Por Manuel Costa Romero de Tejada
Correo Electrónico: mcosta@eresmas.net
Uno de los cambios que las tecnologías de la información
está provocando en nuestra sociedad es la progresiva expansión
de los libros electrónicos, llamados
también libros digitales. El éxito de la obra del escritor
Stephen King "Riding the Bullet", publicada en 1999 únicamente en
formato electrónico y de la
que se vendieron más de medio millón de ejemplares en
pocos días, sirvió para demostrar que el cambio previsto
ya está ocurriendo y es una realidad visible.
En aquel momento los expertos se pusieron a discutir sobre si
el libro electrónico iba a sustituir a la larga al libro tradicional,
que pasaría a convertirse
en un objeto de coleccionista o de museo, o si ambos se iban a usar
de forma complementaria. Los partidarios de la primera predicción
están convencidos
de que las enormes ventajas económicas del libro electrónico
en las áreas de producción, distribución y almacenamiento
compensarán su menor comodidad de
lectura. Esta euforia se apagó en gran medida cuando se vió
que el éxito de King no ha tenido sucesores. El propio King fracasó
en su segundo proyecto
cuando intentó vender un nuevo libro por entregas directamente
desde su propia página web y tuvo que cancelar la publicación
del libro a los pocos capítulos
debido a su escaso éxito de ventas, motivado en gran parte porque
el libro se pirateaba en vez de ser comprado. Aunque algunos hablan ya
del fracaso del
libro digital, lo único cierto es que se había sido denasiado
optimista en todo lo referente a la explosión del comercio en Internet
y los libros son sólo
un reflejo de la crisis en que este sector ha caído. Es indudable
que tarde o temprano el mercado electrónico madurará y los
libros digitales representarán
un sector importante del mismo.
La polémica sobre la convivencia del libro digital con
el libro en papel importa poco a las personas ciegas o con dificultades
visuales graves, porque
no pueden disfrutar de la comodidad de los libros tradicionales, y
las alternativas de las que disponen actualmente no son claramente más
cómodas que las
soluciones para leer libros electrónicos. Tanto los impresos
en Braille como en grandes caracteres o las grabaciones en cinta magnética
son costosos y
voluminosos. En consecuencia, la cantidad de libros disponibles en
estos formatos es siempre insuficiente. El libro electrónico, en
cambio, ofrece la oportunidad
de poder acceder a las mismas ediciones que usan las personas sin problemas
visuales, siempre que se disponga de aparatos lectores adecuados. Incluso
en
el caso de los formatos especializados, como el Braille, la edición
es mucho más rápida y económica cuando se prescinde
del papel, y al mismo tiempo solventa
su principal inconveniente: el tamaño. En resumen: para nuestro
colectivo sólo hay ventajas, y nos interesa apoyar todo lo que se
haga para difundir los
libros electrónicos.
Conviene señalar que algún autor denomina libros digitales
a los contenidos y reserva el nombre de libro electrónico para los
dispositivos físicos que pueden
leer libros digitales. Es indudable que esta terminología es
la más correcta, pero me temo que ya es imposible evitar que se
use el nombre de libro electrónico
para referirse a los contenidos, igual que se dice correo electrónico
en lugar del más correcto correo digital. Por esta razón,
este artículo hablará de
libros electrónicos o digitales para referirse al contenido,
y de sistemas de lectura para referirse a cualquier conjunto de hardware
y software que permita
acceder a dicho contenido.
Este artículo describe el estado actual (verano 2001) de los
libros electrónicos. Empieza estudiando la evolución de la
informática que nos ha conducido
hasta la aparición de los libros electrónicos como una
especialización de los textos digitales. Después se describen
los distintos formatos que se usan
para los ficheros electrónicos que contienen estos textos digitales,
ya que son el equivalente al papel de los textos convencionales y hasta
que no se
llegue a un acuerdo definitivo sobre el formato a emplear para los
libros no se podrá considerar maduro su mercado. Después
viene el núcleo del artículo
describiendo los distintos sistemas de lectura que buscan la aceptación
de los usuarios, destacando la diferencia entre los sistemas que usan la
voz y
los que se basan en la imagen. Los primeros se han creado para ayudar
a leer cualquier tipo de texto digital y muchos de ellos han nacido con
el propósito
de ayudar a las personas con discapacidad visual, pero son los segundos,
basados en la mejora de la visualización de los textos, los que
son el resultado
más reciente de la evolución que nos ha traído
el concepto de libro digital. El artículo continúa con una
breve descripción de los sistemas que se usan
para producir libros digitales, pues muchos lectores pueden sentir
interés por la posiblidad de crear su propio libro; también
se incluye en esta sección
una corta descripción sobre cómo crear un texto en braille
digital. Después se comenta el difícil problema de la gestión
de los derechos de propiedad de
los libros digitales, verdadero campo de batalla donde se juega realmente
el futuro del libro electrónico. La constatación de que este
problema no está
todavía resuelto satisfactoriamente nos lleva a las conclusiones
finales, en donde se dedica especial atención a como las personas
ciegas o con baja visión
nos vamos a ver afectados por la existencia de este nuevo desarrollo
tecnológico.
El índice del artículo es por lo tanto el siguiente:
•
1.- Evolución
de las aplicaciones informáticas hasta los sistemas de lectura
•
2.- Formatos de
los libros electrónicos
•
2.1.- Formatos de texto
•
2.1.1.- Texto plano
•
2.1.2.- Texto estructurado
•
2.2.- Formatos
de libros hablados y multimedia
•
2.3.- El problema
de los derechos de autor
•
3.- Enfoques de
los sistemas de lectura
•
3.1.- Sistemas
de lectura basados en la voz
•
3.1.1.- Sistemas
que usan voz sintética
•
3.1.2.- Sistemas que
usan voz grabada
•
3.1.3.-
Dispositivos de lectura basados en la voz
•
3.2.- Sistemas
de lectura basados en la imagen
•
3.2.1- Programas
lectores de libros digitales
•
3.2.2- Dispositivos
de lectura basados en la imagen
•
4.- Breve introducción
a los sistemas de producción de documentos digitales
•
4.1- Creación
de un texto en braille digital
•
5.- La gestión
de derechos digitales y su influencia sobre la accesibilidad
•
5.1.- Estado actual del
problema
•
5.2.- El
problema de la accesibilidad para las personas con discapacidad visual
•
6.- Conclusiones
•
6.1.- Conclusiones generales
•
6.2.- Conclusiones
específicas para las personas con discapacidad visual
•
7,- Referencias a páginas
WWW
Las referencias de tres letras entre corchetes intercaladas en el texto
indican las direcciones de páginas web que se han reunido en el
último apartado
para facilitar a los interesados la consulta y ampliación de
los conceptos y productos mencionados en el artículo.
1.- Evolución de las aplicaciones informáticas hacia los sistemas de lectura
La rápida evolución de la informática. Que es capaz
de conseguir máquinas cada vez más potentes y más
pequeñas ha llegado a una situación que permite predecir
el creciente uso de esta tecnología para leer textos escritos.
Ya actualmente existe una gran cantidad de material escrito en formato
digital y el veloz
crecimiento de este nuevo medio ha propiciado la aparición de
sistemas de lectura en ordenador, es decir, aplicaciones informáticas
cuyo objetivo es facilitar
la lectura de estos textos digitales.
Los primeros ordenadores fueron diseñados y construidos en Universidades
al final de la década de 1940 con el objetivo de realizar cálculos
científicos
y técnicos, especialmente para aplicaciones militares. Por esto,
cuando en la década de 1950 algunas empresas bancarias y de seguros
empezaron a contratar
estos equipos, sus propios creadores se quedaron sorprendidos porque
no habían sido capaces de darse cuenta de las enormes posibilidades
de su invento
para el proceso masivo de información de gestión.
Lo cierto es que a lo largo de las décadas de 1960 y 1970 las
aplicaciones de proceso de datos pasaron a ser las más importantes
cuantitativamente y la
aparición de los discos magnéticos permitió al
final de este período la creación de grandes bases de datos
que eran accedidas desde terminales que podían
estar situados lejos de los ordenadores que contenían los datos.
De esta forma nació el teleproceso y las primeras redes informáticas,
en general muy centralizadas
alrededor de grandes ordenadores.
No obstante, hay que resaltar que la mayoría de datos que almacenaban
estas máquinas eran todavía numéricos y se procuraba
reducir al mínimo los textos
alfabéticos que por su volumen desbordaban fácilmente
las limitadas memorias magnéticas de aquellos tiempos. Incluso ocurría
que el principal medio de
entrada de datos de entonces, la ficha perforada, sólo permitía
el uso de letras mayúsculas y que en consecuencia las letras minúsculas
no tenían siquiera
códigos internos adecuados para ser representadas en la memoria
de los ordenadores.
Esta situación fue cambiando durante la década de 1980,
después de la aparición de los ordenadores personales y la
sustitución de la ficha perforada por
el uso masivo de teclados y pantallas como medio principal de entrada
de datos, sea mediante terminales o, posteriormente, mediante ordenadores
personales,
conectados a las redes informáticas o usados de forma aislada.
Como resultado de este cambio el uso de textos alfabéticos se convirtió
en una práctica
habitual y la denominada "ofimática" pasó a ser la más
importante área de aplicación de la informática, relegando
a un segundo plano las aplicaciones de
gestión administrativa de datos y al cálculo científico
y técnico.
Los años de la década de 1990 vieron la casi completa
desaparición de la máquina de escribir y prácticamente
todos los textos y documentos que se crean
al final de dicha década son primero textos digitales antes
de ser impresos sobre papel. La industria editorial ha evolucionado de
forma tal que todos
los libros que actualmente se imprimen y encuadernan en el formato
tradicional en papel han sido previamente manipulados dentro de los ordenadores
para
adquirir el formato con que aparecen sobre el papel.
Actualmente, ya en la década de los 2000, puede decirse que cualquier
tipo de documento (cartas, facturas recibos, periódicos, revistas,
libros, etc..)
se crean en el medio informático antes de pasar al papel, que,
no obstante sigue siendo el medio favorito cuando es necesario leer el
documento. Hoy se
considera normal que un documento se cree en formato digital y se haga
llegar a todos los destinatarios a través de la red telemática,
por ejemplo usando
correo electrónico, es decir manteniendo su formato digital.
Es en este punto del proceso cuando el destinatario puede decidir leerlo
con el propio ordenador
o imprimirlo en papel para leerlo con más comodidad. Es aquí,
entonces, cuando surge la idea de que este paso al papel es lento, caro
y poco productivo
y que sería mucho más eficiente leerlo en el propio ordenador
sin tener que cambiar de medio.
Todas las personas con buena visión reconocen que es mucho más
cómodo leer textos en tinta (que es como las personas ciegas llaman
a los textos impresos)
que en la pantalla del ordenador y por esto limitan la lectura desde
la pantalla a textos cortos. Cuando un texto tiene una longitud de varias
páginas
es considerado poco adecuado para ser leído en su medio digital
con los sistemas de lectura habituales, que suelen limitarse a visualizar
el texto en la
pantalla del ordenador. Incluso las publicaciones multimedia que se
distribuyen en CD-ROMs o mediante páginas Web, o sea en formatos
visualizables con
los navegadores de Internet, no están teniendo tanta divulgación
como se preveía hace algunos años porque se considera poco
cómoda su lectura.
Esta situación es la que ha llevado al desarrollo de sistemas
de ayuda a la lectura, tema de este artículo, pues se espera que
gracias a ellos se haga el
paso definitivo que conduzca a la desaparición del papel como
soporte intermedio, manteniendo todo el proceso de la información
dentro del medio digital.
Aunque no han faltado las voces triunfalistas que aseguran que ya se
dan las condiciones objetivas para realizar este paso final, la situación
no es la
que proclaman estos profetas informáticos y es la que se describe
a continuación.
2.- Formatos de los libros electrónicos
Los agruparemos en dos grandes familias: los formatos de texto y los
formatos de audio, si bien la evolución de la tecnología
hace que sus fronteras se
vayan disolviendo en los formatos multimedia.
Dentro de esta familia se incluyen tanto las soluciones digitales alternativas
a los libros impresos tradicionales,como las alternativas a los libros
en
Braille. La gran ventaja que proporcionan es que podemos acceder, con
las adaptaciones adecuadas, incluso a los libros digitales “en tinta”,
aunque para
los habituados al Braille literario será más cómodo
acceder a un libro digital en Braille. Por lo tanto, la clasificación
de los textos en “tinta” y “Braille”
no es tan importante como para los libros tradicionales, pero sigue
siendo conveniente distinguirlos a la hora de acceder a ellos.
En principio todos los formatos de texto habituales usan códigos
de 8 bits, sean ASCII o ANSI/ISO, con lo cual no pueden representarse sin
más en los seis
puntos que emplea el Braille literario. La solución más
inmediata a este problema es usar un código Braille ampliado a 8
puntos, que se ha denominado “Braille
computerizado” para distinguirlo del braille integral o literario.
Todo libro electrónico no manipulado -“en tinta”, para entendernos-
está automáticamente
en Braille computerizado y podremos acceder con dispositivos lectores
que usen 8 puntos para cada celda. Acostumbrarse a este código es
sólo una cuestión
de hábito, aunque la mayoría de partidarios del Braille
seguirán prefiriendo siempre su entrañable código
literario de 6 puntos, llamado también Braille
integral.
Si se desea tener el libro en Braille literario, porque se quiere imprimir
el texto en una impresora Braille para su distribución como libro
tradicional,
por ejemplo, se ha de convertir el contenido para reducir el juego
de caracteres a un conjunto representable mediante sólo 6 bits.
En la sección sobre
producción de libros digitales se da más información
sobre cómo realizar esta conversión de formato.
Mucho más importante que la distinción entre tinta y Braille
es la diferencia entre formatos de texto plano y formatos de texto estructurado.
Esta diferencia
afecta tanto a los formatos tinta como Braille, aunque no es todavía
habitual el Braille estructurado.
Todos los textos producidos con los editores y procesadores de textos
más corrientes, como el Bloc de Notas y el Corel Word Perfect, Lotus
Word Pro o Microsoft
Word, están en texto plano. Proporcionan escasas facilidades
para navegar entre los componentes que contiene el texto y sólo
están estructurados para
ser leídos en secuencia, como si estuviesen grabados en una
cinta. Es cierto que muchos de estos textos llevan intercaladas, entre
lo que es propiamente
contenido conceptual, numerosas marcas para describir su formato, pero
estas marcas sirven sólo para describir cómo dicho contenido
debe visualizarse en
la pantalla o imprimirse en la impresora; no sirven para indicar la
estructura conceptual del documento. Por ejemplo, un capítulo puede
iniciarse con un
título al que se asigna una fuente y un tamaño iguales
a los utilizados para el resto de títulos de capítulo, pero
nada impide que se usen los mismos para
indicar el autor y los datos editoriales, por lo que estas marcas no
son suficientes para identificar el inicio de capítulo.
La ventaja de este formato es que no requiere un sistema de producción
específico, de modo que cualquier usuario puede crearlos usando
las mismas aplicaciones
que usa para crear cualquier otro contenido. Sus limitaciones, no obstante,
hacen que no sea adecuado para la publicación digital. La obligada
lectura
secuencial, con sólo unas pocas facilidades de búsqueda,
no es la única. Por otro lado, no se han llegado a desarrollar unos
estándares oficiales ni “de
facto” sobre las marcas de formato a usar, y son todas propietarias
de un fabricante. Los formatos más populares como el RTF ("Rich
Text Format") y el
DOC del MS Word están asociados a programas concretos y no tienen,
por lo tanto, la universalidad requerida por el mercado. Esto ha obligado
a que la mayoría
de textos planos que se están distribuyendo sean totalmente
planos, o sea, sin ni siquiera las aludidas marcas de formato, proporcionando
únicamente los
caracteres ASCII o ISO propios del sistema operativo empleado. Este
hecho aumenta la incomodidad que con toda razón se les atribuye.
Cuando estos textos
se distribuyen en la mayoría de idiomas (posiblemente en todos
con la excepción del inglés) tienen el problema añadido
de los diferentes juegos de caracteres
que usan los distintos sistemas informáticos, de forma que un
texto aceptable en un sistema, por ejemplo el MS DOS, es casi ilegible
en otro, como Windows
95/98, ya que muchos caracteres han cambiado de representación.
Las personas con discapacidad visual estamos tan acostumbrados a hacer
un gran esfuerzo para poder leer que no damos a estas dificultades el mismo
valor
que los demás. Nuestra necesidad nos hace aceptar incluso, sin
excesiva frustración, los numerosos errores que los reconocedores
ópticos de caracteres
(OCR) hacen al tratar páginas de difícil exploración.
Pero lo cierto es que no podemos considerar a los textos planos como adecuados
a la denominación de "libros digitales" ya que no pueden, por sus
características, llegar a recibir este nombre y nunca se llegarán
a vender como un libro ni se pueden convertir en un bien de consumo
generalizado. Aunque la frontera entre un simple texto digital y un libro
electrónico no está definida con exactitud, está claro
que los libros digitales del futuro deben presentar el texto en un formato
estructurado. Sólo cuando el texto está en uno de los formatos
que se describen a continuación puede ser manipulado de forma adecuada
por el sistema de lectura de una forma aceptable para que el usuario lo
considere digno del nombre de libro."
2.1.2.- Texto estructurado
Como hemos explicado, un texto plano no contiene información
que facilite su manipulación automática. Por manipulación
automática se entiende el uso de
programas informáticos para transformar el texto con fines diversos,
como visualizarlo en pantalla, imprimirlo, traducirlo a otra lengua, leerlo
en voz
sintética o convertirlo a Braille. La forma más habitual
de facilitar todas estas manipulaciones es añadir al texto “marcas”,
llamadas también “etiquetas”,
que proporcionan información sobre la estructura del texto,
que no hemos de confundir con las de representación. Las etiquetas
de estructura proporcionan
información sobre la función de un determinado fragmento
dentro del conjunto del documento, señalando aspectos tales como
si es el título, el nombre del
autor, si es un elemento de una lista o una nota del traductor. Las
marcas pueden variar mucho según el tipo de manipulación
que se prevé realizar. Serán
distintas, por ejemplo, si la aplicación prevista es la impresión
para su publicación o si es la traducción automática
a otro idioma. Por ese motivo se
han desarrollado numerosos sistemas de marcado, de los cuales nos interesan
aquellos que se están imponiendo para la publicación electrónica:
el PDF y
el SGML.
Formato PDF
El formato PDF (“Portable Document Format”) pertenece a la empresa
americana Adobe [Âdb], una de las más importantes proveedoras
de software para el mercado
editorial. Una gran parte de su éxito se debe a haber conseguido
que sus formatos de presentación de información sean considerados
como estándar “de facto”
en dicho mercado. Supo imponer su formato de impresión en papel,
denominado “postscript”, para la impresión de alta calidad. El PDF,
su sucesor, amplía
los objetivos desde la impresión en papel a la visualización
sobre cualquier tipo de dispositivo, conservando en todos los casos las
mismas propiedades
visuales. De aquí proviene el calificativo de formato portable.
La implicación más importante de esta cualidad es que podemos
representar en la pantalla
del ordenador un documento PDF exactamente igual que como lo veríamos
si lo imprimiésemos en una impresora de alta calidad. Proporciona,
además, muchas
facilidades para navegar por los documentos, al incluir hiperenlaces
que permiten saltar desde un punto del texto a otro relacionado.
Muchos especialistas creen que este formato tiene un gran futuro, pese
a que su carácter propietario obliga a comprar el software de Adobe
para manipular
los textos. Para obviar esta crítica Adobe distribuye de forma
gratuita los programas lectores más básicos, que se describen
en la sección correspondiente
de este artículo, y ha permitido a otras empresas desarrollar
y comercializar programas que también manipulan PDF. Paralelamente,
se han esforzado para
integrar el PDF en el sistema WWW, de modo que los navegadores puedan
visualizarlo y se puedan distribuir sin dificultad documentos en este formato
a través
de Internet.
No obstante, hay que destacar que las personas con discapacidad visual
no tenemos fácil acceso al PDF. Consigue esa flexibilidad
y calidad de impresión
gracias a su carácter gráfico, es decir, a estar formado
por pixeles y no caracteres de texto. Como su aspecto visual en la pantalla
es igual al que tiene
en el papel, su lectura se hace difícil o imposible con las
adaptaciones que tenemos para trabajar. Aunque existen soluciones a este
problema nos interesa
mucho más apoyar el uso de las opciones de texto estructurado
basadas en la familia de lenguajes SGML.
Textos marcados con lenguajes SGML o XML /como HTML y XHTML)
El SGML (“Standard Generalized Markup Language”) es un estándar
del Instituto Internacional ISO que apareció en 1986, inspirado
en lenguajes de marcado
ya existentes que habían demostrado claramente su eficacia para
la publicación electrónica. Quienes deseen ampliar la descripción
que sigue a continuación
con más información sobre el SGML pueden consultar la
dirección [SGM].
El SGML tiene dos características principales:
a) Es un metalenguaje, es decir, no define un lenguaje de marcado único
para etiquetar cualquier tipo de texto sino que describe una sintaxis para
los distintos
lenguajes de marcado que se tengan que crear. Da por supuesto que será
necesario usar juegos de etiquetas diferentes para marcar obras de teatro,
por ejemplo,
que manuales de instrucciones para el uso de maquinaria. Este metalenguaje
se usa para describir cada uno de los lenguajes de la familia SGML. La
descripción
de cada uno de ellos se denomina DTD (“Document Type Definition”) y
los programas manipuladores de documentos marcados tienen que emplear los
ficheros
DTD para saber qué etiquetas deben reconocer y qué normas
se deben usar para el marcado de dichos documentos. Aunque esta característica
puede parecer
una complicación a primera vista, en realidad es una enorme
ventaja del SGML sobre los lenguajes de marcado rígidos, ya que
permite usar lenguajes muy
sencillos para manipular documentos de estructura simple y reservar
las complicaciones para los lenguajes que necesiten definir documentos
de estructura
compleja.
b) Separa la estructura del documento de su representación en
un determinado dispositivo. El estándar SGML recomienda que las
marcas descritas en la DTD
se usen solamente para indicar propiedades conceptuales del documento,
como indicar si un elemento es un título o un párrafo corriente.
No deben emplearse
las etiquetas SGML para decir que un texto se debe imprimir con un
determinado tipo de fuente o en un tamaño concreto. Todos los aspectos
de representación
no deben darse en la DTD, puesto que no se puede estar seguro del dispositivo
final que el usuario empleará para acceder al contenido del documento.
La
información sobre el tamaño de las letras, por ejemplo,
será incongruente si el documento va a leerse con una línea
Braille u oírse con un sintetizador
de voz. Esto simplifica todavía más la DTD para un documento,
pero obliga a usar información adicional cuando se quiere acceder
al mismo con un determinado
dispositivo. La información adicional será normalmente
optativa, ya que los distintos dispositivos tendrán parámetros
por defecto que usarán para realizar
su función. Cuando se quiere modificar la presentación
por defecto se usan las denominadas “hojas de estilo”, para las que existen
diversos estándares
que ya no forman parte del propio SGML.
Estas características dan al SGML una gran potencia y flexibilidad,
lo que lo ha hecho muy popular en medios empresariales, académicos
y militares. Una
de sus aplicaciones más famosas es la “World Wide Web” (WWW)
o “Malla mundial”, que es la principal causante del gran éxito de
Internet.
Para confeccionar las páginas Web se usa el lenguaje de marcado
HTML (“HyperText Markup Language”), que es un miembro algo díscolo
de la familia SGML. Los
inventores del WWW y del HTML, que hoy se agrupan en el consorcio WWW
o W3 [W3C], diseñaron el HTML con la idea de que fuese lo más
sencillo posible, por
lo que en sus primeras versiones evitaron obligar a usar DTDs y hojas
de estilo para visualizar las páginas web. Los estándares
HTML desde la versión 1.0
a la HTML 4.0 usan la sintaxis del SGML, pero permiten etiquetar no
sólo información de tipo estructural sino también
información de estilo para indicar
cómo se tiene que visualizar un determinado texto. El navegador
puede usar esta información, que forma parte del propio documento,
sin hacer caso de los
deseos del usuario que lo está leyendo. Por eso se le ha llamado
un lenguaje SGML díscolo: no cumple con algunas de sus características
más importantes.
A pesar de ello, su gran éxito mundial lo ha convertido en el
principal formato para textos digitales. Ante esta realidad el propio consorcio
W3, arrepentido
de su frivolidad inicial, está actuando para mejorar el lenguaje
y convertirlo en el formato ideal para la publicación electrónica.
El reto está en conseguir
recuperar las cualidades del SGML sin perder la compatibilidad con
los numerosos programas y contenidos que ya existen en la WWW.
Con ese propósito, el consorcio W3 ha empezado definiendo un
subconjunto del SGML al que ha denominado XML ("eXtensible Markup Language”).
El XML es también
un metalenguaje, y a partir de ahora todos los lenguajes para publicar
en la WWW que se usen tendrán que estar definidos mediante su correspondiente
DTD;
tanto los navegadores como cualquier otro programa o dispositivo que
manipule documentos XML tiene que ser capaz de validar la corrección
de la sintaxis
XML, incluso usando la DTD si es necesario para la aplicación
realizada, y visualizar o presentar su contenido usando las hojas de estilo.
Para definir
estas últimas el consorcio W3 ha creado un nuevo lenguaje denominado
XSL ("“xtensible Stylesheet Language"). Como además se quiere poder
usar hojas de
estilo incluso con las páginas web antiguas, realizadas en las
viejas normas HTML, se han diseñado las llamadas CSS ("Cascading
Style Sheets" o sea hojas
de estilo en cascada), con las que se puede modificar el aspecto visual
de estas páginas según los deseos de los usuarios con independencia
del estilo
que el diseñador de la página ha indicado por defecto
para la misma. La designación de hojas de estilo en cascada significa
precisamente que las hojas
de estilo dadas por el usuario, si existen, se aplican en vez de las
dadas en el nodo servidor que proporciona la información y que estas
últimas, a su
vez, si existen, son preferidas a las opciones de presentación
dadas por el autor de la página. Si ninguno de estos tres niveles
de hojas de estilo existe
es cuando se aplican las opciones por defecto y las que vienen definidas
en las etiquetas HTML de la propia página.
La compatibilidad con el enfoque menos flexible del HTML se puede mantener
empleando alguna de las DTDs que describen las distintas versiones del
HTML,
que al fin y al cabo era un lenguaje SGML. Por otro lado, la nueva
versión de HTML se ha definido usando ya XML. Para resaltar que
es sólo uno de los lenguajes
XML que se puede emplear para hacer páginas Web no se llama
HTML 5.0 -como le correspondería- sino XHTML 1.0. Quien quiera más
información en castellano
sobre XML pueden consultar la dirección [XML].
En estos momentos ya están definidos o se están definiendo
numerosos lenguajes de marcado de la familia XML para distintas aplicaciones.
Para nuestro propósito
nos interesan especialmente dos de ellos: el Open-eBook y el SMIL en
su variante DAISY.
El estándar Open e-book (OEB)
El Instituto Nacional para Estándares y Tecnología de
Estados Unidos (NIST) es el patrocinador del consorcio “Open-ebook” [OEB],
que agrupa no sólo a grandes
editoriales, distribuidoras de libros y bibliotecas, sino también
a empresas de alta tecnología fabricantes de dispositivos y programas
para producir y
leer libros electrónicos. La propia Microsoft ha estado muy
activa dentro del consorcio, aunque como luego veremos se ha aprovechado
de esta relación para
intentar dominar el naciente mercado del libro digital.
Como puede suponerse, el objetivo del consorcio OEB es crear estándares
para la publicación electrónica. Su primer resultado, aparecido
en septiembre de
1999, son las normas para crear libros OEB usando un lenguaje de la
familia XML. El estándar OEB es en gran parte compatible con los
ya citados HTML 4.0
y XHTML. Además, es un subconjunto muy básico de estos
estándares, y los textos resultantes son accesibles por poco cuidado
que ponga el autor en conseguirlo.
Para las personas ciegas o con discapacidad visual, por tanto, el éxito
del OEB sería una gran noticia, ya que podríamos acceder
a los ficheros de texto
en formato OEB usando las mismas adaptaciones que usamos para navegar
por la Web.
Otro de los avances realizados por el consorcio OEB es la definición
de la estructura de una publicación OEB, es decir la forma como
se deben montar todos
los ficheros que componen un libro digital para que puedan ser manipulados
como una entidad por los programas lectores de libros, alguno de los cuales
ya se ha anunciado tal como veremos en un apartado posterior.
El problema es que el consorcio OEB no ha definido todavía una
forma para garantizar los derechos de propiedad de los libros que adopten
dicho formato y
Microsoft ha aprovechado esta laguna para intentar introducir su formato
alternativo. el cual se describe a continuación.
El formato LIT de Microsoft
El "truco" del formato "LIT" [LIT] no está en la forma como se
produce el libro, sino en el proceso de cifrado o "compilación"
posterior que cifra con hasta
tres llaves el texto plano original, llaves que sólo puede usar
para acceder al contenido el gratuito MS Reader, del que se dará
más información en la
sección sobre sistemas de lectura.
El texto de los documentos LIT está basado también en
el lenguaje XML. De hecho, LIT "casi" cumple con el estándar OEB
según palabras de Microsoft. Microsoft
se aprovecha de que el estándar OEB no resuelve el problema
de gestionar los derechos de propiedad intelectual y solucionar este problema
ha sido la clave
para que presente una propuesta que puede crear un monopolio de graves
consecuencias para la literatura y la cultura en general. Como no se conocen
con
exactitud las especificaciones del formato LIT, tanto la producción
como la lectura de libros en este formato requieren siempre el uso de los
programas
gratuitos que Microsoft o sus empresas colaboradoras , como Overdrive,
distribuyen para realizar estas funciones. Microsoft apoyó el estándar
OEB y se
despertó la esperanza de que el sector dispondría,
al fin, de una base que diese a todos los interesados las mismas posibilidades
de competir, garantizando
el intercambio de libros entre distintos programas, tanto lectores
como productores de documentos. Microsoft se basa en el citado estándar
como una facilidad
adicional, pues la forma más rápida de producir libros
LIT es a partir de libros OEB, pero al mantener secretos los cambios entre
LIT y OEB busca desviar
el caudal de esfuerzos generados por la definición del estándar
hacia su propio molino. Si es el LIT el formato que se impone al final,
sobre el OEB o
incluso sobre el PDF, Microsoft tendrá el monopolio del libro
digital, al ser el LIT exclusivo de su empresa. En realidad, nadie cree
que esto ocurra así,
incluso si el LIT se impone pues es seguro que en poco tiempo se descubrirán
y revelarán las interioridades de LIT, pero de momento Microsoft
tiene un
período de ventaja sobre sus competidores hasta que esto ocurra.
Lo deseable es que cuando el LIT ya no sea un secreto se vuelva al OEB
como base del libro
digital.
2.2.- Formatos de libros hablados y multimedia
Los libros de audio en castellano son muy escasos. Casi ninguna editorial
saca versiones habladas de sus obras, aunque últimamente se observa
una tendencia
a mejorar esta carencia. Sólo la ONCE distribuye de forma
habitual, exclusivamente entre sus afiliados, este tipo de libro, cuando
la gran mayoría de
sus usuarios potenciales tienen un resto visual superior al 10%
y no pueden afiliarse a esta organización. El formato de la cinta
magnética es demasiado
engorroso y voluminoso para que se considere rentable su producción.
Sólo un cambio de tecnología puede modificar esta situación.
Este cambio ya es técnicamente factible, como se ha demostrado
con las publicaciones multimedia en CD-ROM que hay ya en el mercado. La
adopción del CD-ROM
(y su sucesor el DVD-ROM) y los soportes multimedia es la solución
definitiva
para el libro hablado. El problema vuelve a ser el de los formatos, ya
que
casi todas las publicaciones multimedia usan sistemas propietarios
cuyos resultados son la mayoría de veces inaccesibles para las adaptaciones
tiflotecnológicas.
Aunque cada vez es más habitual el uso del HTML para estas publicaciones,
éste se veía limitado por su insuficiente potencia y flexibilidad.
El XML, sin
embargo, viene a resolver el problema, ya que permite estructurar cualquier
tipo de publicación multimedia.
Textos marcados multimedia (lenguaje SMIL)
En efecto, el XML permite adaptarse a cualquier objetivo si se definen
las DTDs y hojas de estilo necesarias. Para la publicación multimedia
se ha definido
el lenguaje SMIL (“Synchronized Multimedia Interactive Language”),
que permite todo tipo de formatos multimedia (textos, audio, gráficos,
animación y vídeo)
y su reproducción sincronizada. Con este formato se puede hacer
que el texto se vaya visualizando en la pantalla al mismo tiempo que la
voz grabada que
lo recita. De la misma manera, se puede sincronizar la animación
y el vídeo con el texto (subtítulos) y la voz (descripción
de audio). El SMIL puede usarse
tanto para crear páginas Web altamente dinámicas como
CD-ROMs o DVD-ROMs.
Es evidente que el uso del SMIL no es ninguna garantía de accesibilidad
por parte de personas con problemas visuales. Si ya ahora hay muchas páginas
HTML
de lectura difícil o imposible porque no siguen unas normas
mínimas de accesibilidad, el uso del SMIL, o de cualquier otro lenguaje
XML, no cambia la situación.
Con el SMIL, a diferencia del OEB, lo más habitual será
crear publicaciones inaccesibles. Por suerte, ya se ha creado el estándar
necesario para usarlo
de forma accesible: el DAISY.
El consorcio DAISY
DAISY (“Digital Audio Information System”) [DAI] es un estándar
de libro digital multimedia, desarrollado por el consorcio del mismo nombre,
que tiene como
objetivo proporcionar publicaciones accesibles por personas con discapacidades
visuales. El consorcio está formado por bibliotecas e instituciones
públicas
y privadas, entre las que se encuentra la ONCE.
Ya han aparecido varias versiones de este estándar, que está
ahora en el nivel 3.0, basadas en el lenguaje SMIL. También se han
publicado directrices y
se han dado cursos sobre cómo producir libros hablados estructurados
con formato DAISY, pero todavía no parece que se estén comercializando
de forma regular,
por lo menos en lengua castellana, a pesar de que ya existen programas
y dispositivos para leerlos, tal como veremos en la sección correspondiente.
En
Japón y en Suecia es donde estos libros están ya más
introducidos.
La mayoría de libros DAISY que se producirán estarán
compuestos principalmente por audio estructurado, es decir, por ficheros
de audio a los que se podrá
acceder tanto secuencialmente como en acceso directo, a partir de los
ficheros de texto marcado que los acompañen. Estos ficheros
de texto estarán preparados
para facilitar la navegación entre los distintos componentes
de audio. Los ficheros de sonido podrán tener distintos formatos,
ya que su lectura depende
del dispositivo o programa que emplee el usuario para acceder a la
publicación, pero lo más probable es que el formato MP3 sea
el de uso más frecuente.
No obstante, el DAISY permite incorporar también texto, y es
así mismo factible crear libros DAISY totalmente de texto, que se
pueden leer con voz sintética
si el sistema de lectura incluye esta facilidad. Entre el documento
que es sólo texto y el que es sólo audio existen todas las
variantes posibles. El caso
más completo sería el de un libro que presente su contenido
en los dos medios, texto y voz grabada, y que además se pueda leer
sincronizando la audición
de la voz con la presentación del texto que se está leyendo.
En resumen, las personas que tenemos dificultades para leer textos en
tinta podemos confiar en un futuro mucho más atractivo si los libros
electrónicos
proliferan, ya que podremos acceder a gran cantidad de información,
ya sea porque se publica para todos en formatos de texto fácilmente
accesibles, como
el OEB, o porque se publican en el formato multimedia DAISY, especialmente
diseñado para nosotros, cuya calidad es muy superior a la de los
libros hablados
de los que ahora disponemos.
2.3.- El problema de los derechos de autor
Esta primera parte del artículo tiene que terminar con unas gotas
de pesimismo, pues el problema que aquí se plantea es el mayor inhibidor
para la proliferación
del libro digital. En efecto, es difícil que un autor profesional
esté dispuesto a publicar sus libros electrónicamente si
cree que no va a poder cobrar
el fruto de su trabajo porque su obra será pirateada (copiada
sin pagar su precio) en vez de comprada. Lo mismo puede decirse de las
empresas editoras
y distribuidoras, si temen que sus costes de producción no se
recuperarán debido al pirateo. Por ejemplo, el éxito del
libro de Stephen King, mencionado
en la introducción, se ha visto ensombrecido porque a los tres
días de su lanzamiento ya había media docena de direcciones
Web que lo ofrecían con gran
alarde de forma gratuita, para demostrar que habían sido capaces
de “crackear” (o sea romper) un sistema de protección que impedía,
en teoría, copiarlo
o imprimirlo. La editora del libro se ha tenido que dedicar a perseguir
a estas páginas para cortar la oferta fraudulenta.
Este tema está muy ligado al de los formatos, porque se considera
que los libros digitales deben poderse distribuir “encriptados” (del inglés
"encrypted",
cifrado) si se desea. Se dice también que los libros no cifrados
se "compilan" antes de ser distribuidos comercialmente, por analogía
con el procedimiento
necesario para la distribución de software.
Estos formatos compilados parten de alguno de los que hemos expuesto
y los transforman usando claves de protección secretas, de forma
tal que a partir de
aquel momento sólo sus legítimos propietarios pueden
manipularlos. La clave es necesaria tanto para leer el libro como para
traspasarlo a otro equipo (es
decir “moverlo” pero no “copiarlo”) o incluso prestarlo durante un
cierto período de tiempo predeterminado. Por ejemplo, el libro de
King pirateado estaba
en formato PDF, y su descifrado en sólo un par de días
ha provocado duras críticas para las empresas Adobe y GlassBook,
que proporcionaron la tecnología
de distribución del libro. Se aduce que mientras no se consiga
un sistema de protección de los derechos de propiedad intelectual
más seguro el futuro del
libro digital está en entredicho.
Como curiosidad es interesante explicar que ya existe un formato cifrado
diseñado para personas ciegas. Es denominado "TFL" y ha sido creado
por los responsables
de la lista de correos llamada Tiflolibros [TFL], que tiene también
una página web con el mismo nombre. La lista y la web sólo
pueden ser usadas por personas
con discapacidad visual de habla castellana y su objetivo es el intercambio
de libros escaneados entre dicho colectivo. Además han conseguido
que algunas
editoriales les proporcionen sus libros para ser distribuidos a través
de su página siempre que se conviertan al citado formato tfl, al
que sólo puede
accederse usando el lector llamado Tiflolector que se describe más
adelante. Tanto el tiflolector como los libros tfl se pueden descargar
de la web citada,
siempre que se esté dado de alta en la lista de correos. Es
una solución muy específica para personas ciegas y su alcance
es en estos momentos bastante
limitado, pero de gran utilidad para sus usuarios.
3.- Enfoques de los sistemas de lectura
Se están usando dos enfoques diferentes para ayudar a leer textos
digitales. El primero y más antiguo usa la voz para facilitar la
lectura; es decir, cambia
la vista por el oído para evitar el cansancio visual que produce
la lectura de la pantalla del ordenador. Es una solución radical
que al cambiar el sentido
a usar para leer no soluciona el problema real sino que cambia el entorno
y la propia actividad de leer por lo que es más una huida hacia
adelante que
una verdadera solución al problema de leer en el medio digital.
El segundo enfoque ya se enfrenta al verdadero problema visual y busca
mejorar la imagen que ve el usuario de forma tal que la actividad de leer
el texto
sea cómoda y agradable gracias a la calidad de la imagen. Son
las técnicas gráficas y tipográficas las que se emplean
a fondo para facilitar la propia
actividad visual de leer un texto. Incluso el propio ordenador llega
a cambiarse totalmente en su diseño y se convierte en un dispositivo
especializado
para ser usado exclusivamente para leer, convirtiéndose él
mismo en un sistema de lectura portátil; este caso extremo de transformación
del ordenador portátil
en libro digital es el último paso de la evolución estudiada
en este artículo y para muchas personas será la única
solución aceptable.
Estos dos enfoques no son por lo tanto alternativos y pueden ser usados
de forma complementaria, aunque en este momento no hay todavía productos
que los
combinen bien. Es muy posible que las mejores soluciones se consigan
al final con el uso conjunto de vista y oído para hacer que la lectura
de textos digitales
sea un placer, pero en estos momentos ninguno de estos dos enfoques
ha conseguido, usándolos por separado, alcanzar la aceptación
generalizada que tienen
los textos impresos.
A continuación se presentan algunos de los productos que están siendo usado con estos dos enfoques.
3.1.- Sistemas de lectura basados en la voz
Un ordenador puede hablar de dos formas distintas:
- Usando voz sintética que genera a partir de partículas
fonéticas elementales que combina para formar las palabras que emite
a través de un sintetizador
de voz (solución "hardware") o de una tarjeta de sonido (solución
"software").
- Usando voz natural grabada y digitalizada previamente que reproduce
con la tarjeta de sonido del ordenador volviéndola a convertir en
sonido. Para reproducir
esta voz grabada emplea los mismos o parecidos programas empleados
para reproducir cualquier otro sonido, especialmente música.
A continuación se describen los productos existentes para estas dos modalidades.
3.1.1.- Sistemas que usan voz sintética
Es la solución más habitual y económica, aunque
su calidad no alcanzará nunca la de una voz grabada, pues la voz
sintética tiene siempre un sonido robótico.
Para mejorar este defecto se está usando voz sintetizada, lo
cual quiere decir que las partículas fonéticas elementales
que se combinan para formar palabras
se extraen de una voz natural proveniente de una persona con buena
dicción. A pesar de ello hace falta un cierto entrenamiento
para acostumbrarse a estas
voces, sin que esto represente un problema insalvable cuando el usuario
necesita realmente la ayuda sonora.
Los productos en esta área tienen los dos objetivos siguientes:
ayudar al descanso visual de personas con buena vista, es decir aumentar
su productividad,
o suplir la discapacidad visual de personas ciegas o con baja visión.
Lo más frecuente es que sólo persigan uno de estos objetivos,
el cual marca profundamente
la utilidad del producto, que requiere ser mucho más completo
y complejo cuando busca servir para paliar la discapacidad visual.
Para describir estos productos se han clasificado en los siguientes grupos:
- Conversores de texto a voz
- Lectores y editores de texto
- Navegadores por páginas Web
- Reconocedores ópticos de caracteres (OCR)
- Lectores del contenido de la pantalla
Conversores de texto a voz
Dentro de este apartado se encuentran una gran cantidad de productos,
algunos de ellos incluso gratuitos o de bajo precio que se limitan a verbalizar
un
texto seleccionado o copiado al portapapeles. Su objetivo suele ser
simplemente un aumento de la comodidad y a través de ella de la
productividad del usuario.
Una denominación habitual para ellos es la de programas TTS,
siglas de la frase en inglés "Text to Speech" (texto a voz),
Uno de los más antiguos programas TTS es el TextAssist, que distribuyó
durante años la empresa Creative Labs como obsequio a los compradores
de sus tarjetas
de sonido SounBlaster. La calidad de sus voces multilingües y
su flexibilidad de empleo le dieron gran popularidad y muchos productos
más recientes no
llegan todavía a alcanzar sus prestaciones. El problema es que
era en realidad un producto desarrollado por otra empresa que no volvió
a conceder permiso
para distribuirlo más y ya no se puede usar con las tarjetas
de sonido modernas.
La mayoría de TTS actuales son monolingües y no permiten
fácilmente incorporar nuevas voces. Aunque hay alguno en castellano
o incluso en castellano y catalán,
mi recomendado es el TextAloud de la empresa NextUp Technologies [NET],
por integrar hasta siete idiomas e incorporar la función de convertir
ficheros
de texto a ficheros de sonido, la cual se explicará más
adelante.
Si lo que se desea es sólo la capacidad de leer un texto en un
idioma determinado, la solución puede ser tan simple como la pequeña
aplicación Digit, que
es capaz de leer automáticamente cualquier texto que se copia
en el portapapeles usando alguno de los motores de voz que distribuye la
empresa francesa
Elan Informatique con el nombre Digalo [DGL]. Entre las voces que vende
a un precio muy asequible, ha ganado justa fama la voz sintetizada en castellano
llamada Rafael por su claridad de dicción.
En este apartado pueden incluirse también algunos productos más
avanzados cuyo objetivo va más allá del aumento de productividad
y buscan solucionar problemas
de usuarios que tienen alguna discapacidad. Un ejemplo es el de la
empresa de Irlanda del Norte TextHELP Systems [TXH], cuyos
productos, que son posiblemente
los TTS más completos y profesionales, están especialmente
dirigidos a personas con dislexia, pero que también pueden ayudar
a personas con baja visión
o cualquier otra dificultad de lectura.
Lectores y editores de textos con soporte de voz
Ya el TextAssist, mencionado como producto TTS en el apartado anterior
incluía un editor de textos con soporte de voz y con facilidades
para baja visión.
Podrían citarse muchas referencias dentro de este apartado,
pero es preferible dar sólo una selección de los mismos
porque la mayoría son productos gratuitos
o de bajo presupuesto de escasas prestaciones y que en general sólo
soportan el idioma inglés.
Una excepción es el HJPad, que se incluye como parte de JAWS
y de Connect Outloud, productos para personas ciegas de Freedom Scientific
[FRS]. Es un procesador
de textos con funciones parecidas a WordPad con el añadido de
leer los textos con voz sintética. Es un producto de la antigua
Henter-Joyce, hoy absorbida
por Freedom Scientific.
Pero en este apartado debe destacarse de forma preferente el lector
de documentos WYNN, que desarrolló Arkenstone, que hoy es también
parte de Freedom Scientífic,
que lo comercializa junto con IBM. Su objetivo es facilitar la
lectura de muchos tipos de documentos, incluidas las páginas Web
(o sea en formato HTML).
Sus facilidades se dirigen a ayudar a leer textos no sólo
a personas con dislexia, ciegas o con baja visión, sino también
a enseñar a leer a personas
con dificultades de aprendizaje. Aunque las funciones de voz son las
más destacadas, presenta también facilidades de visualización
de textos que permitirían
colocar este producto dentro de los que buscan mejorar la imagen para
ayudar a leer. Su precio elevado limita enormemente su divulgación
como sistema de
lectura generalizado, pero bastantes de sus funciones tendrían
que incorporarse a los programas que pretenden convertirse en los sistemas
de lectura universales
que más adelante se describirán.
Debe añadirse que aunque el WYNN es el más conocido producto
dirigido a personas con dificultades para leer, no es el único.
La organización CAST [CAS],
muy conocida por ser la creadora del verificador de accesibilidad para
páginas Web denominado Bobby, desarrolla y distribuye otro facilitador
de la lectura
al que llama "eReader". Tiene el atractivo de un precio más
aceptable y tiene además versión para ordenadores Mac de
Apple. El problema es que su soporte
multilingüe tiene todavía que mejorar para ser aceptable.
Observar que estos dos productos, WYNN y CAST eReader, pueden ser de utilidad
para aprender a
leer y escribir en una lengua que no dominamos y que esté soportada
por el motor de voz.
También, es obligado referirse aquí al más flexible
y potente de estos editores, con unas características tales que
permiten usarlo para una gran variedad
de aplicaciones, que incluyen la lectura de documentos en muchos formatos,
la lectura de correo electrónico, la navegación con voz por
Internet e incluso
funcionar como un lector de pantalla, semejante a productos de muy
elevado precio que veremos más adelante. Este producto, denominado
Emacspeak [EMS],
es. no obstante gratuito, ya que es software libre al estilo del sistema
operativo Linux. Es uno de los pocos productos en esta área que
no pertenecen
al entorno Windows de Microsoft, sino al mundo del Unix. La razón
de su gran flexibilidad y potencia es que es una aplicación que
añade soporte de voz
al editor inteligente Emacs. Emacs, muy conocido y usado en todos los
sistemas de la familia Unix, incluido el Linux, es mucho más que
un editor de textos.
En realidad es un completo sistema de desarrollo y prueba de software
que incluye dentro de sus funciones un intérprete del lenguaje de
programación LISP,
especialmente pensado para aplicaciones de inteligencia artificial.
Emacspeak es una aplicación LISP que convierte a voz toda la información
que gestiona
el emacs. Como emacs permite incluso ejecutar programas Unix dentro
de su entorno, el emacspeak lee las entradas y salidas de estos programas.
Su limitación
viene por el hecho de no usar la interfaz gráfica de UNIX, el
sistema X Window, por limitarse a la interfaz en forma de línea
de caracteres. Emacspeak
es la mejor solución existente para tener un sistema de lectura
con voz de textos digitales bajo los diversos sistemas operativos UNIX.
Tampoco podemos olvidar en este apartado al lector Tiflolector, de la
lista de correos Tiflolibros [TFL], ya citado al tratar del formato TFL,
que cifra
un texto plano para protegerlo. El uso del Tiflolector es la única
manera de acceder a los libros en formato TFL. Tiene el aspecto de un editor
de textos,
pero visualiza los caracteres con el mismo color que usa para el fondo,
con lo cual no se puede leer dicho texto con la vista. El "truco" está
en que los
programas lectores de pantalla, descritos más adelante, lo pueden
leer con voz sintética, con lo cual los textos en TFL sólo
son accesibles para los usuarios
de estos lectores. Es una solución original e ingeniosa, pero
demasiado particular para ser de uso generalizado.
Navegadores con soporte de voz
Este apartado incluye una cantidad importante de productos a precios
atractivos, incluso gratuitos. También aquí podemos introducir
la clasificación entre
ayudas a la productividad y adaptaciones para personas con discapacidad,
destacando los segundos por sus mejores y más potentes funciones.
El problema de estos productos proviene de que las páginas web
que se pueden visualizar con los navegadores son tan enormemente variadas
y presentan tantas
posibilidades de diseño que hacen difícil a dichos navegadores,
si son poco sofisticados, manipular todo tipo de páginas. Los productos
de este apartado
no siempre son capaces de evolucionar al ritmo que está afectando
este sector tan de moda y en poco tiempo se encuentran incapaces de manejar
las páginas
web de más reciente desarrollo. El propio consorcio WWW, ha
desarrollado unas normas de accesibilidad, denominadas WAI ("Web Accesibility
Iniciative")
[WAI] cuyo cumplimiento tendría que resolver este problema en
teoría, pero se olvida con demasiada frecuencia su cumplimiento,
además de no conseguir siempre
su propósito. Por falta de leyes adecuadas en los países
de habla hispana las páginas web en castellano son especialmente
inaccesibles, a pesar de los
esfuerzos que realiza la organización SIDAR [SID], dedicada
a promover las normas WAI en este idioma.
Este problema ha afectado al más popular de estos productos,
denominado pwWebSpeak, que ha sido retirado del mercado por su fabricante,
obligado a modificar
su estrategia empresarial y centrarse en otros productos de su catálogo.
Este hecho ha colocado en primera línea al navegador para ciegos
y baja visión de IBM, denominado IBM Home Page Reader (HPR) [IBM],
cuyas versiones más
recientes son capaces de acceder y leer en muchos idiomas, incluido
el castellano, las páginas web más complejas. El programa
está traducido además a bastantes
idiomas aumentando su atractivo. El español es también
uno de ellos, con lo cual tanto el programa como la voz sintética
trabajan mejor en su conjunto.
La gran ventaja de estos productos es su capacidad para leer la enorme
variedad de documentos que hoy se publican en los formatos propios de las
páginas
web. Estos formatos se están imponiendo no sólo para
realizar páginas en Internet, sino también en el mundo editorial.
Todo parece indicar que el lenguaje
de marcado XML y sus muchos derivados se van a convertir en el estándar
de los libros digitales del futuro.
Reconocedores ópticos de caracteres (OCR) con soporte de voz
En este apartado se incluyen un grupo de productos dirigidos a personas
ciegas o con baja visión que son capaces de leer gran variedad de
documentos impresos
en papel, especialmente libros, por lo que no pueden dejar de aparecer
en este artículo. Incluso impresiona ver como después de
colocar un libro abierto
sobre el escáner, basta con apretar una tecla para lanzar un
complejo proceso de escaneado, reconocimiento de las zonas de texto y de
su orientación, conversión
del texto en imagen a texto digital y lectura de dicho texto con voz
sintética. El proceso no es demasiado rápido y puede durar
más de un minuto desde
apretar la tecla a oír la voz, pero abre todo un mundo nuevo
de posibilidades a las personas que sin estos productos no tienen ninguna
otra manera de poder
leer un libro. Tampoco el proceso es perfecto y siempre se encuentran
documentos para los que es imposible extraer el texto o para los que la
cantidad
de errores de reconocimiento de los caracteres es tan alto que la lectura
se hace incomprensible, pero cuando el proceso se aplica a páginas
con fondo
blanco y letras negras de fácil lectura el resultado puede llegar
a ser perfecto. Por el contrario no se han conseguido todavía resultados
aceptables para
reconocer un texto manuscrito.
En España son populares el Recognita, de origen húngaro
y ya sin futuro por la desaparición de la empresa fabricante, y
el OpenBook, que tiene también versión
en castellano, y está desarrollado por la ya nombrada Arkenstone,
hoy dentro de Freedom Scientific [FRS]. Para las personas de habla inglesa
existen bastantes
productos dentro de esta categoría y dentro de ellos es obligado
referirse a los productos de la empresa americana Kurzweil [KUR], por ser
la primera que
lanzó un producto de estas características y por mantenerse
todavía como líder del sector. Un problema importante es
el elevado precio de estos productos;
OpenBook y Kurzweil 1000 cuestan unos 1000 dólares. Sólo
recientemente se han anunciado unos productos de este tipo mucho más
económicos, desarrollados
por la empresa americana Premier Programming Solutions [PPS], destacando
Scan & Read Pro por su soporte multilingüe, pero debido a la falta
de una versión
de demostración descargable desde Internet no parece se
haya divulgado todavía entre las personas con discapacidad visual
de habla hispana.
Hay que destacar que a pesar de que la tecnología usada por estos
productos los sitúan como los sistemas de lectura más sofisticados
del mercado, su elevado
precio y su enfoque a personas ciegas o con baja visión los
deja fuera de competición en la dura pugna que está desarrollándose
para imponer en la sociedad
un sistema de lectura de libros digitales de aceptación universal.
Su gran mérito es el de realizar en un proceso integrado la transformación
de textos
desde el soporte tradicional en papel al soporte de voz, pasando por
la conversión del texto en imagen al texto digital.
Para terminar esta sección debe indicarse que es posible adquirir
equipos que integran en una sola caja todos los componentes necesarios
para leer un libro
en voz alta con sólo apretar un botón. Esto quiere decir
que la caja contiene tanto el escáner como el propio ordenador cargado
con todos los programas
necesarios para realizar la lectura de libros. En España es
popular el aparato denominado Galileo de la empresa Robotron, que distribuye
la ONCE [ONC],
pero hay otros muchos con la misma función, como por ejemplo
el VERA de la tantas veces citada Freedom Scientific [FRS]. Su precio es
muy parecido a lo
que cuesta un ordenador con los programas y dispositivos necesarios
para hacer lo mismo que la caja, pero su existencia se justifica por las
muchas personas
que no desean aprender lo más elemental que se necesita para
usar el ordenador y prefieren la caja maravillosa que lee por sí
sola.
Lectores de pantalla
A pesar de su sofisticación, los productos del apartado anterior
no son los más usados por las personas con discapacidad visual,
ya que la mayoría de usuarios
de estas características prefieren usar los denominados lectores
de pantalla, que en vez de leer directamente el contenido de un documento,
extraen la
información de la propia pantalla del ordenador. Algunos de
ellos, denominados "magnificadores", amplían la imagen de la pantalla
para que los usuarios
con resto visual puedan ver más fácilmente lo que aparece
en ella. Otros usan voz sintética o visualizan la información
en un dispositivo de salida en
el alfabeto braille, que son las dos alternativas posibles para los
ciegos totales. Todas estas adaptaciones escarban en las entrañas
del sistema operativo
y de las aplicaciones para extraer todos los textos de entrada y salida
que se visualizan en el monitor, pudiendo los más potentes combinar
varias de estas
soluciones (magnificación, voz y braille) a petición
del usuario.
Usando estos sistemas de rehabilitación visual se puede convertir
en parlante la gran mayoría de aplicaciones tradicionales de presentación
de texto, tales
como editores y procesadores de textos, hojas de cálculo, sistemas
de bases de datos, gestores de correo electrónico, navegadores de
páginas web o, incluso,
los reconocedores ópticos de caracteres (OCR). Por ejemplo,
usando un buen lector de pantalla es posible usar el excelente programa
OCR Fine Reader de
la empresa rusa Abbyy [ABB], de utilidad general y de precio muy asequible,
sin tener que usar los mucho más caros programas específicos
para ciegos, como
el OpenBook o el Kurzweil 1000. Estos dos programas usan precisamente
el motor de OCR de la empresa ABBYY al que completan con voz sintética
y facilidades
para baja visión. Cuando se usa directamente el programa Fine
Reader con un lector de pantalla, es este último el encargado de
proporcionar la adaptación
que necesita el usuario ciego o con baja visión consiguiendo
un resultado aceptable, aunque sin un nivel de integración tan alto
como el que proporcionan
los productos específicos para estos usuarios.
Estas adaptaciones son, por lo tanto, alternativas posibles a cualquiera
de los productos parlantes que hemos visto en los apartados anteriores;
pero no
todo son ventajas. Sus desventajas con respecto a ellos son su
alto coste, la complejidad elevada de su interfaz de usuario y su incapacidad
para extraer
texto en muchas situaciones en que las aplicaciones presentan el contenido
de forma no estandarizada por la costumbre o las prácticas de diseño
más habituales.
Destaca entre los problemas de accesibilidad a la información
que pueden sufrir los usuarios de estos productos, los creados por muchas
páginas web que
se saltan las normas de accesibilidad dictadas por el propio consorcio
"World Wide Web" y ya comentadas anteriormente.
En España, el lector de pantalla más usado es el JAWS
que comercializa la empresa americana Freedom Scientific, ya citada varias
veces en este artículo.
La ONCE se encarga de traducir y distribuir la versión castellana
de este producto, que puede usar la salida braille, además de la
voz sintética que es
la causa por la que aparece en este artículo. También
tienen, desde hace poco tiempo, versión castellana los productos
de la empresa inglesa Dolphin, entre
los que destacan Hal y Supernova, pero todavía no han alcanzado
la divulgación que sus buenas prestaciones merecen.
Finalmente, también merece ser mencionado el lector de pantalla
outSPOKEN de la empresa holandesa Alva [ALV] por dos razones; está
también disponible en
castellano y es el único que tiene una versión para los
ordenadores Mac de la empresa Apple. Es de lamentar que tengamos tan sólo
tres opciones en este
campo, pero productos tan importantes como el Windows-Eyes de la americana
GW Micro [GWM], que es la más seria alternativa al JAWS, no tienen
versión castellana
aunque sean multilingües.
Sin embargo, es evidente que el día en que la voz se incorpore
de forma universal a los sistemas informáticos no lo hará
a través de estos productos, extraños
al propio sistema operativo y parásitos del mismo además
de caros. La implantación generalizada de la voz será a través
de funciones integradas de forma
nativa en el propio sistema operativo, por lo cual estas adaptaciones
sólo se van a seguir empleando, con carácter transitorio,
por aquellas personas que
no tienen otra forma de acceder al ordenador debido a su discapacidad
visual. En ningún caso pueden ser vistos como soluciones universales
para leer textos
digitales, aunque sean, hoy por hoy, la alternativa más potente
y flexible para leer cualquier formato de texto para el que exista un programa
informático
capaz de visualizar dicho texto en la pantalla del ordenador.
3.1.2.- Sistemas que usan voz grabada
Hace ya bastantes años que se publican libros grabados a partir
de la voz de un locutor. En poesía es muy apreciada la versión
de un libro de este género
leído por su propio autor, pero la publicación de libros
hablados no se limita a este caso singular y en muchos países, especialmente
los de habla inglesa,
es habitual que las grandes librerías tengan una sección
de venta dedicada a este tipo de material, que no está destinado
únicamente a las personas con
problemas visuales, sino al público en general.
En castellano no es frecuente la edición de textos en este formato
y su uso sólo está consolidado entre las personas con problemas
visuales. El mercado
es, por lo tanto, restringido, pero merece ser comentado debido
a que se prevé un cambio importante gracias a la transformación
del actual formato analógico
en formato digital.
En efecto, se está generalizando el uso de formatos muy compactos
de audio, especialmente el ya famoso MP3, que permiten manejar de forma
eficiente ficheros
de sonido en las cada vez más grandes memorias magnéticas
de ordenadores y dispositivos inteligentes. El uso de estos formatos abre
un universo de posibilidades
que ya se empieza a aprovechar. Las voluminosas cintas magnéticas
analógicas, inflexibles por forzar la lectura siempre secuencial
del texto, están siendo
sustituidas por memorias de acceso no secuencial que almacenan sonido
digital grabado de forma muy compacta y, a pesar de ello, con buena calidad
auditiva.
Las publicaciones multimedia están utilizando ya estas nuevas
posibilidades, pero todavía no se ha generalizado la distribución
de libros hablados usando
las nuevas tecnologías de audio. Ya hemos visto que existe un
estándar reconocido para estos libros, denominado DAISY, pero no
se ha dado el paso definitivo
para su implantación. La única razón de este atraso
parece ser el elevado coste que requiere el lanzamiento masivo de los nuevos
libros y dispositivos.
Parece que los posibles interesados en realizar este lanzamiento están
esperando a ver como el mercado reacciona ante la oferta de libros digitales
más
convencionales que se analiza posteriormente en este artículo
en el apartado sobre sistemas de lectura basados en la imagen.
Reproductores de sonido
Aunque sigamos a la espera de mejores soluciones, ya es factible usar
los actuales programas grabadores y reproductores de audio para manejar
textos grabados.
Aplicaciones como Winamp, Real Player o Windows Media Player sirven
para este objetivo. Aunque se asocian siempre con la música, sus
funciones actuales
proporcionan ya una lectura más flexible y cómoda que
la que puede conseguirse con los reproductores analógicos actuales,
incluyendo aquí los reproductores
de cintas de cuatro pistas usados de forma exclusiva por las personas
con discapacidad visual.
La gran ventaja de estos productos es que son gratuitos o de bajo precio
gracias a la enorme divulgación que han conseguido entre los aficionados
a la música.
La única dificultad que presentan para las personas con discapacidad
visual es que no son demasiado accesibles con los lectores de pantalla
antes comentados
por usar símbolos gráficos para controlar la audición,
pero con un poco de práctica se consigue superar estas barreras.
Sistemas de lectura de libros hablados y productos multimedia
Debe comentarse aquí que ya existen en el mercado sistemas de
lectura destinados específicamente para libros hablados, aunque
no estén bien implantados
ya que faltan, como ya se ha comentado, los libros que deben ser leídos
por dichos sistemas. La empresa sueca Labyrinten [LAB] y la americana isSoun.com
[ISS] han desarrollado programas, como el LP Player, para reproducir
libros en el formato Daisy, pero el atraso en la aparición de estos
libros está afectando
a su venta.
La situación actual no parece que vaya a cambiar a corto plazo
y hasta que no se vea claro el futuro de los libros digitales convencionales
no puede esperarse
que se desbloquee dicha situación.
Conversión de voz sintética en voz grabada
La producción de libros hablados digitales convencionales requiere
que un buen locutor lea previamente el texto deseado y luego se proceda
a la edición
del fichero de audio generado para eliminar los posibles defectos introducidos.
Por ello, un libro hablado será siempre un producto caro de producir
si
se desea un nivel de calidad aceptable. No obstante, existe una manera
rápida de producir este material si se está dispuesto a sustituir
la voz humana
por la voz sintética, aunque este cambio representa, indudablemente
una pérdida importante en las cualidades del producto resultante.
En efecto, se puede usar un programa que combine la lectura de un texto
con voz sintética con la conversión a un formato de audio.
Ejemplo de un programa
de estas características es el ya citado TextAloud, de la empresa
NextUp Technologies [NET], que permite crear un fichero en formato MP3
en unos pocos
minutos con sólo copiar al portapapeles el texto que se quiere
convertir y pinchar en un botón de la botonera flotante que este
programa visualiza en la
pantalla.
3.1.3.- Dispositivos de lectura basados en la voz
Hasta este momento se han presentado sistemas de lectura usando voz
(sintética, grabada o una combinación de ambos tipos) que
requieren el empleo de un
ordenador para poder ser usados. Aunque ya existen ordenadores portátiles,
es indudable que un ordenador, por ligero y cómodo que sea, nunca
tendrá la
fácil manejabilidad de un libro convencional. Es difícil
imaginar que estos sistemas informáticos lleguen a sustituir en
la vida real a los libros en papel
si no adoptan formas físicas más portables y manejables.
En los apartados siguientes vamos a revisar algunos dispositivos diseñados
para conseguir estas
ventajas.
Dispositivos con voz sintética
Las fuertes limitaciones fonéticas asociadas a la voz sintética
hacen que en este apartado sólo aparezcan dispositivos diseñados
para personas con discapacidad
visual. Destacan los denominados "anotadores" o sea dispositivos portátiles
destinados a que este colectivo pueda sustituir el uso de papel y lápiz
por
un pequeño aparato que le permita registrar información.
Estos anotadores tienen el aspecto de un teclado portátil, que en
la mayoría de casos es un teclado
braille en vez de un teclado convencional, pero contienen además
en su interior un sintetizador de voz con el que se puede leer la información
que contiene
la memoria del dispositivo.
Como es fácil de imaginar, estos dispositivos son en realidad
pequeños ordenadores camuflados bajo su aspecto de un simple teclado.
Gracias a esta característica
ofrecen otras funciones de gran utilidad para sus usuarios, ya que
contienen software adecuado para servir de reloj-despertador, calculadora,
libreta de
direcciones con teléfonos y agenda además de anotador.
También se pueden conectar a ellos otros dispositivos informáticos,
como impresora y disquetera,
y ellos mismos se pueden conectar a otros ordenadores para intercambiar
información entre sí o, incluso, para actuar como teclado
braille y sintetizador
de voz externo del otro ordenador. Los más completos de estos
dispositivos tienen también salida en caracteres braille, aunque
esta adición aumenta considerablemente
el precio del mismo.
Gracias a estas características, es factible descargar en estos
anotadores ficheros de texto digital en distintos formatos, entre ellos
el formato braille
naturalmente, y usarlos para su lectura con voz sintética.
El más famoso fabricante de estos aparatos era la empresa americana
Blazie Engineering, que actualmente ha sido absorbida también por
Freedom Scientific
[FRS]. Sus anotadores tienen justa fama de dispositivos "todo terreno",
casi inrompibles y muy duraderos, aunque se les achaca que al usar un sistema
operativo
propio no pueden aprovechar todo el software disponible para ordenadores
más convencionales. El enfoque alternativo de usar sistemas de amplia
divulgación
general, como el MS-DOS o el Windows CE, es ofrecido por otros anotadores,
como el Sonobraille, recientemente anunciado por la ONCE [ONC], y el Braillenote,
aparato de elevadas prestaciones, pero también elevado precio,
de la empresa de Nueva Zelanda Pulse Data [PLD]. El último anuncio
en este mercado es el
anotador ELVA de la empresa alemana Papenmeier [PPM], cuyo aspecto
más destacado es usar el sistema operativo Linux.
Sin embargo, hay usuarios discapacitados visuales que consideran preferible
emplear un ordenador portátil convencional dotado de las adaptaciones
necesarias,
como por ejemplo un lector de pantalla, a estos dispositivos específicos
para ciegos. La realidad es que, aunque la frontera entre ellos no está
muy claramente
trazada, anotadores y ordenadores portátiles, son dispositivos
con objetivos diferentes. Un anotador sirve precisamente para tomar notas;
por ello será
el preferido por un estudiante ciego para asistir a clase y pasar los
apuntes luego al ordenador, pero no es el mejor aparato para lectura con
voz sintética.
Hay que reconocer que la voz robótica de los anotadores de Blazie
Enginering requiere mucha práctica para ser aceptada como inteligible.
Existen también algunos aparatos portátiles cuyo objetivo
es directamente la lectura de textos, pero su divulgación es todavía
escasa. El más conocido es
el denominado RoadRunner [RRN], pero sólo está disponible
para textos en inglés. También es digno de mencionar el lector
de braille portátil denominado
Book Worm, fabricado en Alemania, pero su elevado precio, habitual
en todos los equipos que tienen salida en braille, no ayuda a su popularización.
Dispositivos para libros hablados
Dado que un libro digital hablado puede reproducirse en los mismos aparatos
que sirven para reproducir música digital, existe una gran variedad
de equipos
entre los que elegir para esta función. Entre ellos destacan
los reproductores MP3, disponibles tanto en formato de sobremesa como portátiles.
Entre los
primeros los hay autónomos o bien conectables a una cadena musical
o a un televisor. Entre los portátiles los hay de muchos tamaños,
incluso de muñeca
que sirven de reloj además de reproductor de sonido. El tamaño
más cómodo es posiblemente el de una cajetilla de tabaco,
que es el del primer dispositivo
anunciado de este tipo, denominado Rio de la empresa Diamond (actualmente
perteneciente a S3), que contribuyó con su éxito a la proliferación
actual de
dispositivos competidores.
La característica más importante de estos dispositivos
es su forma de almacenar los ficheros de audio, incluyendo el tamaño
de memoria destinado a esta
función. Los aspectos más importantes a considerar son
el tamaño de la memoria y su característica de ser removible
o fija. Sobre el tamaño debe tenerse
en cuenta que un megabyte (MB) de datos contiene aproximadamente un
minuto de música en MP3, pero hasta cuatro minutos de voz grabada.
Por lo tanto, incluso
los reproductores más sencillos con 32 MB pueden contener hasta
dos horas de voz, suficiente para la mayoría de aplicaciones, ya
que es conveniente no
manejar ficheros de más de 15 minutos de duración para
tener un acceso flexible a los mismos. Las memorias removibles son más
cómodas de usar, pero no
hay todavía un modelo de cartucho o disco estandarizado para
esta función. Para las grabaciones más voluminosas el disco
compacto sigue siendo una opción
barata y eficiente ya que es empleado por varios modelos de reproductores,
puede grabarse en ordenadores domésticos y contener más de
cuarenta horas de
voz gracias a su capacidad de 650 MB..
Sin embargo estos reproductores de música no son tan flexibles
como sería de desear para aplicaciones de texto, ya que no reconocen
las características
de un libro digital y no pueden hacer funciones tan básicas
como saltar a una página determinada y mucho menos navegar por los
contenidos. Para conseguir
estas ventajas se tienen que emplear los formatos multimedia específicos
para libros hablados como el ya mencionado DAISY. Aunque ya existen en
el mercado
reproductores de este formato, como el denominado "Victor" de la empresa
canadiense VisuAide [VSA] y el "Plextalk" de la japonesa Plexor [PLX],
la falta
de producción de títulos con dicho formato no anima todavía
a adquirir uno de estos aparatos, aunque puedan usarse para reproducir
MP3 o incluso CDs de
audio convencionales.
3.2.- Sistemas de lectura basados en la imagen
No obstante la gran variedad de productos y dispositivos que hemos relacionado
hasta este momento, se ha de reconocer que ninguno de ellos representa
una
verdadera alternativa al placer de leer un libro en papel. Leer y oír
son dos cosas muy diferentes y escuchar un texto no será nunca equivalente
al hecho
de leerlo. Por esto se dice que los ciegos que no saben leer braille
y necesitan la voz para acceder a una información son semejantes
a los analfabetos
y nunca debe abandonarse el braille por mucho que las nuevas tecnologías
de voz aumenten considerablemente la cantidad de información a la
que puede llegar
a acceder una persona ciega o con baja visión.
Aquellos que profetizan la paulatina sustitución del libro convencional
por el libro digital no esperan, por lo tanto, que el cambio sea debido
a ninguno
de los sistemas que hasta ahora hemos visto, sino a los sistemas que
visualizan la imagen de los textos en la pantalla de un dispositivo. Tampoco
piensan
que los textos a visualizar estén en los formatos más
corrientes actualmente, como pueden ser el texto plano sin formato (ASCII
o USO), el RTF, el DOC
del MS Word, ni siquiera el texto estructurado HTML. Su visión
se basa en el uso de formatos específicos para el libro digital,
como PDF, OEB y LIT, y
en el uso de programas gestores de estos formatos específicos.
Para justificar esta poco creíble, por el momento, profecía
se basan en dos razones: las
indudables ventajas económicas del soporte electrónico
y las mejoras visuales que los nuevos sistemas de lectura aportan.
Sobre las ventajas económicas no hace falta extenderse porque
es evidente que el formato digital es mucho más fácil de
producir y distribuir, evitando además
el riesgo que siempre se corre al lanzar la impresión inicial
de un libro, especialmente de un autor novel. El soporte digital resuelve
además el difícil
problema de almacenamiento y transporte de los libros en papel. Lo
que si quiero resaltar es que estas ventajas económicas no se están
reflejando suficientemente
todavía en los precios a los que se venden los primeros libros
digitales. Este hecho puede justificarse ya que es elevada la inversión
de lanzamiento de
los centros de venta en Internet, que además necesitan amortizarse
en poco tiempo dada la rápida evolución de esta tecnología.
También puede justificarse
por el bajo mercado potencial, que es aún escaso, dado que pocos
navegantes están ya acostumbrados a comprar a través de Internet,
exceptuando quizás
en Estados Unidos. Pero, lo cierto es que si las ventajas económicas
no se traspasan también a los clientes no puede esperarse un cambio
a corto plazo
de los hábitos lectores. Si la demanda de literatura no obtiene
ventajas claras no atenderá a la propaganda de la oferta, por muchas
profecías que se auguren.
Lo que es propio de este artículo es el tema de las mejoras visuales
que aportan los sistemas de lectura. con las que se espera conquistar a
los lectores
potenciales. A continuación se presentan los primeros sistemas
con las nuevas (o a veces no tan nuevas) aportaciones.
3.2.1.- Programas lectores de libros digitales
Dos empresas americanas son las líderes actuales en la carrera
por conseguir la primacía entre los lectores de libros: Adobe [ADB]
y Microsoft [MSF]. Aunque
no son los únicos participantes no son inquietados por ningún
otro corredor. Incluso IBM, que fue el fabricante pionero de estos productos
con el denominado
"Book Manager", no parece ahora dispuesto a competir en este mercado.
Tanto Adobe como Microsoft están distribuyendo sus programas lectores
de forma gratuita,
basando sus ingresos en fuentes diferentes a las de la venta del software.
Los ingresos se obtienen de las comisiones que se cobran a las editoriales
por
las ventas de libros en los formatos digitales propietarios que se
requieren para poder leer con dichos programas; estos formatos son los
ya descritos
"PDF" y "LIT". Este enfoque debe de tenerse muy en cuenta para entender
lo que está pasando, pues la carrera antes mencionada no se está
realizando ante
los ojos del público lector, sino dentro del mundo editorial.
El vencedor no lo van a elegir los lectores (la demanda) sino los editores
e incluso los
escritores (o sea la oferta). Veamos las dos ofertas en litigio que
pugnan para convencer a los editores de las ventajas de su propuesta.
Adobe parte con la ventaja de tener gran experiencia en el mercado editorial,
que le es propio. Es líder en programas de autoedición, usados
para producir
libros convencionales. Con su oferta las editoriales pueden producir
en el mismo proceso tanto el libro digital como el libro listo para ser
impreso en
papel. El PDF es un formato antiguo y muy consolidado para el que existen
hace ya muchos años programas lectores que visualizan el contenido
del libro
en la pantalla del ordenador; entre estos programas destaca el propio
de Adobe, denominado Acrobat Reader, del cual se acaba de anunciar la versión
5.
Puede descargarse de forma gratuita del centro Web de Adobe y de muchos
otros sitios de Internet dedicados al mundo del libro; también está
disponible
en los CD-ROMs de productos multimedia que usan PDF. Por ello, millones
de ordenadores en todo el mundo tienen instalado ya el Acrobat Reader u
otro lector
de PDF. Esta amplia divulgación otorga a Adobe una situación
de privilegio y su principal fuente de ingresos actual es la venta de programas
de autoedición
que generan documentos PDF. La penetración de este formato en
la Web es también muy importante y los principales programas
navegadores son capaces de
visualizar estos documentos con la colaboración del Acrobat
Reader.
A pesar de ello, el Acrobat Reader no es la oferta de Adobe para el
naciente mercado de los libros digitales por dos razones. La primera es
que Acrobat
Reader es una aplicación informática convencional, cuya
interfaz con el usuario está inspirada en la interfaz gráfica
del sistema operativo en que se ejecuta,
por ejemplo Windows o MacOS; por lo cual se considera poco conveniente
para el público general y se supone que un programa lector de libros
digitales debe
simular la apariencia de un libro real para hacer su manejo más
atractivo. Pero la segunda razón es la que parece más importante
para dejar a un lado al
ya popular Acrobat Reader, y es que no se considera que sea capaz de
proteger de forma completa los derechos de propiedad intelectual de los
autores y
editores. Precisamente debido a su universalidad es fácil de
crackear cualquier intento de cifrado que se base en este lector, demasiado
convencional para
los hackers.
Para superar estos inconvenientes Adobe tiene ahora otro lector, también
gratuito, denominado "eBook Reader". Para entrar en el mercado del libro
digital,
Adobe compró Glassbook, empresa fabricante del Glassbook Reader,
lector basado también en el formato PDF pero diseñado específicamente
para el nuevo mercado.
Este lector se hizo famoso por ser necesario para leer el libro de
Stephen King "Riding the Bullet", que sirvió de disparo de salida
de la carrera que
aquí se relata, por lo que se colocó inicialmente en
la cabeza de los participantes (aunque no podemos dejar de recordar que
fue crackeado en pocos días).
El nuevo Adobe eBook Reader es el nombre de la segunda versión
del Glassbook Reader, mejorada con la experiencia de Adobe.
El formato PDF tiene, por lo tanto, el atractivo de estar ya introducido
en el mundo editorial. Un libro publicado en PDF puede seguir uno o ambos
de los
procesos siguientes: ser impreso en papel por la industria gráfica,
y/o ser "compilado" (cifrado en un formato ilegible sin el lector especializado)
para
ser distribuido como libro digital. Si a esto añadimos la indudable
calidad visual de los libros PDF, no es extraño que sea considerado
por muchas personas
como el único capaz de oponerse a los planes del gigante Microsoft.
Hace ya tiempo que Microsoft está tratando de diversificar su
negocio, demasiado centrado en el siempre arriesgado mercado del software.
Como no ha conseguido
tener éxito en sus intentos anteriores, ha puesto ahora su mirada
en la edición digital, a la que profetiza un brillante futuro a
corto plazo. Su oferta
en este nuevo mercado se dirige a los editores y distribuidores ofreciéndoles
la tecnología que les garantiza que los libros editados con dicha
tecnología
son a la vez de atractiva lectura e imposible pirateo. Para atraer
a los lectores distribuye de forma gratuita el programa "Microsoft Reader",
que visualiza
los textos de forma tan legible en una pantalla como si estuviesen
en papel. Se destaca especialmente su legibilidad en las pantallas de tecnología
LCD,
usada en ordenadores de bolsillo (a menudo llamados PDAs por las siglas
de "Personal Digital Assistant") y agendas electrónicas. Incluso
se ha diseñado
un nuevo tipo de letra, denominado ClearType, cuya legibilidad en pantallas
LCD es superior a la conseguida hasta la fecha. Se supone que estos aparatos
van a ser los preferidos para almacenar y transportar los libros digitales.
Por esto la primera versión del MS Reader fue anunciada para el
sistema operativo
PocketPC, evolución del Windows CE,, que es la versión
compacta y ligera del Windows. Los fabricantes de ordenadores de bolsillo
que usan el PocketPC confían
en este programa lector para conseguir un éxito de ventas semejante
al que obtuvo en su día el IBM PC o el teléfono móvil.
Pero como esta fenomenal aceptación
está lejos de producirse, Microsoft ha vuelto a su mercado cautivo
y está resaltando también los atractivos del MS Reader en
los ordenadores de sobremesa,
o sea la versión para Windows; estos atractivos son menos evidentes
ya que la gran pantalla no ha sido nunca cómoda de leer.
Por esto, el aspecto más interesante de la oferta de Microsoft
es la forma como quiere atraer a los editores y distribuidores de libros,
pues espera conseguir
sus ingresos mediante las comisiones que pagan estas empresas
por usar su tecnología. Lo más atractivo de esta tecnología
es que Microsoft asegura que
empleando su formato propietario .LIT, los libros cargados dentro del
MS Reader no pueden ser extraídos del ordenador ni, por lo tanto,
distribuidos fuera
del control de los editores.
Se está usando aquí la táctica típica
de ofrecer gratuitos unos servicios que se están cobrando de forma
indirecta gracias a los precios más elevados de
lo que podrían ser debido a una situación de primacía
o monopolio en otro sector para impedir la entrada de competidores. Empresas
editoriales aliadas
a las empresas de informática mantienen así los precios
altos para los libros digitales y los potenciales beneficios del público
lector no llegan a materializarse.
Por suerte, la situación no está todavía estabilizada,
y dos alternativas pugnan por cambiarla. La primera se basa en el formato
estándar OEB, para el que
han empezado a aparecer programas lectores, también gratuitos
porque son ofrecidos por empresas editoras que confían todavía
en el éxito de este formato,
a pesar de su carencia de una forma de proteger los derechos digitales.
Ya están anunciados por lo menos dos de estos programas lectores.
La empresa GlobalMentor
[GLM] ha anunciado el lector MentorAct y la también americana
ION Systems [IOS] el eMonocle ya disponible. Es de agradecer que
eMonocle ha tenido especialmente
en cuenta las necesidades de las personas con discapacidad visual y
ofrece opciones destinadas a facilitar la accesibilidad. Este paso permite
confiar
en el incremento de la oferta de libros en formato OEB, hasta ahora
bastante limitada. Somos los usuarios los que debemos apoyar esta tendencia
comprando
estos libros con preferencia a los ofrecidos en formatos propietarios
y que restringen nuestros derechos de manipulación de los mismos.
La otra alternativa que se mantiene todavía abierta es la que
representan los dispositivos específicos para leer libros digitales.
Este interesante enfoque
alternativo se analiza a continuación.
3.2.2.- Dispositivos de lectura basados en la imagen
Estos aparatos representan el cambio más radical entre todas
las propuestas vistas hasta ahora. La idea de usar un dispositivo lo más
parecido a un libro,
que oculta su aspecto de aparato electrónico para tener el tamaño,
el aspecto físico y hasta el tacto de un libro es el enfoque que
más simpatías despierta
entre muchos aficionados a la lectura. Se ha querido reservar el nombre
de "libro electrónico" para estos aparatos, pero el nombre no ha
cuajado ya que
también se usa a menudo para referirse al libro digital, es
decir al contenido en lugar del continente.
Esta idea de alejar radicalmente el libro digital del entorno informático
que le es propio es la que representa una visión menos revolucionaria
del cambio
propuesto, ya que el lector de libros apenas tiene que cambiar sus
hábitos para acceder a las ventajas de los documentos digitales.
Aunque la mayoría de
productos siguen utilizando un ordenador, al cual se conecta el aparato
lector, para comprar en Internet y manipular los libros, existen
incluso soluciones
autónomas que permiten conectar directamente el dispositivo
a la red para realizar estas funciones, aunque el elevado precio de estos
dispositivos no ha
permitido que sean los más vendidos.
De hecho este enfoque, basado más en el hardware, ha entrado
también en una situación de espera, semejante a la ya descrita
para las soluciones basadas
en software. Aunque las causas son diferentes, ninguno de ellos está
cerca de conseguir el estallido, tan profetizado, del mercado.
Hace un par de años, varios dispositivos competían por
emerger como libros electrónicos de amplia divulgación. cómodos
de usar y de precio aceptable. Entre
ellos parecía estar a punto de imponerse el denominado "Rocket
eBook" de la empresa Novomedia. Llegó a conseguir un cierto status
de ganador, ya que además
de su precio asequible está respaldado por una lista creciente
de libros digitales en el formato propietario de este dispositivo. Pero
entonces la empresa
Gemstart, conocida por producir guías de programas de TV, decidió
entrar en este mercado emergente y compró tanto Novomedia como su
principal competidora
Softbook. Gemstart ha anunciado nuevos dispositivos que se supone sustituyen
a los anteriores de las empresas absorbidas, pero a precios menos atractivos
y sin ventajas suficientes para que los antiguos clientes se animen
a renovar sus aparatos ni para conseguir muchos nuevos usuarios. Estos
dispositivos
están fabricados por RCA con licencia de Gemstart y se denominan
RCA REB 1100, sucesor del Rocket eBook con pantalla mono croma y RCA REB
1200 de pantalla
cromática y mayores prestaciones y precio. Ambos usan un formato
propietario y han introducido un sistema de protección de derechos
digitales más rígido
que el anterior, lo cual no ha gustado a sus clientes.
La entrada de Adobe y Microsoft con sus soluciones de software gratuitas
no ha ayudado nada y de aquí nace esta situación de espera.
La entrada de alguna
oferta nueva, como las de Franklin Electronics [FRE], fabricante de
diccionarios electrónicos de bolsillo, en este subsector tampoco
ha servido para animarlo.
El lector eBookman ha recibido elogios de sus compradores, pero esto
no ha servido para que tenga una amplia aceptación.
Para complicar la situación se ha revelado recientemente que
se ha conseguido crackear el sistema de protección contra la copia
usado por Gemstart, lo cual
puede afectar sin duda a la disposición de las editoriales a
proporcionar sus libros para este soporte.
La duda que se está planteando es si no es preferible el uso
de ordenadores de bolsillo (PDAs) con programas lectores a dispositivos
de lectura específicos.
Destaca aquí el hecho de que el mayor competidor con que se
enfrentó el Roquet eBook fue la oferta de libros digitales de PeguinPress
que emplean un programa
lector que viene en las agendas electrónicas que usan el sistema
operativo PalmOS, que no ha sufrido los cambios de formato que han dañado
a los productos
de Gemstart. Por esto, los dispositivos de lectura nuevos, como el
citado eBookman de Franklin y el nuevo Hiebook, anunciado pero todavía
no disponible
al escribir este artículo, están proporcionando otras
funciones adicionales a la lectura de libros. Es interesante destacar que
el Hiebook Reader, además
de lector de libros y agenda electrónica es reproductor de sonido
en formato MP3, lo cual abre de inmediato la posibilidad de usarlo con
voz sintética.
Ya se puede adquirir en una pre-oferta del distribuidor de libros eBook
Home [EBH] por 250 dólares junto a un paquete adicional de libros
digitales. Aunque
todavía no está claro en la nota de prensa que lo anuncia,
parece que es capaz de leer libros en formato OEB, aumentando el atractivo
creciente de este
formato estándar.
4.- Breve introducción a los sistemas de producción de documentos digitales
Es evidente que para que el libro digital tenga éxito debe
ser fácil y económico de producir. Aquí se encuentra
una de las más importantes ventajas del
formato digital sobre el convencional. Existen muchas formas de producir
libros digitales, tanto de forma profesional como incluso doméstica.
Aunque no
es el tema central de este artículo, es interesante resaltar
la variedad de aplicaciones informáticas cuyo resultado final es
un documento digital.
Esta variedad de aplicaciones incluye:
? Aplicaciones de autoedición: Programas que producen libros
listos para ser impresos por medios convencionales. Estas aplicaciones
son ideales para organizar
los servicios denominados "Impresión bajo demanda" ("Print on
Demand" o simplemente POD), en los cuales el libro se imprime cuando lo
compra el cliente.
El formato PDF es ideal para este servicio.
? Generación de páginas Web: Usa los mismos programas
empleados para generar páginas Web, especialmente aquellos que ya
utilizan lenguaje XML. La gran flexibilidad
del XML permite que se use el mismo fichero fuente para producir
múltiples resultados, sean páginas web o libros.
? Sistemas de autor para publicación multimedia: Los lenguajes de autor usados para publicar en CD-ROM son igualmente válidos para crear libros digitales.
? Sistemas de producción de libros hablados: Los nuevos formatos
desarrollados para producir libros con voz grabada permiten también
manipular textos y
sincronizar textos y voz cuando son leídos. Microsoft ha declarado
su intención de usar el estándar DAISY de libros hablados
para discapacitados visuales
en su programa lector MS Reader.
? Generación de libros digitales a partir de textos: De forma
general cualquier editor o procesador de textos puede servir también
para crear libros digitales.
Incluso muchos profesionales no usan sistemas más sofisticados
para crear sus documentos, por ejemplo en XML. Existen programas o incluso
macros de procesador
de textos gratuitos que generan los libros digitales a partir de textos
editados de forma convencional. Hasta el formato PDF se crea automáticamente
a
partir de dichos textos de forma simple, por ejemplo haciendo imprimir
el texto en una pseudo-impresora que es en realidad un convertidor a PDF.
4.1- Creación de un texto en braille digital
Un caso especial a considerar aparte es la creación de textos
en el alfabeto Braille literario a partir de un texto digital convencional.
Existen programas
convertidores que realizan esta transformación, de los cuales
el más usado en nuestro país es el desarrollado por la ONCE
[ONC] con el nombre de COBRA.
Es antiguo, es una aplicación DOS, y no muy amigable, pero es
barato (5.000 ptas) y rápido. El programa más usado internacionalmente
para esta función
es el Duxbury Braille Translator (DBT) de la empresa americana Duxbury
Systems [DBS], que es un completo procesador interactivo de textos en Braille.
Su
precio, sin embargo, es lógicamente mucho más alto (unos
500 dólares USA). Es importante darse cuenta de que un texto en
Braille de este tipo es difícilmente
manipulable con cualquier otra adaptación que use un sistema
de representación que no sea Braille (por ejemplo: voz sintética),
por lo que la conversión
a Braille literario sólo nos interesa cuando la representación
deseada sea exclusivamente el Braille, poe ejmplo por desear escuchar el
texto en un anotador
portátil como puede ser el sonobraille.
5.- La gestión de derechos digitales y su influencia sobre la accesibilidad
Para terminar la presentación de los distintos sistemas de lectura,
es interesante destacar las grandes diferencias entre los sistemas basados
en la voz
y los basados en la imagen en relación con el difícil
problema de los derechos de autor, denominado en inglés con las
siglas DRM por "Digital Rights Management".
5.1.- Estado actual del problema
Los sistemas basados en la voz han sido desarrollados para servir las
necesidades de las personas; muchos de ellos se dirigen especialmente a
las personas
con discapacidades lectoras. Por ello no tienen en cuenta el problema
de los derechos de propiedad intelectual. Debido a esto no son tomados
en consideración
por las empresas editoriales que no se preocupan de publicar libros
específicos para ellos, antes al contrario huyen de los formatos
más habituales y manejables
que son aceptados por estos sistemas de lectura.
En cambio, los sistemas de lectura basados en la imagen están
orientados al mundo editorial, que se supone los va a financiar indirectamente.
Por ello ponen
más interés en defender los derechos de autores y editores
que los derechos de los compradores. Estos sistemas de lectura pueden ser
acusados con toda
razón de no respetar los derechos mínimos del comprador,
ya que "secuestran" los libros de forma tal que el comprador no puede ya
disponer de ellos como
hace con los libros convencionales. No sólo no se pueden prestar
a un amigo, imprimir o copiar a trozos, sino que ni siquiera se pueden
trasladar a otros
ordenadores con facilidad o sacar copias de seguridad. Debido a ello,
un virus informático que te obliga a reformatear el disco puede
tener como consecuencia
adicional la pérdida de toda nuestra biblioteca digital.
La situación ha empeorado porque recientemente se ha promulgado
en Estados Unidos la ley denominada con las siglas DMCA ("Digital Millenium
Certification
Act") en la que se apoya el cifrado de los libros digitales y se considera
un delito la actividad de desarrollar programas que descifren los ficheros
encriptados.
La radicalidad de esta ley se ha puesto en evidencia cuando debido
a una denuncia de Adobe el FBI detuvo y se llevó esposado a un científico
ruso que había
ido a Estados Unidos a dar una conferencia sobre seguridad de la información.
La indignación que despertó el hecho obligó a Adobe
a retirar la denuncia,
pero ha propiciado que se hayan presentado demandas de inconstitucionalidad
contra la DMCA.
Esta situación es inaceptable para una mayoría de potenciales
compradores y si no se resuelve no puede esperarse la profetizada sustitución
del libro convencional
por el digital. Parece evidente que un comprador debe poder ser capaz
de imprimir y copiar sus libros para uso privado, porque nadie quiere arriesgarse
a perderlos simplemente porque el fabricante del lector que usa lo
deje de soportar y ya no se puedan leer en los ordenadores que inevitablemente
van a
sustituir a los actuales equipos.
La solución definitiva a este problema debe conseguir un equilibrio
mejor entre las dos partes. Es más un problema de educación
social y cívica que de leyes
o de técnicas de protección de datos. Por ello es el
principal inhibidor del profetizado estallido del libro digital.
5.2.- El problema de la accesibilidad para las personas con discapacidad visual
Para las personas de este colectivo los libros digitales pueden representar
la superación definitiva de la gran barrera que el libro convencional
representa
para sus derechos de acceso a la información, pero esta potencial
accesibilidad puede verse frustrada por las mismas razones que hacen inaccesibles
una
gran mayoría de páginas Web: el predominio de la imagen
sobre el texto, ya que se usan imágenes incluso cuando lo que se
representa en la imagen es total
o primordialmente un texto.
Esta amenaza se convierte en dura realidad cuando se han empezado a
divulgar los sistemas de lectura basados en la imagen. Ninguno de los lectores
predominantes
en este grupo, el de Adobe y el de Microsoft, son accesibles. Ninguno
de los dos formatos propietarios antes citados, PDF y LIT, pueden ser manipulados
por los sistemas de lectura que usan voz o braille descritos en la
primera parte de este artículo. Ni siquiera los sofisticados lectores
de pantalla son
capaces de leer el texto visualizado por el Adobe eBook Reader o el
MS Reader. Esta situación podría ser algo entendible en el
caso del PDF, que es un
formato gráfico desde su origen, pero es incomprensible para
el LIT que, siendo una aplicación XML, es un formato de texto. Su
inaccesibilidad es una decisión
consciente de Microsoft, el cual se justifica diciendo que si un lector
de pantalla pudiese acceder al texto también lo podría hacer
el programa que escribiese
un hacker para piratear los libros en formato LIT. Se justifica el
no atender a los derechos de un colectivo poco afortunado por el hecho
de defender los
derechos de otro colectivo que tiene otras formas de defenderlos.
Ante las duras críticas que se han formulado por esta inaccesibilidad,
tanto Adobe como Microsoft han prometido tomar medidas para resolver el
problema.
Adobe está sacando productos y servicios que ayudan a resolver
el problema y Microsoft está haciendo declaraciones de buenas intenciones
para el futuro.
Las referencias [ADP] y [MSF] dan más información sobre
las promesas de Adobe y Microsoft respectivamente.
Puesto que Adobe va por delante de Microsoft en el tema de la
accesibilidad, es interesante analizar su solución para aclarar
lo que puede esperarse sobre
este asunto. El Adobe eBook Reader no da todavía facilidades
para las personas con resto visual, ya que no permite adaptar eficazmente
el tamaño y el tipo
de fuente ni los colores de fondo y letras, pero ya tiene la posibilidad
de leer el texto con voz sintética. De momento es monolingüe,
lo cual quiere decir
que sólo está bien soportado en inglés ya que
en castellano ni siquiera lee las vocales acentuadas, y no da facilidades
para avanzar o retroceder en el
texto leído, pero por lo menos permite darse una idea del contenido
del documento. Esperemos que las futuras versiones mejoren esta situación.
Nos da idea
de lo que es posible el soporte que proporciona el veterano Acrobat
Reader, cuya versión 5.0 viene preparada con opciones de accesibilidad
incorporadas
en una versión especializada que es también gratuita.
Las personas con resto visual pueden cambiar tamaños, fuentes y
colores para leer mejor el contenido
y se supone que está preparado para que los lectores de pantalla
extraigan el texto a leer sin dificultad. Aunque los lectores de pantalla
más corrientes
están fallando todavía con esta aplicación es
seguro que no tardarán en aprovechar las facilidades que el nuevo
Acrobat Reader proporciona.
Por su parte Microsoft ha prometido que en el futuro el MS Reader incorporará
facilidades de accesibilidad. Incluso tiene acuerdos con las empresas Labyrinten
y isSound.com, citadas como fabricantes de productos para el formato
DAISY, con el fin de usar su tecnología en el MS Reader, que de
esta manera podrá
manipular libros hablados. Observar que esta promesa no implica que
Microsoft vaya a usar el formato DAISY, siendo más probable que
intente usar la tecnología
para crear su propio formato propietario de libros hablados.
Otra razón para la esperanza es que los nuevos lectores de libros
en formato OEB están dando importancia al tema de la accesibilidad.
Por ejemplo, el reciente
eMonocle de ION Systems cuida especialmente este aspecto desde su primera
versión.
No obstante, a pesar de que todo parece indicar que los programas
lectores del futuro serán accesibles para ciegos o personas con
baja visión, hay el peligro
de que estas mejoras no sean eficaces para evitar la marginación
de este colectivo. La razón de este peligro es que las facilidades
de accesibilidad antes
citadas son opcionales y requieren que el autor o la editorial den
permiso para soportar dichas opciones. Como se supone que debido a ellas
será más fácil
piratear los libros es de temer que muchas publicaciones no proporcionen
la deseada accesibilidad. Una vez más parece que el acceso a la
información es
un favor que se puede hacer o denegar según la sensibilidad
del propietario hacia los discapacitados, en vez de un derecho a la igualdad
de oportunidades.
Me temo que si no se presiona para que sea un derecho exigible por
ley, la transformación del libro impreso en libro digital no nos
traiga las grandes
ventajas que suponemos traerá.
En realidad el problema de la supuesta necesidad de que los editores
se vean forzados a elegir entre accesibilidad o defensa de los derechos
de propiedad,
es, también en este caso, más social y económico
que técnico, porque cualquier solución técnica será
probablemente superada por los “hackers”, dedicados
al pirateo, a menos que sea tan compleja que se convierta en un engorro
incluso para el usuario. Es necesario buscar nuevas formas de retribuir
a los autores
y a la industria editorial y, sobre todo, tiene que implantarse una
ética social que considere el pirateo como un delito y no como algo
de lo que el pirata
se puede vanagloriar. Si no hay un rechazo social a este tipo de delito
no habrá forma de evitarlo.
Nuestro colectivo tiene también que modificar su mentalidad ante
este tema. Hemos de reconocer que las personas con problemas visuales estamos
muy mal acostumbradas
a este respecto, porque no estamos habituadas a pagar por estos derechos.
En efecto, la propia ley de propiedad intelectual libera del pago de derechos
de propiedad a los libros editados en formatos especializados para
personas ciegas y, además, la ONCE distribuye muchos libros de forma
casi gratuita porque
asume los costes de producción adicionales. Ahora, sin embargo,
la situación será muy distinta: tendremos la gran suerte
de que muchos de los libros digitales
que se publiquen ya serán directamente accesibles, pero, en
contrapartida, tendremos que pagarlos, pues dudo mucho que las editoriales
se presten a regalárselos
a las personas que demuestren su discapacidad visual. Incluso pueden
tener problemas formatos como el DAISY, que aunque desarrollado para nuestro
colectivo
son de empleo tan cómodo que cualquier persona no dudaría
en preferirlo a una edición tradicional, especialmente si sale más
barato o incluso gratuito.
Hasta el mismo formato Braille, tan propiamente nuestro, puede verse
afectado en su presentación digital, ya que es muy fácil
reconvertirlo, casi sin coste
alguno, a un formato no especializado.
Es un tema complejo y pueden existir distintas opiniones. La del autor
de este artículo es la de que debemos estar dispuestos a pagar por
un libro el mismo
precio que pagan todos los demás. No debemos pagar menos, pero
tampoco tenemos por qué pagar más. Por ejemplo, debemos poder
reclamar el formato Braille
digital de un libro electrónico si pagamos su versión
"en tinta". El coste adicional de preparar un documento para hacerlo accesible
con nuestras adaptaciones
técnicas de rehabilitación visual no tendría que
repercutir en nosotros y debería ser considerado un coste social,
de la misma forma que la supresión de
barreras arquitectónicas no se hace pagar a los que van en silla
de ruedas.
Aunque cada lector es libre de sacar sus propias conclusiones de este
largo artículo, no puedo resistir la tentación de terminarlo
dando mis opiniones personales
sobre la tan comentada revolución cultural que se supone representa
el libro digital. Las separo en dos apartados, de conclusiones generales
y de conclusiones
específicas para personas con discapacidad visual.
Algunas de las entidades que propugnan la transformación
del libro tradicional en digital, especialmente la propia Microsoft, dan
por sentado que va a
ser rápida y revolucionaria, llegando a predecir que el libro
en papel se convertirá en una pieza de museo o de coleccionista
en pocos años. No parece
que esta profecía vaya a cumplirse. Las razones que consideran
van a causar la transformación son principalmente económicas,
pero no tienen en cuenta varios
hechos importantes, que se comentan a continuación.
El primero de ellos es que las ventajas económicas no se
están traspasando a los lectores y se pretende que, de momento,
sólo beneficie a los autores y
editores. Los precios a los que se ofertan los libros digitales en
la actualidad no son aliciente suficiente para convencer a los lectores
de la ventaja
económica. Los precios actuales se están calculando para
niveles de ventas muy bajos, es decir mucho más realistas que los
profetizados. Nadie parece todavía
creer en que las cifras de ventas previsibles justifiquen de antemano
la bajada de precios.
Otro hecho importante es que no puede olvidarse que el cambio
aquí analizado es un cambio cultural y social, antes que económico.
Hemos crecido leyendo
libros en papel y no nos sentimos cómodos leyendo en el ordenador.
Ninguno de los sistemas de lectura digital descritos en este artículo
pueden sustituir
al placer de leer un libro convencional si la vista se conserva sana
para esta actividad. Tanto el ordenador de sobremesa como el portátil
están ampliamente
introducidos ya en nuestros hábitos, pero no pueden manipularse
con la facilidad de un libro en papel. En cambio, el ordenador de bolsillo,
la agenda electrónica
o el mismo dispositivo portable de lectura son todavía poco
divulgados y sólo los usan una minoría, a diferencia de los
teléfonos móviles, totalmente inadecuados
como soporte de los libros digitales. Los grandes atractivos que se
suponen tienen los nuevos programas lectores sólo son apreciados
por sus diseñadores
y rechazados por el público en general.
Finalmente, la falta de consenso sobre el formato estándar en
que se edita el libro digital inhibe a los compradores más convencidos.
Ante el hecho de que
los dos formatos que se disputan el mercado son propietarios los compradores
potenciales temen que la biblioteca adquirida se convierta en ilegible
si
el formato del libro queda obsoleto en poco tiempo. Hasta que no exista
un formato universal garantizado pocos se animan a comprar como si el libro
fuese
un bien perecedero que se consume al usarlo. Todos queremos formar
una biblioteca perpetua.
En resumen, no dudo que el libro digital termine teniendo amplia divulgación,
pero su tiempo de convivencia con el libro convencional va a ser muy prolongado
y no espero ver al papel convertido en una rareza en lo que me queda
de vida. Sólo un cambio tecnológico mucho más radical
que los que aquí se han contemplado,
por ejemplo la aparición y aceptación popular del papel
electrónico, me pueden hacer cambiar esta opinión.
6.2.- Conclusiones específicas para las personas con discapacidad visual
Para los que somos discapacitados visuales el libro digital representa
una esperanza de acceso a la información capaz de acabar con la
marginación en que
ah