Rafael
Velasco 22 de mayo 2004
| Nos están
inundando con cotilleos y seudo noticias de la boda de los ciudadanos
Felipe y Letizia. Los/as que nos reclamamos de la república deseamos
que sean felices, y hasta coman perdices, pero que lo hagan no como
reyes, pues esperamos que pronto se abra el proceso constituyente que
traiga la república. Nos parece un despropósito que con los problemas
que vive la sociedad española se gaste tanta tinta y carrete de fotos
en de que color es el vestido de la novia o como es el reloj del novio.
Más aún nos parece impresentable el despilfarro de regalos que
instituciones públicas les están haciendo, mientras se suben
impuestos, tasas o precios públicos, o se escamotean dineros para
proyectos sociales. Lo de la vivienda de la nueva pareja quizás es lo más
escandaloso de todo. Ya quisieran las parejas que se casan en España el
22 de mayo tener una milésima parte de la vivienda e ingresos que a
costa de todos y sin hacer nada van a tener la pareja de moda. Esta boda
ha dejado de ser un acto privado para convertirse en un acto político.
Un acto político que pretende relegitimar la monarquía, preparar el
terreno para la sucesión y cerrar el paso a que el pueblo pueda decidir
si quiere la república. Nos hurtaron esa decisión en 1978, y ahora
pretenden hacerlo de nuevo.
No debe haber miedos, la gente debe plantear sin tapujos su opinión sobre si el anacronismo monárquico, con el despilfarro que implica, debemos seguir soportándolo o nos van dejar ser adultos y elegir también al Jefe del Estado, y no sólo a quien sale de Gran Hermano. Hoy más que nunca austeridad y participación son sinónimos de república. Por eso el 22 de mayo debe ser una fiesta, por un lado, porque el pueblo debe salir a la calle sin miedo, a decir lo que piensa, por otro, porque estamos seguros será la última boda real de la historia de España, pues en pleno siglo XXI la república es el futuro. En Asturies, en Xixón en particular, mucha ciudadanía se manifestará contra la Monarquía. Queremos que la manifestación sea un forma más de expresar la voluntad de este pueblo asturiano de no admitir tutelas ni imposiciones, de rechazo a tener que seguir aguantando como el nombre de nuestra tierra se sigue vinculando, sin habérsenos consultado. |