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Valencia, capital de la República

José Luis Pitarch

Turia  4 de Noviembre de 2006

 

        Ça y est!, el sábado 4  memoraremos que, ha siete décadas, Valencia fue “Capital de la II República” durante un año (con permiso de mi amparador en los años de plomo, Paco Umbral, que se confundió al escribir, el pasado 5 de julio: “Valencia fue la última capital de la República española”; fue Barcelona). Cuando, a comienzos de 1.990, viniendo de Nicaragua, di una vueltita por Guadalajara en un llano, para pasar dos días con Rómulo Negrín --hijo del gran y discutido don Juan, ex piloto republicano-- del Ebro, del oro de Moscú, de Brigadas Internacionales, de la inopinada marcha de España de su padre, prácticamente horas después del golpe de Casado, Rómulo me hablaba de su vívido recuerdo de aquella Valencia gubernamental y parlamentaria, cuando visitaba a su progenitor en sede ministerial, en la actual “Bancaixa”, calle del Mar. Sí, Valencia fue capital del Estado y régimen más digno y traicionado de nuestra Historia. ¡La II República tenía que resolver tantos problemas de siglos, y en tan difícil momento económico y político mundial!

        Me toca estos días contar a mis sufridos alumnos de “constitucionalismo español” que aquí no prosperó una Monarquía “nacionalizada”, diría J. de Esteban, al servicio de la Nación; sino la Monarquía “tradicional”, donde Nación era un conjunto de pasivos súbditos, que detentaban  poquito la Soberanía, con Cámaras seudorrepresentativas, y libertades apenas reconocidas. Salvo los breves paréntesis de las Constituciones de 1812, 1837 y 1869, y la nonata Constitución de la I República, ahogada por Pavía y los guardias civiles que mandó a las Cortes; que éstos enseñaron el camino a Armada y Tejero. Aquí no hubo revolución burguesa ni clases medias capaces de asentar una democracia liberal; sino un rancio ménage à trois Rey- Iglesia-Estado, con inmenso poder de la de en medio (por eso rabian hoy los obispos, de ver que las cosas cambian algo, como rabia Mena a su manera, de ver que el Ejército ya no es árbitro interventor). Queda para otro día escoliar la perenne propensión “regionalista” en España desde la Edad Media, los Reyes Católicos, los Austrias. Pues nuestra “unidad” no ha sido homogeneidad a lo francés-jacobino. Esta articulación definitiva, no a base de que media España venciera a la otra media, también figuraba en el ingente programa de la II República.

        En fin, que el 4 de noviembre, gracias a la donación de Joan Genovés, a la ayuda del Ayuntamiento de Quart, al empeño de la Plataforma 14 de Abril y el tesón de su coordinador Roberto Ruiz, al trabajo incansable de Guillermo Gil, Albert García, Vicente Adam, Marcial Tarín, y un poco un servidor, etc, tenemos Acto. Pese a increíbles zancadillas como la siguiente: un artista nos escribe que no viene por “lealtad” a un personajete de estos lares, cuyo nombre omito. ¿Qué inventos le habrá contado éste, cuando nos respaldan Genovés, Juan Diego, JL Sampedro, Labordeta, Montxo Armendáriz, Mª del Mar Bonet...? Quel pays!, solía decir un amigo gabacho.

      

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