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El precio de mi voto
Lorenzo
Peña
No sólo no soy adepto de la
ideología occidentalista sino que, además, no siento la menor adhesión al
sistema político-económico bajo el que vivimos: el occidentalismo. Tampoco
lo considero un infierno. Digamos que es un purgatorio, con sus cosas
buenas y sus cosas malas.
Para Churchill (que le endilga el
embellecedor membrete de «la democracia») es el peor sistema posible
excepto todos los demás. Yo diría que es el mejor y el peor de los
posibles en las actuales circunstancias.
Habida cuenta de todo, fue un
sistema mejor el de las democracias populares --el socialismo real--, sin
por ello carecer de defectos; fue mejor, desde luego, para los pueblos en
los que, más o menos, se realizó (o sea: mejor de lo que ha resultado para
esos pueblos la restauración del occidentalismo); y, sobre todo, mucho
mejor todavía para los demás pueblos, que, sin padecer sus inconvenientes,
nos beneficiamos decisivamente de su existencia, gracias a la cual fue
posible la parcial emancipación de las naciones oprimidas por el yugo
colonial y la consecución del estado del bienestar, otorgado a
regañadientes por los potentados del sistema occidentalista.
El futuro traerá nuevas
alternativas. La humanidad no estará sometida para siempre a la tiranía
del automóvil, al absurdo de la economía de mercado, a la farsa de la
pseudodemocracia partitocrática, a la brutal desigualdad social, al
desempleo masivo, a la ausencia de una redistribución global de la
riqueza, al adocenamiento de la mediocracia mendaz e ignorante, a la
fragmentación del planeta en bloques atrincherados, a la falta de libertad
de circulación, a las guerras imperialistas, a la carrera de los
armamentos, a la existencia de ejércitos y fronteras.
Que hoy por hoy no haya
alternativas viables no implica que sea menester apoyar lo que existe. Si
se puede ir mejorando es, en buena medida, gracias a la crítica de quienes
no nos sumamos al coro consensual de sus enaltecedores, que monopolizan la
opinión pública (salvo unos pocos huecos en el espacio internet).
El régimen occidentalista
conserva muchos elementos de capitalismo, aunque felizmente no es (ni fue
nunca) tan capitalista como lo pintan sus adeptos y algunos de sus
detractores. El capitalismo puro, la economía de mercado estricta, es
absolutamente imposible, un sueño (o más bien una pesadilla), una ficción
de las mentes de los ensayistas libertarios.
Que el régimen imperante no es
estrictamente capitalista lo prueban hechos como el de que aproximadamente
la mitad de la renta producida es administrada por los poderes públicos
(lo cual no quiere decir que sea distribuida de manera justa ni racional)
y el de que --con todas sus limitaciones-- resisten a la embestida
eliminadora del empresariado voraz las instituciones del estado del
bienestar: jubilaciones, asistencia sanitaria, algunas pinceladas de
vivienda social, educación pública, servicios públicos de enseñanza,
cultura e investigación, salvamento, organización vial, abastos y
suministros, regulación de mercados, transporte público, ayudas a
discapacitados, subsidios de desempleo y otras limosnas; todo lo cual es
incompatible con un capitalismo puro.
Pero, aunque el occidentalismo no
es capitalismo, sí contiene bastante capitalismo, desgraciadamente. En
esencia es un régimen oligárquico, en el cual una casta de privilegiados
de la finanza, del dinero, de la mediocracia, de la sociedad influyente,
de los círculos del poder, acapara los resortes de la decisión pública, a
través de la partitocracia, con una tramoya en la cual:
-
las elecciones son manipuladas
y preparadas de manera que se eviten las malas sorpresas (salvo raras
excepciones);
-
los partidos son férreamente
controlados por los aparatos y las camarillas de intrigantes entre
bastidores, instrumentalizadas por los grupos oligárquicos de presión
(salvo, en cierta medida, algunos partidillos marginales, con vocación
de testimonio simbólico --y aun eso sólo provisionalmente, porque el
sistema dispone de utensilios para banalizarlos o echarlos a la cuneta);
la democracia interna de los partidos es totalmente ficticia;
-
los partidos principales abusan
de su posición dominante, con lo cual ejercen colectivamente un rígido
oligopolio sobre la vida política;
-
los órganos de opinión
disidentes son arrojados de la esfera visible en la vía pública y
relegados al internet (sólo accesible en la intimidad de la vida privada
de cada uno);
-
las voces discrepantes del
sistema son sometidas a una combinación de ninguneo y ostracismo con un
eventual acoso (siendo, en caso necesario, eliminadas, aunque ese último
recurso se dosifica prudentemente);
-
es estigmatizada cualquier
apología de sistemas alternativos (como el del socialismo real);
-
los debates dejan de lado
montones de temas tabú, imponiéndose un pacto de silencio tácito que
arrincona a quienes intenten abordar esas cuestiones;
-
el chantaje anti-terrorista
cercena cada vez más la libertad de ir y venir y la de entrar y salir de
los edificios públicos, multiplicando los controles de identidad
discriminatorios y ofensivos;
-
vienen severamente recortadas,
con diversos pretextos, las libertades de asociación, de expresión y de
pensamiento;
-
la disciplina de partido
arruina lo poco de democrático que pudieran tener las asambleas
legislativas, en las cuales incluso sus miembros se ven privados del
derecho de hablar libremente.
En ese contexto las elecciones no
son ni libres ni justas. El elector carece de la posibilidad de motivar su
voto; se le prohíbe votar salvo por una de las candidaturas que hayan
superado los criterios vigentes.
A la abrumadora mayoría de los
electores sólo les resulta prácticamente posible votar a uno u otro de los
candidatos del sistema. (En algún caso extremo, como el de los estados
unidos de América, hay de hecho un partido único, aunque dividido en dos
alas casi iguales.)
En el actual ordenamiento español
no todo es malo. Una buena cosa es que los electores no estamos obligados
a votar. A quienes desaprobamos a todos los partidos con posibilidades de
ganar se nos permite no ir a votar, o votar blanco o nulo. Esa
autorización legal es importantísima. Es un derecho sagrado que hay que
ejercer. Es una de las palancas para ir consiguiendo, poco a poco, que
alguno de los partidos en liza introduzca (con la esperanza de
encandilarnos) tal o cual elemento positivo en sus programas y,
ocasionalmente, que lo cumpla si llega a constituir una mayoría en las
instituciones.
Al lado de esa ventaja, nuestro
actual sistema político --la monarquía borbónica-- encierra un montón de
particularidades que llevan a relativizar al extremo su credencial
presuntamente democrática. El eje real del poder reside en el Palacio de
la Zarzuela, al paso que la función de la jefatura del gobierno es poco
más que decorativa (inversión de papeles).
No voy a comentar aquí tales
particularidades. Lo que voy a plantear es si --a pesar de todos mis
recelos con relación al sistema político en que vivimos y a los grupos con
representación parlamentaria-- es razonable para mí ir a votar el domingo
9 de marzo de 2008 en las elecciones generales de España; y, si voy, qué
opción tomar: el voto nulo, el blanco o bien alguna de las listas que
encontraré en el colegio electoral.
Para adoptar una decisión
racional, necesitaría dos elementos de juicio que me faltan:
-
1º) un conocimiento detallado
de las vidas y trayectorias de todos y cada uno de los miembros de esas
listas (no me basta saber que el cabeza de lista es una persona
decente);
-
2º) una ponderación prolongada
de los programas electorales (necesito haberlos conocido con al menos
tres meses de antelación para estudiarlos y para recabar información que
me sirva de criterio a la hora de calibrarlos: considerar su viabilidad
y compararlos reflexivamente con mis propias estimaciones).
Que hace falta no sólo lo segundo
sino también lo primero lo demuestro así: si se tratara de un plebiscito
en el que se someten a consulta popular los programas de los partidos, la
emisión de mi voto dependería exclusivamente de los contenidos; pero,
tratándose de una elección, tan importante como esos contenidos es la
fiabilidad de las personas que formulan esas promesas (hay que valorar el
balance de quienes las enuncian en el cumplimiento o no de promesas
previas y en general toda su vida, no sólo política sino todo su
itinerario personal).
Todo eso es ya imposible.
Propongo, pues, un trato alternativo: voy a enunciar mi propio programa
mínimo de elector potencial, mis aspiraciones más urgentes, prometiendo mi
voto al partido que me haga saber que las asume y que las incorporará a su
actuación, si llega a formar gobierno.
A la objeción de que ningún
partido va a tomarse la molestia de cambiar su programa para conseguir mi
voto respondo que eso ya lo sé. Pero opongo resistencia a la tesis
mercantilista de la soberanía del comprador (que los apologistas del
occidentalismo extienden al mercado de las elecciones); según ella, en el
sistema mercantil el comprador es soberano porque tiene la última palabra,
siendo dueño de comprar o no comprar. En cuanto a las elecciones, el
votante es dueño de votar o no votar.
Evidentemente que soy dueño de
comprar o no comprar, pero, si no compro, me quedo sin lo que necesito; lo
que ofertan los comerciantes distará de lo que yo deseo, pero ésas son
lentejas: o las tomas o las dejas (y te quedas sin comer). Conque en
muchos casos, a regañadientes, compro (aunque raras veces estoy satisfecho
con la mercadería que me venden; ¡vamos! prácticamente nunca).
En las elecciones tengo al menos
(en España) la posibilidad de no votar. Eso sí, me amenazan con que, si no
voto a los unos, saldrán elegidos los otros. (Elster ha demostrado, sin
embargo, que va contra la racionalidad de la teoría de juegos basar la
motivación del elector en un cálculo individual de las expectativas y del
efecto causal probable de su votación o su abstención.)
Rehúso someterme a esa amenaza.
Claudicar, tragar con ese dictado, lleva a ratificar muchas inmoralidades
e injusticias, porque a menudo la alternativa que se perfila es que se
perpetren ésas u otras peores.
No niego el principio del mal
menor, según el cual, cuando tenemos que optar, hemos de hacerlo --en la
medida de lo posible-- de modo que el resultado causal de nuestra opción
sea menos malo que las opciones alternativas.
Mas sostengo que a menudo no
pronunciarse, no avalar ninguna propuesta, es la mejor opción; a saber:
cuando cualquier otra opción hace de nosotros cómplices de una grave
injusticia, lo cual es uno de los efectos causales de pronunciarnos. Al
apoyar a unos, malos, muy malos, para que no salgan elegidos otros aún
peores, cualquiera que sea la eficacia causal de ese apoyo en el resultado
final (una eficacia de menos de un diezmillonésimo), lo que es seguro es
que se produce ese otro efecto sobre uno mismo.
Habrá ocasiones en las cuales, no
obstante, haya que votar por los malos, muy malos, por el peligro de los
peores. Sin embargo, tiene que haber un umbral mínimo de diferencia entre
las opciones, por debajo del cual no se aplica esa regla de apoyar a la
candidatura menos mala. ¿Se da tal umbral en nuestro caso? Habría que
demostrarlo.
Sea como fuere, voy a presentar
47 demandas. Son el precio de mi voto. Y no voy a pedir la Luna, ni la
República ideal.
I - Democratización de España
y política internacional
-
1ª.-- Convocatoria de una
asamblea nacional constituyente para preparar una nueva constitución,
que será sometida a plebiscito popular, capítulo por capítulo.
-
2ª.-- Un plebiscito popular
para que España siga siendo miembro o no de la Unión Europea (en la cual
nos metieron sin consultarnos y en la que nos han impuesto en nuevo
tratado de Lisboa --brutalmente lesivo para España-- sin ni siquiera un
simulacro de ratificación popular, además de que el apoyo eurocrático a
la secesión de Kosovo constituye, no sólo una grave violación del
Derecho internacional, sino también una amenaza para la integridad de
nuestra Patria).
-
3ª.-- Nuevo plebiscito sobre la
NATO, ya que los gobiernos monárquicos han violado las condiciones en
las que una mayoría de españoles --engañados por la propaganda
borbónica-- aceptaron (el 12 de marzo de 1986, cuando no habían nacido
muchos de los votantes actuales) la pertenencia de España a esa
organización militar belicista e imperialista.
-
4ª.-- Plebiscito popular sobre
la bandera y el himno de España.
-
5ª.-- Plebiscito popular sobre
la participación del ejército español en la guerra contra el pueblo
afgano, que lucha por su independencia nacional contra la agresión de
los estados unidos y sus aliados.
-
6ª.-- Plebiscito popular para
ratificar o no la participación de España en otras aventuras militares,
como la ocupación del Líbano.
-
7ª.-- Plebiscito popular sobre
la ratificación o no de las privatizaciones llevadas a cabo por todos
los gobiernos del presente reinado durante los últimos tres decenios.
-
8ª.-- Plebiscito popular sobre
las reformas del derecho laboral perpetradas por todos los gobiernos
monárquicos desde 1978.
-
9ª.-- Ampliación de la Ley de
Memoria Histórica; creación de una Comisión de verdad y reconciliación,
formada por expertos y jurados imparciales, que lleve a cabo una
investigación --garantizada y con pleno respeto al principio de
contradicción procesal-- para determinar si fue un estado de derecho el
régimen del 18 de julio de 1936, y si la lucha por derrocarlo constituyó
o no un acto legítimo de resistencia a la opresión; en el caso de que se
concluya la ilegitimidad del régimen, que se infieran las repercusiones
institucionales que impone la lógica y se condenen las responsabilidades
morales por complicidad con la tiranía que tengan que afectar a clases
sociales, corrientes políticas, empresas, asociaciones o colectividades
sin personalidad jurídica; responsabilidades, eso sí, sin ningún efecto
penal individual.
-
10ª.-- Puesta en marcha de un
proceso de unificación política entre España y los países
iberoamericanos de lengua española.
-
11ª.-- Plebiscito sobre la
devolución al Estado de las transferencias a las comunidades autónomas
cuando se hayan traducido en desigualdades entre los españoles o
disminución de la eficiencia del servicio público no justificada por un
motivo imperioso de concordia nacional.
-
12ª.-- Iniciativa de España
para una democratización de la ONU sobre la base del principio de
igualdad entre los estados: supresión de la figura de miembro permanente
del consejo de seguridad; abolición de ese consejo de seguridad,
sustituido por una comisión ejecutiva de la asamblea general elegida por
mayoría en votación unificada, sin cuotas, repartimientos ni
lotizaciones regionales.
-
13ª.-- Emprender una activa
política de estrecha cooperación estratégica --en todos los órdenes:
político, comercial, económico, cultural, poblacional y científico-- con
las grandes naciones emergentes, como Rusia, China, la India, Brasil y
Suráfrica; diversificar así nuestra política exterior, escapándonos de
la jaula occidental.
II - Inmigración
-
14ª.-- Libertad de inmigración
para los latinoamericanos.
-
15ª.-- Propuesta española para
la firma de un tratado internacional que asegure la libre circulación de
todos los seres humanos por el Planeta Tierra.
-
16ª.-- Abrogación de la Ley de
extranjería del año 2000. Una nueva ley de inmigración y fronteras se
basará en dos principios:
-
promover el crecimiento de la
población española y favorecer la inmigración de trabajadores,
especialmente de países histórica y lingüísticamente vinculados a
España;
-
concesión de visados con dos
criterios: universal fraternidad de la familia humana y reciprocidad
respecto a la acogida de emigrantes españoles en períodos anteriores
de nuestra historia nacional.
-
17ª.-- Despenalización de las
conductas subsumibles bajo la de auxilio a la inmigración.
III - Vivienda y medio
ambiente
-
18ª.-- Creación de zonas libres
de la pestilencia automovilística, que se vayan ampliando paulatinamente
hasta cubrir un tercio del territorio nacional, asegurándose así a todos
la posibilidad real de vivir y trabajar sin salir de una zona libre de
amenaza de atropellos.
-
19ª.-- Al menos un tercio de
todas las viviendas del país serán propiedad de entidades públicas que
las oferten en alquiler a precios asequibles, de modo que cualquier
hogar pueda tener una morada familiar digna por un 33 por ciento de sus
ingresos.
-
20ª.-- Gratuidad del transporte
público urbano y de cercanías.
-
21ª.-- Retorno a una normativa
urbanística de servicio público como la que estuvo vigente hasta la ley
del suelo franquista de 1956 (pues, aunque la reciente Ley del suelo de
2007 introduce tímidas mejoras, deja en pie la facultad de las
administraciones de otorgar recalificaciones de terrenos, al paso que
hasta 1956 cualquier urbanización tenía que pasar por expropiar los
terrenos al precio de suelo rústico, sin mediar recalificación).
-
22ª.-- Prohibición de
edificaciones bajas, que encarecen la construcción, provocan una
catástrofe medio-ambiental y un grave problema de dispersión y
desaprovechan el suelo --ese recurso escaso y patrimonio de los
españoles; preferencia por los inmuebles de gran altura siempre que sea
posible.
-
23ª.-- Prohibición de nuevas
residencias secundarias y del despilfarro de agua para césped y para
piscinas privadas.
-
24ª.-- Adopción de la energía
nuclear, combinada con el incremento del uso de la eólica; prohibición
de los biocombustibles y reducción del uso de combustibles fósiles.
-
25ª.-- Un plan para que todas
las capitales de provincia estén unidas por líneas ferroviarias de alta
velocidad en un plazo de 15 años.
-
26ª.-- Fiscalización del
transporte aéreo para causar una sensible reducción del mismo, dados sus
terribles efectos medio-ambientales.
IV - Política socio-económica
-
27ª.-- Cuota obligatoria de
empleo: en función de su volumen de negocios y cifra de ganancias, las
empresas estarán obligadas a un número de empleados y a un porcentaje de
los ingresos brutos dedicado a remuneraciones salariales.
-
28ª.-- La discriminación por
edad se incluirá entre las absolutamente prohibidas, de modo que será
nula cualquier medida de las administraciones o de los empresarios que
resulte lesiva para un trabajador --o en general para un individuo--
perjudicado en virtud de su fecha de nacimiento.
-
29ª.-- Prohibición del fraude
de ley que consiste en que se realicen contrataciones laborales
disfrazadas como mercantiles.
-
30ª.-- Ley de quiebras y crisis
empresariales que ponga a la sociedad a salvo de las funestas
consecuencias de las bancarrotas y, a cambio, someta la actividad de las
grandes empresas a una regulación más rigurosa y a una participación de
la colectividad en sus beneficios.
-
31ª.-- Pacto por la industria:
los grandes empresarios estarán obligados a firmar con el estado un
magno plan de reindustrialización de España, para que nuestra Patria
pase a ser un gran exportador de bienes manufacturados de primera línea.
-
32ª.-- Creación de unos cinco o
seis polos de crecimiento de alta gama, en los cuales los poderes
públicos impulsen el avance técnico-industrial y la investigación
científica de alto nivel, en estrecha cooperación, para hacer de España
un país puntero en el desarrollo de las nuevas tecnologías.
-
33ª.-- Reforma fiscal.
Progresividad efectiva del impuesto sobre la renta, sin ningún techo
fiscal. Progresividad asimismo del IVA --de modo que haya una escala de
tipos de gravamen según el grado de necesidad de los bienes y servicios
y el monto de las operaciones (evitándose el fraude). También el
impuesto de sociedades será progresivo, con tipos de gravamen crecientes
según la base impositiva.
V - Cultura y enseñanza
-
34ª.-- Fusión de universidades;
control planificado de su funcionamiento para impulsar una vida
académica de alto prestigio internacional, desterrando el caciquismo, el
clientelismo, la endogamia y el espíritu de campanario.
-
35ª.-- Una Universidad de
servicio público no mediatizada por el sector privado; supresión de las
evaluaciones traumáticas e injustas; apoyo institucional a los
profesores e investigadores que trabajan concienzudamente por producir
una obra intelectual y científica valiosa, sin olvidar nunca que su
obligación es de medios (no de resultados) y que no debe rendirse culto
al éxito.
-
36ª.-- Despenalización de las
conductas lesivas de la propiedad intelectual, las cuales se ventilarán
en la jurisdicción civil.
-
37ª.-- Supresión del canon
digital y de cualesquiera tasas similares. El estado protegerá a los
creadores culturales por un sistema de galardones, becas y plazas
temporales o fijas en establecimientos públicos de promoción cultural,
según criterios de valor artístico, literario o intelectual, al margen
de consideraciones de mercado.
-
38ª.-- Las entidades privadas
llamadas «de gestión» carecerán de prerrogativas; sus actuaciones no
podrán obligar más que a sus respectivos afiliados, y aun eso dentro de
los límites del contrato de afiliación y de la vigencia de derechos
individuales irrenunciables.
-
39ª.-- Reforzamiento de la
protección jurídico-civil de la propiedad intelectual en lo que atañe a
los derechos morales de autor --excluyéndose de la titularidad de tales
derechos a las empresas u otras colectividades.
-
40ª.-- Instrucción pública:
restaurar una enseñanza primaria y secundaria exigente y de calidad,
atajando las causas de su actual degradación, como el espíritu de
facilidad y del menor esfuerzo, la indisciplina, el rebajamiento del
nivel, la dejadez y el desánimo, el quebrantamiento de la autoridad de
los maestros y la mediatización de los centros escolares por
asociaciones privadas.
-
41ª.-- Plan para una paulatina
eliminación de la enseñanza privada, concertada o sin concertar. Colegio
único.
-
42ª.-- Intensificación de las
enseñanzas científicas y humaninísticas; abandono de la concepción de la
educación como adiestramiento y adquisición de actitudes y hábitos.
-
43ª.-- Supresión de la
asignatura de educación para la ciudadanía.
VI - Reforma legislativa y
moral pública
-
44ª.-- Ley de libertad
ideológica, que imponga en la vida pública el principio de que cada
individuo y cada comunidad ideológica tienen derecho a practicar sus
ideas, regulando la objeción de conciencia para una amplia gama de
deberes jurídicos, siempre con la pauta de maximizar el respeto al
derecho de cada uno a ajustar su conducta a los imperativos de su visión
del mundo (ponderado con los derechos de los demás y la prohibición de
abusos); las comunidades ideológicas no serán discriminadas por
criterios que perjudiquen a las minorías y a las nuevas corrientes.
-
45ª.-- Nuevo código penal, que
será sometido a plebiscito popular. Estará regido por estos nueve
principios:
-
ningún delito contra los
bienes estará más penado que un delito contra las personas (jerarquía
de bienes jurídicamente protegidos);
-
graduación: no habrá saltos
punitivos, sino que cualesquiera dos conductas similares recibirán un
trato jurídico similar;
-
supresión de las penas
mínimas: los jueces tendrán la potestad de condenar al culpable a una
pena de cero o más días en función de eximentes parciales o
circunstancias atenuantes;
-
un techo penal, o número
máximo de personas que pueden estar lícitamente privadas de libertad;
-
nuevo impulso a la
reinserción y reeducación de los internos de establecimientos penales
(que se reubicarán en las ciudades), retomándose la inspiración
correccional y humanitaria de nuestro derecho penitenciario;
-
supresión de las
discriminaciones por nacionalidad;
-
despenalización de la
eutanasia;
-
recuperación de la figura del
delito preterintencional (y, en general, elaboración de un derecho
penal de conductas más que de hechos puntuales);
-
supresión de las leyes
penales en blanco: toda prohibición penal ha de quedar clara y
definitivamente fijada en el Código, sin relegarse su determinación a
reglamentos.
-
46ª.-- Nuevo Código Civil.
Reforma del derecho de familia: establecimiento de varios tipos o
escalones de matrimonio, con denominaciones diferentes, estableciéndose
así varios grados de compromiso mutuo entre los cónyuges (con pensiones
compensatorias obligatorias en caso de ruptura unilateral
injustificada); en el matrimonio pleno regirá la comunidad total de
bienes a todos los efectos, fiscalmente gravada como una unidad
(protegida y amparada por el ordenamiento jurídico, reconocedor del
valor de la cohesión familiar), la cual podrá subsistir como persona
jurídica unimembre en caso de muerte de uno de los cónyuges.
-
47ª.-- Prohibición de la
tauromaquia.
Juro que cualquier partido
político, sea el que fuere, que acepte al menos 7 de mis 47 demandas
obtendrá mi voto el 9 de marzo de 2008. (En el caso de que varios lo
hicieran, obtendrá mi sufragio el que asuma mayor número de
reivindicaciones.)
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Nota
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-
Este artículo, «El precio
de mi voto», es propiedad intelectual de Lorenzo Peña, quien, por la
presente, permite a todos reproducirlo íntegra y textualmente, en
cualquier medio, sin ninguna limitación ni condición.
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