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consiento que se hable mal de Franco en mi presencia. Juan Carlos
«El Rey»
El cepo del tonto
Eduardo Haro Tecglen
"Antes tontos que mentirosos", dice el buen editorial de este periódico,
ayer. Debe apurarse la frase: quién fuera filósofo. Los términos no son
incompatibles: se puede ser las dos cosas a la vez. Tonto es quien se encuentra
en una situación tonta, suelo decir, sin excluir que sea inteligente; mentiroso
es quien vive en una mentira. La política activa, profesional, empezó a
volverse tonta y mentirosa en las democracias cuando adoptaron medios y sistemas
de las dictaduras: partidos verticales, listas cerradas, disciplina de voto,
propaganda. Comenzó a pasar en el mundo a partir de la guerra de los imperios
que solemos llamar II Guerra Mundial: quisieron asumir su eficacia. En España
las transiciones vienen con el
retraso correspondiente: la II República aún quiso ser un régimen libre,
inteligente, abierto. No hay más que leer las actas de las sesiones de Cortes
para darse cuenta de que aquéllos no eran tontos; ni la izquierda, ni la
derecha. Hay que leerlas directamente, no las falsedades con que fueron
relatadas, porque con Franco vino, apresurada, la mentira grande. Ya estaba
por aquí, pero se entronizó. Franco también fue muy tardío, después de la
llegada de Hitler y de Mussolini, que le ayudaron como Bush a Aznar (y
Eisenhower y Churchill a Franco). Esta cuestión de las colonizaciones políticas
de España merecería un estudio largo. Cuando la mentira es tan grande como la
de Hitler o Franco, supera ya la tontería, pasa a ser crimen,
el cual hace su coyunda con la censura, engendran monstruos. Todos somos
mentirosos, ya que no deseamos ser cadáveres; y no todo el mundo tiene derecho
a ser cadáver. Murió -un poco- Franco: la transición fue algo de su
obra, todos mintieron para llegar a la Constitución, llena de contradicciones:
si no la tocan es porque esas contradicciones estallarían, y aparecerían como
tonterías y mentiras. A partir de ahí, y de las necesidades de servicio a los
belicosos Estados Unidos y su Europa de OTAN y neoliberalismo, todas las
situaciones son mentira, y todos los ejercicios de
explicar son tontos.
Aquí no quedan más líneas. El bravo editorial se refería a la estrategia del
Grupo Popular. Fue el que más lejos quiso llevar la imitación a las
dictaduras, a las copias del poder absoluto. Es éste el que más mintió, y la
mentira engendra mentira, y la tontería, imbecilidad. Es interesante ver cómo
se atrapan a sí mismos. Más se agitan, más les muerde su cepo.