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No
consiento que se hable mal de Franco en mi presencia. Juan Carlos
«El Rey»
La buena diplomacia
El desatino
de Moratinos
Pedro Prieto
El
Inconformista Digital 25--11-04
En el programa de 22 de noviembre de TVE1 titulado “59 segundos”, emitido
desde la Complutense, participaron como invitados, el ministro de Asuntos
Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, los periodistas partidistas Carlos
Carnicero e Ignacio Villa, el diputado de IU, Felipe Alcaraz y el de la Chunta
Aragonesista, el ex cantautor José Antonio Labordeta y el especialista en
numeritos y provocador profesional, el diputado Moragas del PP .
Los especialistas del PP y del PSOE no defraudaron y dieron el espectáculo. Han
descubierto el poder de la salsa rosa, el poder del insulto y la descalificación
en público, el “y tú más” como arma arrojadiza y ventearon todas su
muchas miserias, en un espectáculo de bochorno inaudito. Eso es muy bueno para
la audiencia, dirán los programadores, que ya mandan hasta a los ministros, a
los que tienen agarrados por el micrófono eréctil y retráctil, en un símil
de pornografía política que creará escuela, sin lugar a dudas.
Pero la intervención estrella fue, cuando el ministro, convenientemente sacado
de sus casillas por los especialistas en broncas del PP, vino a decir en público,
hablando de la situación en Venezuela y con el presidente de esa república de
visita oficial en España, que durante el gobierno de Aznar se dio la situación
“inédita” en la diplomacia española, de que el presidente diese
instrucciones al embajador de España en Caracas para apoyar el golpe de Estado
que sufrió Hugo Chávez.
Para qué queríamos más; ahí entró a degüello el periodista del PP (¿debería
decir de la COPE? Es que las funciones se me cruzan, disculpen ustedes) y le
vino a decir, casi a gritos al ministro: “Pero se da cuenta usted de lo que
acaba de decir, señor ministro?” Y el ministro, que creo se dio cuenta de su
enardecida diatriba, comenzó a balbucear algo así como “he dicho lo que he
dicho” y cosas por el estilo. La presentadora cerró con rapidez el asunto y
hoy aquél al que denominé recientemente, papanatas, será pasto de los leones
y de las hienas tertulianas, que exigirán su cabeza y seguramente la consigan.
¡Vaya, qué triste! ¡Para una vez que un ministro de Exteriores dice la verdad
a las claras, van y exigen su cabeza, porque “no fue diplomático” lo que
dijo, aunque fuese una verdad como un templo! ¡Que triste España que se
preocupa más de las formas que del fondo! Aquel turbio fondo en que,
efectivamente, como dijo pocas horas después el propio presidente venezolano en
el mismo medio, metió Aznar a España, cuando obligó a su embajador a
reconocer al golpista jefe de empresarios venezolanos, en solitario con el
embajador de EE.UU. en Caracas, apenas 24 horas después del golpe, que otras 24
horas más tarde resultó ser fallido.
Veamos. ¿No es cierto que es inédito en la democracia española que un
embajador reconozca a un golpista, que derroca a un gobierno democráticamente
elegido? ¿No es cierto que el hecho en sí de reconocer al golpista significa
un apoyo de facto, expreso y público al golpe? ¿No es evidente que un
embajador jamás daría el paso de reconocer a un gobierno golpista, si no
recibe instrucciones claras y expresas de su gobierno? ¿Entonces, a qué el
rasgado de vestiduras que se va a producir, porque Moratinos, en el calor de una
disputa convenientemente provocada por especialistas, vaya y suelte la verdad pública
que todos conocemos, aunque muchos la hayan olvidado? ¿No es más vergonzoso y
hasta criminal el apoyo a aquel nefasto golpe, que las declaraciones de
Moratinos sobre la verdad de los hechos? ¿Por qué diplomacia tiene que ser sinónimo
de cinismo, culebreo, componenda, silencio oneroso y gregarismo de Estado, falso
y corrupto sentido de Estado ante el delito?
¡Qué tiempos estos, en que uno tiene que tragarse sus sapos y culebras y
volver a apoyar a los que llamó papanatas!
Pedro Prieto. Madrid.
Redactor, El Inconformista Digital.