaria de su campo de interacción.

CAUSAS DE ABANDONO.

Es relativamente frecuente que los usuarios de un programa de rehabilitación abandonen, con el tiempo, total o parcialmente las técnicas instruidas o los instrumentos prescritos para baja visión. las causas son múltiples, por lo que aquí sólo señalaremos las que consideramos más frecuentes.

1. CAUSAS ATRIBUÍBLES A LA APLICACIÓN DEL PROGRAMA.

Un buen número de abandonos se puede atribuir a circunstancias acompañantes al momento de la instrucción o al insuficiente seguimiento de los programas. Podríamos mencionar algunos:

-- No se instauraron con la suficiente firmeza las técnicas instruidas.
-- No se automatizaron las estrategias de actuación.
-- No se relacionaron directamente los objetivos y las necesidades conscientemente sentidas por el usuario.
-- No se hizo un seguimiento adecuado que permitiese detectar y corregir, a tiempo, las dificultades surgidas.

2. PROBLEMAS RESIDUALES DE ACEPTACIÓN.

A veces, durante años, puede subsistir, de manera larvada, un cierto grado de inaceptación de la discapacidad que impide al sujeto la permanencia en el uso de técnicas y recursos rehabilitativos. Esta situación puede pasar desapercibida para el equipo rehabilitador e incluso para el propio usuario, que se niega a admitirla.

Cuando esto ocurre y se acepta la finalización de un programa, aún cuando no se hayan superado plenamente los objetivos específicos, los resultados se verán interrumpidos, ya que la inaceptación es una causa profunda que altera total o parcialmente todo el proceso.

3. FALTA DE MOTIVACIÓN.

Son muchas las razones que, en cualquier edad, pueden llevar al usuario a desinteresarse y abandonar unos medios que le permitieron mayores niveles de autonomía:

-- desánimo, ante la ausencia de apoyo una vez concluido el programa;
-- no tener objetivos claros para hacer una vida independiente (laborales, afectivos...);
-- abandono por acumulación de problemas asociados a la edad;
-- desistimiento en el esfuerzo continuado, al irse instalando su vida en ámbitos más cómodos...

Esta última razón merece un comentario. El usuario desiste porque no encuentra relación entre el esfuerzo y los logros alcanzados. Es indudable que el manejo autónomo de todas las actividades del día a día, en condiciones de ceguera o deficiencia visual, conlleva una tasa de esfuerzo superior a la media de la que se requiere en circunstancias similares pero con visión normal. Por ello hemos podido observar a personas que han mantenido buenos niveles de autonomía durante años y que han terminado desistiendo en el momento de contraer matrimonio o por que sus medios económicos le permitían utilizar transporte privado y la ayuda de segundas personas.

4. DEFICIENTE AUTOESTIMA.

Cuando no se recuperó el nivel adecuado de autoestima o las circunstancias del entorno no favorecen su desarrollo (por superprotección, p.e.) se deteriora la posibilidad de crecimiento personal, invirtiéndose la tendencia y dando como resultado la restricción progresiva de los hábitos de autonomía que pudieran haberse alcanzado.
 

- EPÍLOGO -

APUESTA POR LA LIBERTAD.
 

Para finalizar nos gustaría dejar constancia expresa de nuestra comprensión para con las reacciones de los discapacitados pero también con un mensaje de estímulo.

Es comprensible que la persona que accede a la ceguera o deficiencia visual atraviese su etapa de miedo, incluso terror ante lo desconocido -una reacción común a todos los humanos, por cierto- pero ya no sería tan comprensible la permanencia en este sentimiento cuando se ha aprendido a convivir con la discapacidad y se tienen recursos para resolver los problemas que comporta (situación esperable en quien ha sido habilitado o rehabilitado una vez contraída la discapacidad).

El miedo agarrota, el terror paraliza. La acción habilitadora-rehabilitadora distiende, da confianza y permite avanzar en una experiencia de afirmación personal. Lo que hace falta es que el sujeto quiera ser tan autónomo como sea posible, a pesar del esfuerzo que ello conlleve y valorando sus capacidades con realismo; en última instancia, que decida plantar cara a su situación desventajosa en aras de la conquista de un bien tan preciado como lo es su propia libertad.

Tanto el equipo rehabilitador, como los familiares y otros agentes de servicios especializados que tengan relación con el individuo discapacitado deberían ayudarle a descubrir las excelencias de la mínima dependencia de los demás (nunca estarán las cosas hechas tan a nuestro gusto como cuando las hacemos nosotros mismos según nuestro deseo).

-- Pensar en que podemos salir de casa cuando la situación lo requiera, sin tener que esperar a que los demás vengan o tengan tiempo para acompañarnos,
-- poder leer una carta o nota de carácter confidencial sin tener que compartir la intimidad con el más inmediato, alguien al que quizá no deseamos hacer partícipe de la misma,
-- poder aspirar a un trabajo en razón exclusiva de nuestra preparación y valía, en igualdad con los demás,
-- interactuar en sociedad con el mínimo de trabas atribuibles a nuestra discapacidad...

Son retos fascinantes que, en una u otra medida, están al alcance de todos los portadores de ceguera o baja visión, siempre que haya la determinación de conseguirlos y se utilicen los recursos profesionales existentes para aprender, desarrollar y mantener las técnicas especiales de manejo disponibles en el campo de la rehabilitación.

Todos deberíamos ser conscientes del valor básico de la autonomía personal ya que ésta, no sólo permite optimizar nuestra calidad de vida sino que nos abre amplias puertas al ejercicio de la libertad, componente imprescindible del sentimiento de dignidad.

NOTA: Este artículo ha sido publicado en la revista "DISCAPACIDAD VISUAL HOY", Nº 7, Buenos Aires, Junio de 1999
 

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