
Un año
sin Montalbán
Ramón Chao
La Voz de Galicia Octubre 2004
HACE
COSA de un mes me llamó por teléfono Michèle Gazier para preguntarme si
podría participar en un homenaje a Vázquez Montalbán. Crítica literaria en
la revista Telerama , novelista notoria, Michèle Gazier fue traductora de
Manolo, su introductora en Francia, y según le hice confesar un día,
informadora-documentalista de todo lo referente al Grupo de los Seis ,
movimiento musical francés presente a lo largo de El Pianista , para mí la
mejor novela de Montalbán.
La fecha de la velada estaba sin fijar: dependía de las posibilidades del
restaurante La Canaille, al que solía ir nuestro querido Manolo cuando venía
a París. Éramos unos cuarenta, y el restaurante sólo nos podía recibir el
lunes pasado, precisamente, y sin que nadie lo buscase, el día aniversario de
la desaparición de Manolo. Primera casualidad, aunque Borges decía que el
azar no existe: toda coincidencia es una cita.
No voy a enumerar los nombres de los asistentes. Había editores, periodistas,
escritores, pintores y dibujantes, amigos de nuestro amigo.
Al final me instaron a que contara mi amistad con él, nuestras relaciones y
experiencias. Temo defraudarles, les dije. Nunca fuimos amigos. Para mí,
amigo es aquél a quien ves a menudo, telefoneas, abrazas y con quien hablas
de todo. Con Manolo no fue así. Nos queríamos mucho, pero por
intermediarios. De vez en cuando venía alguien de Barcelona a París y me decía:
estuve con Vázquez Montalbán, te quiere mucho. Yo le respondía lo mismo, y
así durante años. Cuando nos veíamos, hola Manolo, hola Ramón y a otra
cosa.
Me sucede también con un amigo de Cedeira, Ramonde se llama. Llevábamos unos
quince años sin vernos cuando fui a saludarlo a su tienda de Ferrol. «Hola,
home, ¿como che vai?». Y se fue a buscar, debajo del mostrador, un dibujo
que me había hecho decenios atrás, dándomelo como si me hubiera visto la víspera.
Me hacen pensar, el rubio (así le llaman) y Manolo, en el «decíamos ayer»
de fray Luis de León.
A Montalbán lo conocí en la revista Triunfo cuando acababa de salir de la cárcel
(él, yo nunca estuve). Íbamos dos o tres veces por año a las reuniones de
reorientación de la revista, yo desde París y él desde Barcelona. Era tímido,
callado y retranquero, que ahí le salía su ascendencia gallega. Me sorprendió
recibir un día una llamada de teléfono de Michèle Gazier. De parte de Vázquez
Montalbán si la podía aconsejar. Estaba traduciendo Los mares del sur, y
Manolo le había dicho que yo era la persona adecuada para ayudarle. Nos queríamos
a distancia. O por afinidad ideológica: leíamos mutuamente lo que escribíamos
en Triunfo .
Después nos vimos pocas veces en algunas conmemoraciones de esa revista, más
recientemente en México con el subcomandante Marcos y en la Venezuela de Chávez.
La última vez, hace cuatro años, cenamos en Barcelona. No paró de
preguntarme por el movimiento Attac y por mi hijo Manu, a quien le presenté y
se hicieron buenos amigos.
Al final de la velada de que les hablaba, Michèle Gazier me invitó a leer
con ella, a dúo, el original y la traducción en francés, un poema del libro
de Manolo Pero el viajero que huye . Data de 1990, y de tan premonitorio que
es pone la carne de gallina.
«El cartero ha traído el Bangkok Post / el Thailand Travel / una carta
sellada / la muerte de un ser querido / para la muchacha de mi american
breakfast cada mañana / aunque he pedido mi carta no estaba / o no me la han
dado compasivos / con el extranjero que espera vida o muerte / ignorado en un
rincón de Asia. / El cartero nunca llama dos veces / viaja en una Yamaha y
sonríe en la ignorancia / de que la distancia / permite a la memoria cumplir
nuestros deseos».