Que Aznar pida perdón 

Mª BLANCA BLANQUER - Ex directora general de la Generalitat 

No se entiende que hayan sido necesarias unas fotos para descubrir el sadismo en el ejército de un pueblo que exigía América para los americanos y ahora también reclama para ellos el absoluto control material y espiritual de todos los pueblos del mundo; siempre, claro está, que en ellos se encuentre alguna fuente de riqueza que explotar en el propio beneficio. 

Las huellas de sus guerras permanecen indelebles por allá donde pasaron: Corea, Vietnam, Afganistán con sus reportajes en Guantánamo y un largo etcétera. De su forma de entender la democracia es muestra el tratamiento que reciben los presos y los inmigrantes que desarrollan en su suelo las más humildes tareas. De su sentido de entender la libertad, la férrea censura moralista que tapa bocas, cubre imágenes y se escandaliza por la exhibición en vivo y en directo de una teta femenina mientras produce películas con los más abyectos crímenes y pornografía. 

Han destrozado Iraq. Han sembrado de muertos el país y de torturados las cárceles, se han cobrado en un año más víctimas que el propio Sadam en una década, sin tener en cuenta que quizá los subyugados preferían sufrir a manos de sus propios déspotas que a causa de los ejércitos de ocupación. 

Winston Churchill dijo que la democracia era el menos malo de los regímenes. A estas alturas podemos preguntarnos si no es el peor para los pueblos que se rigen por principios de índole religiosa que no compartimos, pero para ellos significan su irrenunciable escala de valores. Son otras culturas, otros hombres, no podemos uniformar las mentalidades y mucho menos hacerlo selectivamente, como esos a los que el señor Aznar se asoció con la complicidad de su camarilla y ni siquiera la de sus votantes que se lanzaron a la calle rechazando la guerra. 

No se puede imponer la democracia a costa de las vidas. Otra cosa sería que se mostrase como un ejemplo de participación y solidaridad con los problemas sociales, internos y externos, con un concepto universal de las necesidades humanas, creando los cauces para paliarlas.

En nombre de Dios empalábamos a los indios paganos y en nombre de la democracia torturamos a los seres humanos. La Cruz Roja Internacional ha manifestado que lo que sabemos es sólo la punta del iceberg y la corresponsabilidad es del trío que se reunió en las Azores. Según el ex presidente Aznar, nuestra colaboración era humanitaria pero ahora ya sabemos que el trato era inhumano. ¿Mintió el ex presidente, como lo hizo con las armas de destrucción masiva? ¿No se enteró de nada? ¿Tiene idea de lo que significa la responsabilidad por omisión? Bush y Blair se han apresurado a pedir disculpas, incluso utilizando la lengua árabe. Aún estamos esperando que Aznar, en su propio nombre y el de los suyos, tan situados en las pantallas y medios de comunicación de sus Urdazi, asome su rostro para hacer lo mismo: por haber asegurado la existencia de esas armas sin prueba alguna, por humillarnos sometiéndonos al imperialismo angloamericano, llevarnos a una guerra no querida, fingir una ayuda humanitaria con un ejército armado hasta los dientes, ser coautor o cómplice de torturas, señalar rotundamente, sin pruebas, a los autores del terrible atentado de Atocha. Y con un especial apartado por lamentar la retirada de nuestras tropas que no seguirán coadyuvando en la guerra que no acaba, en una reconstrucción que, rayando el ridículo, ha de recurrir a altos mandos del depuesto Sadam para que colaboren. Aunque no sepa árabe, aunque se expresa en ese catalán que íntimamente chapurrea, aunque se lo monte de becario de Bush en pago de los (malos) servicios prestados. Aznar ha de pedir perdón. 

Que el PP haya participado en la guerra que continúa con la ocupación de Iraq no debe extrañarnos porque ellos tampoco entienden el verdadero sentido de la democracia. Han censurado hasta la saciedad el tripartito catalán y el Gobierno de Rodríguez Zapatero. Si un partido político alcanza la mayoría absoluta, se le acusa de rodillo; ante coaliciones, de debilidad. España ha de seguir siendo una, grande y libre; pero en este país hay muchas Españas, hoy autonómicas y en un día no muy lejano federadas, diversas ideologías tan demócratas que son capaces de compartir responsabilidades políticas y de gobierno, que podrán o no quebrarse, pero al menos demuestran la capacidad para hallar puntos de encuentro que nos permitan avanzar. Como hace ya casi tres décadas para consensuar la Constitución española, que en ningún caso se ha mostrado débil en sus años de vigencia. 

Con esta actitud exclusivista, el PP demuestra que tampoco cree en la Europa que surgirá de la estructuración de diversas ideologías ofreciendo, a cambio de algunas áreas de renuncia propia, la riqueza que proviene de la unidad que pretendemos construir, no sólo económica, sino ante todo y sobre todo solidaria en lo social; para ellos Europa es la despensa que otros llenarán sin pensar que quien recibe está obligado a dar, que hemos de crear un bloque continental fuerte, cohesionado, capaz de frenar el imperialismo americano, cerrar el arca de su potencial económico que tanto se parece a la caja de Pandora. 

La democracia europea sí que puede ser un ejemplo a seguir por otros países en el conflicto social que hemos creado a causa de la industrialización que ha dividido el mundo para convertir una parte del mismo en simple lugar de explotación, vulnerable, fuera de nuestra identidad, excluido del sistema de nuestros valores que según el concepto expresado por Albert Schweitzer es la reverencia por la vida que fomenta el despliegue de las facultades específicas del ser humano; ya que, como señala Erich Fromm, las normas necrófilas conducen siempre a la disfunción. 

Hemos de ser parte en la gestión del mundo cuyas dificultades nunca son insuperables. Desde la paz. Que Aznar pida perdón.

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