Los pobres, cada vez más pobres
El Periódico 19 de Enero de 2008,
Los problemas que envuelven la coyuntura económica oscurecen a veces la necesidad de prestar atención a otros rasgos que, por estructurales, se perciben como de menor interés porque tenemos menos capacidad de incidir sobre ellos. Así, apareció a finales de año la Encuesta financiera de las familias, realizada por el Banco de España. Se trata de una radiografía importantísima de la situación patrimonial de nuestros hogares, que desafortunadamente no permite hoy. un análisis específico para Catalunya.
La complejidad de su elaboración requiere un
periodo de maduración suficiente para
interpretar esta nueva hornada de datos,
referida a los meses finales del 2005. Pero
permite una comparativa válida de lo que fue la
encuesta similar del 2002, por lo que cabe
destacar algunas conclusiones importantes, con
suficiente robustez estadística.
LA PRINCIPAL conclusión
que puede sacar cualquier analista que estudie
el avance de resultados, disponible en la web
del Banco de España es que la desigualdad de
renta y riqueza en España ha aumentado de una
manera notabilísima en estos tres últimos años
de boom económico.
En efecto, la encuesta comentada muestra como la
mediana (y la media, por si quedaban dudas) de
la renta de los hogares españoles entre el 2002
y el 2005, en términos constantes –esto es, bien
contado– ha disminuido (de 25.200 a 23.100
euros), con un descenso más acusado en el
segmento del 20% de hogares de renta inferior
(de 8.700 a 6.900). Con ello, el rango de la
desigualdad entre el 10% de familias con mayor
renta respecto del 20% de familias con menos
renta ha aumentado desde un ratio de casi 1 a 10
en el 2002 a casi de 1 a 13 en el 2005.
EN SOLO TRES años, el 25% de hogares más pobres ha visto reducir su riqueza en un 60%, pasando de representar en mediana 8.500 euros en el 2002, a 5.500, todo ello en euros constantes con base en el 2005. A su vez, la ratio que mide la dispersión entre el percentil de riqueza neta del 25% de hogares con menor renta respecto del que se situaba entre el 90 y 100 (el 10% de las familias más ricas) se ha más que doblado en el breve intervalo de tres años. Por edades, los cabezas de familia con edad inferior a los 35 años han mejorado menos de la mitad que el resto de hogares, y se ha reducido el porcentaje de nuestras familias más jóvenes que son propietarios de su vivienda principal.
En general, el incremento de la deuda ha
superado el aumento de los activos, de modo que
el porcentaje que representa la deuda sobre el
valor total del patrimonio ha aumentado; y ello
en especial para los colectivos de menor renta.
El 20% de hogares con renta inferior que tenían
deudas pendientes, en sólo tres años se ha
incrementado un 50%, duplicándose, siempre en
términos constantes (euros del 2005) la media
del valor de su deuda. De nuevo, para estos
hogares más pobres endeudados el peso de la
deuda ha pasado de representar el 104% de su
renta en el 2002 al 143% en el 2005. Y para
mayor alarma: con ratios de deuda que triplican
los ingresos del hogar, en el 2002 se computaba
el 34,5% de las familias más pobres en renta y
en el 2005 la cifra era del 42,6%.
Esto es, de la mitad de los hogares más pobres
en renta que estaban endeudados (casi dos
terceras partes del total), los pagos por sus
deudas vivas suponían más del 40% de sus
ingresos anuales. Por edades del cabeza de
familia, de nuevo los más jóvenes se han llevado
la peor parte: la mediana de su deuda ha
aumentado en casi un 80% en términos reales.
EN RESUMEN: tamaño crecimiento de la desigualdad, tanto en renta, como en riqueza, como en capacidades de financiar las deudas pendientes, que se ha producido en España en tan breve espacio de tiempo, no nos debiera de dejar indiferentes. Su tratamiento exige responsabilidad en un momento como el actual de rebajas fiscales electorales y de abrazo indiscriminado de nuestros sistemas impositivos al denominado dualismo fiscal por el que se renuncia a la progresividad tributaria.
Y en la actuación necesaria para su corrección,
la situación descrita reclama políticas públicas
con menos universalismo populista (cheques por
nacimiento y leyes de dependencia universales) y
más orientación de cualesquiera sean los
recursos públicos disponibles a un gasto más
selectivo, ligado al test de medios y a la
prueba de necesidad, para mejorar su efectividad
redistributiva.