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El
parlamento de papel |
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JAVIER
ORTIZ
«No
hemos sabido explicar la importancia de lo que está en juego», avanzan
algunos políticos del establishment.
Oído así, hasta podría tomarse por una autocrítica. Pero no lo es.
Ellos parten de que sus proyectos son invariablemente buenos. En
consecuencia, si el personal no los secunda, sólo puede deberse a que no
ha captado sus maravillas, sea porque las entendederas de la plebe no dan
mucho de sí (hipótesis menos amable), sea porque ellos no han estado muy
finos en la cosa didáctica (variante paternalista). Lo que descartan es
la posibilidad de que el fallo no esté en las explicaciones, sino en los
proyectos mismos. El
razonamiento debería circular en dirección contraria. ¿Alguien piensa
de verdad que a la mitad de los europeos le da igual su futuro y que se
desinteresa por completo de lo que pueda ser de sí y de los suyos de mañana
en adelante? Descartada esa hipótesis, por descabellada, habrá que
concluir que si tantísima gente no acude a votar es porque ha llegado a
la conclusión, cerebral o intuitiva, de que ni su porvenir ni el de sus
allegados depende demasiado de la liza electoral de mañana. Y a fe que
tiene motivos para llegar a esa conclusión (o a ese sentimiento, si se
prefiere). Todo
quisque ha visto con qué saña se resisten a figurar en las candidaturas
a las elecciones europeas los políticos que creen que todavía tienen
algo que hacer en la res publica
local. Ha sido también muy revelador el desaliño intelectual que unos y
otros han exhibido durante la campaña. Loyola de Palacio llegó a acusar
el pasado martes de «prosoviéticos» a los socialistas. ¡Qué derroche
de imaginación! De haber durado esto una semana más, apuesto a que los
acusa de ser de Al Qaeda. Pero
lo más significativo, lo que probablemente ha puesto más en guardia al
ciudadano de base, es la
desconfianza con la que los propios candidatos a parlamentarios europeos
hablan de la UE. En lo que más cuidado ponen es en aclarar que ellos irán
a Europa a defender a capa y espada lo propio. ¿Y qué consideran que es
«lo propio»? ¿Y frente a quién se supone que van a defenderlo? Son
europeístas de pacotilla. Los
electores oyen que les hablan
de un proyecto europeo común e igualitario, pero ven
que los mismos que les castigan con ese sermón no se lo creen. Que son
nacionalistas disfrazados de internacionalistas, que mantienen a esos
efectos la ficción de un Parlamento que nadie sabe a qué se dedica. En
el supuesto de que se dedique a algo digno de mención. [Es
copia del artículo publicado por El
Mundo el 12 de junio de 2004] Para
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