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No
consiento que se hable mal de Franco en mi presencia. Juan Carlos
«El Rey»
Naranjas de la China
Por Eduardo Haro
Tecglen
El País (24/08/04,)
¿Podrá gobernar España este hombre? Me
refiero a Rajoy y podía referirme a otros; en la historia ha habido gentes así,
pero solía ser por herencia. Le vi de busto con la hoja de verano gallego detrás,
y dijo otra vez que los socialistas mienten cuando acusan a la guerra de la
crisis del petróleo, y todo el mundo sabe que es que China consume más. Y la
India. Esta tozudez sobrepasa la de un seminarista. La cuestión debe tener un
ancla más subconsciente que inconsciente en la palabra mentira: ir
desparramando la noción de mentira, hacerla de uso corriente, echarla como
migajas por España como hacían los hijos de los leñadores para volver a su
casa. Pero los gorriones se las comían. La cuestión política es otra: la
invasión de Irak no puede producir nada malo, fue un gran acierto y continúa
siéndolo. Esto es lo que brotó de ellos el 11 de marzo: el atentado contra
Madrid no era una respuesta del terrorismo de guerra a la injusticia, sino un
fruto del malsano nacionalismo de ETA y, en todo caso -última declaración de
Acebes-, de una colaboración entre islámicos y vascos. No creo, la verdad, y sin ánimo de
ofender, que este pensamiento proclamado sea solamente mentira: es una especie
de enfermedad, o de irregularidad mental. Obnubilación. Pasajera. En diez años
de ostracismo se les habrá olvidado. Rupestre, por lo cavernícola, Rajoy
insistió en que si querían los sociatas, Aznar comparecería ante la
descansada comisión de las Cortes para explicarlo todo: pero que en realidad,
ya lo había explicado todo Acebes. ¿Será posible? Es verdad que parece que
los socialistas no quieren que declare Aznar, o muestran su desgana. Querrían
intercambiarlo por algo, por uno de sus pactos o de sus acuerdos maravillosos,
quizá por un papel mojado más sobre el terrorismo, que ahora ilusiona a
Zapatero: como si no estuviéramos todos en contra del terrorismo como para
tener que firmarlo en un papel. Por eso los otros devalúan la comparecencia del
fundador del aznarismo, el barón de la aznaridad: para no intercambiarla por
nada de valor. Si quieren, sale: si no quieren, no sale. Es igual. No, no es igual. No deja de ser
interesante ver al autor de la guerra de Irak y moralmente responsable de
algunas consecuencias (él creía que la guerra se ganaba en un pispás: se
equivocó) interrogado por Labordeta -el mejor actor de la comisión- y poniendo
sus caras y acusando a todo el mundo: ahora que no da miedo, daría risa.