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No
consiento que se hable mal de Franco en mi presencia. Juan Carlos
«El Rey»
La
herencia del Poder
Miguel
Jordá (Agosto 2004)
Con los largos años del franquismo, las imposiciones de la Transición a los casi 30 años del “borboneo”, se ha creado un vacío moral, la pérdida de una ética elemental de vertebración del Pueblo, facilitando al BIPARTIDISMO la ocupación de la sociedad, transformando a muchos políticos en instrumento de dominación en vez de elevación cultural que permitiera la emancipación, tanto individual como social, colectiva, coherente y solidaria, la promoción de las estructuras desde las bases elementales de las asociaciones vecinales, ayuntamientos...hasta la forma de Estado Federal. En el oscurantismo administrativo del “Hacienda somos todos” (forma útil para que las minorías de privilegiados tengan en sus manos las influencias suficientes para evadir impuestos y conseguir “pelotazos”) y con el mayor cinismo, cómo todo un Ministro de Hacienda, de “izquierdas” para más INRI, pudo decir aquello de que “En España es donde más fácilmente se puede uno enriquecer”, claro que no añadió: y empobrecer.
Por todo ello y más, ¿Quién dispone de RECURSOS ÉTICOS MÍNIMOS para presentar un proyecto de sociedad alternativo?
Para conseguir ese PROYECTO se necesitan VOLUNTADES, aunar criterios, es decir, confiar en el DIÁLOGO claro, desarrollar la capacidad de escuchar...sino, de nada sirve el “discurso” de autocomplacencia.
La causa actual de tantos problemas graves que tiene nuestra sociedad sin solucionar con el actual sistema, fruto del “borbonismo constitucional”, arranca de la desmemoria impuesta por la dictadura que satanizó la República, es decir, la verdadera democracia, con censuras que volatilizaron el saber, la intelectualidad, la libertad de enseñanza (instrucción pública) LAICA. Se sacrificó el verdadero sentido liberal, imponiendo de forma exclusiva un sentido de Estado unitario e integral, de mentes falangistas, carlistas y Opus Dei, de Una, Grande y Libre o dicho de otra manera: Dios, Patria y Rey.
En los Pactos de la Transición se censuraron los valores republicanos. La llamada “izquierda” se obnubiló con el sólo pensamiento puesto en su “legalización” sin tener en cuenta el precio que pagaría el Pueblo. Franco había vencido después de muerto; no quedaban heterodoxos, libertarios, marxistas, ilustrados, progresistas...Las amenazas y miedos lo invadían todo. El fin justificaba los medios, lo cual es perverso.
Es hora de recuperar el tiempo perdido. La “Memoria Histórica” no sólo es recordar el “14 de Abril” y a Don Manuel Azaña...Nuestros antepasados lucharon decenios y siglos... Llegar a asumir, en contra de las imposiciones de la Iglesia y de los Reyes, que el Poder no viene de Dios sino del Pueblo...Acabar con la “Santa Inquisición”...¿cuántas vidas no costaron? ¿Cuántos siglos?
Vivimos en una época de “Ruptura Democrática” al denunciar la vigente Constitución, el uso que de ella hacen los que la administran y la corrupción implícita que conlleva; la privatización de empresas del Patrimonio del Estado, esto es, acumulación de Capital; la aniquilación del Estado de Bienestar, fundamental para la Seguridad Social; los repartos en favor de minorías a través de cotizaciones en Bolsa...Claro que lo que perciben los dirigentes de los Consejos de Administración democráticamente elegidos a dedo por el Gobierno de turno ya sea del PSOE o del PP perciben millones de euros sin responsabilidad alguna por su gestión. CORRUPCIÓN se llama esto y con todas las letras. Se repite una vez más la historia: recordemos a Isabel II cuando usurpó parte del Parque del Retiro apropiándose de los terrenos de lo que hoy son las calles Alfonso XI y Alfonso XII con sus terrenos adyacentes.
Así, podemos considerar vigente aquello que, un 25 de Abril de 1930, afirmó Indalecio Prieto en el Ateneo de Madrid sobre Alfonso XIII:
El
13 de septiembre de 1923 comenzó una conculcación descarada de la ciudadanía;
se abolieron todos los derechos individuales que forman la personalidad del
ciudadano, y quien, simplemente por ley de herencia, tenía atribuida una parte
de la soberanía, decidió prescindir definitivamente del Parlamento para que
sus tendencias absolutistas, en plena libertad, no tuvieran freno. Pero no fue
solamente eso, sino que el 13 de septiembre, al iniciarse la época absolutista,
además de privarse a los ciudadanos españoles de sus derechos, comenzó una
serie de latrocinios de que no hay ejemplo en la historia de ningún pueblo
civilizado.
Ello
quedaría evidenciado con sólo pasar la mirada por esa serie de monopolios
creados por la dictadura: el monopolio de los transportes por carretera. El de
los petróleos, en cuyas delegaciones de ventas han encontrado asignaciones
verdaderamente fantásticas los propios ministros del rey, adscribiéndose a
nombre de consuegros, yernos, cuñados...
Es
una hora de definiciones. La mía no ofrece novedad. Vengo a requerir públicamente
desde aquí a que se definan quienes no se hayan definido, y a que lo hagan con
absoluta claridad. Que no están los tiempos para equívocos, palabras confusas
y matices desvaídos. Nos hallamos en el momento político más crítico que ha
podido vivir, en cuanto respecta a España, la presente generación.
Yo
creo que es preciso desatar, cortar un nudo; este nudo es la monarquía. Para
cortarlo vengo predicando la necesidad del agrupamiento de todos aquellos
elementos que podamos coincidir en el afán concreto y circunstancial de acabar
con el régimen monárquico y terminar con esta dinastía, pero el agrupamiento
no debe originar confusiones. Estos agrupamientos, a mi juicio-hablo sin más
representación que exclusivamente la mía personal-, no deben dar lugar a
confusiones. Hay que estar o con el rey o contra el rey. El rey debe ser el mojón
que nos separe. Por vistosas clámides liberales que vistan quienes le quieren
servir, por muy democrático que sea el acento en la palabra de quienes deseen
seguir con el rey, esos no pueden estar con nosotros. El rey es un mojón
separador entre los partidarios del régimen, cualesquiera que sean sus
apellidos y su significación, y quienes somos sus adversarios. El rey es el
hito, el rey es la linde: con él o contra él, a un lado o a otro.
Y
al ir contra él, ¿por qué desdeñar el auxilio de fuerzas situadas en la
misma dirección nuestra? Observad este fenómeno. No ha aumentado la capacidad
radical en España. Se equivocan quienes lo presumen. No ha habido sino un
desgajamiento de elementos defensivos de la Corona, un apartamiento de elementos
sociales que eran adictos al monarca y que ante el ejemplo de la deslealtad
constitucional le abandonan, pero a los cuales elementos nosotros no podemos
infiltrar, por arte de magia, un radicalismo que está en contradicción con la
esencia de los postulados políticos de toda su vida.
Yo
no trato de batir ningún récord de radicalismo con nadie. Adonde llegue en su
apetencia ideal quien más allá vaya, voy yo también. Pero la política es
arte de realidades y en apreciar de una manera exacta la realidad española está
el éxito del esfuerzo, está el secreto de que este sentimiento antimonárquico,
difuso, sin fuertes cuadros de organización, tenga en su ímpetu un cauce
fertilizador, evitando que nos despedacemos todos en pugnas de radicalismo y en
controversias de principios que esterilicen nuestro esfuerzo.
Vamos
a derribar la monarquía. Vamos a abrir el palenque a la ciudadanía española,
que nunca se sintió verdaderamente liberta y que últimamente llegó al grado
de mayor oprobio; y cuando hayamos derribado el régimen monárquico, cuando
hayamos instaurado una República, que cada cual, dentro del ruedo amplísimo de
la democracia, propugne por el triunfo de sus ideales con todo el ímpetu que
quiera; porque en el agrupamiento de fuerzas para derribar el régimen y acabar
con la dinastía de los borbones a nadie se pide la abdicación de sus ideales.
A
la monarquía española ya no le quedan en el campo político más que sombras.
Eso que veis erguirse como fuerzas políticas en su defensa no lo son. Es
simplemente la expresión de intereses materiales, que forzosamente, por ley
fatal, han de estar adscritos de manera incondicional al régimen que impere.
(...)
Existe un estorbo: el monarca; hay que invitarle a irse y habrá, pues, que
decirle: “Señor, la Iglesia, por el rito con que esa colectividad acoge
siempre al poder, os recibirá sin escrúpulos bajo el palio a las puertas de
las catedrales, olvidando vuestro perjuicio; pero el pueblo no lo olvida; tiene
conciencia de su dignidad y de sus derechos.
“
Vos constituís un estorbo y España prescinde de vos, porque quiere vivir
modesta, pero libremente, uniéndose en su destino a las nacionalidades que
marchan por el camino de la civilización y que han arrinconado por inútiles,
por funestos, restos de monarquías atrasadas que en su absolutismo son roñosos
residuos de regímenes propios de la edad media”.
Cuando un “personaje” es un irresponsable porque no puede ser acusado por ningún juez de los actos supuestamente susceptibles de delito que cometa, donde y en el momento en que se le antoje, tiene un poder “absoluto”, se enriquece apropiándose de lo que legítimamente le pertenece al Pueblo, hace suyo el “Hacienda somos todos”. Por lo tanto, y como queda dicho la CORRUPCIÓN a nivel de Estado es incuestionable. Se pueden percibir comisiones por importación de armas, petróleo, venta de obras de arte del Patrimonio Nacional, avalar (cobrando) intermediarios con empresas árabes que después de operaciones multimillonarias fallan, pero...Se cobran comisiones y nadie recuerda qué talones bancarios se han firmado. ¡Qué casualidad que cierto personaje haya tenido cargos de altísima responsabilidad en todos los gobiernos (UCD, PSOE, PP y de nuevo, otra vez en el PSOE) que han mandado en el País desde esto que llaman “Democracia”! ¡Qué ganó! Adivina, adivinanza ¿qué intereses defiende?
En fin, la historia se repite, por eso es de sumo interés y de vital importancia lo que deseamos y reivindicamos:
- Recuperación de la Memoria Histórica, no el folclore republicano.
- División efectiva y real de poderes.
- Instrucción pública gratuita en todos los niveles educativos. Esto es:
Un Estado Federal y Laico donde los Pueblos sean Soberanos.
Una Europa de Pueblos libres y Republicanos.
¡¡¡Viva la III República!!!