En defensa de la Coordinadora Antifascista de Madrid
Jaume d'Urgell
UCR
29 de marzo de 2008
Hoy se han conocido los términos de la querella que pretende impulsar la
Confederación Española de la Policía (CEP) contra los manifestantes que
presuntamente habrían llevado armas a la concentración del pasado 17 de
noviembre. Una concentración, recordémoslo: de luto, de pésame y tensión
contenida; de reconocimiento al adolescente que fue asesinado por un militar que
acudía a una manifestación racista convocada por el partido de ultraderecha
Democracia Nacional. Una concentración que, a pesar del dolor, se desarrolló sin
incidentes.
Las fotografías (publicadas por el rotativo EL MUNDO) del arsenal supuestamente
incautado a esos 60 «radicales de izquierdas» en los controles policiales de la
Puerta del Sol, el pasado 17 de noviembre
son falsas,
es decir, no se corresponden con los efectos decomisados por los agentes de la
Unidad de Intervención Policial. Son, por así decirlo: una fabulación
periodística... como cuando se echa mano de imágenes de archivo porque no hay
texto para completar el espacio asignado en la maqueta.
Aquel día, como mucho, se incautó de algún pequeño llavero que, para asombro de
quien lo portara, fue considerado un arma por parte de los agentes de la
autoridad. Pero por favor, un poco de equilibrio: hablamos de cortauñas, nada
que ver con los embustes difundidos, que hablaban de la presencia de «bates de
béisbol, espadas orientales» y cosas parecidas. ¿Alguien ha visto alguna vez un
bate de béisbol en la Puerta del Sol? ¿Alguien se imagina que el asistente a una
concentración de luto pueda llevar una espada oriental? ¡Por favor! En este
caso, como en el del 11M o la piscina ilegal propiedad de su director, el
rotativo EL MUNDO se colma de ignominia y ridículo.
Y en cuanto a la reacción de la Reacción: querellarse en base a pruebas falsas
constituye un flagrante delito de denuncia falsa, asimilable a los casos de
posible corrupción policial que están saliendo a la luz ultimamente, casos como
la presunta «colocación» de estupefacientes a personas inocentes, para acto
seguido proceder a su detención:
http://www.20minutos.es/noticia/363288/1/ ; la
supuesta apropiación indebida de efectos sustraídos a grupos mafiosos:
http://www.20minutos.es/noticia/360354/0/ ; el
posible cobro a empresarios a cambio de información privilegiada sobre el
desarrollo de procesos judiciales en los que se verían implicados:
http://www.20minutos.es/noticia/359462/0/ ; la
posible apropiación indebida de vehículos, aprovechándose de su responsabilidad
policial:
http://www.20minutos.es/noticia/269365/0/
; el apuñalamiento indiscriminado de manifestantes desarmados:
http://www.20minutos.es/noticia/236834/6/ ; la
supuesta malversación de fondos públicos destinados a las funciones de
seguridad:
http://www.20minutos.es/noticia/359759/0/
; los supuestos robos de dinero efectuados durante los cacheos a vecinos de
barrios humildes:
http://www.20minutos.es/noticia/244528/0/
; la muerte de detenidos esposados durante los traslados:
http://www.20minutos.es/noticia/237397/0/ ; la
tortura a detenidos en comisaría:
http://www.20minutos.es/noticia/221714/0/ ; los
presuntos abusos sexuales contra inmigrantes:
http://www.20minutos.es/noticia/143727/5/ ; la
supuesta práctica de tirar por la borda a náufragos lejos de la costa:
http://www.20minutos.es/noticia/360647/0/ ; y
un largo, larguísimo etc. que nos lleva a pensar que es solo la punta del
iceberg de una podredumbre ética producto de la impunidad sistémica a la que
muchos están acostumbrados.
Si no se establecen límites claros a la acción de las fuerzas y cuerpos de
seguridad del Estado, la democracia será más que nunca, papel mojado. Es preciso
desactivar la intoxicación mediática realizada por la Confederación Española de
la Policía con ayuda de los medios del Grupo Recoletos, S.A., no solo por
decencia profesional, sino también por respeto democrático.
Hay que responder, naturalmente, siempre por vías pacíficas, pero hay que
responder. Para cada mentira un desmentido; para cada acusación infundada, una
concentración popular; ante cada declaración falsa, una convocatoria de rueda de
prensa. No importa el desequilibrio en la correlación de fuerzas, que no se diga
que nosotros, los antifascistas, callamos como corderos cuando nos llevaban a un
futuro peor.
Igualmente es necesario apelar a los cimientos de la convivencia en sociedad:
conceptos esenciales, como el Habeas Corpus -sistemáticamente ignorado-; el
respeto a las garantías procesales básicas: el derecho a no ser considerado
culpable antes de un fallo judicial; el respeto a acceder y divulgar información
veraz; derechos como el de reunión o de asociación política o sindical... si
prescindimos de todo eso, estaremos indefensos en unas calles repletas de
delincuentes uniformados.
Criminalizar una organización de organizaciones que se unen para combatir el
racismo o la xenofobia, para denunciar la falta de espacios públicos
-particularmente en la cultura-, para coordinar la solidaridad para con las
víctimas de agresiones fascistas... es una vergüenza, y en esa vergüenza no
deberían participar ni los grandes partidos políticos, ni los grandes medios de
comunicación, ni las instituciones de orden público... no deberían, pero
lamentablemente todos conocemos la Historia.
El antifascismo solo es malo para el fascismo.
¡Salud!