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No
consiento que se hable mal de Franco en mi presencia. Juan Carlos
«El Rey»
Eduardo Haro Tecglen
El País (19/10/04)
Han
pasado más de siete meses desde el desastre de Atocha y cada día se hacen
revelaciones con apariencia de nuevas: a veces las exagera quien las hace con la
intención de culpar a otras personas o a otras instituciones. No se trata sólo
de la humillante serie de sesiones de la comisión del Congreso, sino de las
voces de quienes han tenido, o creen ellos, algo que ver con el suceso; o de
sospechosos que se sacuden la sospecha sobre el mas próximo. En el Congreso nos
falta ver aún lo peor, desde el punto de vista político, que es el duelo de
los dos jefes de Gobierno, pasado y presente, acusándose mutuamente, aunque
creo que cada uno de nosotros -nosotros: la gente- sabe bastante sobre el tema,
y tiene a qué atenerse. Lo más grave es ver que estábamos, quizá estemos aún,
indefensos: espías, policías, guardias civiles, confidentes, están dando la
impresión de que hubiera podido ser hasta fácil de evitar si se hubiera
trabajado bien.
Ya no me causa excesiva sorpresa después de haber oído y visto -¡viva la
televisión!- al fiscal general del Estado, Fungairiño, desviar la cuestión,
hacerse el ignorante, incoherente, sospechoso de mentir en un asunto de esta
envergadura: bastaría aquella comparecencia como para desterrar al jefe de
Gobierno que le nombró, le mantuvo y le utilizó, del ejercicio de la política.
Ahora ese gobernante es pensador: después de la lección en Georgetown va a
Rusia a "tratar cuestiones académicas", leo con asombro. ¡Con Putin!
El mismo Putin que está pasando del comunismo del que fue funcionario espía al
neofascismo que se ve venir en Occidente. Ésa es otra cuestión, no sé si más
o menos grave que lo que está sucediendo ahora.
La impresión es que hemos estado indefensos. El problema se desplaza de la
primera causa, que fue la participación española en la guerra de Irak, a la
impresión de sus consecuencias, a la incredulidad fanática en los avisos de
amenaza, a la incompetencia de los grandes encargados de defendernos. La otra
gran lección de las sesiones en el Congreso fue oír a Acebes explicando todo
lo que no fue, y él era el ministro del Interior de cuando estábamos
indefensos. Es el número dos del jefe del partido... Quizá se pueda numerar de
otra manera: Rajoy, 0; Acebes, 1... Mejor, mejor estarían tratando de
cuestiones académicas con Bush o Putin.