Alameda, 5. 2º Izda.   Madrid   28014   Teléfono:  91 420 13 88    Fax: 91 420 20 04                                                                         Correo   

  No consiento que se hable mal de Franco en mi presencia. Juan  Carlos «El Rey»   


Noticias de la España cañí:

El tour de la bomba
Joaquim Pisa

IzaroNews 9-12-2004

“Quan creus que ja s’acava, torna a començar” (cuando crees que ya se acaba, vuelve a empezar) cantaba Raimon hace un porrón de años. Como si estuviera dispuesta a darle la razón al pesimista de Xàtiva, ETA ha decidido regresar haciendo lo que solía y sabe: sembrar el país de bombas.

Para celebrar a su manera el día de la Constitución española, la banda terrorista se lanzó a una especie de gincana que bien podría llamarse “adivina donde he puesto la bomba, y tiro porque me toca”. De norte a sur de la península, de Santillana del Mar a Málaga y Alicante, los de la capucha dejaron tras de sí un reguero de explosivos en siete localidades, con una cierta querencia por los lugares situados en las plazas llamadas de España o sus cercanías; juguetones que estaban, qué le vamos a hacer.

Si uno mira el mapa del estropicio, es fácil imaginar que toda la historia se hizo bajando desde el Cantábrico al Mediterráneo y luego siguiendo por la costa andaluza hacia Levante; a lo sumo, debieron intervenir dos grupos. Teniendo en cuenta que últimamente ETA anda casi sin armas, sin dinero y sin jefes, y con la mayoría de históricos y buena parte de sus presos reclamando que se acabe la función, resulta admirable la productividad alcanzada por los participantes en esta especie de carrera por la red viaria de la España profunda.

Para mí que a éstos les dieron los explosivos y una Guía Repsol y les dijeron “vosotros tirar todo recto para abajo, y váis dejando regalitos allá donde os parezca”. Seguramente serían una pareja hetero, porque viéndose obligados a pernoctar en poblaciones de la Castilla y la Andalucía profundas y por mucho que se empeñe Zapatero en modernizar la cosa, eso de que dos tíos (o dos tías) viajen y duerman juntos habría levantado suspicacias entre los lugareños, gente que en general no admite otro tipo de parejas que las que Dios y Rouco Varela mandan.

O sea que ya digo, seguro que son chico y chica. Como Bonnie and Clyde, pero en contemporáneo y con menos coartada intelectual.

Es posible que la parejita fueran los mismos que amargaron la salida del puentazo de diciembre a cientos de miles de madrileños; entre paréntesis, a eso ETA y aledaños lo llaman “socializar el sufrimiento”, y el resto del mundo “tocar los cataplines”. Y tocárselos, por cierto, a gente que ya está bastante harta de que entre todos se los toquen; por si fuera poco con los motivos habituales, a partir de ahora a los desencadenantes de embotellamientos habrá que añadir uno nuevo: ETA. Éramos pocos, y parió la abuela.

Porque, además, lo de Madrid tuvo su aquél un puntico chuleta: poner unos petardos en cinco gasolineras –gasolineras, sí- equivale a decir: “¿Véis? si hubiéramos querido, volábamos todo esto, y no veas la que se organiza”. Como son tan generosos, pues no lo han hecho; los madrileños no caben en sí de gozo y agradecimiento ante tamaña generosidad. Claro que para volar una gasolinera no hace falta mucho (aparte de unas neuronas en dudoso estado de funcionamiento): cualquier gamberro de barrio provisto de una botella de gasolina y unas cerillas puede hacerlo.

Por medio en broma que fuera la cosa, hubo –como no puede ser menos cuando se juega con explosivos- “daños colaterales”. En Santillana del Mar los tímpanos de una niña de siete años reventaron con la explosión del artefacto correspondiente. Seguramente la cría se sentirá orgullosa durante el resto de su vida de que su sordera haya contribuído al avance de la “alternativa democrática en el País Vasco”, como diría Otegi; o quizá no, que ya se sabe que hay gente que no acaba de entender las profundidades de la política de “liberación nacional”, y menos aún cuando es una criatura quien debe desentrañarlas.

En fin, que a estas horas Bonnie and Clyde deben estar haciendo balance de su tour “La Bomba Itinerante”, y la verdad es que les ha quedado molón. Quiero decir que se han ganado un puñado de titulares en los medios de comunicación y provocado el cabreo de una clase política que daba por liquidada a ETA después de la detención de Antza y familia. No cuesta mucho imaginar que ésa debía ser la pretensión inicial –salir en los medios y desmentir a los políticos-, y que por tanto casi seguro que les han quedado ganas de repetir.

Claro que esto de lanzarse a la carretera también tiene sus riesgos. Supongamos que hubieran tenido algún tipo de incidencia y hubiera intervenido la Guardia Civil de Tráfico, ayudándoles a cambiar las ruedas o prestándoles unas mantas para pasar la noche en el embotellamiento de turno, por ejemplo. ¿Cómo vuelve uno a Francia y explica que los picoletos le sacaron del apuro?. No crean que esto es pura fantasía. Según la prensa, algo así les pasó en Granada a dos tipos que hace cuatro días como quien dice andaban en ETA y cercanías cuando, después de haberse perdido en la montaña granadina, fueron rescatados por guardias civiles, con los que para mayor inri pasaron la noche departiendo amablemente en un refugio improvisado en una cueva. A la mañana siguiente la sorpresa fue de los picoletos cuando desde la central identificaron a los dos montañeros quienes, por si acaso, ya habían puesto pies en polvorosa.

Y es que en cuanto uno sale de casa mundo adelante, le pasan cosas muy raras.

“Pringaos” del mundo, uníos

Según un estudio de la Organización Mundial del Trabajo (OIT), la mitad de los 2.800 millones de trabajadores asalariados que existen en el mundo reciben como paga por su trabajo menos de dos dólares diarios. En realidad, algo más de un tercio de esos 1.400 millones de parias, unos 550 millones, cobran menos de un dólar. Otros 189 millones están en paro.

Hace algunos años pasaron en TV3 una magnífica serie inglesa llamada “Sí, ministro”, que abordaba de modo satírico la época que los británicos vivieron bajo Margaret Thatcher y su “revolución conservadora”. En uno de los capítulos, un joven y prometedor diputado conservador proponía a su grupo parlamentario un proyecto de ley que reintrodujera la esclavitud en Gran Bretaña. Finalmente el proyecto era desechado por los diputados conservadores porque, después de hacer números, resultaba que mantener un esclavo salía más caro que contratar un currante en un mercado de trabajo “flexibilizado”.

En esas estamos. Cuando ya nos habían convencido de que la clase trabajadora se había extinguido y que todos somos clase media, resulta que nos encontramos de pronto con que siguen existiendo unos extraños seres obligados ellos y sus familias a malvivir de unos salarios escasos vinculados a puestos de trabajo inseguros. Y que no son pocos: en España más de un tercio de los contratos de trabajo son ya temporales, y de ellos la mitad no superan el mes de duración. Y así vamos tirando.

Es comprensible pues que Comisiones Obreras de Catalunya, por boca de su secretario general, Joan Coscubiela, haya puesto el grito en el cielo porque al parecer finalmente el nuevo Estatut catalán no incluirá la Carta Social, texto preparado por los sindicatos catalanes y que los partidos de izquierda del Tripartito se habían comprometido a hacer figurar en él. Pero resulta que la derecha catalana, CiU y PP, condicionaron su apoyo al conjunto del Estatut a que la Carta Social quedara fuera, y el Tripartito aceptó; así que adiós Carta Social.

El cabreo sindical viene no sólo por la ruptura de un compromiso político, sino porque la Carta Social no es precisamente el Manifiesto Comunista de Marx y Engels, sino un conjunto de mínimos por debajo de los cuales no puede hablarse seriamente de que se reconozca a los trabajadores catalanes otro derecho que el de ser explotados.

Y en esas estamos. Coscubiela dice que sino hay Carta Social, los sindicatos catalanes –los que cuentan, no las “intersindicales” nacionalistas y los corporativos interclasistas organizados por las patronales- se desentenderán de la aprobación del nuevo Estatut; si ellos se lo cocinan, que se lo voten ellos, vino a decir el sindicalista. No estaría mal. Alguna vez hay que decir basta, y echar a andar.


Bono, eres el más grande

Pepe Bono discursea en el Alcázar de Toledo. No hay palabras para describirlo. O sí: ¡Arriba Ejjpaña! Y olé.