UTLAI PUNTO DOC ------ Nº 8, ENERO 2001



Entrevista a José Luis González Nieto.

Por J. A. Ferrero Blanco Correo electrónico:
ligninaz@wanadoo.es

Don José Luis González Nieto Nació en Madrid pocos años antes del comienzo de la guerra civil española, desarrollada entre 1.936 y 1.939. A los ocho años
perdió la vista. Ha dedicado buena parte de su vida a la docencia y al estudio ejerciendo en la actualidad la fisioterapia por cuenta propia.

Pregunta: ¿Influyó la guerra y sus consecuencias más inmediatas directamente en su modo de entender la vida?

Respuesta: En realidad, debo reconocer que tengo una marcada inclinación hacia la reflexión y el análisis del mundo que me rodea y de mi mismo; sin embargo,
también debo admitir que esta pregunta me ha pillado en "fuera de juego" como creo que dirían los "futboleros".

Durante los tres años que duró la Guerra Civil, yo era un niño, no obstante, tengo recuerdos o, quizá debería decir, imágenes instantáneas de aquel período
de mi vida. En el primer bombardeo aéreo que se efectuó en Madrid, al mes de comenzada la contienda, una de las bombas cayó en el patio de mi casa. No
la oí porque estaba durmiendo y no me despertó; fueron los gritos y confusión subsiguiente lo primero que advertí. Tengo escenas inconexass, pero vívidas,
de esa noche. En el patio había un taller de reparación de coches en el que trabajaban unos cuantos "milicianos", uno de ellos me quería mucho y jugaba
conmigo, lo llamaban "Cañón", fue la única víctima mortal de aquel triste suceso.

Vivíamos en un barrio de Madrid -Argüelles- que resultó estar muy próximo al frente de combate, por la ventana de la cocina de mi casa entraban ráfagas
de ametralladora. Nos evacuaron. Tuvimos que abandonar todo y refugiarnos más resguardados hacia el centro de Madrid, por lo que la Guerra la tuvimos que
pasar entera con un "estatus de refugiados", por decirlo así. Carecíamos de todo, incluso de comida, pasamos hambre. Todo ello aderezado con bombardeos
aéreos, huída a los refugios antiaéreos, el constante machaqueo de la artillería y otras lindezas que renuncio a enumerar.

Al finalizar la Guerra no pudimos volver a nuestra casa porque estaba destruida.

Todo ésto y mucho más que omito para no extenderme demasiado, no cabe ninguna duda que marcó, en mayor o menor medida, mi enfoque vital posterior. Una infancia
en la que uno se ve inmerso en este tipo de acontecimientos tiene que dejar huella; sin embargo, yo no soy consciente de ese rastro.

Si no me paro un momento a pensar, hubiese contestado que la Guerra no tuvo ninguna influencia sobre mí; mas, obviamente, ésto no fue así.

P. ¿De qué modo la pérdida de la visión a edad temprana afectó a su manera de relacionarse con las cosas y las personas? ¿O no hubo lugar para semejantes
planteamientos dada la edad y las circunstancias?

R. Mi ceguera se debe a un glaucoma infantil, se descubrió a los pocos meses de vida y fui operado cuando tenía año y medio, me quedó un resto visual que
fui perdiendo paulatinamente durante la Guerra. Cuando terminó era ciego total. Algunos médicos dijeron que las calamidades de la Guerra tuvieron mucho
que ver con la pérdida de ese resto visual.

Debido a la pérdida gradual, mis pocos años y, tal vez, a lo insólito del mundo que me rodeaba, no percibí esta carencia como un drama vital. Por otra parte,
considero que mi familia contribuyó en gran medida a mi adaptación sin grandes traumas.

P. ¿cómo recuerda a su familia durante esos años?

R. A pesar de los avatares bélicos, las incomodidades de nuestra existencia y las, no menores, dificultades de la postguerra, mi familia permaneció unida.
Mis padres y mi hermana, diez años mayor que yo, desplegaron una actitud hacia mí, que, con la perspectiva del tiempo y la experiencia, no dudo de calificar
de ejemplar y aún admirable, si se tiene en cuenta que, en aquella época, no pudieron acudir a nadie que les orientase sobre cómo tratar a un ciego. Me
cuidaron, me ayudaron y no me sobreprotegieron. De hecho, una vez acaba la guerra, mi madre no sé cómo se las apañó para enterarse de la creación de la
ONCE y me llevó al primer colegio que fundó esta entidad en la calle de los Reyes en Madrid. Allí estuvimos, creo que un curso, y luego nos trasladaron
a lo que se conocía como el colegio Nacional de Ciegos en Chamartín. De modo que no perdieron ni un día en escolarizarme, lo que, dadas las circunstancias,
era digno de todo encomio. Después continuaron su labor de apoyo y de ayuda para sortear múltiples dificultades a lo largo de toda su vida.

p. ¿Qué le impulsó a dedicarse a la enseñanza?

R. En 1949 terminé el Bachillerato -que entonces tenía siete años- y el Magisterio o carrera de maestro, luego estos estudios han recibido diferentes denominaciones,
y coincidió que la ONCE convocó, en el verano de ese mismo año, oposiciones a varias plazas vacantes de maestro, o profesor -como se diría ahora- en sus
colegios. Aprobé aquellas oposiciones y después de un curso ingresé en el colegio de Pontevedra. Durante ese curso de espera, estuve destinado como "jefe
administrativo" en la Delegación de Alicante.

He desempeñado labores, docentes durante cuarenta años, en diferentes centros y niveles educativos, lo he hecho con mi mejor voluntad, pero debo reconocer
que no he sentido esa "llamada vocacional del maestro".

En 1950, un ciego estaba, casi exclusivamente, limitado a desenvolverse dentro del ámbito de la ONCE -sospecho que en 2000 este panorama no ha cambiado
tanto como quisiéramos, aunque puedo estar equivocado-, por lo tanto, se podía escoger un puesto docente en los colegios, administrativo en las delegaciones
o de vendedor del cupón. Ante este amplio abanico de posibilidades, no tuve dudas de que prefería la docencia.

P. En torno a los años sesenta Usted decide ya con una familia formada y un trabajo estable en España, marchar a Londres y cursar allí los estudios de fisioterapia:
¿cuáles fueron esas motivaciones tan fuertes?

R. Los primeros años de mi labor de enseñanza se desarrollaron en el nivel primario, no me veía yo dedicado toda mi vida a tales menesteres. Durante estos
años, además de trabajar, estuve estudiando lo que hoy se denominaría ciencias Económicas y, por libre, me preparé en inglés. Así pertrechado me esforcé
en buscar algún trabajo fuera de la ONCE; en aquellas circunstancias resultó ser un vano empeño.

De todas formas, intuía que, aunque difícil, debería haber algún modo de conseguir realizar alguna actividad al margen del manto protector de la ONCE. Entiéndaseme
bien, no sentía ningún tipo de animadversión hacia la ONCE, por el contrario, entonces y siempre he experimentado gratitud y reconocimiento a la entidad;
sentía la necesidad de medir mis fuerzas con la sociedad. No sé si me expreso con la claridad suficiente para que se me entienda.

En este estado de ánimo, me enteré de la existencia de una escuela para ciegos de fisioterapia que el Royal National Institute for the Blind tenía en Londres
desde hacía muchos años. En aquel tiempo, la fisioterapia era desconocida en España, lo que significaba que se constituía como una nueva profesión en nuestra
nación que, ya estaba demostrado, funcionaba en otros países: el camino se presentaba muy arduo, pero posible.

P. De esa época londinense de semiemigrante, ¿podría rememorar las dificultades más sólidas que encontró?

R. Lo primero y más difícil fue encontrar la financiación para la realización del proyecto. Fue el paso previo para la época londinense -como usted la llama-.

A esta altura de la película, hay que introducir a un nuevo personaje que es absolutamente primordial en mi vida y en la consecución de mis éxitos, si alguno
he tenido, me refiero a mi mujer. Ella se vino conmigo a Londres y la lucha que allí sostuvimos fue compartida por ambos, hombro con hombro.

Los primeros meses fueron muy duros, de adaptación al país y a la sociedad, muy diferentes de nuestras costumbres, sobre todo, de las de entonces, ahora
hay menos diferencias. Nunca me sentí "semiemigrante", traté de vivir olvidando que volvería a España. Así pudimos integrarnos en la vida inglesa, sufriendo
y disfrutando de un período de nuestra vida plenamente.

No vale la pena entrar aquí en los sinsabores y alegrías, los escollos y ayudas, todo lo que conlleva la vida diaria. Sí quiero consignar aquí mi agradecimiento
al pueblo inglés en general por la ayuda que nos prestaron a lo largo de más de tres años que convivimos con ellos.

P. ¿y las satisfacciones menos efímeras?

r. La mayor, sin duda, haber logrado el certificado o título de fisioterapia respaldado por una sólida formación, sabiendo que no era un papelín más, sino
algo que valía la pena y el esfuerzo realizado. Además tuve la ocasión de llevar a cabo, otros cursos afines de formación que han marcado mi trayectoria
profesional posterior.

Hice muy buenos amigos, algunos de los cuales, cuando viven, todavía lo siguen siendo.

P.- En 1965 la ONCE inauguró una Escuela para impartir estudios de fisioterapia en Madrid, ¿qué razones cree usted se dieron para que la Jefatura le nombrase
director de un centro de vanguardia y para mantenerlo durante 13 años?

R. Naturalmente, le puedo ofrecer mi personal punto de vista en relación con las causas que concurrieron para la creación de la Escuela de Fisioterapia.
Cuando se llevó a cabo el arranque oficial de la Escuela -quiero decir su creación por O.M. en el B.O.E.-, yo no estaba en España, me lo encontré hecho
a mi regreso.

No obstante, creo que tengo los datos suficientes para reconstituir los hechos. La vida y la historia están compuestas de acontecimientos que son la consecuencia
de la coincidencia temporal de hechos que se relacionan e interaccionan para posibilitar un resultado determinado. En el caso que nos ocupa fue D. Ignacio
Satrústegui, Jefe Nacional de la ONCE (Director General, traducido a la nomenclatura moderna), quien fue el impulsor y creador de la Escuela. En principio,
cuando yo me quise ir a Londres a cursar la fisioterapia, D. Ignacio se me opuso frontalmente a que lo hiciera, negándose a prestarme la menor ayuda para
ello. Perseveré en mi empeño y después de algunas vicisitudes, lo logré enfrentándome con la opinión de la ONCE. Por aquel tiempo se dieron dos circunstancias:
un hijo de D. Ignacio, no recuerdo si por accidente o enfermedad, necesitó que lo tratasen con la fisioterapia incipiente de aquella época; y, por otra
parte, D. Ignacio tenía mucha relación personal con Inglaterra por sus actividades empresariales y era amigo de Mr. Colligan, el Director General del Royal
National Institute for the Blind, la Entidad que hacía muchos años mantenía la Escuela de Fisioterapia para Ciegos en el Reino Unido. Todo ello debió de
pesar en el ánimo de D. Ignacio y le hizo cambiar radicalmente de opinión. No, en vano, él puso las bases de la expansión laboral de los ciegos fuera de
la ONCE. Esto ya sería un capítulo completo de la historia del organismo.

Le aclaro que, a pesar del giro de ciento ochenta grados que dio la ONCE, a mí no me ayudó a terminar mis estudios. Se lo digo como un hecho real, sin poner
en ello ni un ápice de amargura o malestar.

Cuando volví en 1965 me pusieron al frente de la Escuela de Fisioterapia, pura y simplemente, porque no había nadie, ni ciego, ni vidente, que tuviese una
idea clara de lo que era eso. Mi cargo era algo así como, lo que llamaríamos hoy, director técnico. Estuve trece años por la misma razón que empecé. En
un momento dado, fui yo quien dejó aquéllo.

En el organigrama de la Escuela, siempre hubo una persona con rango superior a mí, cuya misión, supongo, consistía en "atarme corto". No es de extrañar,
porque siempre se me ha rodeado de un halo de crítica al poder establecido.

P. La breve relación de profesiones desempeñadas por ciegos en
España ha sufrido importantes modificaciones (creaciones,
desapariciones ytransformaciones), a lo largo del tiempo. ¿Cómo
cree usted que se ha defendido la fisioterapia en ese sentido
desde la década de los 80 hasta hoy y cuáles son sus debilidades
actuales respecto a los no videntes?

R. ¡Vaya, vaya! Parece que ha decidido usted largar alguna carga
de profundidad y, si atiendo a la limitación temporal de la
pregunta, con ribetes malévolos.

Para empezar, permítame que aluda a un concepto que forma
parte del preámbulo de su pregunta. Dice usted: "profesiones
desempeñadas por ciegos". Pienso que hay ciegos que desempeñan
profesiones. No es mi intención hacer juegos de palabras, pero
en este caso, se trata de un juego de palabras que refleja, en
mi opinión, una profunda realidad. Si continuásemos por este
camino nos meteríamos en terrenos movedizos, donde se levantarían
polémicas en las que cada cual hablaría de la feria según le va
en ella.

Aun, circunscribiéndome a la fisioterapia, si intentase
darle una respuesta medianamente aceptable, me llevaría varias
páginas y constituiría un "rollo" inaceptable para los sufridos
lectores.

En líneas generales existen dos problemas básicos en la
fisioterapia: los derivados de la evolución de los estudios, de
su aceptación por la clase médica y la opinión pública, que
afectan a todos los fisiotrapeutas, videntes y ciegos. Y las
repercusiones más específicas que han tenido en estos últimos.
Reppito que no me es posible entrar en este tema con un mínimo
de rigor en este breve espacio.

No obstante, puedo dar algunos datos, no son opiniones. La
única escuela de fisioterapia para ciegos que hay en el mundo es
la española. Digo de "fisioterapia", porque de masaje más o menos
sofisticado hay bastantes más. La única parangonable a la
española fue la inglesa, pero hace unos años, creo que cinnco,
se cerró.

P. Agradeciéndole, no obstante, la valoración excesiva que hace de
la pregunta, permítame que insista: ¿puede hablarnos de sus
avatares personales en esa "feria", siendo sabedores de que los
resultados han sido y son extraordinarios?

R. Desde que dejé mis responsablidades en la dirección de la
Escuela de Fisioterapia, dentro de la ONCE, retorné a mi antigua
misión de Maestro. Después de tantos años, ya no era maestro,
era profesor de EGB, ésto me llenó de satisfacción porque sonaba
mucho mejor, el perro era el mismo, pero con un nombre más
rimbombante.

Estuve unos años en el colegio de Mirasierra, en la época
en que todavía se mantenían los niños con los niños y las niñas
con las niñas; por lo cual estuve rodeado de mujeres por todas
partes, hablaba todo en femenino, porque siendo el único varón -
-es un decir- me parecía de justicia contravenir las normas
gramaticales en pro de una aplastante superioridad numérica, por
lo menos. De aquellos años salí indemne, puesto que no me
afeminé, a lo menos, no tanto como me auguraban mis amigos.

Más tarde nos trasladaron al colegio de Chamartín, donde me
cambiaron de nivel educativo. Pasé a ser profesor de Formación
Profesional.

Cuando la ONCE nos pasó a la Seguridad Social, me jubilé.

Paralelamente a todo lo expuesto hasta aquí, continué la
práctica privada de la fisioterapia. Establecí mi propio gabinete
terapéutico en el que sigo trabajando hasta el presente.

Amablemente, usted menciona "los extraordinarios"
resultados. Supongo que se refiere a mi actividad como
profesional libre. No sé si se ajusta al calificativo que le
atribuye, pero sí tengo que decir que estoy satisfecho. Ahora
bien, debo aclarar que no soy, ni mucho menos, el único
fisioterapeuta ciego que tiene una consulta que le funciona, hay
unos cuantos más y aún digo que alguno es lector de esta revista.

P. De su experiencia como fisioterapeuta ¿qué cuestiones le gustaría
perdurasen a través de otros profesionales y cuáles le producen
serias incertidumbres?

R. Esta pregunta no es nada fácil de satisfacer de una manera
clara y terminante. No sé si estoy en lo cierto al interpretar
que, en su ánimo, preferiría usted que, con mi contestación,
trascendiera el puro campo de la profesión de fisioterapia que
resultaría menos interesante para los lectores en general y que,
por el contrario, procurase enfocar la cuestión, desde mi
experiencia, aplicándola a un campo más amplio.

En el devenir histórico, casi hasta el presente, las
diversas organizaciones y asociaciones de y para ciegos -más
"para" que "de"- han tratado de resolver el problema laboral de
los ciegos con un enfoque más bien simplista. Se formularon la
pregunta ¿qué oficios o profesiones pueden ejercer los ciegos?
Llegando a la conclusión, aparentemente lógica, de que debería
ser aquéllo en lo que interviniese fundamentalmente el tacto o
el oído. Por lo tanto, a primera vista, el masaje y la música
constituirían actividades pintiparadas para los ciegos.
Consecuentemente, se crearon escuelas en las que se enseñó,
masaje, música, telefonía, etc. etc. más adelante se pasa a la
fisioterapia y algunos oficios industriales.

Esta corriente de pensamiento viene determinada por la
tendencia a la generalización aplicada a los grupos humanos. Para
expresar con más claridad lo que quiero decir, pondré algunos
ejemplos: las mujeres, agrupadas como tales por sus caracteres
sexuales; los negros, por el color de su piel y características
étnicas; los gallegos, por haber nacido en Galicia, etc. etc.
etc. Cada grupo presenta una característica común que lo
delimita, en el caso de los ciegos será la carencia de visión.
Pero ello no nos autoriza en absoluto a atribuirles otros rasgos
que, aunque puedan tener una cierta relación con su carácter
común, no quedan implicados en él necesariamente. El hecho de ser
mujer no implica la maternidad, el negro no lleva siempre bien
el ritmo, el gallego no siempre contesta con una pregunta. El
buen oído musical de los ciegos dista mucho de ser generalizable
y aún lo mismo digo del tacto, aunque tal vez haya quien se
sorprenda. Ya sé que la carencia de un sentido o parte física
obliga a desarrollar otras facultades, pero éso ocurre cuando
esas facultades están inherentes en el individuo.

En los países occidentales, se piensa que un ciego está en
potencia de desempeñar muchas profesiones, con tal de que tenga
las condiciones personales adecuadas, se le informe, se le forme
y se le faciliten los medios pertinentes. Por esta razón, las
organizaciones y asociaciones que se dediquen a ayudar al "ciego"
deberían disponer de equipos multidisciplinares que encauzasen
al individuo por la senda laboral que prefiera y por la que esté
dispuesto a "batirse el cobre".

Soy consciente que no he hecho más que "arañar" el tema que
tiene muchas variantes y derivadas y que puede resultar muy
polémico. Para éso, creo, UTLAI Punto Doc nos brinda un foro de debate
en el que se podrán matizar los múltiples aspectos que me he
dejado sin tocar.

Retornando a la respuesta que me pedía. Me gustaría que el
enfoque laboral del ciego continuase en la línea apuntada en
segundo lugar y abrigo serias incertidumbres si prevaleciese la
otra tendencia.

P. Si bien le quedan todavía muchos años de ejercicio profesional
¿qué características cree debería reunir quien continuase con su
clínica?

R. Espero y, naturalmente, deseo que me queden, por lo menos,
algunos cuantos años de vida activa profesional. No sé si habrá
alguien que continúe mi labor, no tengo ni idea. Como usted
conoce mis tres hijos se han orientado por caminos muy
divergentes.

Contestando su pregunta, a lo menos en hipótesis, la
persona que me sustituyese me gustaría que tuviese un estilo
terapéutico parecido al mío. Yo no soy especialista en nada,
trato de aunar y fundir varias terapias, procurando conseguir una
amalgama o síntesis que se ajuste a las necesidades del paciente
y le resuelva su problema, al ser posible, manteniendo una mente
abierta y una duda metódica, dispuesto en todo momento a
rectificar un juicio previo, procurando que el paciente no
advierta esta posición.

Debería estar dispuesto a mantenerse al día en diversos
tipos de terapia. Si añadimos absoluta seriedad profesional, no
engañar jamás a nadie, un buen trasfondo cultural y todo teñido
de buen sentido del humor, creo que sería suficiente.

Ciertamente, yo no creo reunir estas cualidades, pero sí me
gustaría que las tuviese mi sucesor.

P. A lo largo de este cuestionario se han puesto de manifiesto
básicamente sus capacidades intelectuales y profesionales pero
además ¿qué actividades le resulta agradable realizar?

R. Aunque pueda parecer extraño, dispongo de muy poco tiempo para
dedicarme a esas "actividades agradables"; por lo menos a mi me
gustaría emplear más tiempo en ellas.

Sin duda, la lectura es la que más me atrae. Leo de todo:
literatura, ensayo, novelas, noveluchas, "bestsellers"...
periódicos, revistas... El advenimiento de la informática me ha
ampliado este campo como no hubiese podido soñar. Desde hace diez
u once años estoy luchando por aprovecharme de las posibilidades
que nos brinda la informática, lo que constituye en sí misma otra
afición, si bien, para mí, lo que me interesa es el contenido,
no tanto el continente.

Disfruto con la música, sea de mi propia discoteca o de
alguna emisora de radio que ofrezca lo que yo considero buena
música.

Al residir en Madrid me puedo permitir la asistencia al
teatro, que constituye otra de mis aficiones.

Otra actividad que me resulta muy gratificante es el
contacto y la charla con los amigos. Es triste que en la sociedad
actual estén desapareciendo estas ocasiones.

P. A su juicio ¿el arte ayuda a entender la realidad o por el
contrario la emborrona? ¿Y la ciencia?

R. El arte y la ciencia son dos facetas del quehacer humano por
el que nos esforzamos en atrapar el mundo que nos circunda, lo
que, en principio, podríamos definir como "lo real"; queremos
entenderlo y entendiéndolo apoderarnos de él. Esta aspiración
humana nunca se verá colmada, precisamente ese sentimiento de que
no llegamos, de que siempre hay algo más, nos impulsa a seguir
viviendo.

El arte nos brinda una visión estética y subjetiva de lo
real, pero no por ello menos incisiva. La ciencia es lo que se
supone objetivo, medible, comprobable; parece satisfacer a la
razón, a lo menos si nos mantenemos a los niveles de Newton y
Euclides. La ciencia moderna del siglo XX -Einstein, Niels Bohr,
Max Planck, Heisenberg- se desenvuelve por unos planos que
parecen bastante menos razonables y, sin embargo, ha propiciado
los gigantescos avances actuales.

P. En fin, ya que hemos llegado hasta aquí no nos queda más que
agradecerle su espontaneidad y diligencia en sus respuestas,
rogándole añada seguidamente lo que considere oportuno.

R. Para mí, esta entrevista ha sido una experiencia, por lo
menos, curiosa y diferente de algunas otras que me han hecho a
lo largo de mi vida. Hasta ahora siempre fueron orales ante un
micrófono en directo o grabadas, en estudio de radio o
televisión, incluso en la sala de mi propio domicilio; en
realidad, todo se reducía a una conversación dirigida por el
entrevistador aderezada con todos los ingredientes de humana
inmediatez propios de estas ocasiones. Lo que aquí se ofrece es
una entrevista a la que deberíamos calificar o definir de algún
modo ¿entrevista virtual? Suena bonito, pero tal vez no sea muy
exacto. En este caso, los intervinientes hemos estado separados
por unos 400 kms y cada uno en su casita. El E-mail iba y venía
con preguntas y respuestas. Por lo que a mí respecta fui
consciente desde el principio que uno de los escollos que habría
de eludir era la falta de espontaneidad, por lo que decidí
responder sin pensarme mucho las respuestas, como sucedería en
una conversación oral, por otra parte. Por ello he quedado muy
halagado por el entrevistador cuando, amablemente, me adjudica
la espontaneidad como característica de mis contestaciones.

Agradezco a la dirección y redacción de "UTLAI Punto Doc" la
deferencia que ha tenido hacia mi persona al escogerme como
primer entrevistado para una sección de la revista que, supongo,
se creará a partir de este número. Recae, pues, sobre la
dirección la responsabilidad del resultado, por eso espero y
deseo que, si no interesante, por lo menos no resulte pesada y
enojosa.

Desde que conocí esta revista, me pareció un acontecimiento
esperanzador en el erial social circundante. En este país nuestro
-antiguamente llamado España- casi todo el mundo espera que la
resolución de sus problemas venga del poder establecido, sea
estado, autonomía, municipio, organización... sin embargo, la
gente de UTLAI han decidido "hacer camino al andar", esa es su
fuerza, por eso me tendrán colaborando a su lado, si estiman que
puedo ser de utilidad.

También supongo que "UTLAI Punto Doc" habrá cruzado nuestras
fronteras y estará siendo leída allende los mares, vaya, pues,
un cordial saludo a nuestros hermanos de habla hispana. A
propósito de la comunidad cultural y lingüística que nos une con
aquellos países del otro lado del Atlántico, recuerdo que durante
una vacación que disfruté en Costa Rica con aquel maravilloso y
amistoso pueblo "tico"; para decirme: "espere un momento", ellos
decían: "Regáleme un momento". De una forma parecida, yo les digo
a todos: "Muchas gracias por el tiempo que nos han regalado".

A la hora en que entrego estas líneas, el inquieto conocimiento de este hombre que tiene algo de precursor se empecinará con un programa informático o viajará
en la sutil burbuja de una obra de teatro o narración ligera. Mientras, a su lado Julia, compañera leal, descenderá y subirá por los diferentes planos
de la realidad con la dificultad de
quien ha vivido y animado a otros por medio de la delicadeza y el respeto que acompañan la dignidad de las personas.
Para ellos la consideración y el reconocimiento de un aspirante a ciudadano.

Madrid - Sancibrián - 27 de noviembre de 2000

 

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