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La fórmula secreta para calcular el pánico del Ibex 35

Manuel Saco

Blog. manolosaco    22 de Enero de 2008

 

No tengo un duro en Bolsa, pero la mañana de ayer (y vaya usted a saber lo que nos espera para hoy) fue de infarto. El IBEX 35, el grupo de empresas que más fielmente refleja la salud del índice de valores bursátiles, cayó presa del pánico para quedarse al cierre, un cierre que, como las vacaciones, parecía no llegar nunca, en torno al 7,5% de caída. En rebajas, eso de un 7,5% os puede parecer una nimiedad, pero para la Bolsa es casi un desastre.

 

(Nota culta. Me he ido al oráculo de Google y he encontrado la fórmula utilizada para el cálculo del valor del Índice. A mí casi me da un soponcio, fue como una revelación. Poned atención, queridos alumnos: Ibex 35(t) = Ibex 35(t-1) × ∑ Capi(t) / [ ∑ Capi(t-1) ± J]. No se entiende un carajo, pero ¿verdad que acojona?)

 

Todas las bolsas reflejaban ayer el miedo paralizante que tiene atrapado estos días a Wall Street, la madre de todas las bolsas, herida de muerte por el asunto de las hipotecas basura subprime destapadas con la crisis inmobiliaria. Las hipotecas basura son el ejemplo máximo de a dónde nos pueden llevar las leyes del mercado cuando se le deja suelto, a su aire, como perro si correa, siguiendo al pie de la letra el credo de los alumnos de la Escuela de Chicago que pregonan eso de que el Estado sólo puede ser un mero espectador de lo que se le antoje hacer a las fuerzas que gobiernan el mercado. El mercado se autorregula, como la mafia. Aunque sus banqueros manirrotos sean unos irresponsables. 

 

El gobierno de George W Bush, con su falta de previsión y su colosal déficit público para pagarse sus juergas en Irak, contagió la enfermedad a todas las bolsas el mundo, y no ha conseguido aliviar los síntomas ni prometiendo inyectar cientos de miles de millones de dólares, vía bajada de impuestos, para que los ciudadanos se los gasten a su antojo. Es más, el anuncio de reparto de dinero, en lugar de servir de mensaje tranquilizador, sirvió para que sus compatriotas se asustaran más ante el tamaño desmesurado de la venda: si así es el remedio, ¿cómo será entonces la herida, se dijeron?

 

Aquí, en campaña, ya han comenzado las promesas de recortes fiscales para que sintamos más calderilla en el bolsillo. Si Bush pone los pies sobre la mesa, nosotros también; si baja los impuestos, nosotros no vamos a ser menos. Pero pocos confían en que esa sea la solución. Joseph Stiglitz, Nobel de Economía, acaba de advertirnos públicamente que “bajar los impuestos es una equivocación”, pan para hoy y hambre para mañana. Y que todos los ensayos ultraliberales, desde Margaret Thatcher a su compatriota George W. Bush no hacían otra cosa que engrosar el déficit público a la larga y ahondar las diferencias entre ricos y pobres.

 

De Bush ya no se fían ni sus conciudadanos. Aunque sí el PP del hombrecillo insufrible que, de paso, distrae la crisis interna de su partido magnificando la crisis del país.

 

 

 

 

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