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presencia. Juan Carlos «El Rey» |
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Juan Francisco Martín Seco
La Clave 18 de Febrero de
2008 Decía el viejo profesor,
alcalde de Madrid, o al menos tal se le atribuye, que las promesas
electorales son para no cumplirse. Puede pensarse que es una frase algo
cínica, pero lo cierto es que los partidos políticos nos tienen
acostumbrados, cuando se acercan las elecciones, a un cierto mercadeo de
promesas, la mayoría de las cuales se olvidan tan pronto como uno de
ellos gana las elecciones. Si te he visto, no me acuerdo. Siempre caben
explicaciones.
Todo esto es bastante
conocido y se repite en cada comicio. Así y todo, es difícil no
asombrarse de lo que en esta ocasión está ocurriendo. El cúmulo de
despropósitos supera lo previsible y nos adentramos en una carrera en la
que las dos formaciones mayoritarias porfían por ver cuál de ellas
realiza la promesa más extravagante o el mayor desatino. Los hermanos
Marx eran artistas del absurdo. Y como nos movemos en el absurdo, la
actual campaña electoral recuerda aquella escena de “Una noche en la
ópera”: ... ¡Y dos huevos duros! Los dos partidos alternan y se replican
añadiendo medida tras medida. Una propinilla de 2.500 euros por el
nacimiento de un nuevo infante, exención del IRPF y de las retenciones a
quien gane menos de 16.000 euros anuales, desaparición del impuesto de
patrimonio. Rebaja de cinco puntos en la tarifa del impuesto de
sociedades. Devolución de 400 euros a todos los contribuyentes... ¿Cómo
no exclamar “y dos huevos duros”? ... En lugar de dos, que sean tres...
y uno de oca. Lo peor de
todo ello es que cada oferta aparece como una mera ocurrencia sin
incardinarse en ningún plan coherente y sin análisis previo de sus
costes y resultados. Centrémonos en la última genialidad: devolver 400
euros a todos los contribuyentes. Ni el propio presidente del Gobierno,
que ha sido quien la ha anunciado, debía saber lo que quería decir. ¿A
quién se le devuelve? ¿Únicamente a los contribuyentes del IRPF?, ¿a
todos? ¿También a los que solo hayan pagado 300 euros por este gravamen?
¿Y por qué se cobra lo que después se va a devolver?, ¿para tener
ocupados a los funcionarios de la Agencia Tributaria ? Así enunciada
la medida indica un desconocimiento de la técnica tributaria que asusta
en un presidente de Gobierno. Pero es que, además, tiene muy poco de
progresiva porque deja fuera de su alcance precisamente a los ciudadanos
que más la necesitan, aquellos con una situación económica tan
deteriorada que ni siquiera están obligados a tributar por el IRPF:
parados, la mayoría de los pensionistas, asalariados precarios, etc. No
parece que el criterio más justo para recibir una subvención de 400
euros lo constituya el ser contribuyente de este gravamen. Algo tiene en
común el festival de ofertas de ambos partidos. La mayoría de ellas se
dirigen a reducir los impuestos. Pretenden basarse en la situación
desahogada de las finanzas públicas. Olvidan que, en gran medida, el
superávit presupuestario está fundamentado en la buena marcha de los
ingresos, y esta a su vez en la actividad económica. El cambio de
coyuntura que se avecina supondrá sin duda que en el futuro las tasas de
crecimiento vayan a ser más reducidas, los ingresos menores y el
superávit presupuestario, un espejismo. Por otra
parte, aunque éste existiera, habría que plantearse si el mejor destino
de esos recursos es rebajar tributos. Nuestra presión fiscal es mucho
más reducida que la de la mayoría de los países de la Unión Europea ,
seis puntos menos que la media de los quince. Son los mismos seis puntos
que nos alejan en el porcentaje que los gastos sociales absorben del
PIB. De haber exceso de recursos sería más lógico dedicarlos a mejorar
nuestro sistema sanitario público, con necesidades múltiples; a
fortalecer el seguro de desempleo, que cuenta con una cobertura
raquítica; o a incrementar las pensiones (no solo las mínimas), dado que
es en el colectivo de jubilados donde se concentran las bolsas de
pobreza. Todos estos destinos, así como el fomento de las obras
públicas, incentivarían la actividad económica tanto o más que la bajada
de impuestos.
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