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No consiento que se hable mal de Franco en mi

 presencia. Juan  Carlos «El Rey»   

La moral adversativa

Javier Ortiz

Público 15 de Marzo de 2008

Un amigo mío acuñó esa expresión en los tiempos en que trascendieron con pelos y señales los crímenes de los GAL, es decir, las vilezas del terrorismo que emergió de las entrañas mismas del Estado –de sus cloacas– con la pretensión de luchar más eficazmente contra ETA.

In illo tempore, cada dos por tres te topabas con alguien que decía, en resumen: “No, si yo estoy totalmente en contra de la ‘guerra sucia’, por supuesto. Pero…”.

Era a esta segunda parte (que siempre venía precedida de la correspondiente conjunción o locución adversativa: “pero”, “aunque”, “no obstante”, etc.) a la que había que prestar particular atención, porque era la que concentraba la parte práctica del discurso. Sí; a ellos, lo de los GAL les parecía mal, pero… “pero tampoco vas a pedirle al Estado que se quede cruzado de brazos”, “pero si es la guerra, es la guerra”, etc.

Torcían el gesto, cariacontecidos, cuando se enteraban de que los GAL habían secuestrado a un pobre viejo confundiéndolo con quien no era, o cuando les llegaba que habían asesinado a un insumiso tomándolo por un miembro de ETA, o cuando les contaban que habían ametrallado a la clientela de un bar, disparando a bulto. ¡Pena de “daños colaterales”!

Nunca logré que aquellos usuarios de la moral adversativa entendieran que no hay iniquidad del adversario, por espantosa que sea, que permita disculpar la iniquidad de tu propio bando.

Han pasado los años, pero el mundo –no este pequeño rincón del mundo: el mundo entero–continúa dando vueltas a la misma noria. Siguen muy bien situados en todos los poderes quienes no se detienen ante nada para lograr sus objetivos, y siguen haciendo legión los que miran para otro lado, sin decir ni mu.

George Bush acaba de elogiar la utilidad práctica de la tortura “en ciertas condiciones”. Lo ha hecho para  explicar por qué ha vetado un proyecto de ley que pretendía prohibirla.

Enterado, nuestro Gobierno ha callado. Se sobreentiende: “Ya sabemos que es terrible, pero ¡no pretenderéis que pongamos a caldo al líder máximo de la primera potencia mundial!”.

No; no lo pretendáis. Conformaos con tomar nota de estas lecciones de ética aplicada.
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(Aparecido en Público el 15 de marzo de 2008)

 
 

 

 

 

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