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«Lamela praxis»
Isaías Lafuente
Diario de León
EL DOCTOR Luis Montes y alguno de sus compañeros del Hospital Severo
Ochoa de Leganés han pasado tres años de calvario acusados de practicar la
eutanasia activa a un colectivo de 400 pacientes. Hace unos meses, el
juzgado de Leganés no encontró causa penal contra ellos, aunque sí una
mala práctica médica.
Ahora la Audiencia Provincial de Madrid confirma el sobreseimiento y
archivo del caso y ordena además retirar cualquier referencia a «mala
praxis», es decir, no sólo libra a los médicos de la carga penal, sino que
limpia su nombre y su expediente profesional.
El caso contra el doctor Montes arrancó con una denuncia anónima y se
desarrolló gracias al impulso político del entonces consejero de Sanidad
de la Comunidad de Madrid, Manuel Lamela. El fue quien dio credibilidad a
la denuncia, quien promovió una inspección que no avaló la denuncia, quien
montó después una comisión de investigación a medida para corregir a sus
inspectores y corroborar la falsa acusación, y quien con esos datos se
presentó ante el juzgado para sentar en el banquillo a los facultativos.
Ahora ya sabemos que Luis Montes y sus colegas no son un trasunto de
Joseph Menguele. Y quienes ante las puertas del juzgado gritaban «Doctor
muerte, en la cárcel quiero verte» tienen desde hoy razones sobradas para
pedir disculpas. Pero quien de verdad debe asumir sus responsabilidades es
quien practicó sobre estos profesionales una especie de eutanasia
profesional muy activa sin base alguna para hacerlo. La mala praxis
médica, con una consecuencia tan letal como la que se imputó al doctor
Montes, está tasada en el Código Penal. Y nadie puede dudar de que, si una
acusación tan brutal hubiera concluido en condena, aquel que la promovió,
Manuel Lamela, estaría hoy colgándose tantas medallas como muertes
demostradas. Ahora los ciudadanos esperamos ver con ansia en cuánto valora
su responsabilidad política, qué consecuencias ha de tener su mala praxis
política. El honor de quienes fueron falsamente acusados y el de una
institución sanitaria pública que tenía obligación de defender y, sin
embargo, puso a los pies de los caballos, lo requieren. Luis Montes y los
suyos no hubieran eludido la cárcel con una petición de disculpa. Manuel
Lamela tampoco puede soslayar su responsabilidad con un «lo siento».
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