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LA SITUACIÓN INTERNACIONAL Y
EL PETRÓLEO EN COLOMBIA
CARLOS GUILLERMO ALVAREZ H.
Profesor Honorario
Universidad Nacional
RESUMEN
El presente trabajo busca efectuar
una exposición sintética del centro de la Política de Recursos en Colombia en
la década pasada, retomando básicamente elementos de trabajos anteriores del
autor para insistir en resaltar la característica básica de la política
energética colombiana: la privatización de las rentas energéticas de la Nación.
Se hará una introducción
relativamente breve sobre ciertos fundamentos económicos; a continuación se
efectuará una reflexión sobre la geopolítica y la economía petrolera mundial
que enmarque el contexto de la política colombiana; se enfatizará en el
carácter estratégico y agotable de la energía, en especial la situación de
penuria en un horizonte cercano para los grandes consumidores, que son,
paralelamente, grandes potencias militares en disputa por los abastecimientos.
Se insistirá también en la
importancia de grandes variables físicas que influyen en la geopolítica
mundial.
Se presentará un resumen de las
medidas de política energética implantadas desde la administración Gaviria
terminando en el Plan de Desarrollo de Uribe, para inferir las características
antinacionales de éstas, con una breve referencia a las propuestas de algunos
de los actores armados en Colombia.
La parte conclusiva, enfatizará
sobre el carácter multicriterial (económico, ecológico y político) y contradictorio
de una política de recursos, en contraste al estrecho marco económico que hoy
domina el diseño de ésta.
Desde Ricardo era claro que las leyes económicas se referían a los bienes producibles a voluntad: “…al hablar de los bienes, de su valor de cambio y de las leyes que rigen sus precios relativos, siempre haremos alusión a aquellos bienes que pueden producirse en mayor cantidad, mediante el ejercicio de la actividad humana, y en cuya producción opera la competencia sin restricción alguna”[1]. Por tanto, es urgente recordar que en la economía y la política de los hidrocarburos, la libre competencia no pasa de ser una ilusión[2]. Se puede afirmar pues que las recomendaciones de política energética que emanan de las posturas neoliberales en boga, han de ser miradas con cuidado.
Incluso, el mismo Robert Solow, premio Nóbel por sus
elaboraciones sobre el crecimiento económico, reconoció el papel básico de la
realidad física para la economía. Sin duda para que una economía sea sostenible físicamente, debe mantener
un cierto monto de la inversión o mantener el inventario del capital con el que
cuenta la sociedad; hay que evitar que la sociedad se gaste las rentas de la
minería[3],
como lo indica uno de lo textos reconocidos en la economía ambiental de corte
neoclásico del mencionado Solow. Ahora, el mismo autor va a terminar por decir (a pesar de sus
reticencias anteriores) que: «estamos abocados a depender
de indicadores físicos para
poder juzgar la actuación de la economía con respecto al uso de los recursos
ambientales.»[4].
Es pues claro: para el examen de la economía
y la política energética se necesita
pues, partir (y llegar) de indicadores físicos (incluso modelados matemáticamente para preguntarnos sobre sus
tendencias) en especial si se desea
llamar la atención sobre ciertos problemas[5]
y para lograr el diseño de políticas estratégicas en una sociedad. Podríamos hacer una pregunta típicamente económica para empezar: ¿El precio del petróleo hoy es una buena señal para
“poder juzgar la actuación de la economía
con respecto al uso de los recursos ambientales”, por ejemplo, la
sostenibilidad económica, la contaminación atmosférica y el gasto de las
reservas fósiles? La respuesta es claramente no. En
otras palabras, las herramientas económicas para el examen de la asignación de
los recursos energéticos son insuficientes.
Una primera gran característica de la economía mundial desde el punto de vista físico es su condición de ser particularmente energívora. El potenciamiento de la capacidad productiva de la fuerza de trabajo desde la revolución industrial hasta el modelo denominado fordista, pasa de la “era” del carbón, a la “era” del petróleo, aunque todavía el carbón suministra una cuarta parte de la energía primaria para el mundo hoy[6]. Tal potenciamiento ha implicado en primer lugar, un extraordinario incremento de la riqueza material y monetaria de las sociedades modernas y, en segundo lugar un uso desmedido de la herencia natural de energía creada hace unos 80 millones de años en un proceso único, irrepetible en la escala humana del tiempo.
Gráfico 1:
CONSUMO DE ENERGÍA PRIMARIA 1750-2000
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Nótese que apenas en el medio siglo pasado el consumo energético mundial se multiplicó por 4, lo que daría una tasa media anual de incremento de un 8%; no parece que un fondo energético finito sea capaz de sostener este crecimiento exponencial como se nota incluso en el gráfico anterior. El uso desmedido de la energía fósil es un problema capital para las sociedades modernas.
Este
problema es vislumbrado claramente por Dick Cheney, vicepresidente de los
Estados Unidos, en reporte oficial del gobierno norteamericano; se resalta el
problema de la producción insuficiente de la primera potencia económica del
mundo.
¿Qué
tan grande es el problema? Veamos los datos que aporta Cheney para los Estados Unidos.
Gráfico 2:
EL DÉFICIT CRECIENTE DE ENERGÍA EN USA
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Fuente: “National Energy Policy, Report of
the National Energy Policy Development Group”, Dick Cheney director.
En principio, Estados Unidos deberá importar en 2020 casi el 45% de la energía total que consume, si las tendencias del consumo son las que retiene el mencionado reporte[7].
El informe deja claro que para la Unión Americana el abastecimiento petrolero sigue siendo un
problema de seguridad nacional[8];
esto quiere decir que emplearán todos los medios políticos y militares para
garantizar su abastecimiento y el de sus “amigos”. Recuérdese que ya Estados Unidos[9],
con la ayuda económica de Arabia Saudita y logística de Egipto lanzó, por
intermedio de un fuerte grupo de mercenarios “internacionalistas” islámicos la
más famosa yihad del siglo pasado en Afganistán[10],
con el pretexto para los yihadistas de combatir al ateo Oso Ruso que invadió
desde diciembre de 1979 a un país islámico; el motivo de la administración
norteamericana era precaverse, por medio de fanáticos[11]
musulmanes, contra un ulterior embate comunista sobre las reservas del Medio
Oriente pues la entrada en Afganistán, no había duda, era el primer paso para
llegar los “rojos” a
las aguas tibias del Índico y de allí es un paso al Medio Oriente[12].
Bastante más clara (por la participación directa norteamericana) fue la
respuesta a la intervención contra Sadam Hussein por su invasión a Kwait en
agosto de 1990, que dura hasta hoy; se trataba evidentemente de una
defensa militar de un área vital de suministros energéticos para Occidente y de
influencia política, para cumplir los
pactos expresos entre Estados Unidos y Arabia Saudita en materia de defensa[13],
contra garantía de abastecimiento.
Estados Unidos importa una porción baja de sus abastecimientos
del Medio Oriente; ahora, sus aliados europeos y asiáticos si dependen
físicamente del suministro de esa región. Se volverá más adelante sobre el
asunto. Ahora, si las reservas, como se mostrará posteriormente, a más de
finitas están por llegar a su punto máximo de producción en poco tiempo, la
región (y los países) con mayores reservas se tornan más y más importantes cada
día. En resumen, el acceso sin restricciones al abastecimiento petrolero es un problema geopolítico estratégico para el
Hegemón.
De otro lado,
no es sólo Estados Unidos quien tiene intereses estratégicos en el Medio
Oriente como proveedor de energía o como sitio de inversiones para capturar
rentas. Nótese las fuerzas que actuaron en el Consejo de Seguridad de las
Naciones Unidas ante la presión desaforada (y hoy sabemos fue infructuosa) que
ejerció la administración Bush para que legitimaran su plan de ataque y
derrocamiento de Hussein y establecer régimen títere en Irak[14].
En primer lugar Francia, se sabe, se opuso a la acción militar unilateral del
Hegemón. Pero Rusia y China tampoco aceptaron la intervención unilateral de la
Casa Blanca en Irak. ¿Por qué? Digamos claramente que no se puede decir que la
motivación de tales potencias haya sido en aquel momento –como no lo es hoy– la
defensa de la “institucionalidad internacional” y la “democracia”. En efecto,
se presentaron (antes de la invasión) incluso declaraciones burdas (y claras):
el acceso al petróleo de Iraq está en juego por cualquier medio. Voceros
políticos norteamericanos, republicanos, indicaron en los noticieros de
televisión, que quien no se enfilara con la invasión norteamericana no podrá
tener solicitudes de permisos de exploración. Después de la escandalosa
invasión Colin Powell declaró expresamente que había que sancionar a Francia[15].
El “exilio”
iraquí, evidentemente manipulado por Washington, declaró que no reconocerá
ningún derecho contractual a compañías o países que hasta hoy han tenido
relaciones comerciales y políticas con Hussein, en una expresa alusión a China,
Rusia y Francia. Frente a esta declaración Blair voló a Moscú y aseguró a Putin
que, en caso de apoyo ruso a la postura anglo-americana en Naciones Unidas,
“los derechos rusos serán tenidos en cuenta”. En efecto, los intereses
comerciales rusos no son una bagatela. La edición de The Observer de Londres
del 6 de octubre pasado publicó una investigación[16]
que entrega datos reveladores sobre la real apuesta en juego para los
soviéticos y occidentales. “Luke Oil”, el gigante petrolero ruso tiene firmado
un contrato por us$ 20.000 millones para desarrollar el campo de “West Qurna”.
El año
pasado, la compañía rusa Zarubezhneft firmó un contrato con un potencial de us$
90.000 millones en el campo de “bin Umar”. En fin, para terminar el asunto del
potencial de inversiones extrajeras en Iraq, el The Observer resalta que el
World Energy Outlook de la Agencia Internacional de Energía de 2001 valora el
potencial de inversiones en Iraq en 1.1 billones decimales (millones de
millones!!). Es obvio que las multinacionales norteamericanas tomarían la parte
mayor de semejante pastel. Recuérdese que a más del Presidente (Harken Energy)
y el Vicepresidente (Halliburton) norteamericanos, hombres reconocidos del
medio petrolero, la señora Rice, directora de la poderosa Agencia Nacional de
Seguridad, llegó del súper conglomerado Chevron-Texaco[17].
La
investigación del semanario inglés afirma que “un funcionario francés le dijo a
The Observer que Francia también temía tener perjuicios económicos de las
ambiciones petroleras norteamericanas al final de la guerra”. Agrega a
continuación The Observer de manera muy clara: “Se adelantan negociaciones
entre la empresa Total-Fina, de propiedad estatal, y Estados Unidos sobre la
redistribución de las regiones petrolíferas entre las compañías petroleras
mundiales. Los intereses depredadores de Washington sobre el petróleo iraquí
son claros a pesar de las declaraciones políticas sobre los motivos de la
guerra”. Esta grave afirmación no ha sido controvertida por los medios petroleros internacionales.
Actualmente –fines de mayo de 2003– el
Consejo de Seguridad otorgó el virtual protectorado al Hegemón mediante
resolución 1483 de mayo 21 de 2003, mediante el reconocimiento que los
ocupantes tienen “autoridad”, matizada con la existencia de “obligaciones” para
los mismos. Es claro hoy (junio 2003), que China, Rusia y Francia no se
opusieron, ni votaron en blanco esta resolución. ¿Por qué? Sin duda el Hegemón
les ha dicho que respetaría “sus derechos”.
De otro lado,
se debe decir que la jugada del Hegemón puede tener otro blanco estratégico:
desbalancear la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), pues un
aliado (o títere mejor) norteamericano en su interior con un buen potencial,
puede jugar más con los intereses norteamericanos, que con un potencial
nacionalismo árabe, como puede ser el caso con Iraq hoy[18].
En fin,
China, el más populoso y poderoso Estado de Asia y el mayor rival potencial del actual Hegemón, tiene
acuerdos políticos con Irán –cuya soberanía no está claramente aún en juego,
pero está en la mira de Washington por ser parte del “eje del mal” definido por
el Hegemón– y le quedaría más difícil negociar sus abastecimientos futuros, con
Washington y sus títeres, que con naciones soberanas.
Otro
periodista europeo, Ignacio Ramonet en la edición de octubre de 2002 de Le
Monde Diplomatique[19],
es de opinión semejante a la de The Observer.
Klare[20],
el acucioso observador norteamericano del conflictivo mundo de los recursos
naturales, es bastante claro sobre las implicaciones de la búsqueda y defensa
de los estratégicos hidrocarburos; anticipó claramente que:
“Estados Unidos no puede
incrementar en 50% su consumo de petróleo extranjero, como prevé el nuevo
plan energético de George W. Bush, sin
inmiscuirse en los asuntos políticos, económicos y militares de los Estados de
los cuales se espera que fluya ese petróleo. Esta injerencia puede adoptar
formas diplomáticas y financieras en la mayoría de los casos, pero a menudo también requerirá acción militar”
(Énfasis agregado)[21].
Es pues
bastante claro hoy, que los intereses petroleros están en el centro de la
acción política de las grandes potencias, frente al asunto del Medio Oriente y
de Iraq en particular.
¿Cómo
explicar el asunto con categorías “modernas” de la ciencia política o del
materialismo histórico?
¿Qué categorías se pueden emplear para mirar este fenómeno del mundo petrolero hoy?
¿Está de vuelta el imperialismo? Sin duda. Con la caída del Muro de Berlín en 1989, el marxismo y sus análisis han estado comprensiblemente a la defensiva. El imperialismo es una categoría que emerge de una descripción de la realidad geopolítica en la posrevolución industrial, ante la clara acción depredadora del capitalismo frente a los hombres, los recursos naturales y los países “atrasados”. Klare no parece retomar una categoría esencialmente de la sociología marxista, pero otros analistas británicos y norteamericanos si lo hacen sin temores, quizá porque algunos desean reeditar las épocas idas del Imperio victoriano, ahora bajo la dirección de otro gendarme. Es el caso de Robert Cooper [22], analista del “Foreign Office” y asesor privilegiado del “socialista” Tony Blair, el conocido escudero europeo del nuevo César. Un barrido rápido en las revistas norteamericanas como “Foreign Affairs” o “Foreign Policy” nos ilustraría sobre las justificaciones del “buen” imperialismo que enfrenta al “mal[23]”; una peculiar mirada de la política imperialista, empelando ahora los sentimientos religiosos del americano promedio.
Resumamos la argumentación del célebre trabajo de Cooper. Sin duda, los imperios están un tanto desuetos y el término está muy desprestigiado. Los estados “posmodernos” como los de Europa occidental, no significan ninguna amenaza para el mundo; pero existen estados “premodernos” (como Somalia y Afganistán), o inclusos tradicionales estados “modernos”, que todavía tienen poderes y “razones de Estado” para ser agresivos (como India, China) y sí son una amenaza potencial.
“Miembros del mundo posmoderno no consideran invadirse
unos a otros. Pero zonas amodernas y premodernas significan amenazas para
nuestra seguridad”. Agrega nuestro prístino autor: “El mundo posmoderno debe
empezar a emplear estándares dobles. Entre nosotros, operamos sobre la
base de leyes y seguridad cooperativa. Pero, tratando con estados anticuados
(“oldfashioned”) fuera del continente posmoderno europeo, necesitamos volver a
los métodos mas ásperos de una época anterior –fuerza, ataques preventivos, engaños– , lo que sea necesario para
tratar con aquellos que viven en el siglo XIX , o sea de cada Estado para sí
mismo.” (Énfasis agregado).
La práctica
de los ataques preventivos, como herramienta de seguridad nacional está ya
legitimada por documentos oficiales de la Casa Blanca[24],
en consonancia con las nuevas justificaciones del anacrónico imperialismo.
Es bastante
claro que es la filosofía política que anima a la administración Bush-Blair:
engaños[25],
ataques preventivos, fuerza unilateral y ocupación militar de regiones
estratégicas… Es el nuevo credo del imperialismo “posmoderno”, que poco tiene
que envidiarle al imperialismo francés o británico del siglo XIX y que insulta
la memoria de los demócratas padres fundadores de la nación norteamericana y al
socialismo inglés. En algunos círculos esta proposición de Cooper se le ha
denominado, Oh paradoja, “imperialismo defensivo”. Sería una “fuerza del bien
para el mundo” empleando palabras del mismo Blair. Las ambiciones imperiales de
Bush, Blair y su corte son evidentes.
Son muy
claras las intenciones de instaurar una regencia en Iraq y Venezuela e incluso
en Arabia Saudita, Kuwait e Irán[26].
Como se sabe, se estima en algunos medios que Iraq tiene un 11% de las reservas
mundiales de crudo, Venezuela casi el 100% de las reservas de crudos pesados y
el 5% de las de medios y livianos, Arabia Saudí, el 25% de las reservas de
livianos y medios e Irán, el 10% de estas últimas.
La reflexión
de Klare es justa: las necesidades
energéticas del Hegemón (y sus
amigos) lo llevan a recurrir a la fuerza,
por fuera de cualquier consideración demagógica de la “defensa de la
civilización”, la “democracia” o
cualquier otra entelequia teórica del mundo “posmoderno”.
Pero el abastecimiento petrolero no es sólo un problema anglo-norteamericano; nos encontramos ante un problema de calado planetario. Veamos otros elementos materiales básicos para entender la economía y la geopolítica petrolera.
2. 2. Más indicadores físicos: ¿Una crisis
ad portas?
En su “World Energy Outlook 2000”[27] la Agencia Internacional de la Energía (AIE), tras suponer que no habría en los próximos 20 años problema de reservas disponibles para el mercado mundial[28], deja al descubierto –sin preocuparle mucho– otro creciente problema: las grandes zonas consumidoras (excepto Rusia) no podrán abastecerse con sus recursos energéticos y tendrán que ser importadoras netas de crudo ya desde principios de siglo. Veamos un gráfico sobre esta vital dependencia:
Gráfico 3:
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Nótese que dos potencias atómicas, con la mayor población de la tierra como países (China e India), deberán conseguir fuera de sus fronteras la gran mayoría de su consumo petrolero; China perderá totalmente su relativa autosuficiencia, India importará casi la totalidad de sus necesidades lo mismo que la U.E en 2030. Ni que decir de los hoy grandes grupos de consumidores: la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) y Estados Unidos, que por lo demás son potencias nucleares y han declarado que su abastecimiento energético es un problema de seguridad nacional[29]. No se puede pensar que la estrategia de abastecimiento de estas grandes potencias asiáticas sea muy distinta a la del gran Hegemón.
Ahora, para toda la región asiática un abastecimiento normal provendría del Medio Oriente, como zona próxima que puede disponer de excedentes. La otra zona de abastecimiento que se prefigura es el área del Mar Caspio[30], pero de un potencial mucho menor al Medio Oriente.
La estimación de consumo para 2020, tomando una incremento lineal de un 2.3% sugieren que el consumo en aquel año sería de unos 115 millones de barriles diarios (mbd), frente a unos 75 mbd de hoy.
Ya se ha dicho, desde el punto de vista estratégico, es claro que la zona de mayor suministro futuro tiene que ser el área de mayor concentración de reservas: el Medio Oriente tiene el 65% de las conocidas hoy[31]. No se trata sólo de una zona geográfica; como se sabe existe un formidable grupo de gestión política del mercado, la OPEP, que posee como grupo alrededor del 75% de las reservas conocidas; no es ciertamente un grupo disciplinado y de opiniones uniformes para la gestión de los inventarios, y por tanto para una cierta gestión del precio; se conoce que entre sus miembros se han desarrollado incluso cruentas guerras[32]. Pero, no se puede desconocer que han actuado como cartel y han incidido de manera decisiva en la formación del precio mundial. A fines de 1999, el alza de precios se debió sin duda a relativas restricciones en la producción; en una palabra a la actuación política de sus miembros.
La “Energy Information Agency” (EIA)
del “United States Departament of Energy” (USDOE) efectúa ejercicios de
prospectiva en el terreno energético. En un reciente ejercicio de largo plazo[33]
sobre el suministro petrolero, estima que la OPEP será el productor de balance
para un consumo mundial de unos 115 mbd en 2020; suministraría más del 50% del
total mundial; la antigua Unión Soviética suministraría unos 15 mbd[34],
o sea un 13% del total y otros países y zonas el resto, o sea unos 45 mbd,
un 36% aproximadamente.
Gráfico 4
SUMINISTRO REGIONAL
ESTIMADO DE HIDROCARBUROS
115
mbd 75 mbd 50 mbd
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Las estimaciones de otras
instituciones guiadas por el mercado son similares. Ya se dijo que hay
dudas sobre la capacidad incluso de la OPEP[35]
para producir 60 mbd en 2020 (o sea más del doble de la producción de 2000).
Incluso hay dudas importantes,
se dijo en la nota de pié de página anterior, sobre si la antigua Unión
Soviética podría producir los 15 mbd mencionados arriba. No obstante lo que se
desea resaltar es el carácter estratégico
de la producción del la OPEP, incluso si no llega a suministrar los 60 mbd
mencionados atrás.
Ahora, si la OPEP no logra suministrar el crudo estimado para el balance petrolero mundial y lo mismo sucediese con la antigua Unión Soviética, es claro que la economía mundial tendría que optar medidas casi heroicas para el balance de las necesidades; estaríamos entrando al fin de la época del petróleo barato. Es también claro que la sociedad está ante un problema de alcance global: si el crecimiento del consumo continua, hay una verdadera crisis de abastecimiento en el horizonte cercano. Los analistas de la geopolítica lo saben bien[36]. El control militar y político sobre Iraq mira el petróleo como poder incluso sobre los amigos del Hegemón, en especial si el horizonte de la producción pico está ahí, como espada de Damocles.
2. 3 Reservas y pico de producción: dos miradas
(AIE 2000, Lahérrère 2002)
Hay severas
dudas sobre las posibilidades de llevar al mercado los 115 o 120 mmbbd de que
hablan ciertas instituciones de prospección en los medios occidentales como la
Agencia Internacional de la Energía (AIE), basada en París o la Energy
Information Agency (EIA) de la Secretaría de Energía norteamericana (USDOE).
La lógica de
los críticos al optimismo de las anteriores agencias (e incluso al denominado
“saber convencional” de la economía) es simple (y hay proyecciones
geoestadísticas que apoyan seriamente esta opinión); de un lado para extraer
petróleo hay que encontrarlo y en los últimos 35 años la sociedad está
consumiendo mucho más de lo que encuentra; de otro lado se puede generalizar al
mundo la conocida “campana de producción” que permite a los ingenieros de
petróleo efectuar predicciones muy acertadas sobre la producción futura de los
yacimientos.
El reconocido
geólogo Colin Campbell[37]
suministra la siguiente información estadística recopilada por
Petrolconsultants[38],
y agrupa los datos por los grandes descubrimientos; se puede deducir un patrón
de descubrimientos que se ajusta bastante bien a una función normal. La
explicación de este ajuste se basa en el conocido Teorema Central del Límite[39];
en la práctica la ley de los rendimientos decrecientes de la actividad
exploratoria está en el centro de estos resultados; veamos:
Gráfico 5:
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(El ajuste
presentado es del autor). Nos encontramos pues frente a una clara tendencia
decreciente de los hallazgos, examinando datos de más de 70 años. Si le
agregáramos información sobre la exploración de las últimas cinco décadas, cuyo
pico son 12.000 taladros exploratorios en 1982 (ver gráfico 6 más adelante), se
puede concluir sin mucho temor de equivocación: a pesar del gran desarrollo
tecnológico de los últimos 30 años, la exploración no dio los frutos esperados,
pues la mayoría de los hallazgos ya se hicieron, incluso con tecnologías
exploratorias de menor rendimiento[40].
Las posibilidades de sorpresas en una geología planetaria bastante conocida
(incluso a grandes profundidades marinas) son muy pocas, por eso se puede
esperar que la producción futura no seguirá la línea creciente que desean los
economistas. La naturaleza va en otro sentido.
Con estos
datos de disponibilidad geológica de reservas, se puede calcular técnicamente
la trayectoria de producción futura, pues, como se dijo atrás, también se ha
encontrado que la extracción de un campo individual sigue un patrón normal –la
extracción crece, deja de crecer, se estabiliza y decrece casi de manera
simétrica–, y por tanto, muchos geofísicos y geólogos han diseñado una especie
de campana de producción mundial, que sigue una trayectoria normal. Es una
buena herramienta de predicción, pues sigue la lógica de los descubrimientos,
y, además, ha sido probada en la zona madura más conocida del mundo: los
Estados Unidos; como se sabe, la extracción allí ha tenido muy poca influencia
política, pues la propiedad privada y el mercado iluminan la política
norteamericana en casi toda su trayectoria de producción.
Veamos un
pronóstico de producción que presentó recientemente el geofísico Jean Lahérrére[41]
empleando la técnica denominada “curva de Hubbert”, en honor al eminente
geofísico norteamericano y descubridor de esta poderosa herramienta matemática[42].
Gráfico 5
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Si las
reservas totales (incluyendo las ya gastadas, unos 950 Gb, las existentes bajo
tierra hoy, unos 850 Gb y las por descubrir) fueran 3.000 Gb (o 3 Tb), el pico
de producción máxima se presentaría en la próxima década, con una producción de
unos 90 mbd.
Es claro,
pues, que sería muy difícil lograr una producción de 115-120 mbd como estiman las
proyecciones lineales de la EIA y la AIE para 2020, si las reservas no se
incrementan considerablemente. La tendencia de los grandes descubrimientos no
sugiere que aumenten las reservas; veamos los descubrimientos netos (descontado
el consumo anual) en relación con los esfuerzos exploratorios de los últimos 40
años.
Las barras
verticales del próximo gráfico muestran el saldo anual en Gigabarriles (Gb) y
la línea muestra la evolución de los taladros exploratorios nuevos cada año.
Veamos pues la brecha creciente entre consumo y descubrimientos en casi medio
siglo con datos de Petroconsultants tabulados por Campbell:
Gráfico 6
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Fuente: Campbell, 2002. (Comunicación personal) Sus trabajos se
encuentran disponibles en www.oilcrisis.com
Se nota pues que a pesar del
extraordinario esfuerzo exploratorio de la década del setenta, potenciado por
los altos precios de la misma, éste culmina en 1982, cuando se pusieron en
operación 11.000 taladros exploratorios; el saldo neto es claramente negativo;
el consumo supera ampliamente los descubrimientos en casi unos 15 Gb anuales en
promedio para la década. Estos datos son físicos. Es decir, no se acumula nuevo
petróleo neto…¿De dónde va a salir el petróleo para los 115 mbd? No parece que Prometeo, el generoso semidios
griego que dio el fuego a los hombres, vuelva con otro regalo. El petróleo
barato no existirá más.
A manera de conclusión geopolítica
hagamos una pregunta: Si todo indica,
pues, que se presentará un severo desequilibrio entre la oferta y la
demanda, ¿Cómo se balanceará el asunto?
La respuesta es sencilla: los
tambores de guerra que baten Bush y Blair, son el centro del “ajuste”
requerido: control (cuando no posesión directa) sin discusión de las
principales reservas del Medio Oriente. Es bueno, aclara que tal ajuste no
implica que aparecerán nuevas reservas. Simplemente, quiere decir que el
Hegemón y sus escuderos se servirán primero. A más de que las compañías
anglosajonas se embolsarán una parte importante de las rentas absolutas que
antes eran propiedad de Iraq.
Ante semejante panorama mundial, que
por lo demás se podía vislumbrar desde mediados de la década pasada, Colombia
optó a inicios de la década por una política económica de apertura desaforada
en todos los terrenos. Los desastres de esa política se pueden notar más en la
agricultura colombiana, devenida importadora neta a pesar del desempleo rural y
la abundancia de tierras y en la industria, las prácticas fueron las mismas en
el terreno energético y petrolero. Veamos
3.1. Un resumen de las medidas aperturistas en el terreno energético
Recuérdese que el campo energético
no fue la excepción al aperturismo desordenado que caracterizó la política
económica colombiana en la pasada década. No se mencionará el procedimiento y
los resultados en todos los sectores.
Recordemos que en el ambiente del
sector eléctrico colombiano lleno de problemas –en el cuál algunas empresas
estaban ante una bancarrota y con importantes necesidades de inversión
sectorial– de manera legal se expidió una ley eléctrica (142/93) y otra de
servicios públicos (143/93); en estas leyes se fijaron criterios generales para
la privatización de sectores económicos, antes de responsabilidad pública, y a
partir de 1993 con participación
privada, la responsabilidad en última instancia de la prestación del servicio y
las inversiones se mantendría en el Estado colombiano.
Lo que sí no propuso el Ejecutivo
(ni sus “asesores” del FMI-BM y la banca multilateral) ni el legislativo lo consideró, fueron
mecanismos de control social y legal frente a la previsible avalancha de ventas
de bienes públicos. Es claro hoy (y también lo era entre 1996 y 2000), que los
bienes públicos se feriaron de manera sospechosa o, al menos irresponsable[43].
Mencionemos unos cuantos ejemplos para ilustrar el asunto de la absoluta falta
de control político y legal sobre esa feria.
Termotasajero, una térmica a carbón
fue valorada por la UPME en us$ 120 mns por sus 179 MW instalados o sea a unos
us$ 800.000 el MW. Se vendió a us$ 80.000 el MW, es decir, a una décima parte
de su valor comercial. Termocartagena, una planta similar a la anterior en
capacidad instalada se vendió a precio similar, a us$ 84.000 el MW. Para
Betania y Chivor , dos centrales hidráulicas con unos 1.500 MW instalados, el
promedio por MW, fue de us$ 799.000. El costo de reposición de una hidráulica
supera el us$ 1.200.000 por MW; es decir los activos mejor vendidos, se
traspasaron por el 67% de su valor! Las valoraciones de ISA e ISAGEN fueron
igualmente escandalosas (por alrededor de una tercera parte de su valor
comercial). El poder político (administración Pastrana) se negó incluso ante el
Tribunal Contencioso Administrativo de Cundinamarca a presentar los meros
criterios técnicos de valoración financiera de ISAGEN, alegando que el First
Boston Credit Suisse [44],
el evaluador-promotor de la venta, era una entidad privada. Ni siquiera la
Contraloría General de la República, órgano de control político del Ejecutivo,
logró que éste mostrara las cuentas, ni a la Procuraduría se le ha ocurrido
valorar la conducta legal de los altos funcionarios públicos promotores de
semejantes escándalos financieros, que sugieren un nivel de corrupción en estas
operaciones.
En el caso de la venta del interés
nacional (50% del total) en la mina de Cerrejón Norte, ésta se efectuó por, al
máximo, una tercera parte que evaluaciones técnicas efectuadas por economistas
independientes. Nadie logró parar la venta, y peor aún, ni pedirle cuentas
políticas o penales por esta verdadera “lesión enorme[45]”
al patrimonio público colombiano.
Es claro que, independientemente si
se justificara o no la venta de ciertos activos públicos, no hubo controles públicos ni transparencia ante los procesos que se restringieron al círculo interno del poder presidencial.
Ya en los hidrocarburos la variación
de la política pública ni siquiera sufrió el proceso de reforma legal en el
poder legislativo. Fue tomada directamente bajo supervisión e inspiración de la
Presidencia de la República ante reclamos y presiones permanentes de los
inversionistas extranjeros y quizá ante conveniencias propias o compromisos con
el Hegemón. Mucho menos ha sufrido controles políticos (ante el legislativo) ni
legales ante los Tribunales[46].
Describamos brevemente el centro del asunto.
El punto de cambio en la política
petrolera colombiana se presenta en la administración Gaviria, partidario
radical de las reformas inspiradas en el Consenso de Washington. La política
privatizadora en los hidrocarburos se lanzó en un seminario, “Cusiana y la
economía colombiana en los años noventa”, efectuado bajo los auspicios del
Banco Mundial y organizado por el Departamento Nacional de Planeación, DNP, en
julio de 1993 en Bogotá[47].
Se puede resumir la política básicamente como de privatización de las rentas petroleras
y secundariamente de algunos activos del sector de hidrocarburos.
Las medidas se perfeccionan desde la
administración Gavira hasta la Pastrana, pasando por la de Samper y terminando
con el Plan de Desarrollo de Uribe. Brevemente han sido las siguientes:
Presentemos
los resultados de varias simulaciones estáticas que el investigador ha
efectuado sobre algunas de las medidas mencionadas.
• Privatización del transporte de crudos. La pérdida efectiva desembolsada por el país puede ascender a más de us$ 1.100 millones (mns)por el concepto del aumento de la tarifa sobre el costo de producción efectivo de una unidad de transporte.
•
Disminución del
excedente en manos de ECOPETROL para crear un fondo en el exterior y forzar
a ECP a prestar en el mercado de capitales. El valor actual de fondo supera los us$ 1.000 mns.
•
Reducción de la
participación de ECP a un 30:70, frente al 50:50 anterior. La pérdida simulada del país en un
contrato de un yacimiento gigante supera los us$ 1200 mns, como costo de oportunidad, es decir, ECOPETROL deja de ganar, sin ser un desembolso efectivo.
•
La simulación total de un contrato en un yacimiento grande, del tipo de
Nare-Cocorná (de unos 100 mns.
de barriles recuperables) si el precio fuera us$17/b, con la nueva
reglamentación, la pérdida de las regalías sería de unos us$142 mns. ECOPETROL,
el otro agente participante, pierde unos us$ 10 mns. En cambio los ganadores
netos serían el gobierno
central que aumenta su participación en us$ 54 mns.; el gran ganador es el
asociado privado que aumenta sus beneficios netos en us$ 100 mns.
•
Una simulación
estática para el contrato Catalina propuesta por la administración Uribe,
muestra que a us$ 1.5/KPC la suma del flujo neto de efectivo supera los us$ 800
mns si se venden los 1.400 GPC hasta el año 2016. (y un VPN de casi us$ 259
mns, descontado el mismo flujo al 13%). Es decir el costo de oportunidad del
estropicio de Catalina para el país está entre los us$ 259 y 800 mns, según el
criterio adoptado!!
Las sumas perdidas son enormes;
incluso si consideramos las pérdidas por los saboteos de las guerrillas, entre
1986 y 2001 cuando se perdieron 2.9 millones de barriles, los costos,
incluyendo la descontaminación, la reparación del tubo y el valor del crudo,
asciende a unos us$ 59 mns. Una primera conclusión de estas cifras, es que la
administración pública le ha causado más pérdidas a la Nación por la política
aperturistas en 9 años, que el sabotaje en 16 años!! Ahora, no es un dilema
real, pues lo cierto es que ambos daños se han presentado.
Para enmarcar con otros parámetros la política de apertura en las dos últimas administraciones colombianas (Pastrana y Uribe), es bueno contextualizar adicionalmente la política energética colombiana.
3.2. La coyuntura política reciente: el
fallido proceso de paz y el petróleo.
El fallido proceso de paz animado por la administración Pastrana, permitió discutir con cierta amplitud la política petrolera colombiana a solicitud de los ‘actores’. La insurgencia, el paramilitarismo, y la denominada “sociedad civil” han presentado sus puntos de vista sobre la política energética y petrolera.[50]. Aunque se cita de memoria, es interesante resaltar que en su momento las denominas AUC, presentaron una propuesta de política petrolera bastante similar a la que hacía circular el ELN.
Si se tomara como referencia del pensamiento insurgente más radical, la propuesta mencionada[51], se puede concluir que no hay nada de ruptura socialista, con el ambiente social y político colombiano. Sus propuestas políticas son congruentes con una política liberal normal y nada revolucionaria: mantenimiento controlado de la inversión extranjera, participación democrática en el diseño de la política, inversión en ciencia y tecnología y fortalecimiento de la industria nacional, entre otros.
Ahora, las medidas que optó la administración Pastrana, es claro que no rompieron con la política de privatización al ultranza de las rentas petroleras, sin ningún tipo de participación social, ni siquiera cumpliendo con su propuesta electoral de un Consejo Nacional Petrolero, propuesta similar a la del ELN de un “Consejo Nacional Energético”.
Vale la pena, antes de continuar, afirmar que el sindicato petrolero colombiano ha mantenido una actitud honrosa frente al asunto de la política apátrida con los recursos naturales del país, sostenida por las sucesivas administraciones del Estado colombiano. Es claro que el centro de los reclamos en sus pliegos de peticiones no parece buscar la igualación de sus niveles salariales con otros trabajadores sindicalizados del sector energético o industrial colombiano. Veamos niveles salariales recientes en la gran industria colombiana.
Salarios promedios en algunas empresas del país.
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EMPRESA |
SALARIO MES |
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1 |
ISA |
2.015.058 |
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2 |
Cerromatoso |
1.812.135 |
|
3 |
Texas Petroleum Company |
1.651.172 |
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4 |
Empresa telecomunicaciones de Santafé |
1.555.654 |
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5 |