Culpar
de la docilidad de los ciudadanos a la mala información me parece una
simplificación. Pero no rechazo el aserto por ser una simplificación. No estoy
contra las simplificaciones. Son más perturbadoras las complejidades
artificiosamente interesadas y el ocultismo. Estoy contra las simplificaciones
semivacías. Es que no responde a la auténtica relación efecto-causa ni aun en
una parte del binomio.
Ni siquiera creo que sea bueno culpar de la docilidad de los ciudadanos a la
mala información. Primero porque los ciudadanos nada pueden hacer y genera
impotencia, y tampoco los multimedios van a cambiar sus criterios,
directrices y vicios deliberados o asumidos, por denunciar nosotros que es falsa
su información sin señalar golpeando con el dedo donde está la falsedad cada
vez que surge la sospecha. Sólo hay un mecanismo eficaz frente al abuso del
poder, pero espanta: ¡la revolución!...
La inferencia a sensu contrario sería: con una buena información periodística y televisiva el ciudadano (que no sabe y no quiere pensar) pensaría mejor. ¿Y qué si pensase mejor? Francamente, no creo que tampoco una información veraz, y más que veraz, imparcial, y más que imparcial, rigurosa, originase ciudadanos mucho más rebeldes de lo que son ahora, y en las dosis que lo fuesen no siguiesen siéndolo, como ahora, asimismo de boquilla...
En cualquier caso son ganas de situar el centro de gravedad del
“problema” en su especialidad, la periodística. Pero es como si el oftalmólogo
atribuye a razones optométricas la enfermedad ocular que tiene su raíz en una
disfunción endocrina. No digo que no influya en alguna medida la desinformación,
pero la etiología de los males de nuestra sociedad está en razones más
profundas. Creo que hay mucho mayor fundamento para situarla en la educación y
formación general de la población. Y esto no tiene solución...
La culpa, la etiología de todo está en la educación en sumisión. Lo
que se hace en escuelas, institutos y universidades es repetir las orientaciones
y prédicas que se imparten en las universidades estadounidenses donde Marx y
otros contracapitalistas están proscritos desde tiempo inmemorial. Por eso no
es imaginable en un país occidental un ministro marxista o engeliano o
simplemente partidario del colectivismo y del cooperativismo. ¿Qué
posibilidades, si ir más lejos tiene de gobernar un partido radical de
izquierdas? Tengamos por seguro que, al menos en nuestro país, si se produjese su presencia
decisiva en un gobierno inmediatamente iría el ejército a cerrarle
el paso al final del pasillo. Ahí tenemos a Lula a punto de fracasar
estrepitosamente, y no por su impericia y menos por su poca voluntad. Ahí
tenemos a Chávez a punto de sufrir otro asedio como el del Palacio de la
Moneda en Chile otro 11 de setiembre, de 1973...
Ya está el flamante y recién titulado en sociedad para integrarse en
ella, y ya está perfectamente preparado para recibir en su pecho al “dios”
capitalismo como el menos malo de los sistemas. Por más objeciones que
escuchara en las lecciones de pedagogía del neocapitalismo, no tenían otro fin
que el de reforzar más “el sistema” como dogma. El mismo, Ramonet, razona
como un alumno educado, pacífico, constructivo y sumiso. Y es sumiso porque
sabe que por ese camino tampoco se va a ninguna parte. Y él, ellos, son también
peligrosos pues forman parte del poder y se integran en el juego del poder...
Por eso los centros de poder y de intelligentsia son inmunes a sus
denuncias. ¿Ha cambiado algo, se ha notado algo, desde que empezaron a ponerse
en marcha en Porto Alegre sus magníficas ideas?
Luego concurren una serie de concausas más allá de los afiligranados análisis
que se hacen al respecto, como el que hace Ignacio Ramonet. Análisis que
provocan otra perplejidad de la misma intensidad y efecto de extravío que el
exceso de información, pues tampoco aclaran, porque no lo precisan, lo que
en definitiva se explica por sí solo.
Y que se explica por si solo es evidente con independencia de la
veracidad o falseamiento de todos y cada uno de los pormenores, casi todos
escabrosos, sobre el asunto de una ocupación armada de un país por otro. Y no
es que esto sea lo único a lo que se refiere Ramonet. Pero sí es o puede ser
el punto de partida de todo lo demás relacionado con la mala información
a la que alude y a la que culpa de la docilidad del ciudadano. Los datos económicos
son falsos. Los datos sobre las causas, la presencia y la permanencia brutal
de los yanquis en Irak son falsos. Las perspectivas económicas oficiales en el
mundo son falsas. Las estadísticas y sondeos de opinión son falsos. Todo es
falso... El 11-S es falso, el 11-M es falso. No falso en cuanto al hecho en sí
naturalmente, sino en cuanto a las causas y sobre todo a los verdaderos
autores... Sabemos ya, por lo menos los que buscamos la verdad, que todo es
falso, aunque sólo sea por el peso de la propia naturaleza de las cosas.
La verdad desnuda es simple y no debe por ello mismo intentar
simplificarse más. Y es simple con independencia de que la información sea más
o menos abundante, más o menos veraz. El ciudadano lo sabe y no hace nada
porque nada puede hacer y porque no quiere molestarse en darle muchas vueltas y
menos en “tomar medidas” hasta que no le toca a él padecer los abusos del
poder... La insolidaridad es galopante. Y pronto llegará un momento en que
alguien grite también en Occidente ¡sálvese quien pueda!...
La cuestión fundamental gravita sobre otro aspecto imparable mediante la
palabra. Y es que los que tienen las armas y gracias a ellas ejercen el máximo
poder, no van a abandonar ni las armas ni el poder. Los razonamientos frente a
ellos son un predicar en el desierto. Y ya tienen previstas las soluciones para
la indocilidad eventual de los ciudadanos. El control social lo tienen
asegurado. Hasta puede que excite a los déspotas nuestros esfuerzos por
hacerles entrar en razón... Los resortes falseadamente democráticos están
ideados por los custodios de los intereses de las clases dominantes. Las leyes
mismas están ideadas y elaboradas por las clases medias justamente para
perpetuarse en el poder social, económico y político. Y lo consiguen. Y burla
burlando ahí sigue todo como siempre.
De manera que todo lo que no sea una revolución tradicional en toda
regla, no conduce más que a hacer aún más nebuloso el panorama. Por
estos caminos encomiables como los que siguen los teóricos del
contrapensamiento único, tampoco se va a ninguna parte. Como no se quiere la
revolución entre otros motivos porque eso exige tensión vital, medios y
voluntad que pocos tienen en realidad, todo seguirá lo mismo hasta que la
inminencia del estrangulamiento del sistema económico obligue al poder a dar un
golpe de timón. Eso... o un milagro.
En lo que sí estoy de acuerdo es en que estos medios de contra información
o contra medios no no son la solución. Pero yo voy más lejos. Es que
amortiguan, contribuyen, como los planteamientos de Ramonet y otros, a parar el
golpe revolucionario que está pidiendo a gritos la sociedad occidental. Los
celulares, como él dice, los móviles, internet parecen un arma eficaz contra
los abusos, y sin embargo nunca, desde Hitler, ha ido tan lejos el poder en
acciones abyectas y en mentiras. Que vamos para atrás, a peor, y que en estos
foros descargamos nuestras frustraciones es un hecho casi patético porque a
nadie se le ocurre ir a formar de una vez las barricadas.
El enjambre debe golpear ahí, (lo que representa Davos) golpear evidentemente pacífica y políticamente, en términos de discusión de ideas, termina Ramonet.
Por eso digo que no hay nada qué hacer. Mientras ellos, Ramonet y los suyos, todos tan entusiastas de sus ideas periodísticas y teóricas, se limiten a intentar golpear pacífica y políticamente en términos de discusión de ideas, los cirujanos, los dueños del bisturí no sajarán, y el paciente seguirá desangrándose ad infinitum.