Tengo de subir a España, tengo de coger la flor
Manuel Saco
Ya habéis visto el resultado, tras elegir cuidadosamente entre miles de letras de otros miles de patrióticos poetas: el Parnaso ha parido una mala copia de la letra de Pemán, como bien dice el compañero Rafael Reig en Público. Buscar una letra a un himno nacional en el siglo XXI es tarea poco menos que imposible, porque las letras de los himnos suenan forzosamente extemporáneas en las modernas sociedades democráticas. Hablan de victorias, revoluciones, batallas, sangre, muerte… letras nacidas hace siglos, referidas a procesos sociales convulsos que todos deseamos ver superados.
Una vez proscrita la letra de José María Pemán que nos animaba
a continuar alzando la mano en saludo fascista, los españoles de
la Transición pasamos a cantar el himno entre dientes, con un
socarrón chunda chunda
que afortunadamente hacía imposible tomárselo en serio. Y esa creo
que era su mejor virtud, que no se podía cantar, ni contagiarnos
con su música guerrera una sobredosis de amor patrio, siempre
peligrosa.
Creo que a José Antonio Alonso, el ministro de Defensa, tampoco
le ha gustado el aggiornamento
de la letra de Pemán, dice que por falta de calidad literaria.
Pero que se desengañe el ministro, porque himno y calidad
literaria forman un oxímoron que sólo puede pervivir en las
óperas; y la ópera, ya se sabe, es surrealismo puro.
La mayoría de los himnos del mundo invocan a dios, lo que en
caso de guerra supone un conflicto para el Altísimo de imposible
solución. Es como esos equipos de fútbol que al final del
campeonato ofrecen la copa a su virgen favorita, por lo que al
final la virgen siempre gana, pero siempre queda como una
desagradecida para los equipos perdedores. Y los ingleses, para
complicarle más la vida a los dueños del más allá, le imploran a
dios que salve a “ nuestra graciosa reina”. (Me lo pregunto muchas
veces, ¿será verdad que la encuentran graciosa o forma parte del
humor inglés?).
Aprendamos pues de los asturianos, gente coñera donde las haya,
que, con mejor humor todavía que los ingleses, han elevado a himno
una canción de taberna y borrachera, como es el Asturias
patria querida:
Tengo de subir al árbol,
tengo de coger la flor
y dársela a mi morena,
que la ponga en el balcón.
Que la ponga en balcón,
que la deje de poner,
tengo de subir al árbol
y la flor he de coger.
Esta sí es una letra para un himno. No es más estúpida que la de Pemán, ni que la nueva que proponen como sucesora, ni más que la de los hijos de la Gran Bretaña. Con la ventaja de que sólo un himno así, que se debate en el eterno, angustioso e irresoluble dilema de si debemos poner la flor en el balcón o debemos dejarla de poner, te puede quitar para siempre las ganas de declarar la guerra a nadie. Es imposible desfilar en formación marcial con semejante letra, porque en vez de un fusil entre las manos lo que está pidiendo a gritos es un vaso de sidrina bien escanciada. Que no os quepa la menor duda.