Alameda, 5. 2º Izda.   Madrid   28014   Teléfono:  91 420 13 88    Fax: 91 420 20 04                                                                         Correo   

  No consiento que se hable mal de Franco en mi presencia. Juan  Carlos «El Rey»   

Arden los fogones vascos

Kepa Menéndez Pera

IzaroNews 18 de Octubre 2004

La noticia saltaba a los medios de comunicación el pasado jueves. Al parecer, y citando fuentes periodísticas, el presunto miembro de ETA José Luis Beotegi habría declarado ante el magistrado de la Audiencia Nacional que cuatro prestigiosos cocineros vascos habían sido extorsionados por la banda armada a través del denominado ‘impuesto revolucionario’.

La crónica sorprendía a propios y extraños. Primero, por la forma en la que se dio a conocer la misma, a través de una filtración a un diario desde el mismo juzgado; segundo, sin haber contrastado la grave acusación con los propios afectados; y tercero, con un impresentable deprecio, por parte del periodista que redactó la noticia y del director del periódico que la difundió, al derecho de todo individuo a la presunción de inocencia.

Tras su publicación, no han tardado en arreciar las críticas hacia los implicados. La Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT) ha solicitado a los afamados ‘chefs’ que pidan perdón al colectivo que representa, entre otros motivos, porque el dinero que supuestamente habrían pagado estos cocineros a ETA se emplearía “en financiar la actividad terrorista” y, por tanto, estarían “financiando la muerte de personas”.

Por su parte, el presidente del Partido Popular en el País Vasco, Carlos Iturgaiz, advertía de que, de confirmarse la noticia, no iría a los restaurantes de los respectivos cocineros, ya que, en su opinión, “no se puede tolerar que algunos se estén haciendo ricos desde pedestales como el gastronómico mientas colaboran por detrás con los etarras”.

El filósofo y líder de la plataforma “Basta Ya!”, Fernando Savater, iba aún más allá y reprochaba a los implicados en el affaire su silencio tras el asesinato a manos de ETA del cocinero de la Comandancia Militar de San Sebastián, Ramón García Díaz, en enero de 2001.

Estamos asistiendo a un cruel e injusto linchamiento hacia cuatro profesionales de los fogones; todos ellos vascos, todos ellos euskaldunes, todos ellos amantes de la cultura y tradiciones vascas, todo ellos enamorados de Euskadi y de su gente, y todos ellos sensibilizados con el grave conflicto que vive esta sociedad y comprometidos en su resolución de una manera pacífica. Y eso no se perdona tan fácilmente en el entorno de fobia a Euskal Herria que se vive y se fomenta desde ciertas instancias ciudadanas, políticas y culturales del Estado.

Todo vale contra estos cuatro profesionales de la gastronomía, hasta el punto de que ni la AVT ni Iturgaiz ni Savater, antes de soltar la perorata que han soltado, siquiera han tenido en cuenta que, según lo declarado por Beotegi, éste desconocía si dos de los implicados llegaron a pagar o no el dinero exigido, y que no tenía constancia de que los otros dos hubieran completado los pagos fraccionados hasta consumar el importe requerido por los terroristas.

Pero todo es lícito cuando el implicado es simplemente vasco. Lo hemos podido ver recientemente con la detención y posterior puesta en libertad de cuatro de los cinco detenidos en Hego Euskal Herria por la Guardia Civil a raíz de la operación contra la cúpula de ETA en Francia. Según el ministro del Interior, éstos estaban considerados como peligrosos terroristas a la espera de recibir órdenes para “cometer atentados o para lo que fuera”. Hoy se encuentran libres, sin cargos y sin una sola disculpa ni por parte del mismo gobierno que los calumnió ni por aquellos medios que los enjuiciaron deliberadamente. Eso sí, libres pero tras permanecer dos días en los calabozos de la Benemérita.

Por ello, y volviendo a los cuatro cocineros presuntamente envueltos en la denigrante red de extorsión etarra, si se desvela que éstos no han cedido al chantaje, al igual que ha ocurrido con los jóvenes antes mencionados, ¿quién lavará el buen nombre que hoy ostentan y con el que son conocidos a nivel mundial? ¿Será la AVT, Iturgaiz o tal vez Savater? Mucho me temo que ninguno de ellos porque, como ha sucedido en otras ocasiones, aceptarán la callada por respuesta.

Por mucho que nos empecinemos es una realidad que el derecho universal que asiste a toda persona a la presunción de inocencia no se aplica como se debiera en Euskadi ni por parte de ETA con sus víctimas ni por parte de los mal llamados ‘nosotros-los-constitucionalistas’ con sus adversarios ideológicos.

Pero hay una pregunta que quiero hacer extensible a los que con esta noticia se han rasgado las vestiduras y han clamado al cielo en busca de culpables; los mismos que predican a los cuatro vientos que no hay que ceder a ningún tipo de chantaje y menos si éste proviene de los terroristas: ¿Por qué estos señores no dijeron en su día lo mismo que hoy están diciendo contra estos cuatro cocineros cuando, tras la liberación de las dos cooperantes italianas retenidas en Irak por los insurgentes, se hizo público el pago por parte del gobierno de Berlusconi del millonario rescate que le solicitaban los terroristas? Por no decir de los innumerables secuestros cometidos por ETA que han finalizado con la liberación del rehén tras haber pagado sus allegados el dinero establecido para su puesta en libertad.

La hipocresía es un valor cada vez más en alza en la política que se desarrolla en Madrid para con Euskadi. En su día, el objetivo de la misma se centró en el euskera y las ikastolas; más tarde, en los directores de cine, deportistas, periodistas, actores y cantantes; hoy les ha tocado a los cocineros. Mañana, quién sabe.

  Página de inicio