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No consiento que se hable mal de Franco en mi

 presencia. Juan  Carlos «El Rey»   

Izquierda e inmigración

La prensa tiene la capacidad de llevarnos a donde quiere. Ahora miramos hacia Italia y está bien, porque hoy Italia es un despojo de nación y escenario de acciones repugnantes aunque ya no resultemos tan simpáticos ni tan afines a los italianos; miramos también hacia la Europa que prepara una directiva vergonzosa con el voto favorable del Gobierno español. Pero, ¿por qué no miramos hacia lo que tenemos delante de nuestros ojos?

La prensa pone el énfasis en algunos sitios más que otros pero nunca es conveniente dejarse llevar ciegamente. Aceptando ciertos matices, aquí no parece que marchemos por caminos ni métodos muy distintos de los que se imponen en otros lugares. Como argumenta Soledad Gallego-Díaz, en su atinado artículo El toque de la izquierda, parece que ésta, una parte de la izquierda, acaba de abrir los ojos a una nueva verdad revelada y muestra síntomas de abrazar la teoría según la cual “la mejor manera de que no exista racismo es echar a los negros“. Donde la periodista escribe negros, podríamos poner inmigrantes. Es más, esa izquierda iluminada en la nueva fe, actúa como si los ciudadanos no tuviéramos capacidad de análisis, al presentarnos la nueva religión “como un avance en defensa de los derechos de los inmigrantes irregulares”. Parece que esa izquierda ha visto las orejas al lobo en el debate social sobre la inmigración y, en un ejercicio de cobardía y camaleonismo político, opta por asumir los postulados que no le son propios para quedarse en una simple izquierda estratégica.

Indigna la noticia ruin de esos ciudadanos que alertaron de la presencia de inmigrantes llegando a la costa, como si de unos delincuentes se trataran por carecer de papales; sorprende el escaso eco que tiene la acampada y la huelga de hambre de un grupo de inmigrantes para denunciar la situación por la que atraviesan tras 3 años de retención en Melilla; reconforta saber que contamos con fuerzas de seguridad cuando se esfuerzan en rescatar a inmigrantes y sobrecoge la noticia de los agentes que pincharon el salvavidas de cuatro inmigrantes; preocupa que los Centros de Internamiento de Extranjeros (CITE) sean denunciados, como si de otro Guantánamo se tratara, por las condiciones infrahumanas o por ser cuestionada su compatibilidad con el Estado de derecho.

Si el poder en manos de la izquierda no sirve para cambiar ciertas cosas. Si se permiten y justifican ciertas licencias o abusos por puro seguidismo partidario, si hay que callar porque la derecha lo haría peor, ¡apañados vamos! Muchos no pedimos nada a la derecha porque nada esperamos ella, pero a la izquierda política le exigimos todo, porque nos sentimos parte de ella. Entre los principios y los intereses, sé de militantes que nos quedamos con los principios.

Alguien en el poder, debiera pensárselo dos veces.

 

 

 

 

 

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