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No consiento que se hable mal de Franco en mi

 presencia. Juan  Carlos «El Rey»   

 

 

 

Siempre lo mismo

Hugo Martínez Abarca

Blog III Rrepública 27 de Enero  de 2008

Desde que el PSOE le entregó al PP la hegemonía en el discurso contrario a ETA tenemos en cada proceso electoral la misma polémica: una mayoría de los medios de comunicación, juristas, políticos, etc… repiten las ficciones, los eslóganes, las retahilas, las pruebas idénticas y sitúan en el territorio de la moderación lo que hace sólo diez años era una locura que sólo se le ocurría a falangistas y barrionuevos. Las respuestas de quienes estamos a favor de las más amplias libertades políticas son también siempre las mismas: no delinquen las organizaciones, sino los individuos; los sujetos que no tienen restringidos sus derechos políticos por sentencia se pueden presentar a las elecciones hubieran militado donde hubieran militado; allí donde miles de ciudadanos no pueden votar sus opciones políticas la democracia sale deteriorada… Tantas veces hemos repetido lo mismo que empieza a sonar tan vacío como un eslogan de pancarta.

Hemos perdido la cuenta del número de partidos, asociaciones de electores, coaliciones, listas de partidos legales… ilegalizados. El año pasado se cometió la chapuza de ilegalizar listas selectas de ANV según interesara. Podemos pronosticar sin demasiado temor a equivocarnos que, incluso aunque ganara Rajoy las generales. en las elecciones vascas que habrá pronto sí podrá concurrir la izquierda abertzale porque su marginación podría permitir una mayoría absoluta del tripartito que no conviene en absoluto al nacionalismo español. Vemos que quien hace doce años decía que ilegalizar a HB era una estupidez que no tenía sentido es ahora el azote de herejes que encuentra a un cómplice de ETA en todo aquel que se opone a que ilegalicen partidos que apoyen tal o cual violencia (aunque sólo se ilegalice a los que apoyan tal violencia).

Es un coñazo repetir en cada elección las evidencias. Pero también sería imperdonable que ante la conciencia de que la ilegalización de dos nuevos partidos políticos constituye un ataque a las libertades políticas de una porción de la sociedad me callara por hastío. En enero de 2008 sólo encuentro una razón por la que una persona puede querer votar a HB o a ANV: porque no le dejan. Seguro que otros encuentran otras. Pero yo sólo encuentro ésa, que es una buena razón. Desde luego es la única por la que me solidarizo con esa izquierda abertzale: porque les impiden ejercer derechos que deberían poder ejercer. Es la misma razón que me lleva a solidarizarme con otras personas, que se sitúan en las antípodas de mi pensamiento y dicen y hacen cosas que me repugnan, pero contra las que nadie tiene derecho a levantar un arma. Me puede repugnar profundamente las cosas que defienden algunos y que incluso causan miles muertes, pero soy consciente de que ilegalizar la expresión de esas ideas, o silenciarla mediante la amenaza esconde el problema, no lo soluciona.

Son cosas que muchos hemos dicho ya muchas veces.

En este caso puede que sea la última: la suspensión de Batasuna cumple su plazo pronto (sin que haya habido juicio, como suele suceder con las instrucciones de Garzón) y el Tribunal de Estrasburgo no tardará en fallar sobre la Ley de Partidos. Sin una ni otra nada obstaculizaría que sea directamente Herri Batasuna o Batasuna quien se presente a los próximos procesos electorales y que el Estado español sea sometido al bochorno de ser una democracia sustentada en sentencias extranjeras. Hubiera sido una buena ocasión de que se hubiera optado por permitir graciosamente que se presentara ANV aunque se argumentara como expresión de la prudencia ante la admisión a trámite del recurso en Estrasburgo.

Pero eso valdría si estuviéramos ante gobiernos que actúan por criterios políticos (lo más democrático, lo más oportuno…) y no por meros criterios electoralistas de partido: hace falta mostrarse duro, enérgico. Con dos cojones, viva España.

A estas alturas textos como éste ya no convencen a nadie: quien estuviera convencido de que cerrar partidos es la máxima expresión de la democracia no cambiará de opinión; quien ya pensara que este no es el camino, no necesita que lo ratifique yo. Simplemente he decidido que mi agotamiento no puede aparecer como asentimiento.

 

 

 

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