Cinco años sin 'Egunkaria'
Josep María Terricabras
El Periódico 20 de
Febrero de 2008
Hoy se cumplen exactamente cinco años del
cierre del periódico vasco Egunkaria. El 20 de febrero del
2003 se produjeron detenciones rápidas, por sorpresa, de
responsables de la empresa. Se precintó el periódico y se le
embargaron los bienes por un periodo de seis meses, que fueron
prorrogados en otras tres ocasiones. Se acusaba a Egunkaria
de formar parte del conglomerado empresarial controlado por ETA. El
próximo julio se van a cumplir también 10 años desde que se cerró
otro periódico vasco, Egin, por supuesta colaboración con
banda armada.
Algunos detenidos de Egunkaria denunciaron agresiones y
torturas. La prensa se hizo eco de todo ello. Pero, en general, la
prensa se resigna, incomprensiblemente, al cierre de la prensa y, en
algunos casos, se alegra. Igual que la mayoría de los partidos
políticos no protestan cuando se prohiben partidos, sino que están a
favor de ello. Unos y otros no parecen haber entendido que los
ataques a la libertad de los demás nos afectan a todos. O quizá
piensan que la única libertad que vale es la propia. Y no se dan
cuenta de que la suya también es solo una libertad vigilada.
Al cabo de dos años del cierre del periódico, el juez ordenó la
liquidación de la empresa. Y solo un año después, el fiscal solicitó
archivar el caso: no había elementos para ir a juicio. Ninguna
excusa, ninguna compensación. He ahí un caso escandaloso de
liquidación judicial y política de aquellos que no te agradan,
aunque no sean culpables. La policía y algunos jueces tienen el don
del espectáculo y quieren hacer creer que sus decisiones son
urgentes, imprescindibles, aunque acaben en humo. En lugar de
investigar bien primero, de momento clausuran y encarcelan, para
investigar después. Lamentablemente, se equivocan a menudo. Esto no
parece inquietarles demasiado, porque el objetivo ya se ha cumplido:
la empresa ha cerrado, el opositor ha sido liquidado.
Hoy, cinco años después, los demócratas de cualquier tendencia
tenemos que volver a protestar (a las ocho, en la plaza de Sant
Jaume) por una persecución política hecha en nombre de la ley.