
Alameda,
5. 2º Izda. Madrid 28014 Teléfono:
91 420 13 88 Fax: 91 420 20 04
Correo
No
consiento que se hable mal de Franco en mi presencia. Juan Carlos
«El Rey»
La heroína de una tragedia clásica
Juan Carlos Escudier
"El Confidencial"
La mayor de las calamidades que le podía haber ocurrido al Partido Popular en la Comisión del 11-M se llama Pilar Manjón, la portavoz de las víctimas de los atentados de Madrid, esa mujer de negro que conmocionó este miércoles al país con uno de los discursos más estremecedores que jamás se hayan escuchado en el Parlamento. En poco más de una hora, su voz trémula desmontó la farsa que partidos y medios de comunicación han representado durante meses. La verdad habitaba en unas palabras en las que exigía disculpas y asunción de responsabilidades, saber quiénes se equivocaron y permitieron la labor de los asesinos, conocer, en definitiva, qué ocurrió antes del día 11. Para los que sólo han mostrado empeño en averiguar quién utilizó su móvil el sábado 13 se trataba, sin duda, de cuestiones irrelevantes. Por eso, mientras los ciudadanos nos estremecíamos ante el testimonio de una madre que había perdido a su hijo, Eduardo Zaplana, como quien oye llover, leía distraídamente.
Pilar es hoy una heroína a la que el Rey felicita, pero ha de estar preparada para las habituales campañas de descrédito personal con las que suelen reaccionar sectores de la derecha más ultramontana. El principal de sus adelantados ya ha iniciado sus ataques en las ondas y pronto le seguirán los de siempre por otros medios, esos que "venden su conciencia para aumentar audiencias", en expresión de la propia Pilar. No descansarán hasta demostrar cualquier simpleza.
El PP no quería que se dejara hablar a esta sindicalista, porque, al parecer, las víctimas no pueden militar en la izquierda o tener ideología sino que han de limitarse a llorar, exhibir luto y maldecir a los asesinos para que los políticos puedan mostrarse comprensivos ante su dolor. Una víctima-tipo no puede, como hizo Manjón, ir a una asamblea de CCOO a decir lo siguiente: "A mi hijo no le ha matado una raza ni una religión. A mi hijo le ha matado el odio asesino que han sido capaces de inculcar en corazones mesiánicos Aznar, el trío de las Azores... ese odio ha matado a mi hijo y a 190 trabajadores que son nuestra clase, no lo olvidéis, los nuestros". Una víctima como Dios manda ha de limitarse a hacer lo que se espera de ella y punto.
Al PP le daba miedo lo que pudiera decir y ha quedado desarbolado por lo que ha dicho. Esperaba un discurso contra el anterior Gobierno y se ha encontrado con una declaración de principios que suscribe cualquier persona decente, con un rapapolvo a todos los partidos, con un impresionante alegato moral. Su canto a la unidad – "somos un signo de unión y nuestro sufrimiento debe ser la prueba y el ejemplo de la unión que ustedes no logran ser"- sigue chirriando en los oídos de los dirigentes populares porque arrasa toda su estrategia parlamentaria. ¿Persistirá el PP en su aislamiento, en su lucha numantina contra todos por mantener el honor de José María Aznar?
Para contrarrestar su testimonio, Zaplana y los suyos impusieron al presidente de la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT), José Alcaraz, en un subliminal intento de colocar de nuevo a ETA ante los focos. Alcaraz hizo dos cosas: restar importancia a la denuncia del juez Del Olmo sobre la descoordinación con la que se atendió a las víctimas del 11-M y exigir que no se cambie una coma del Pacto Antiterrorista, tal y como reclama el PP. Alcaraz sí que es una víctima políticamente correcta.
En los nueves meses transcurridos desde la matanza, Pilar ha perdido 20 kilos y sigue siendo la mujer de fuertes convicciones que se afilió a CCOO en el año 1978. Daniel, el hijo de 20 años al que las bombas mataron, presumía de haber sido unos de los primeros de su barrio, Vallecas, en haber colgado del balcón un trapo blanco con el lema `No a la guerra'. Pilar apadrina a un saharaui negro y musulmán. Cuando se enteró de la tragedia, el joven, desconsolado, la llamó por teléfono. Se le había metido en la cabeza abandonar su religión y tuvo que ser ella quien le aclarara que los asesinos no se distinguen por su credo. Así es la digna mujer a la que el PP pretendía quitar la palabra. Jamás olvidaremos su voz.