Apareamiento de parásitos II
(Crónica de un 22 de mayo de 2004)
Óscar
Gallego
No llovió en Madrid, Madrid lloró ayer por el insulto, lloró por la presencia
en su suelo de las personas más deleznables del mundo, lloró por el maquillaje
que más que embellecer, ridiculizó la ciudad, lloró por sentir de nuevo las
ruedas del Rolls Royce del dictador sanguinario Franco, pisando su asfalto y por
volver a ver abierto el balcón desde el cual alzaba el brazo ejecutor, esta vez
ocupado por sus herederos los Borbones.. El cielo de Madrid desató su ira
frente a tal humillación, descargó con toda su fuerza las lágrimas de todos
los que han padecido y padecen las miserias y sufrimientos que generan todos los
que fueron invitados al bodorrio.
Tampoco estuvieron el millón y medio de personas que esperaban que fueran a
aclamar a "sus amos y señores", hubo más público extranjero
fotografiando a los personajes cual si de La Cibeles se tratara que pueblo
ensalzando a los parásitos.
En el otro lado estuvimos nosotros, el "Movimiento popular contra la boda
real", diciéndole al mundo que no queremos ser súbditos de nadie sino
ciudadanos libres.
El día de la víspera reclamamos las calles y las ocupamos. La puerta del Sol
estaba llena de gente que hablaba en grupos, otros que paseaban dando vueltas
hasta el momento en que un compañero exhibió la tricolor, en ese momento la
policía y los medios de comunicación corrieron hacia él y todos los que estábamos
dispersos por la plaza, nos agrupamos para arroparle al grito de "España
mañana será republicana". Desde ese momento empezamos a corear gritos
contra la monarquía y por la República, empezaron a hondear las banderas
poniendo color al triste paisaje de un Madrid engalanado de la manera más
rancia y hortera. Por la calle Preciados llegaban los compañeros de Samba da
rua poniendo la nota musical y se encontraron con el cerco policial que les
impedía acceder a la plaza, fuimos a su encuentro rompiendo el cerco, la policía
estaba desconcertada pues no sabían cómo controlar la situación sin armar una
batalla campal a los ojos de los medios de comunicación de casi todos los países
del mundo. Una vez agrupados, volvimos a Sol y recorrimos algunas calles
en un ambiente reivindicativo y festivo, los vivas a la República retumbaban
erizando los pelos, los más veteranos se emocionaban al ver la presencia
mayoritaria de jóvenes, algunos sin haber cumplido la mayoría de edad.
Al día siguiente, mientras lloraba Madrid, intentábamos acceder hasta la Plaza
del 2 de Mayo donde íbamos a realizar una concentración con actuaciones
musicales y teatrales, entre los fuertes controles policiales. Ya habían
empezado durante la semana a perseguirnos mientras pegábamos carteles, pidiéndonos
documentación y comprobándola, requisando en algunos casos los carteles y
amenazando en otros. A la salida de las bocas del metro cercanas a la plaza había
policías con detectores de metales, en cada esquina había policías que nos
pedían la documentación y nos registraban las mochilas y los bolsos, en las
calles de acceso a la plaza había furgonetas y policías volviendo a pedir
documentación y registrando nuevamente las mochilas y tratando de intimidar,
sobre todo a los más jóvenes, con malas maneras diciéndoles que estaba por
ver que pudieran desplegar sus banderas republicanas y queriéndoselas arrebatar
en muchos casos. A pesar de los impedimentos la plaza acabó llenándose de
manifestantes y de medios de comunicación. Las lágrimas que caían del
cielo no nos permitieron montar el sonido, ni actuar a los actores y cantantes,
pero no nos importó coreamos consignas y cantamos alegres el "que llueva,
que llueva" sabiendo que más les aguaba la fiesta a ellos que a nosotros.
Leímos unos poemas y el manifiesto unitario con un megáfono de mano haciendo
gala de la sencillez y humildad del pueblo frente al despilfarro de los monarcas
y su séquito, también soltamos ramilletes de globos rojos, amarillos y morados
"de Madrid al cielo" que se abrieron paso entre las lágrimas acercándose
a las nubes oscuras, revolucionarias, mientras alguien comentaba: "que la
República llegue hasta Marte".
Después algunos nos fuimos a comer paella a Rivas, escenario de una de las más
heroicas batallas republicanas, la del Jarama, en un ambiente de camaradería.
Por la tarde y aunque en un principio hubo un malentendido con el ayuntamiento
de Rivas y los organizadores del concierto de Muguruza por haberlo incluído en
la propaganda de los actos contra la boda real, la verdad es que el
polideportivo estaba a rebosar y repleto de banderas republicanas lo que generó
una satisfacción en el cantante vasco que afirmó que era un honor estar
actuando el día de la boda real en el Madrid del "No pasarán".
Parece mentira pero según pasaban las horas y los invitados se iban volviendo a
sus respectivos lugares de origen y los de aquí se iban despojando de vestidos
y coronas, Madrid, poco a poco, iba dejando de llorar.
ÓSCAR GALLEGO