Pero son nuestros hijos de puta
Hugo Martínez Abarca
Blog III República 21 de mayo de 2008
Estas dos fotos podrían parecer las de dos personas torturadas, pero no es así. La persona de la izquierda fue torturada por los ejércitos invasores de Irak. No creo que haya entre quienes leen este blog nadie que no reconozca que es repugnante el castigo al que se ha sometido a esa persona. No sabemos si es un excelente padre de familia o si es un terrible terrorista, porque no viene al caso: quienes nos creemos los derechos humanos los defendemos en todo caso, ¿o es que también está en cuestión si se puede torturar a los inocentes? Evidentemente cuando decimos que estamos contra la tortura, ponemos el énfasis en las torturas a los presuntos malos.
La foto de la derecha, contra lo que pueda parecer no es un caso de tortura. Copio y pego lo que escribe una entidad llamada con todo el morro Fundación para la Libertad sobre esa foto:
“Unai Romano es un activista de ETA que llegó a la fama a través de una aparatosa fotografía que mostraba su rostro destrozado por las torturas supuestamente padecidas durante su detención en las dependencias de la Guardia Civil de Vitoria, donde ingresó detenido el 5 de septiembre de 2001. La fotografía ha circulado por el mundo entero, reproducida en publicaciones y sitios de internet, convertida en una prueba de que en España se tortura salvaje y sistemáticamente a los detenidos acusados de pertenecer a ETA.
Pero, ¿qué prueba esta fotografía? Aunque según algunos expertos está claramente retocada, la foto muestra los resultados de lesiones infligidas a Unai Romano. El asunto es quién se las infligió, y cuándo. Lo más probable que fuera él mismo, auxiliado por diversos cómplices y colaboradores que además falsificaron documentos e informes médicos, y muy probablemente hasta la fotografía del escándalo.
Debido al interés que despertó el caso en numerosos informes de organizaciones internacionales de derechos humanos, las denuncias de Unai Romano fueron investigadas más a fondo de lo habitual, si se considera que la práctica totalidad de los etarras detenidos denuncian por rutina haber padecido torturas, de acuerdo con el protocolo elaborado por la propia ETA para formar a sus activistas en la simulación de lesiones físicas y psíquicas.”
Todo son supuestos e imprecisiones (’lo más probable’, ‘la práctica totalidad’, ‘muy probablemente’, ’según algunos expertos’) y una mentira: la foto no circuló por el mundo entero, pues entre el Ebro y Gibraltar prácticamente nadie reprodujo el caso de Unai Romano. Los tribunales no apreciaron ningún indicio de malos tratos, sobreseyeron el caso y acusaron a Unai Romano de falso testimonio.
Hace pocos meses detuvieron a Igor Portu, presunto militante de ETA, que sufrió la rotura de una costilla, diversas lesiones y un neumotórax. La Guardia Civil y Rubalcaba dieron una versión poco menos increíble que la imaginada por la Fundación para la Libertad para el caso de Unai Romano. Si alguien quería protestar por el trato dado se volvía poco menos que proetarra.
Vuelvo a las fotos de arriba. ¿Cuando protestamos por las torturas con que castiga a detenidos por terrorismo el gobierno estadounidense nos estamos poniendo a favor del terrorismo? ¿Cómo podemos criticar a los estadounidenses que cierran los ojos ante Guantánamo y avalar que nos cuenten evidentes mentiras para que nos sintamos confortables respaldando por activa o por pasiva la tortura?
Dos actitudes resultan muy sospechosas. La de quienes defienden los derechos humanos cuando quien los viola está lejos y la de quienes defienden los derechos humanos sólo cuando los violan los enemigos. O uno defiende los derechos humanos como si fueran universales o simplemente defiende que a los propios no se les puede tocar, pero con los malos se puede hacer lo que a uno le dé la gana. Y si hubieran caído en otro lado defenderían lo mismo, pero tomando otro bando. Un madrileño que mira para otro lado al ver la foto de Unai Romano también miraría para otro lado ante la bomba de Legutiano si hubiera nacido en otro entorno y ante Guantánamo si hubieran caído en Nebraska.
Quienes con más o menos vehemencia critican al Parlamento vasco por haber denunciado el viernes lo evidente no defienden los derechos humanos; simplemente defienden a su bando. Quienes dijeron que esa resolución pone una vena a Dios y otra al diablo son quienes ponen una vela a la violencia de los propios. Entre el relator de la ONU contra la Tortura y Amnistia Internacional por un lado y el CNI y Rubalcaba por el otro, poner una vela a Dios y otra al diablo no es ponerla con los primeros.