

Ser de izquierdas en
2005
María
Toledano
21-12-2004
Igual
que en la sangre hay extraños fermentos que ocasionan en muchos cuerpos
descargas extraordinarias, asimismo hay en la razón partículas heterogéneas
que hay que expulsar por fermentación
Shaftesbury, Carta sobre el entusiasmo (1707)
Se podrían repasar libros clásicos sobre la materia y otros, quizá menos académicos,
que explicaran el alcance de este pretencioso título. Se podría recurrir a la
autoridad de revolucionarios profesionales o a la experiencia colectiva. Todos, a
priori, conocemos a alguien que dice ser de izquierdas. Incluso en IU, sin
ir más lejos, hay gentes que se declaran de izquierdas o, por decirlo de forma
más fina y ecosocialista, gentes del ámbito de la izquierda. Ahora
bien, cada vez que se analiza con detalle un proceso político, sea la VIII
Asamblea Extraordinaria de Izquierda Unida, los apoyos que ha recabado el PSOE
en la tramitación de la ley de presupuestos o el conflicto de los astilleros,
encontramos una significativa ausencia de argumentos y políticas críticas. Es
posible que este breve comentario quede algo rancio y poco acorde con el
discurso ideológico posmoderno de los partidos hegemónicos de la gauche
(PSOE e IU), pero sirva como recordatorio de los objetivos -perdidos en el más
allá- del socialismo.
Es práctica usual remontarse a la transición democrática para explicar
las simpáticas ocurrencias que constituyen la estructura ideológica de
la izquierda actual. Al aceptar (alentar) la forma-estado surgida de la
Constitución de 1978 se claudicó. Fue una rendición y se entregaron las
armas. Las élites políticas lo sabían (desde la pizarra de Suresnnes al
eurocomunismo como práctica posibilista) y generaron un estado de opinión
favorable a la democracia de mercado. En este clima, la mayoría asumió la
monarquía y sus deportes de invierno/verano, la economía social de
mercado con sus desregulaciones y su desempleo estructural y el parlamento como
único escenario de la práctica política con sus diputaditos -tan
flamantes y verbeneros-, sus corbatitas y sus mediáticas comisiones de
investigación. ¿Cómo pretende alguien que en esta feliz reserva natural,
creada para solaz de las familias y su atolondrado consumo pueda prosperar un
pensamiento anticapitalista? ¿No está cerrado con siete llaves el sepulcro?
Por seguir el hilo de la historia reciente -cosa que no le interesa a nadie- es
justo recordar que el acoso y derribo que sufrió el proceso revolucionario de
Portugal (1974) advirtió a las fuerzas progresistas europeas que la
guerra iba en serio. En cualquier caso, aquí no hizo falta recurrir a medidas
de fuerza. Partidos y sindicatos, los que en la actualidad hacen propuestas simpáticas
y se preocupan (mucho) por la imagen, ya tenían otras ideas.
El caso es que, por estas tierras de golf, abducidos por las
representaciones simbólicas del dominical EPS, ser de izquierdas es cualidad
que se está volviendo muy barata, cosa del todoacien del barrio Un par
de ideas liberales sobre tolerancia y educación, un explícito No a
la guerra/Otro mundo es posible (¿sin armas para defenderlo?), algunas
bromas sobre la estupidez (sic) de Bush (con regalo adicional del DVD de Michael
Moore) y el inglés de Aznar (parecido al de casi todos los españoles), un poco
de comercio justo y a correr. No les faltará razón a los que digan que
esta nota no es de “izquierdas" (por cínica) y que tiene un cierto
regusto estalinista (por militarista). ¿Cómo se puede ser de izquierdas
en el 2005? Pese a algunos errores e imperfecciones, Castro y Chávez tienen
respuestas. Para el resto, para aquellos que -desde la izquierda- permanecen de
espaldas a las revoluciones en marcha, una discreta recomendación: bienvenidos
al paraíso de la ingenuidad. Feliz 2005.