Testimonio de una madre herida
Kepa Menéndez Pera

Valiente, humana, sentida y admirable. Estos son algunos de los muchos calificativos que me vienen a la cabeza tras escuchar la desgarradora comparecencia de la representante de la Asociación de Afectados del 11-M, Pilar Manjón, en la comisión que investiga los brutales atentados de Madrid.

Valiente, porque con su actitud, y en nombre de los 152 fallecidos y los 1.500 heridos de aquella tragedia, la señora Manjón ha dado una soberana lección de humildad a los respectivos grupos parlamentarios que componen la comisión al solicitarles encarecidamente que huyan del rifirrafe político al que con su infantil actitud del ‘y tú más’ han sumido las investigaciones, hasta el punto de rogar que den por finalizados sus trabajos y se cree otro cónclave similar en el que no estén presentes las formaciones políticas. Que, como representantes directos del pueblo que son, nuestra clase política asuma las pertinentes responsabilidades para que un hecho de estas características no vuelva a suceder, y, algo fundamental, que dejen de utilizar de manera partidista y para sus fines el dolor de las víctimas.

Humana y sentida, porque con su comparecencia, alejándose del rimbombante discurso y palabrería hueca a los que nos tienen acostumbrados nuestros políticos, la señora Manjón ha mostrado la cara más llana del dolor y la amargura, con la voz quebrada y palabras y gestos no exentos de una carga de emotividad que para sí quisieran aquellos que a diario se dedican al parlamentarismo desde sus lustrosos escaños, como si de consagrados dioses tocados por una varita celestial se trataran.

Y admirable. Muy admirable. Porque la intervención de la señora Manjón ha tenido lugar a caballo entre dos incidentes condenables y deplorables, que por el bien de la democracia confiemos en que no vuelvan a repetirse. Por un lado, la insistencia de los grupos parlamentarios de que la comparecencia de las víctimas fuera a puerta cerrada. Tal fue la indignación de las mismas que al final la sociedad ha podido atestiguar y participar del dolor de estos seres humanos y comprobar al mismo tiempo el terrible olvido al que se están viendo sometidos desde las instituciones.

Por otro, la no menos sancionable actitud del grupo ‘popular’, que ha intentado vetar la presencia de la señora Manjón; primero, al considerar que quien debía comparecer no era ésta, sino Clara Escribano, hasta hace pocos días presidenta de la asociación y relevada en el cargo a raíz de las discrepancias internas surgidas en dicho colectivo; segundo, por tratar los ‘populares’ de pervertir la legitimidad de la señora Manjón como víctima del terrorismo al airear su afiliación sindical y su participación en la concentración ante el Congreso de los Diputados, el pasado 29 de noviembre, con motivo de la declaración de Aznar; y tercero, al insinuar que estas víctimas lejos de aclarar, lo que van a hacer es embarullar más la situación debido a su “clara politización”.

No quisiera entrar en el campo trillado de la politización de las víctimas, del cual el Partido Popular es artífice desde hace ya tiempo. Pero, para muestra un botón. De todos es conocida la vinculación de algunos directivos de la AVT a las tesis del PP. Recordemos, por otra parte, que la AVT engloba a un gran número de colectivos de víctimas y afectados, en su mayor parte, por el terrorismo etarra. Pues bien, declaraciones del portavoz de la AVT, Francisco Alcaraz, en la Comisión del 11-M: “¿Qué solidaridad con las víctimas es que no se pueda matar en una parte de España?”, en clara alusión a los diputados de ERC. ¿Esto no es, acaso, politización de las víctimas, señor Rajoy?

Pero voy más lejos. El PP siempre se ha enorgullecido de defender y acompañar a las víctimas, siempre que éstas hayan sido de ETA, claro está. Pues bien, estribillo con el que un grupo de simpatizantes ‘populares’ recriminaba la presencia de los familiares de los afectados del 11-M, concentrados a las puertas del Congreso mientras en la Comisión declaraba el ex presidente de Gobierno: “¡Meteros vuestros muertos por el c...!”. Huelga cualquier comentario.

Sin escrúpulo alguno, el Partido Popular, en su loca carrera por aparentar que en todo momento actuó correctamente, antes, durante y después de los atentados, no escatima esfuerzos en deslegitimar a cualquiera que ose llevarle la contraria, a pesar de que en esa carrera arrolle, como ha arrollado con su escasa sensibilidad, el honor, el dolor, la desolación y el abatimiento de una madre que en aquella masacre perdió a su hijo de 20 años, como es el caso de la señora Pilar Manjón.

“Verdad, justicia y reparación moral”, ejemplar epílogo para una intervención que debería de pasar a los anales de la historia de la democracia. Un epílogo con el que la señora Manjón quiso dar por terminada su intervención ante el abochornado rostro de una clase política que desde aquella masacre no ha sabido estar a la altura de las circunstancias.

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