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No
consiento que se hable mal de Franco en mi presencia. Juan Carlos
«El Rey»
El
ocaso de los excelentísimos
Josep
Pernau No es verdad
que todas las noticias son de signo negativo, de las que producen desánimo y
depresión. Somos nosotros, que les dedicamos toda la atención, sin apreciar
que también suceden hechos compensatorios que nos inducen a ver las cosas con
optimismo. El columnista
quiere hacer partícipe al lector de este estado de ánimo, que le ha acompañado
durante el fin de semana. De ahí que se abstendrá de comentar el
envenenamiento del político ucraniano Viktor Yuschenko o la salvajada que
provocó el domingo el triste récord del desalojo del Bernabéu en cinco
minutos, sino que glosará el Código de buen gobierno aprobado por el Ejecutivo
del señor Zapatero, una norma de conducta que se imponen los ministros y altos
cargos, que parece más propia del estilo de vida austero de los nórdicos que
del carácter mediterráneo. Está muy
bien que haya un tope para los regalos que pueden recibir, que no hagan
ostentación del cargo y que se fijen incompatibilidades con el desempeño de
funciones. Pero de todos los Mandamientos del buen gobernante, el que más
interesa al columnista es el de la supresión de tratamientos protocolarios, que
envanecen al que los luce y crean problemas a la ciudadanía. ¿Quién no
se ha encontrado alguna vez con la duda de si un personaje al que nos tenemos
que dirigir es excelentísimo o ilustrísimo? Se acabó. A partir de ahora, sólo
habrá señores y señoras. Después de la Revolución francesa, es la igualación
por abajo más importante que se conoce. En los ministerios, igual será el
ordenanza que el titular de la cartera. Una cuestión
importante: ¿restablecerá el PP los tratamientos y títulos pomposos el día
que vuelva al Gobierno? Igual será la primera medida que adopte.
El Periódico 14/12/04