Tortura en el estado español (Omnipotencia e impunidad)
José
Iriarte, 'Bikila'
Rebelión
La publicación
de pruebas fehacientes de que las tropas de ocupación aliadas, y sobre las de
los EUA, torturan, vejan y humillan al prisionero, esta impactando conciencias y
creando una importante crisis política que amenaza con poner patas arriba, los
fundamentos de la guerra y posterior ocupación de Irak.
¿Por qué?
Se me antojan algunas respuestas. La primera es, que una cosa es imaginar,
incluso, saber que se tortura, y otra visualizar el horror. Uno recuerda el
impacto que lo produjo el testimonio de Andoni Arrizabalaga torturado por la CG
en el 66; la fotografía del desnudo cuerpo de Amparo Arangoa convertido en un
gran moratón tras su paso por el cuartelillo de Tolosa; la imagen del cadáver
de José Arregi, muerto en comisaría, y con evidentes muestras de la tortura
sufrida; el rostro deformado de Unai Romano, hace tan solo un par de años; el
testimonio de Martxelo Otamendi, por citar solo algunos casos. Y es que la
evidencia pone patas arriba la hipocresía. Es lo que ocurrió con el GAL;
durante años, denuncias fundamentadas de las implicaciones del Ministerio del
Interior en la Guerra Sucia quedaban en saco roto (incluso IU miraba hacia otro
lado). Hasta que salto la liebre, sobre todo, a partir del descubrimiento de las
fosas de Lasa y Zabala. La segunda tiene que ver con la coyuntura y la
oportunidad política. El horror, el rechazo moral, en política tiene un efecto
muy limitado, si con ello no se desencadenan mecanismos que pongan contra la
espada y la pared a los responsables. En plena euforia patriotera, nadie en los
EUA osaba cuestionar la invasión, aun sabiendo que ello producía muertes y
horrores sin cuento. Eran daños colaterales. No ponían en tela de juicio la
causa del bien. Hoy se duda "sobre la justeza de la causa, y sobre todo
sobre su solvencia. Los yankis se creen la encarnación del bien, y resultan ser
los que son, y la tortura es solo una muestra más: unos imperialistas
dispuestos a cualquier cosa por llevar adelante sus objetivos. Y con esto,
entramos de lleno, en lo relativo al fin y los medios. Recuerdo el debate sobre
la Guerra de Argelia, las criticas del PCF (partidario de la Argelia francesa,
pero no por cualquier medio) sobre la practica de la tortura y la cínica
respuesta del General Massu: "quien quiere una Argelia francesa, no tiene
mas remedio que aplicar todos los medios a su alcance". La brutalidad del
militar, pone al descubierto el rostro de la colonización, que deja de ser
paternalista en la medida de que se enfrenta a la rebelión de los colonizados.
Tenemos en nuestro caso, (dejo al lado mi punto de vista abertzale y de
izquierdas, e intento situarme en una onda democrático constitucionalista) de
quienes pretender defender su democracia, mediante la extensión y generalización
de "leyes", decretos, "ad-hoc", como la "ley anti-terrorista",
la "ley de partidos", las reformas cada vez mas represivas del código
penal, que al final dejan irreconocible lo que de democrático , tiene la
Constitución española (no demasiado). Es de esperar, que las interrogantes y
preguntas que algunos juristas y demócratas empiezan a mostrar sobre lo que
ocurre en el Estado español, traiga una catarsis democrática, un preguntarse,
sobre como resolver los conflictos, si con más represión o con más
democracia.
De todas formas, todos estos aspectos sobre las causas que motivan en el uso la
tortura, con ser importantes, no llegan al núcleo duro de la cuestión. Y es
que además, de unas causas generales: guerra, represión, invasión, hay
elementos concretos, que inciden en que el horror rompa todos los diques de
contención, ya que se ejerce sobre detenidas y sujetas a un régimen de
incomunicación y total indefensión. Y lo que es peor. Producen y sistematizan
la existencia del torturador, como un producto de una política y una forma
reglada de interrogar. Esta reflexión, viene al cuento del interesante articulo
titulado "La tortura y la política de la ambigüedad" publicado en el
El País, y escrito por Michael Manning que fue interrogador especialista en el
142 batallón de la Inteligencia Militar de la Guardia Nacional del Ejercito de
los Estados Unidos. Vamos, de alguien que sabe de que esta hablando. El centro
de la argumentación tiene que ver la ambigüedad consciente con que se entrena
a los interrogadores en materia de derechos humanos. Se les dice que tienen que
respetar la Convención de Ginebra, pero no se les enseña en que consiste tal
convención, y sobre todo se les inculca la idea de que a fin de cuentas su
interpretación debe de ser bastante laxa, y siempre en virtud de las
efectividad del interrogatorio. Esto nos lleva a preguntarnos, en general, como
se educan a los policías en lo relativo a los medios y fines. Hay sin embargo
en el articulo un aspecto, que no ha llamado la atención de los comentaristas y
que a mi me ha impactado. "La efectividad de un interrogador depende de
que pueda convencer al detenido de su omnipotencia (...) sencillamente, el
detenido tiene que creer que su suerte está completamente en manos del
interrogador". O sea, el interrogador tiene que asumir el papel de un
Dios, que concede a su arbitrio castigo y ,o, recompensa en función de las
respuestas del detenido. El detenido tiene que creer al igual que en el infierno
de Dante, que no hay esperanza... salvo la que le quiera dar el interrogador.
Esa relación, puede obligar a muchas situaciones, desde la simple presión
sicológica, a los malos tratos, o la tortura más salvaje y despiadada. Por
que, a la omnipotencia va unida el sentimiento de impunidad. El torturador sabe
que para ello tiene que quebrar toda esperanza en el detenido, y que para logra
tal situación, puede hacer lo que quiere. ¿O es que esa omnipotencia le viene
de la nada? El ejemplo, mas claro, cuando, durante las practicas, el articulista
se "pasa" conscientemente y ningún instructor le llama la atención.
Es mas, consiguió la más alta puntuación.
Algo así ocurre, cuando los tribunales absuelven la mayoría de los casos de
guardias civiles acusados de torturas; o simplemente les dan una sanción ridícula
arguyendo retrasos en su resolución, cuando es publico y notorio que ello es
debido a la obstrucción que se lleva a cabo desde el Ministerio del interior.
Ello tiene que ver, cuando políticos y gobiernos defienden sistemáticamente a
sus policías, se niegan a introducir cámaras de video que registren los
interrogatorios, y abolir la incomunicación, etc. Y lo que es peor, y más
flagrante, que un gobierno (como el vasco)que dicen estar en contra de leyes
como la antiterrorista permita que su Consejero de Interior se aproveche de las
mismas en los interrogatorios de la Ertzantza.
Guerras, invasiones, situaciones antidemocráticas, uso y abuso de leyes de
excepción, y una policías que se creen omnipotentes en su relación con el
detenido, y además, casi casi, impunes, intocables. ¿O no es así?
* José Iriarte, 'Bikila' es miembro de Zutik.