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No
consiento que se hable mal de Franco en mi presencia. Juan Carlos
«El Rey»
El golpe, la boina y
la gaviota
Jesús Nieto Jurado
Siempre
creí que la diplomacia había mezclado, a partes iguales, el cinismo con la
hipocresía, sin embargo, fue el bonachón Moratinos quién me demostró que la
política, incluso dotada de talante puede ser sazonada por ciertas dosis de
apasionamiento, ingrediente éste, alejado de los grandes círculos de la política,
con la evidente salvedad de lo ocurrido en Elche, donde la carencia ideológica
y el bi-caudillismo entre Zaplana y Camps ha convertido el PP levantino en un
“totum revolutum”.
Lo cierto, dejando el vuelo de la gaviota levantina aparte, es que Moratinos,
acalorado por un debate televisivo que limita el arte de la retórica a 59
segundos, tuvo tiempo para responder a la alianza conservadora que se dio cita
en aquél programa (PP-COPE), afirmando que el antiguo gobierno del Partido
Popular, además de los escándalos del Prestige y los hilillos del bueno de
Mariano, la LOU de Pili del Caudillo y la execrable foto de las Azores, tuvo
tiempo y disposición de apoyar en Abril de 2002 la intentona golpista en
Venezuela, ofreciendo el eje Madrid – Washington apoyo moral y diplomático a
la revuelta capitalista que pretendía poner fin al “poco diáfano” gobierno
de Hugo Chávez, político que por otra parte, como buen populista (que bien lo
sabía El Caudillo), oculta las carencias ideológicas del gobierno con un
discurso que apela al pasado, en este caso bolivariano, y de marcado tinte
antiimperialista, aunque sea Venezuela uno de los países que más barriles de
crudo exporten hacia el rancho de la Unión de Bush junior.
Lo significativo del asunto que me detengo en explicar, no es la calidad de la
democracia venezolana, ni el carisma del mítico presentador de “Aló
Presidente”, sino la participación del anterior gobierno popular, ése que
nos representó a los españoles de tres mundos durante ocho años, en un golpe
de Estado, eso sí, por los cínicos cauces diplomáticos antes mencionados.
En aquella primavera de 2002, Aznar aprendería una lección que le sería
valiosísima, como todas las recibidas en USA: la de cómo participar, al igual
que hizo la CIA con Pinochet, o apoyando la Contra Nicaragüense, en la
desestabilización , mediante golpes de estado, de las frágiles naciones
latinoamericanas, con la finalidad de colocar al frente de estos países a una
marioneta favorable a los intereses del capital.